LOGINDespués de un pesado día de trabajo, Hades sale de la disquera que era de su padre pensando en lo mismo de siempre, y es que, debido a no tener a ningún otro hermano, tuvo que aceptar las riendas de una empresa que no quería, una vocación que no le llamaba la atención y todo por complacer más grandes expectativas de su padre.
Y cómo no estarlo, si su abuelo fue un hombre respetable y admirable, su padre igual siguió los mismos pasos y ahora le toca a él luchar contra esa presión y llegar a ser un orgullo para su padre, que es lo que espera de él. En fin, espera lograr hacerlo; aunque admite que al principio le costó adaptarse a todo esto porque no era lo que quería, pero ya se ha acostumbrado muy bien y le ha gustado todo de este poder que posee. Especialmente por todas las lindas personas que ha conocido, especialmente mujeres bellas con cuerpos esculturales. Pero no puede lamentarse del todo; sabe que, a su bien reconocido apellido Lara, puede tener todo el lujo, comodidades que desea y lo que más disfruta es la obediencia de tanto hombres como mujeres y que lo atiendan como es debido. Sale caminando Hades por la puerta principal, sonriendo de oreja a oreja, satisfecho por los pensamientos que circulan en su mente. Usando sus típicos trajes oscuros, acompañado de su corbata a juego, su cabello bien peinado hacia atrás, su colonia de marca reconocida y sus zapatos negros relucientes, que casi se diría que puede ver su reflejo en ellos; eso le hace sentir bien porque siempre le ha importado mucho su imagen y lo impecable que debe de estar siempre. Entra a su Cadillac Sedan CT5 2025 color negro; este auto le encanta mucho, aunque no es el más caro o el más lujoso que tiene. En su casa tiene una docena de los mejores autos, pero en este se siente cómodo. Pone en marcha el motor, colocando sus manos en el volante de cuero oscuro; con su pie derecho pisa el freno y con su mano derecha mueve la palanca hasta dejarla en neutral y cambia su pie, pisando el acelerador, saliendo del estacionamiento a una velocidad moderada. Maneja por las calles, dirigiéndose hacia el departamento de su prometida, pero el solo hecho de pensar en esa palabra le hace sentirse decepcionado y con un sabor amargo que invade toda su boca. Es que no puede creer que tiene que sacrificar su soltería para darle gusto a sus padres que, según ellos, ya es momento de sentar cabeza, tener una familia para poder ser un hombre respetable y honorable. Hades exhala frustrado, pero no puede hacer mucho; sus padres han manejado su vida a su antojo desde que nació. Ellos fueron los que desde adolescente le aconsejaron ser novio de Raquel por ser hija de uno de sus socios más cercanos e importantes, porque según ellos sería muy bueno para ambas familias, así que toda esta boda es para darle gusto a ellos, aunque él no esté de acuerdo. En fin, tendrá una esposa, pero no dejará a las mujeres porque por Raquel no siente ningún cariño; es linda, pero no hay amor que lo detenga. De adolescente sentía más atracción por ella y es que estaba con la testosterona al mil, así que ella le servía para calmar esas ganas. Aunque ahora es distinto, ya que no necesita de chiquillas mimadas para complacer sus gustos carnales. Si fuera por él, ya la habría dejado, pero tiene metas a donde llegar y ser más de lo que sus padres esperan y si ella es el paso que tiene que dar para lograr eso. No tiene más remedio que aceptar. Se detiene en el estacionamiento del edificio donde vive su prometida. Le envía un mensaje para que ella baje. No tarda ni cinco minutos cuando la ve salir del edificio caminando directo hacia él luciendo un vestido rosa muy pegado a su cuerpo y, por lo que puede ver, no trae sostén porque las puntas de sus pechos sobresalen con facilidad. Que la verdad no le resulta para nada atractiva será porque la conoce mejor que su propia madre. Pero tiene que soportar esto y más. —Hola, cariño —habla Raquel con gusto entrando al vehículo. —Hola, amor, qué hermosa estás —responde Hades sonriendo, fingiendo que le da gusto verla. Y como es la rutina, se acerca a ella dándole un beso en los labios, uno en la mejilla y otro en el cuello. Oliendo su típico perfume fuerte que hasta le hace tener dolor de cabeza—. Hueles muy rico. Miente como es de costumbre; sabe que si le dice que ese perfume lo odia o que se compre otro, se pondrá como niña berrinchuda, empezando a hacer rabieta al punto de llorar y gritarle que no la ama. —Me puse tu perfume favorito —menciona Raquel con alegría. Hades sigue sosteniendo su sonrisa fingida. —Vámonos, o llegaremos tarde. —Cambia rápido de tema Hades antes de que a su prometida se le ocurra volver a acercarse con esa fragancia tan apestosa. Al llegar a la casa de sus futuros suegros, fueron recibidos como siempre por ese hombre mayor, Gabriel Olmos, que usa sus trajes de oficina típicos de él y su esposa, Begoña Olmos, que a pesar de su edad sigue usando ropas muy provocativas; ahora lleva un vestido superajustado y con enorme escote, dejando a la vista sus pechos flácidos. Diría que, en vez de verse bien, se ve bastante vulgar y siempre ha entendido de dónde Raquel heredó ese pésimo gusto. Porque siempre los ha tenido desde la escuela. Como de costumbre, se sentaron en esa enorme mesa donde padre e hija se la pasan hablando de todo menos de cosas importantes, ignorándolo a él como es de costumbre; es como si Hades para él no existiera y no logra entender cómo su padre es amigo de ese hombre. Pero él sabe que para Gabriel Olmos él solo es una pieza de ajedrez, una simple escalera para subir más en su estatus, por eso ha aceptado su relación y compromiso desde siempre. Para ambas familias, ellos solo son muñecos con los que juegan a su gusto. —Bueno, ya dejando de chismes, tengo una sorpresa que darle a mi prometido. —Se levanta Raquel de su asiento. —Hija, no me digas que estás embarazada —declaró Begoña feliz. Hades, al oír esa noticia, casi se le atora la comida en la garganta y es que él no tiene para nada ganas de tener un hijo. Intenta disimular ante ellos, pero su mirada se fija en Raquel, esperando que hable y que no vaya a decir que lo está. —No, mamá, sí quisiera estarlo, pero eso será después de la boda. No pienso darle motivos a la prensa para chismorrear sobre mis futuras nupcias —contestó Raquel con una voz un poco desanimada. Pero para Hades, escuchar esa respuesta es un alivio porque no estaba preparado para eso. —¿Bueno, entonces cuál es la sorpresa? —preguntó Hades, curioso de saber qué es lo que le tiene preparado. —Verás, amor, estas semanas te he notado un tanto cansado, con mucho trabajo y no hemos tenido mucho tiempo para estar juntos por los preparativos de la boda, así que se me ocurrió irnos un mes entero a unas vacaciones en un crucero —declaró Raquel con emoción. Hades se queda en shock un segundo, pero reacciona rápido antes de que ellos puedan notar su inconformidad. —Qué buena idea, cariño, qué atenta de tu parte porque pienses en mí. —Hades le agradece con felicidad, pero a la vez en su interior siente un profundo disgusto porque no sabe cómo le hará para soportarla cuatro semanas en ese crucero con Raquel. Porque sabe que lo tendrá muy vigilado para que no voltee a ver a ninguna mujer. —Entonces brindemos por sus vacaciones —declara Gabriel tomando su copa y levantándose de su silla. Hades se pone de pie al igual que su futura suegra. Todos se llevan la copa a la boda, pero para Hades el sabor del vino es más insípido que el agua; para él no es motivo de celebración, aun así no puede negarse, ya que ella será su esposa…El motor de la pequeña lancha rugía con suavidad, cortando las olas turquesas que Hades recordaba tan bien. No era el mismo hombre que tiempo atrás naufragó en esa isla, consumido por la rabia y el vacío. Ahora, mientras sostenía la mano de Kayla, sentía que el círculo por fin se estaba cerrando. Un ciclo que creía que nunca finalizaría. —No puedo creer que me hayas traído de vuelta aquí —susurró Kayla, dejando que la brisa marina le alborotara el cabello. Aria se había quedado con Felipa y los abuelos; eran sus primeras vacaciones solos desde que la pequeña llegó a iluminarles la existencia. Y a desvelar sus noches. —Esta isla nos quitó mucho, pero también nos dio la verdad —respondió Hades con la voz un poco ronca por la emoción—. Quería que nuestro primer viaje como esposos fuera al lugar donde, irónicamente, encontré mi libertad y el amor. Cuando desembarcaron, la arena blanca se sintió como un santuario. Hades no escatimó en gastos; había mandado a preparar una cabaña ec
Los días siguientes la prensa no se dio abasto con tanto chisme que tenían de la familia Lara. De cómo el mismísimo Hades Lara los denunció a todos por abuso. Durante el juicio, Hades presentó mucha evidencia de todos los daños que le causaron sus padres y su abuelo. Incluso las pruebas del abuso sexual que sufrió a manos del señor Benavides, y no solo él, un sinfín de niños habían sido violados y cómo sus padres estaban al tanto de eso y no hicieron nada. Las pruebas eran más que evidentes; por más que intentaron defenderse, estaba claro todo lo que me había sufrido. El juez tomó la decisión de sentenciar al sargento Benavides a 80 años de cárcel, al señor Fausto Lara a 20 años de prisión, al igual que a la señora Natalia. Al señor Javier, por haber sido honesto y ayudar con las investigaciones, le redujeron su sentencia a 15 años de prisión. Para Hades, escuchar cada una de esas condenas fue un alivio. Su alma había sanado y su niño interior estaba en paz al darse cuenta de que ha
La comida está lista; Kayla y Felipa también están preparadas para la llegada de los padres de Kayla. Están terminando de darle los últimos detalles a la mesa. La tele sigue encendida en un programa de música suave. Cuando es interrumpido. “Lo sentimos por interrumpir su programación, pero tenemos una noticia espectacular sobre la boda del año entre Hades Lara y Raquel Olmos”. Kayla escucha esos nombres y se fastidia poniendo los ojos en blanco. —Felipa, apaga la tele, no quiero oír nada de esa boda y no quiero que mis padres estén escuchando eso sabiendo que tendré un hijo de ese hombre —mencionó Kayla molesta, tapándose los oídos con las manos. Felipa camina cruzando el comedor hasta llegar a la sala, agarrando el control y apagando el televisor. En ese mismo momento llaman a la puerta. Felipa se acerca abriéndola, viendo a los padres de su amiga muy contentos. —Hola, Felipa, qué gusto en verte y gracias por darle un techo a nuestra hija después de su extraña ruptura c
Hades aprieta la quijada molesto por las declaraciones de su abuelo. Empuña la mano listo para darle un buen golpe, pero se detiene de hacerlo; sabe que si lo hace, puede ser la razón suficiente para ordenarle a su amigo que le dispare a Kayla y no quiere que eso pase. —Eso es lo único que tenemos en común, el odio hacia el otro, pero que te quede claro que después de esto nunca quiero hablar ni verte en mi vida —le aclaró Hades empezando a caminar. —Como si eso me importara —respondió Fausto al verlo irse. Hades solo lo ignora y continúa caminando hasta bajar las escaleras. Caminando a toda velocidad, saliendo de la casa y subiéndose en el auto. Fausto calma un poco sus nervios y sigue a su nieto. Pero en la habitación de al lado, Javier ha escuchado la conversación que ambos han tenido. Quedándose más que molesto por lo que escuchó. Y no puede creer que la violación de Hades sea obra de su padre. Esto último es la chispa que él necesitaba para hacer lo que su hijo anoche
—Hemos interrumpido su programación local para poder darles una noticia que nos ha tomado a todos por sorpresa, y es que el distinguido señor Hades Lara contraerá nupcias con la señoría Raquel Olmos esta misma tarde —habló la mujer en la televisión. Kayla y Felipa voltean hacia la tele, ya que se encuentran al otro extremo de la habitación organizando todo para la cena con sus padres. Kayla se siente triste, pero en el fondo sabía que era inevitable que él se casara. Además, no está segura de que ella haya podido estar con él. Ambos son tan diferentes. No pertenecen a estar juntos. En especial porque ella aún sigue marcada por el pasado. Y solo le desea que sea feliz con esa mujer. —¿Te encuentras bien? —preguntó Felipa dejando de poner los platos en la mesa y acercándose a su amiga. —Claro que sí, sabía que él y yo no podíamos estar juntos. Pero apresuremos, mis padres llegarán pronto y será difícil explicarles que el padre de mi bebé se casará hoy, pero ya no puedo ocultar
Javier camina por los pasillos de la mansión. Dirigiéndose hacia su oficina. Para cumplir con la orden de su padre. Ahí fue donde dejó su móvil. Su mente está llena de dudas mientras se acerca. No le agrada la idea de su padre, no está de acuerdo con casarlo a la fuerza con esa mujer tan mimada, pero no tiene idea de qué hacer al respecto. Pero sabe que si no le habla, su padre es capaz de ir por él y prefiere que su hijo venga y pueda oír lo que tiene planeado. Con la esperanza de ayudarlo. Recuerda cuando escuchó que su hijo sería papá; no puede negar que sí le impactó, pero se puso feliz en el fondo, aunque triste al conmemorar que él no actuó de la misma manera cuando supo que sería padre. Dándose cuenta del pésimo padre que ha sido. Al fin llega a la oficina, toma el teléfono, marcando el número de su hijo. Espera paciente unos segundos hasta que se escucha que contestan. —Hola, papá —habla Hades con tranquilidad. —Hola, hijo, ¿dónde estás? —preguntó algo dudoso Javier.







