LOGINThorianMis ojos recorrían las páginas, pero no lograba asimilar nada. Los números y las cifras se mezclaban ante mi vista mientras mi mente seguía atrapada en lo mismo desde que Lyra había desaparecido. No dejaba de verla en mis pensamientos: su sonrisa, su forma de reír, el brillo de sus ojos.Me presioné las sienes con los dedos e intenté recuperar la concentración. No sirvió de nada. Mis pensamientos siempre terminaban volviendo a ella. ¿Dónde estaría en ese momento? ¿Estaría bien? ¿Pensaría en mí tanto como yo pensaba en ella?La puerta de la oficina se abrió lentamente y Soren entró.«Hola, Thorian. ¿Cómo lo estás llevando?».Aparté los informes y solté el aire.«¿Sinceramente? Me estoy desmoronando. No consigo sacármela de la cabeza».Él tenía exactamente el mismo aspecto que yo. Ninguno de nosotros había vuelto a ser el mismo desde que ella desapareció. Dormir se había vuelto prácticamente inútil, comer era poco más que cumplir con una obligación y cada momento que pasábamos d
LyraMis pasos resonaban contra las frías paredes de piedra mientras caminaba de un lado a otro por mi pequeña y oscura habitación. No conseguía librarme de aquella sensación de vacío y soledad que se había instalado en mi pecho. Extrañaba a mis parejas con toda mi alma: Thorian, Soren y Vaelin.Pensaba en sus rostros, en la forma en que se reían y en el calor de sus brazos cuando me abrazaban. Recordaba cómo me hacían sentir: amada, deseada y protegida. Las lágrimas comenzaron a acumularse en mis ojos mientras me preguntaba si volvería a verlos pronto.Mi mente recorrió los recuerdos que había creado con cada uno de ellos. Las caricias de Thorian, siempre tan cuidadosas y delicadas. La protección inquebrantable de Soren. Las bromas juguetonas de Vaelin, que de alguna manera siempre conseguían arrancarme una sonrisa. Mi corazón dolía de añoranza y, al no tenerlos cerca, sentía como si me hubieran arrancado algo esencial por dentro.Extrañaba nuestras rutinas cotidianas: las risas, los
VaelinEntrecerré los ojos mientras daba vueltas al trozo de tela entre mis manos, con la mente disparando una pregunta tras otra.¿De dónde había salido? ¿Cómo había terminado precisamente aquí, en mi base secreta?Me lo acerqué a la nariz e inhalé. El aroma de Lyra me llegó al instante, tan familiar que sentí cómo se me oprimía el pecho.Pero ¿qué hacía allí?Mis pensamientos me llevaron directamente a la última vez que había visto a Lyra. El recuerdo de su desaparición seguía pesando en mi estómago como una piedra. Desde entonces no había dejado de buscarla: había recorrido todo el territorio, interrogado a cualquiera que pudiera saber algo y, una y otra vez, había terminado con las manos vacías.Y ahora esto.Examiné la tela con mayor detenimiento. Los bordes estaban desgarrados y deshilachados, como si alguien la hubiera arrancado de su ropa durante un forcejeo. Mi pulso se aceleró y todos mis instintos se pusieron en alerta.Aquello no era una coincidencia. Alguien había estado
LyraMis ojos recorrían distraídamente las paredes de mi lujosa prisión, mientras mi mente estaba llena de pensamientos sobre mis parejas. Los extrañaba tanto que me dolía. El vacío en mi pecho se hacía más profundo con cada día que pasaba. No deseaba nada más que volver a verlos, sentir su calor envolviéndome y recuperar aquella sensación de seguridad que tanto necesitaba.Pero estaba atrapada allí, prisionera del Alfa que me había secuestrado. Había intentado encontrar una salida, pero todas las puertas estaban cerradas con llave y todas las ventanas selladas. Estaba completamente a su merced, sin nada que hacer salvo esperar a que regresara.Mis pensamientos se volvieron sombríos cuando volví a pensar en el Alfa. ¿Por qué me había secuestrado? ¿Qué quería exactamente de mí? Cada vez que intentaba preguntárselo, simplemente sonreía y me decía que pronto lo descubriría.La puerta se abrió y el Alfa entró, con un destello de complicidad en los ojos.«Lyra, querida, veo que estás un po
SorenNo podía dejar de moverme. Caminaba de un lado a otro por la habitación de Lyra, mientras mi mente repasaba una y otra vez todos los peores escenarios que podía imaginar.Ella nunca llegaba tarde. Simplemente no era así. Y jamás desaparecía sin avisar. Había intentado convencerme de que no era nada, de que solo se trataba de un retraso, de un pequeño contratiempo. Pero las horas seguían pasando, la habitación continuaba vacía y el nudo que tenía en el estómago se apretaba cada vez más.Había hablado con Thorian y Vaelin. Ninguno de los dos la había visto. El nudo se convirtió en algo mucho peor.¿La habían emboscado de camino al campo de entrenamiento? ¿Alguien había conseguido atraparla?Todos mis instintos me gritaban que debía actuar, buscarla, hacer algo… pero no sabía hacia dónde dirigirme. Ya había recorrido los alrededores, había preguntado a todos los que encontraba y había enviado mensajes a nuestros aliados. No había recibido ninguna respuesta. No había ni rastro de el
Recobré el conocimiento poco a poco, como si estuviera nadando hacia la superficie a través de algo espeso. Cuando por fin abrí los ojos, la habitación estaba en penumbra. Lo primero que percibí fue el frío del suelo bajo mi cuerpo y el dolor sordo e incesante que me martilleaba detrás de los ojos. Intenté incorporarme, pero una oleada de mareo me hizo caer de nuevo.Estaba sola.No estaba Thorian. Ni Soren. Ni Vaelin. No había nadie.La realidad me golpeó como un jarro de agua fría: me habían secuestrado.Me obligué a concentrarme. Mis ojos recorrieron la habitación mientras mi mente intentaba asimilar lo que estaba ocurriendo. El lugar era extraño, aunque no de la manera que habría esperado. No era una celda ni una mazmorra. De hecho, era obscenamente lujoso. Cortinas de terciopelo, una cama con dosel, una chimenea de mármol y muebles que parecían sacados de una mansión, no de un sitio en el que yo tuviera ningún motivo para estar.Pero nada de aquello me transmitía comodidad. Parec







