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Capítulo 7

Author: Crispy Coco
La pequeña capilla de la propiedad Falcone. Las velas parpadeaban y las sombras en el altar oscilaban a su ritmo.

Vittorio cargó él mismo el pequeño ataúd cubierto con un sudario. Lo colocó frente al altar.

Con un gesto, echó a todos.

—Don, tiene que descansar... —empezó uno de sus hombres.

—Fuera —ordenó Vittorio con voz de hielo—. Todos. Fuera.

Las puertas se cerraron y lo dejaron solo con el ataúd.

Lo vi todo a través de una cámara oculta.

Vittorio se arrodilló frente al ataúd, inmóvil.

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  • Parto Infernal   Capítulo 11

    Tres años después. Cuartel general Moretti en la ciudad de Nueva York, oficina del último piso.Estaba sentada en la silla que una vez perteneció a mi padre, con un acuerdo de adquisición multimillonario frente a mí.Deslicé la pluma sobre el papel y firmé mi nombre.Alessia Moretti.—Señora, tenemos noticias de Sicilia —dijo Luca al entrar en la oficina—. El viñedo de su padre tuvo una cosecha récord este año.—Bien —dije sin levantar la mirada—. Debería estar disfrutando su retiro.Afuera de mi ventana, el horizonte de Nueva York brillaba bajo el sol del atardecer. En tres años, llevé el imperio Moretti a un nivel que jamás había alcanzado.De Nueva York a Los Ángeles, de Chicago a Miami. Nuestra influencia estaba en todas partes.—¿Algo más, Luca? —pregunté.—El reporte que pidió —dijo, entregándome una carpeta—. Sobre Chicago.La tomé.Era un informe de estado sobre Vittorio Falcone.Después de nuestro último encuentro, tres años atrás, desapareció. Vivía en una vecindad de la zona

  • Parto Infernal   Capítulo 10

    En apenas tres meses, Vittorio vendió todo. La hacienda, los casinos, los muelles, incluso las joyas familiares. La mayor parte del dinero se fue en pagar deudas.Con lo que quedó, hizo algo que me sorprendió. Compró una parcela de cementerio, al lado de la “mía”.—Papá, quiero ese número —dije.—¿Qué número?—Mi antiguo número de celular. El que Vittorio cree que fue desactivado.Mi padre me miró con desconcierto.—¿Por qué?—Quiero escuchar lo que tiene que decir.Mi padre me entregó un celular viejo. La pantalla mostraba cuarenta y siete llamadas perdidas. Todas de Vittorio. Y decenas de mensajes de voz.Reproduje el primero.La voz de Vittorio, áspera y rota, llenó la habitación.—Alessia... sé que no puedes escuchar esto, pero tengo que decirlo. Ya sé la verdad. Lo de Ornella, lo del bebé. Lo que ella te hizo. Fue mi culpa. Yo te maté.Escuché sin inmutarme.El segundo mensaje.—Me deshice de Ornella. Y de su bastardo. También encerré a Elena. Pero nada de eso te trae de vuelta.E

  • Parto Infernal   Capítulo 9

    Esa noche, Vittorio convocó a sus hombres de más confianza.—Quiero saberlo todo sobre la oxitocina —dijo con voz helada—. Cada detalle.—Don, ya confirmamos que la señora Ornella fue quien la recogió...—Quiero más —lo interrumpió Vittorio—. ¿Para qué la quería? ¿Con quién habló? Quiero saber cada uno de sus movimientos.***Tres días después.Luca entró en mi habitación con una sonrisa satisfecha.—Señora, tenemos todas las pruebas que quería.Puso un expediente frente a mí. La primera foto me heló la sangre. Ornella en una habitación de motel con un hombre que no era Vittorio.El cuerpo de ella estaba pegado al de él, y sus labios se fundían en un beso. La fecha de la foto correspondía al segundo mes de embarazo.—¿Quién es el hombre? —pregunté.—Roberto Santini. Segundo al mando de la banda del Este —respondió Luca—. Enemigo jurado de los Falcone.Pasé la página.Un reporte de ADN.Sujeto: hijo de Ornella Ricci.Presunto padre: Vittorio Falcone.Probabilidad de paternidad: 0 %.Reí

  • Parto Infernal   Capítulo 8

    Estaba sentada en el centro operativo de mi padre, en su propiedad de Sicilia. En la pared colgaba un mapa detallado de Chicago, cubierto de pequeñas banderas rojas.Cada bandera marcaba una vulnerabilidad de la familia Falcone.—Interceptaron el primer cargamento —informó Luca—. Treinta millones de dólares en armas. Nuestros hombres avisaron anónimamente a la Guardia Costera en alta mar.Asentí mientras dibujaba una “X” sobre una marca del mapa.—¿Y los casinos?—La secretaría fiscal allanó tres de sus negocios fachada más grandes esta mañana —informó otro hombre—. Se llevó los libros contables, todo. Vittorio está ante una pérdida de cincuenta millones de dólares. Fácil.Otra “X”.—¿Los muelles?—Los puertos Este y Sur tienen nuevos dueños. Nuestros socios estaban encantados de quedarse con el negocio.Seguí dibujando equis en el mapa.Un mes.El imperio Falcone, construido durante décadas, se desmoronaba pedazo a pedazo.—¿Cómo está Vittorio? —pregunté.Luca activó un monitor.En la

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    La pequeña capilla de la propiedad Falcone. Las velas parpadeaban y las sombras en el altar oscilaban a su ritmo.Vittorio cargó él mismo el pequeño ataúd cubierto con un sudario. Lo colocó frente al altar.Con un gesto, echó a todos.—Don, tiene que descansar... —empezó uno de sus hombres.—Fuera —ordenó Vittorio con voz de hielo—. Todos. Fuera.Las puertas se cerraron y lo dejaron solo con el ataúd.Lo vi todo a través de una cámara oculta.Vittorio se arrodilló frente al ataúd, inmóvil.Pasaron las horas. Afuera, el cielo se oscureció. No se movió.—¿Qué hace? —preguntó mi padre detrás de mí.—Su actuación —respondí sin emoción.Al día siguiente, y también al otro, Vittorio seguía allí. Sin comida. Sin agua. Ni siquiera se puso de pie.Tenía el traje arrugado y hecho un desastre. La cara cubierta de barba de varios días, los ojos hundidos.La tercera noche, Ornella apareció. Llevaba al bebé en brazos y lucía un elegante vestido negro de luto. Era una hipocresía.—¿Vittorio? —lo llam

  • Parto Infernal   Capítulo 6

    Moretti, Sicilia.Me senté en el estudio de mi padre, frente a una pared de monitores.Las pantallas mostraban cada rincón de aquel hospital privado en Chicago.—El cadáver está en la morgue —informó Luca desde atrás de mí—. Nuestro infiltrado se aseguró de que no quedaran cabos sueltos.Asentí, sin despegar la mirada de las pantallas.El tercer monitor mostraba la fiesta del último piso.Don Vittorio Falcone estaba allí, con un traje a la medida, sosteniendo al bebé.El hijo de Ornella Ricci. El heredero.Los miembros de la familia Falcone se reunían a su alrededor, radiantes.El tintineo de las copas de champaña, las risas, las felicitaciones interminables.—¡Felicidades, Don Vittorio!—¡Por el futuro de la familia!—¡Marco estaría muy orgulloso si pudiera ver esto!Lo observé todo en silencio.Nadie me mencionó. Nadie siquiera preguntó dónde estaba.Era como si nunca hubiera existido.—Bastardos —escupió Luca—. Mientras usted luchaba por su vida, ellos brindaban con champaña.“Vitto

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