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Capítulo 4

Author: Sarah Lane
Una punzada en el pecho despertó a Nikolai. Al abrir los ojos, encontró a Teddy acurrucado contra él y a Rosalind dormida plácidamente. Debería haberse sentido feliz; sin embargo, sentía una inquietud abrumadora y cierta decepción.

Si tuviera a Vivienne y al hijo de ambos a su lado, ¿no sería esa la verdadera felicidad? Pero esa no era su realidad. Además, Vivienne tenía un carácter horrible y ahora apenas podía ocuparse de Teddy.

Impulsado por esos pensamientos, salió de la cama y abandonó la habitación. La sala estaba en silencio; solo llegaban desde la cocina los tenues ruidos de la niñera mientras preparaba el desayuno.

Nikolai recordó que Vivienne llevaba un tiempo levantándose temprano. Como no había nadie en la planta baja, quiso buscarla en la habitación de invitados, pero vaciló ante la puerta cerrada.

Tras dudar un momento, Nikolai se armó de valor y giró el picaporte. La puerta cedió con mucha más facilidad de la que esperaba. En vez de encontrar a Vivienne, se encontró con un montón caótico de objetos.

Las pertenencias estaban esparcidas por toda la habitación. La cama estaba vacía, con el edredón intacto. Nikolai llegó a sospechar que se había equivocado de habitación. Recorrió a toda prisa las habitaciones de ambas plantas en busca de Vivienne. Ella no aparecía por ningún lado.

Nikolai mandó llamar al mayordomo con urgencia.

—¿En qué habitación durmió Vivienne anoche? ¿Por qué no hay nada de ella en la habitación de invitados? ¿Para esto le pago?

El mayordomo se secó la frente, avergonzado.

—Ella sí pasó la noche en la habitación de invitados. Rosalind dijo que la mayor preocupación de Vivienne era que dañaran sus pertenencias. Nos ordenó dejarlo todo exactamente como estaba.

Nikolai no esperaba que Rosalind se tomara tantas libertades. La recordaba como una mujer dulce.

“Seguro que lo hizo con buena intención”, pensó. Después de todo, Teddy solo había arruinado por accidente los bocetos de Vivienne y, aun así, Vivienne había intentado golpearlo.

Nikolai suspiró.

—Entonces, ¿dónde está? ¿Salió?

El mayordomo negó con la cabeza y preguntó si debía llamar a Vivienne para averiguar dónde estaba. Nikolai lo pensó un momento y decidió que no.

Que Vivienne se marchara sin decir una palabra no era más que un berrinche infantil. Si cedía ahora para contentarla, ¿no alimentaría su arrogancia? ¿Y si volvía a lastimar a Teddy?

Se le había ido el sueño por completo. Entró al baño sin poder quitarse de la cabeza la imagen de Vivienne, llorosa y decepcionada. Si aquello no era más que un berrinche, esperaría a que se le pasara. Mientras se aseaba, unas manos suaves le rodearon la cintura.

El nombre se le escapó.

—Vivienne, deja de jugar.

Las manos se tensaron. Cuando se volvió y vio a Rosalind, la decepción se le notó en los ojos.

—Ah, eres tú.

—¿Esperabas que fuera otra persona? —preguntó Rosalind, dolida.

—Me desperté y escuché al mayordomo decir que buscabas a Vivienne. ¿Se fue?

Nikolai guardó silencio un buen rato.

—Solo está haciendo un berrinche. Volverá en unos días.

Una actitud astuta cruzó el rostro de Rosalind.

—Lo único que importa es que no esté enojada conmigo.

Claro que no quería que Vivienne regresara. Lo mejor sería que no volviera nunca.

Nikolai se molestó. Cuando estaba por revisar su celular en busca de algún mensaje de Vivienne, recibió una llamada de su asistente.

—¡Tenemos una crisis! Se filtró la noticia de tu relación con Rosalind. Las acciones de la empresa se están desplomando y la junta directiva exige una explicación...

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