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Capítulo 3

Author: Sarah Lane
Durante los días siguientes, casi no volví a casa y Nikolai no mostró interés alguno por saber de mí. El día de mi partida ya estaba lista para marcharme. Pero recordé que había dejado unos bocetos de diseño en el estudio y decidí recogerlos antes de irme.

Sin embargo, al entrar al estudio, me encontré con una escena devastadora. Cuando me agaché a recoger los pedazos de papel, reconocí los bocetos en los que había trabajado durante años.

El niño de Rosalind, Teddy, estaba allí mismo, en el estudio. Había sacado mis pertenencias y las estaba haciendo pedazos una por una. Por un instante, me quedé en blanco.

—¿Qué haces? ¿Quién te dio permiso de entrar?

Antes de que pudiera reaccionar, sus gritos resonaron por toda la mansión.

—¿Qué le hiciste a mi hijo?

Rosalind llegó corriendo, rodeada por un grupo de guardaespaldas a quienes Nikolai había encargado proteger tanto a Rosalind como a Teddy.

Al ver que su madre había acudido en su defensa, Teddy se envalentonó. Agarró la foto enmarcada en la que aparecíamos Nikolai y yo y comenzó a destrozarla con más saña. El marco se estrelló contra el suelo y el vidrio, al hacerse añicos, me cortó el brazo. Las pilas de mis bocetos se inclinaron y estuvieron a punto de caer.

—¡Puta! ¡Por tu culpa mi papi y mi mami no pueden estar juntos! ¡No deberías estar aquí!

Intenté detenerlo, pero los guardaespaldas me inmovilizaron.

—¿Cómo se atreven a inmovilizarme a mí en lugar de detenerlo?

—Lo sentimos, señora. Nikolai nos ordenó anteponer la seguridad de Teddy a todo. También la considera una posible amenaza...

Nikolai tenía tanto miedo de que yo lastimara a Teddy... ¡Pero esos dibujos eran el fruto de años de trabajo!

Cuando Nikolai volvió, Rosalind tiró de su hijo hacia sí y le retorció el brazo. Los gritos de Teddy volvieron a resonar por toda la casa. Rosalind corrió hacia Nikolai y le mostró los moretones recién formados en el brazo del niño.

—Nikolai, Vivienne golpeó a Teddy.

La expresión de Nikolai se volvió seria. Entonces ordenó a gritos:

—¡Vivienne, discúlpate!

—¡Yo no fui!

Intenté defenderme, pero los guardaespaldas me obligaron a arrodillarme. Caí de rodillas sobre los fragmentos de vidrio esparcidos por el suelo. El dolor fue tan intenso que se me nubló la vista.

—Nikolai, dime por qué Rosalind y Teddy estaban en mi casa.

—¡Cállate!

Nikolai guardó silencio unos segundos antes de dirigirse a los guardias:

—Enciérrenla en la habitación de invitados. ¡No puede salir sin mi permiso!

Nikolai se fue hecho una furia. Rosalind les ordenó a los guardias en voz baja:

—Que se quede de rodillas hasta medianoche.

Dicho eso, se llevó a Teddy al dormitorio principal. Los guardias sacaron una por una mis pertenencias del dormitorio principal y las arrojaron a la habitación de invitados.

El dolor en las rodillas era insoportable. Me desmayé varias veces; cada vez, los guardias me despertaban con agua fría y me obligaban a seguir de rodillas. El agua helada me empapó la ropa y me hizo temblar, pero nada se comparaba con el frío que sentía por dentro.

Contemplé los bocetos destrozados y dispersos por el suelo; cada pedazo representaba un sueño que alguna vez había atesorado. En aquella oscuridad interminable y agonizante, una parte de mí murió. El amor, la esperanza y el dolor se apagaron dentro de mí y me dejaron reducida a un cascarón vacío e insensible.

No se marcharon hasta la medianoche. Me puse de pie con dificultad y recogí los bocetos destrozados. Después me escabullí en silencio.

Creía haberme vuelto insensible al dolor hacía tiempo, pero todavía sufría... Antes del amanecer me dirigí al aeropuerto. Cuando el avión despegó, supe que por fin era libre.

Mientras veía cómo la ciudad se empequeñecía bajo mis pies, sentí que dejaba atrás los últimos rastros de Nikolai. Volaba hacia un futuro que me pertenecería solo a mí.

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