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Capitulo Cuatro

last update publish date: 2023-05-02 20:37:42

El destino es ese lugar al que nos dirigimos a ciegas, un futuro que algún día será presente y que ya está marcado por el pasado.

Alondra

Sonrío al notar el tono de nostalgia que utiliza, sé que busca la manera de convencerme para que me quede, aunque no dudo de que su ofrecimiento sea totalmente sincero, pero la verdad es que tengo pensado terminar el segundo semestre de este año con mis funciones y entregar antes de que finalice el primer trimestre del año próximo.

―Señor Santiago, usted conoce mejor que nadie, cuál es mi más grande deseo y también sabe perfectamente que he luchado para conseguirlo, además le prometí a mi madre que un día sería grande por las dos ―digo no queriendo sonar sentimental, pero mi voz temblorosa delata los sentimientos que rodean a mi alma en este momento.

―Siempre me he preguntado que fue eso tan malo que te sucedió, como para que les guardes tanto resentimiento a los hombres y sobre todo, para que esa tristeza no se aparte de tu mirada a pesar de lo segura que siempre te demuestras ―comenta paternal.

Hubiese sido maravilloso que, en vez de Richard, hubiese sido el señor Santiago quien se hubiese hecho cargo de mi madre y de mí, pero entonces quizás yo sería una mujer mimada, sin sueños propios, segura de una herencia y desesperada por encontrar a una príncipe azul que se haga cargo de todo mientras yo continuo mi vida de paz y tranquilidad.

―No les guardo resentimiento a los hombres, usted es uno y le tengo mucho aprecio, también están Carlos y Max, ellos son hombres y los considero mis mejores amigos ―evado el tema como tantas otras veces.

―Ya entendí, Ya entendí, sé que no te gusta que hablemos sobre ese secreto tuyo y lo respeto ―comenta con una carcajada―. Entonces mejor hablemos sobre tu futuro y como puedo ayudarte a hacerlo realidad, además espero que nuestras empresas puedan colaborar en el futuro ―dice y me invita a tomar asiento en la cómoda salita que tiene dentro de su oficina.

Los segundos se pasan unos a otros y se convierten en minutos y estos a su vez en horas, antes de que nos diéramos cuenta ya teníamos el almuerzo servido en la mesita de centro mientras nosotros continuábamos envueltos en un tema que a los dos nos seduce y atrapa que tanto que somos capaces de olvidarnos del mundo mientras hablamos de números, estadísticas, avances, innovación, en cómo hacer creer el mercado e ir un paso adelante impulsando a la sociedad al futuro. Le explico que planeo dedicarme al mismo rubro, únicamente que desarrollando hardware, nada más, es decir, diseñar y producir dispositivos encargados de mantener a las personas conectadas.

Estamos ante una auténtica revolución tecnológica, donde con el transcurso de un año a otro las tecnologías se pueden quedar ridículamente desfasadas y obsoletas sin el debido avance y cuidado en sus diseños, un pequeño fallo de funcionalidad en un disco duro, un reproductor de música o un Smartphone pueden suponer pérdidas de miles de millones de dólares, o peor aún, la confianza de los consumidores, y siendo la empresa la cual pienso dirigir nueva eso significaría la quiebra inmediata para mí. Por lo que no me puedo ir a la ligera, ni suponer que el camino que voy a tomar es sencillo y fácil de seguir. Mi fusión con la empresa del señor Santiago, sería en cuanto al software, necesito que me provea del mismo para que los equipos tecnológicos que se diseñen en mi empresa puedan cobrar vida y que mejor que hacerlo con alguien de renombre a nivel mundial.

Unos toques en la puerta seguidos por la imagen de Andrea ingresando al habitáculo nos hace salir de ese mundo en el que todo lo que nos rodea es la tecnología del futuro.

―Señor Santiago, ¿Cómo se encuentra? ―saluda cortésmente―. Señorita, Jiménez, en veinte minutos tiene la reunión con el señor Freites ―informa sin esperar respuesta de nuestro jefe.

―Gracias Andrea, lo había olvidado, ya sabes cómo son las reuniones con el señor Santiago ―comento con una sonrisa.

―Exacto, Andrea, esta jovencita me embelesa con su inteligencia y agudeza mental para lograr todo lo que se propone ―el matiz de orgullo me hace tragar saliva y desviar la mirada cuando siento el escozor de las lágrimas―, ¿Cómo has estado Andrea? Espero estés aprendiendo mucho de Alondra, porque pronto su silla estará vacía ―señala dándole esperanzas a mi amiga.

Le sonrío a Andrea y le guiño un ojo, nunca hubiese imaginado que él la considerara una excelente candidata y lo mejor es que no ha necesitado influencias ni persuasión de mi parte, sin embargo, si llega a requerir mi opinión sobre su comentario, Andrea, solo tendrá las mejores referencia por mí.

―Señor, no despierte las ilusiones de esa manera, que después llega alguien mejor preparado y me quedo con los crespos hechos ―bromea.

Nos reímos los tres, pero sabiendo bien que es un tema bastante delicado, no obstante estoy convencida de que el señor Santiago no haría ese tipo de comentarios si no lo estuviese considerando realmente, él no es un sujeto que acostumbre a burlarse de las personas o que se aproveche de las necesidades de los demás por el bien propio.

―Yo me retiro, tengo una reunión y ya sabe, el trabajo es lo primero, después podremos seguir la conversación con más tiempo ―alego estando de pie.

―Tendré que dejarte ir entonces ―se queja mi jefe antes de darme un abrazo y desearme éxitos en todo lo que me proponga.

Termino por despedirme y salgo de la oficina con Andrea detrás de mí, camino rápido para llegar a mi propia oficina y tomar mis cosas antes de que el huracán de preguntas se desate y me quite más tiempo del necesario, de hecho esta vez creo que iré sola a la reunión por el simple gusto de ahorrarme las explicaciones, la verdad es que no sé qué quiso decir el señor Santiago con su insinuación, pero como ya he dicho, si en mí esta que él tome la decisión de dejarla en mi puesto, por supuesto que cuenta con mi total apoyo.

―¿De verdad piensas irte sin decirme nada? ―cuestiona antes de que salga de la oficina dejándola en medio de la misma.

Dejo escapar un sonoro suspiro antes de girarme para quedar de frente a ella de nuevo, la miro a los ojos pensando en lo que le diré antes de abrir la boca, no puedo alimentar sus esperanzas de esa manera porque si resulta que al final no, entonces me sentiré miserable, pero tampoco la puedo desalentar al punto de que pierda la chispa que la caracteriza.

―Andrea, no sé a qué se refiere nuestro jefe con lo que dijo, no me ha pedido referencias sobre tu desenvolvimiento, supongo que el mismo se ha dado cuenta de tu desarrollo dentro de la empresa, pero puedo prometerte que si me pide mi opinión con respecto a ti, no tendré nada malo que decir ni personal ni profesionalmente, en lo particular me has demostrado ser igual y hasta más capaz que yo misma ―digo y de nuevo le doy la espalda y salgo de allí antes de que reaccione.

Mientras voy en el ascensor me froto la frente con la mano tratando de refrescar mis pensamientos, como saber qué es lo que piensa un hombre que por lo general me deja dirigir su empresa como si yo fuese la dueña y que solo se aparece por acá de sorpresa cuando se acuerda de que tiene un negocio que atender. Solo espero que Andrea no se quede con los crespos hechos como ella mismo dijo, no me gustaría que se hiciera ilusiones con algo que posiblemente no suceda o tal vez sí, pero es difícil saberlo, ¡Dios mío, qué frustrante!

Salgo del ascensor y me dirijo sin perder tiempo al estacionamiento donde tomo el auto y me pongo en marcha hacia el restaurante donde será la reunión. Por suerte no es muy lejos de la empresa por lo que no tardo mucho tiempo en llegar, por alguna extraña razón el encuentro de esta mañana vuelve a mi mente dejando un sabor amargo en mi garganta al recordar lo desagradable y al mismo tiempo excitante que fue todo. Es primera vez que un hombre se adueña de mis pensamientos de esa manera tan fastidiosa y persistente, pero es la verdad, no logro sacarlo de mis pensamientos.

Pido la reservación, por Andrea sé que la hizo el caballero con el que me veré a su nombre, por lo que ahora un joven me guía hacia la mesa donde me espera el señor Freites, el chico me señala la mesa y el corazón se me acelera al ver la espalda de hombros anchos acelero el paso al punto de hacer que mi guía se apresure también hasta llegar de frente a la mesa. Dejo caer las cosas cuando comprendo el motivo por el cual mis sentidos se encuentran descontrolados, delante de mí el hombre del cementerio y es precisamente el señor Freites, con quien he de tener una reunión.

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