INICIAR SESIÓNEl impacto del golpe bajo le cortó la respiración de tajo. Pero ya no sintió vergüenza. Esa etapa había quedado atrás. Era algo mucho más siniestro: la asfixiante comprobación de que el instante en el que había estado más cerca de romperse en pedazos sería utilizado como munición cada vez que alguien necesitara anular su voz y su cordura.
—No sé cómo te enteraste de eso, pero no ¡tienes derecho a mencionarlo! Fue Derric quien me encontró aquella noche. Fue él quien me sacó del abismoHoras después, Dereck apareció deambulando, descalzo y desorientado, por el arcén de una carretera en las afueras de la ciudad. No tenía la más mínima memoria de cómo había llegado hasta allí. Cada vez que una furgoneta oscura pasaba a su lado, se arrojaba presa del pánico contra el fango de la cuneta. Rechazó a gritos las botellas de agua que le ofrecieron un par de buenos samaritanos, acusándolos de intentar envenenarle la sangre.Fueron sus propios padres quienes lo recogieron en la comisaría tras una llamada policial. Habían dilapidado prácticamente toda su fortuna intentando frenar la demolición orquestada por los Bellini. Utilizaron los últimos restos de su liquidez para ingresarlo en el pabellón de alta seguridad de una clínica psiquiátrica privada.Dereck jamás supo si el psiquiátrico era un entorno real o una
El patriarca Bellini apareció en la pantalla panorámica del despacho de Derric, conectado desde su biblioteca en Italia. Escuchó atentamente el reporte médico sobre el estado de la gestación de Claire y, acto seguido, dirigió una mirada de plomo hacia sus dos hijos.—Vuelvan a casa de inmediato.Bianca, que estaba sentada en el suelo del salón limpiando un arma sobre una toalla, alzó una ceja sin molestarse en mirar la pantalla.—Imposible, papá. Estoy trabajando.—Precisamente por eso, Bianca. Quiero a Claire y a mis nietos seguros en la villa antes de que tu concepto de "trabajo" termine destruyendo a más personas y llame la atención de los organismos internacionales.—Solo fueron unas pocas destrucciones controladas —se defendió ella, ofendida.—Bianca.El tono del anciano no admitía réplica. Bianca
El título de "señora Bellini" dejó de sorprender a Claire. Se convirtió en un chaleco antibalas emocional, en un sentido de pertenencia crudo y en la promesa de un futuro que, curiosamente, todavía no sentía la urgencia de validar en un juzgado.Una madrugada, cuando los mellizos iniciaron un partido de fútbol en sus costillas que le impedía conciliar el sueño, Claire miró el perfil afilado de Derric en la penumbra.—Derric... ¿Qué fue finalmente de Dereck?La mano de él, que trazaba círculos monótonos sobre el lateral de su vientre hinchado, no detuvo su ritmo pausado.—Sigue vivo.—¿Vas a decirme en qué agujero está metido?—No.Meses atrás, esa negativa habría provocado un ataque de ansiedad. Claire habría necesitado conocer cada código de acceso y cada cad
En el penthouse de los Bellini, Claire experimentaba exactamente la arquitectura contraria.Los especialistas médicos la visitaban a la misma hora todos los días. Cada pastilla prenatal venía en un empaque sellado e identificado, y la doctora estaba obligada a repetir la misma explicación técnica las veces que Claire necesitara para sentirse en control.Cuando despertaba de una siesta, Derric estaba a su lado, o en su defecto, había una nota manuscrita junto a su almohada indicando su ubicación en el departamento.Una mañana, el papel decía: "Despacho. Puerta abierta".Claire caminó descalza por el pasillo y cruzó el umbral sin llamar. Derric levantó la vista de inmediato, interrumpiendo una videollamada con seis capos de la organización en Italia, y le tendió una mano.Claire cruzó la estancia, se acomodó en su regazo y apoy&oac
La discusión escaló hasta que Derric intervino, confiscando una chaqueta de cuero en miniatura que tenía demasiados cierres asimétricos y remaches de metal.—Esto parece diseñado para un interrogatorio, Bianca. Retíralo de mi casa.Claire rió con tantas ganas que un calambre agudo le cruzó el vientre. Llevó la mano al costado por puro reflejo, justo cuando un impacto interno empujaba su piel. Por inercia, agarró la muñeca de Bianca y la aplastó contra su estómago.La asesina de los Bellini se quedó petrificada. Sus ojos verdes se abrieron de par en par, congelada en medio del salón.El bebé volvió a moverse, deslizando un talón minúsculo contra la palma de su tía.—Me pateó —susurró Bianca. El tono mordaz había desaparecido por completo, reemplazado por un asombro reverenc
Derric tomó a su hermana por la nuca, obligándola a mirarlo a los ojos con una frialdad pavorosa.—No vuelves a alterar un castigo que yo haya dictaminado. Jamás.—Técnicamente, optimicé los recursos...—Bianca.—De acuerdo. La próxima vez enviaré un memorándum solicitando tu bendición patriarcal.Derric alzó la vista al techo, implorando al universo una paciencia que biológicamente no poseía. El contraste entre la furia contenida del jefe de la mafia y el sarcasmo de su hermana fue demasiado. Claire soltó una carcajada espontánea. Bianca se unió al instante, y la densidad homicida de la sala se evaporó.Aquella misma tarde llegó el reporte de la nueva ecografía. Los mellizos prosperaban, pero la doctora notó una ligera asimetría en el crecimiento de uno de ellos, recomendando red







