LOGINA la mañana siguiente, el dolor de cuerpo me pasa factura. Mi espalda tiembla y mis piernas me arden. Tal vez por dormir en una silla super incómoda o por las grandes caminatas que di mientras estuve buscando información como una estúpida. —Vas a salir de esto —susurro cerca de Sarah, mientras le paso un paño húmedo por su cuerpo. Al terminar, me dejo caer en la silla, reviso mis redes sociales para distraer mi mente un poco. Mi estómago arde al recordar todo lo vivido ayer. Una publicación llama mi atención. Una empresa de alto prestigio en la ciudad necesita una secretaria joven, con o sin experiencia. Con una sonrisa me pongo de pie. Llego al departamento y me doy un baño rápido. Imprimo los documentos que necesito y me voy a la empresa. —Buenos días —le digo a un hombre joven que está en el mostrador. —¡Buenos días, bella dama! ¿En qué puedo ayudarla? Siento mi rostro sonrojarse, respondo con una pequeña sonrisa. —Estoy aquí por el anuncio. —Oh, claro. Debe llenar este fo
—¿De qué hablas? —indago tratando de soltarme, con la respiración inestable, pues el muy desgraciado, me tiene con la mano entre la suya. —Huiste, embarazada. ¿Crees que no sé qué quieres? —su voz suena diferente, y su mirada es como cuchillos que clavan mi piel. —Suéltame, no tienes derecho a perseguirme —digo con los dientes apretados, maldiciendo en mi interior. —Vamos a ir a una clínica privada. Ya la cita está realizada. Quiero que ese niño desaparezca —susurra tan cerca de mí que sentí escalofríos. —No estoy embarazada —digo con la voz temblorosa—. Mentí, solo para hacerte enojar —aclaré—. Intento que descarte todo, ya he pasado por mucho hoy. —No te creo nada —su pulgar rozó mi mejilla; más que una caricia, lo sentí como una amenaza. —Te juro que no estoy embarazada —exclamé, esta vez empujándolo. Él apenas se movió. —Si es así, entonces no tendrás problemas en ir, que el mismo doctor me diga que fue una falsa alarma —contesta con su mirada de águila. —Bien —res
Llevo una semana en investigación, apenas hace dos días llegue a Miderton, un pueblo pequeño en el cual mi familia y yo vivimos hace más de ocho años. Es el único lugar que recuerde, duramos más de dos años viviendo. Busco alguna persona que sea algo reconocida para mí, aunque es algo un poco inútil, nunca salí de la pequeña casa en la que estaba. Me acerco a la viviencia con cautela, pequeños recuerdos invaden mi mente, al recordar como miraba por la ventana, queriendo que los niños de los alrededores me invitará a jugar. —¿Puedo ayudarle en algo? —Pregunta una señora de mediana edad. —Busco información sobre unas personas. —Enseño la foto que conseguí, gracias a las identificaciones falsas, que encontre en su habitación. Otra pregunta surge al notar eso. ¿Por qué no tenemos fotos familiares? —Lo siento, nunca lo he visto, quizás no son de por aquí. —Responde, luego de un tiempo observando la foto. —Según supe, vivieron aquí. Hace unos ochos años. —Comento tratando
Un mes después. Camino por el gran pasillo del hospital, con un café en la mano. —Maldita seas Kael.— Digo en mi mente, al ver el cuarto mensaje que envía hoy. Sé perfectamente que debo revisarme cada quince días, pero el señor cree que soy una niña. Ignoré el mensaje por milésima vez, eligiendo estar en paz por un segundo. Me detengo frente a la habitación de Sarah, entro despacio, rezo cada día para que esta pesadilla termine rápido, me siento cerca de su cama, en la misma silla que llevo semanas mirando, esperando que algo cambie. Tomo su mano con suavidad, sonrío con cansancio; una lágrima se resbala. Mi mente, día tras día, repite lo mismo. Y si no vuelve, sacudo mi cabeza, tratando de que ese pensamiento maligno se vaya. Luego de unas horas, en donde le leí un hermoso cuento que encontré en internet, me puse de pie, le entregué el dinero a la enfermera, asegurándome de que esté bien protegida. Salgo del hospital. Observando mi rostro en el espejo, retoco el maquillaje, evi
Acerque mis labios a su miembro, dejando pequeño besos a su alrededor, di grandes lengüetazos a su falo. Para luego introducirlo en mi boca poco a poco, con cada movimiento lo introducía más en mi garganta. Rodee mis dedos alrededor de él, para masturbarlo, mientras continuaba succionando con ritmo. Mi boca se separó de él con suaviza. Kael acarició mi rostro, cerré los ojos por un segundo, sintiendo esa calidad sensación. Me puse de pie, quite mi ropa con movimientos sexy, mientras disfruto de su mirada intensa. Me subí en él con mis piernas rodeando su cintura, sintiendo, su miembro penetrarme con fuerza, un gemido salió de mí boca, mientras me movía de un lado a otro con tranquilidad, mis movimientos se volvieron más brusco, de arriba a abajo, de derecha a izquierda, cerré los ojos, mientras él me tomaba por la cintura haciéndome sentirlo al máximo.Su boca tocó mis pechos, su lengua rozo mi pezone y luego chupo, mientras su mano masajeaba el pecho que quedaba libre, todo mi c
Me gire mirando a todas las personas corriendo. Busque al señor con la mirada, solo para verlo tirado en el suelo, ensangrentado. Corrí cuando escuché otro disparo, y así se escucharon dos más. Mis pies me dolían. Pare en una esquina, respirando profundo. Subí a un taxi y me dirigí a casa. Entre a mí departamento a toda prisa. Cerré con seguro y me senté en suelo con la respiración aún agitada ¿Que rayo está pasando? Pregunté en mi mente, mirando el sobre. Lo abrí buscando respuesta. Leí el papel que tenía dentro, una carta, en ella el señor me pedía disculpa por asesinar a mis padres, una lágrima empaña mis ojos. —¿Entonces no fue un accidente? Con razón la polícia nunca hizo nada, continúe leyendo la carta, solo para saber que alguien tiene una venganza pendiente con mis padres, y continuará hasta acabar con mi vida. Camine hasta la ventana, asegurándome que estén todas cubiertas con las cortinas, saqué mi celular y marque el número de Meredith, ella me dará algún consejo. Su







