Mag-log in—Será mejor que avise a la familia cuanto antes. Deben decidir si lo llevarán de vuelta a casa para que reciba tratamiento o si lo trasladarán a un hospital de la zona. Cada minuto cuenta.El padre de Nikolai me comunicó enseguida el mensaje del doctor. Corrí al hospital.En el hospital, reinaba un silencio opresivo. Me senté junto a su cama y vi apagarse poco a poco al hombre que alguna vez amé tanto. Me dolía verlo, no por amor, sino por la compasión que me inspiraba aquel hombre moribundo.Cuando Nikolai abrió los ojos y me vio, creyó que estaba soñando.—Vivienne...Había vuelto. El anhelo que lo había atormentado durante incontables noches de insomnio por fin se desbordó. Las lágrimas le rodaron sin control por la cara.Me había preocupado por él, pero mi inquietud dio paso a una tristeza tenue y persistente en cuanto abrió los ojos. Sabía que jamás podríamos volver atrás. Mi inquietud era apenas un hábito, el vestigio del frágil vínculo que alguna vez nos unió.No había ido como
El padre de Vivienne guardó un largo silencio al otro lado de la línea. Claro que sabía dónde estaba su hija, pero Vivienne no quería volver a ver a Nikolai porque la había traicionado. Como padre, no podía obligarla, así que optó por una evasiva.—Tampoco sé exactamente dónde está Vivienne. Pero el escándalo por tu relación con esa chica del bar llena todos los titulares. Más te vale arreglar ese escándalo primero.Nikolai contuvo un sollozo y apenas alcanzó a decir que estaba bien antes de escuchar el clic inconfundible de la llamada al cortarse. Debido a su aventura con Rosalind, la familia Thorne ahora lo miraba con desprecio. Se reprochaba haber sido tan impulsivo y necio al involucrarse con Rosalind. Pero ya era demasiado tarde para arrepentirse.Nikolai tuvo que abandonar la residencia de los Thorne y buscar otra solución. Se comunicó con todos los amigos y socios comerciales que habían estado en contacto con Vivienne para preguntarles por ella. Sin embargo, todos aseguraron no
Nikolai la miró, pero sin la calidez de antes. Tras un largo silencio, habló:—¿Eso qué importa? Aunque hubiera habido algo entre nosotros, jamás estarías a la altura de Vivienne.Rosalind soltó una risa amarga; las lágrimas le empañaron los ojos. Creyó haber ganado hasta que descubrió que todo era una cruel ilusión. Vivienne la había derrotado.—No me iré. Tengo que quedarme para ver crecer a Teddy. Separarnos no le hará bien.—Si te vas, Vivienne tratará bien a Teddy cuando regrese —dijo Nikolai con calma, en un tono que no admitía discusión.—¿Cómo podría ser lo mismo? ¡Teddy es mi hijo! —gritó Rosalind.Nikolai ignoró su arrebato. Dio media vuelta, se puso el abrigo y salió de la mansión. Rosalind le gritó mientras él se alejaba.—¿Adónde vas?Nikolai no respondió ni miró atrás. Rosalind se desplomó en el suelo, sin fuerzas, y se puso a llorar. ¡Si pudiera volver atrás, jamás se enamoraría de Nikolai!En cuanto él salió, sus padres actuaron con implacable rapidez. Enseguida, sus ab
Las palabras de la abogada cayeron como una sentencia de muerte. Nikolai abrió los ojos de par en par, sin reparar en la sangre que le corría por la frente. Escuchó lo que dijo, pero no lograba asimilarlo. ¿En qué momento se había divorciado?—¿Acuerdo de divorcio? —preguntó con voz temblorosa por la confusión y el miedo.El mayordomo se hizo a un lado. Una mujer de traje impecable entró con paso decidido y una actitud glacial. Ni siquiera prestó atención al caos, a la sangre ni a las lágrimas.—La señora Vivienne Thorne me pidió que le informara que ya solicitó el divorcio. Este documento contiene las condiciones del divorcio. Espera que lo firme en un plazo de cuarenta y ocho horas.La abogada dejó caer un sobre grueso sobre la mesa. Nikolai pensó que debía de haberse equivocado o que todo era una broma cruel. Sin embargo, el documento que tenía frente a él acabó con su última esperanza.—La señora Thorne también aclaró que no tiene ningún interés en las acciones de su empresa ni en
Nikolai no salió del estudio hasta que terminó de atender todos los asuntos. Parecía demacrado y avejentado. Intentó llamar a Vivienne, pero ella no respondió.Se volvió hacia Rosalind, que jugaba con Teddy, y le preguntó:—Te dije que llevaras a Teddy a disculparse con Vivienne. ¿Qué te dijo?Rosalind quedó confundida. No esperaba que, al terminar de trabajar, la primera pregunta de Nikolai fuera sobre Vivienne. Sintió resentimiento. Desde que se había mudado con Nikolai a la mansión, se consideraba la señora de la casa.Rosalind le dio un golpecito a Teddy y explicó:—Teddy no hizo nada malo ayer, y yo creo que solo estaba jugando...Teddy intervino con voz infantil:—Teddy no hizo nada malo.Nikolai perdió la paciencia y preguntó:—Teddy destruyó las pertenencias de la tía Vivienne. ¿Por qué crees que no tiene que disculparse?Teddy no entendía.—El estudio es de papi. Papi me quiere, así que no tengo por qué disculparme.Rosalind acarició con cariño la cabeza de Teddy, sin notar qu
¿Cómo había podido ocurrir algo así...? Nikolai regresó al estudio para encender la computadora, pero descubrió que faltaba una enorme pila de documentos.Vivienne solía hacerle compañía mientras trabajaba. Nikolai se ocupaba de los negocios mientras Vivienne hacía bocetos a su lado. Con el tiempo, se repartieron el espacio por igual, con una mitad para los archivos de Nikolai y la otra para los dibujos de Vivienne. Ninguno permitía que entraran sin autorización, por lo que todos debían avisarles antes de pasar.Nikolai se molestó al recordar lo ocurrido el día anterior. Allí se había desatado una disputa entre Vivienne y Teddy. Le costaba creer que Teddy hubiera causado todo aquel desastre. Sus documentos estaban intactos, pero el niño solo había destruido los bocetos de Vivienne.Nikolai volvió a llamar al mayordomo y le pidió que acudiera al estudio.—¿Cuántos bocetos destruyó Teddy ayer? ¿Por qué casi no queda nada en su parte del estudio?El mayordomo suspiró.—Teddy destruyó la m







