INICIAR SESIÓNUn suave susurro me sacó del sueño; abrí los ojos lentamente y me di cuenta de que estaba tumbada en una cama enorme. En algún momento, alguien me había quitado el vestido de gala sucio y me había puesto ropa cómoda, increíblemente suave al tacto. La tela era muy distinta a cualquier cosa que hubiera conocido en la Manada Nightfall.Dos criadas estaban frente a mí, observándome con cautela.—¡Oh! ¡Ya ha despertado, señorita Sophia!—Íbamos a despertarla justo ahora. Ya se ha saltado el desayuno y pensamos que estaría hambrienta si también se perdía el almuerzo.Parpadeé y miré por la ventana; el sol estaba alto en el cielo. No podía creer que ya fuera mediodía del día siguiente. ¿Había quedado tan profundamente dormida tras la cabezada en el coche y el momento en que me acostaron, que me había perdido todo lo demás?—Hola. Soy Sophia Evergreen, de la Manada Ironclad —dije con la mayor amabilidad posible mientras me incorporaba y esbozaba una sonrisa cortés. Desde pequeña, me habían in
Marcus—Oh, mierda... Marcus... ¡sí!—¡Mierda, estás tan jodidamente bien!Embestía con fuerza el coño pequeño y apretado de Lila; cuanto más brusco era, más podía liberar toda esa frustración y rabia. No lograba asimilar cómo Sophia, esa maldita mujer, se había aliado con el Alfa de la Manada Embermoon y había salido pavoneándose de mi territorio con tanta arrogancia.Cambié la posición de Lila, le levanté las piernas y penetré más profundo, deleitándome con los gritos de la mujer bajo mí y esbozando una sonrisa, pero aun así no bastaba para apagar el fuego en mi pecho. Mi lobo, Hugo, devoraba con emoción los jadeos ardientes de Lila, feliz de tener por fin a nuestra compañera destinada en la cama, pero esos estúpidos ojos violetas seguían apareciendo en mi mente.«Yo, Sophia Evergreen de la Manada Ironclad, por la presente te rechazo oficialmente, Marcus de la Manada Ironclad; ¡y de ahora en adelante, ya no soy tu Luna!»Maldije en voz baja mientras las palabras de Sophia resonaban
Marcus Blackthorn, ese imbécil sin corazón, apareció en el pasillo con su amante de turno, Lila, y un grupo de guardias apostados justo frente a nosotros.—Alfa Ethan, si quieres mi opinión, realmente no deberías meter las narices en los asuntos de mi familia —espetó Marcus con arrogancia mientras fulminaba a Ethan con la mirada y apretaba los puños.Ethan sonrió, me tomó de la mano y miró a Marcus levantando la barbilla con aire desafiante. —Sophia Evergreen es mi compañera destinada, te guste o no. Me la voy a llevar de aquí.Bajé la vista hacia nuestras manos: la suya, firme, cubría la mía, que temblaba. Tras haber sido traicionada por mi pareja y envenenada por la bruja que lo quería solo para ella, el agarre cálido y áspero de Ethan resultaba muy reconfortante. Ese calor era un cambio agradable frente al aire gélido de la mazmorra.Sin embargo, tras la traición de Marcus y tanto dolor, mi mente bullía de dudas ante la repentina aparición de este compañero destinado.«¡Sophia, vam
Sophia"Te amo, Sophia"."Todos los que te aprecian te abandonarán".Me acurruqué en la celda mugrienta, mirando hacia la pequeña abertura en lo alto mientras esas frases resonaban dolorosamente en mi mente.Más allá de esa ventana se extendía el bosque donde había perecido no hacía mucho, asesinada por aquella pequeña y calculadora arpía.¡Quién habría imaginado que, a pesar de la intervención de la Diosa de la Luna, resucitaría solo para sufrir la misma traición! ¡Él fue quien me convenció de ser su compañera elegida bajo la mismísima mirada de la Diosa de la Luna!A los dieciocho años, le había expresado mis dudas: "Deberíamos terminar con esto, Marcus; al final, está condenado al fracaso. No podemos encontrar la verdadera felicidad juntos".¡Esas mismas palabras habían salido de mis labios!"¡De ninguna manera, Sophia! ¡Al diablo con el vínculo del destino! Me casaré solo contigo, Sophia, o me quedaré solo para siempre".Me había quedado completamente atónita; apenas logré susurra
Ethan —¡Ya basta! ¡Dejen de insistir con la idea de una compañera elegida! Una y otra vez, me había visto obligado a soportar la insistencia de ese grupo en cada reunión con los Ancianos. Les había dejado claro en numerosas ocasiones que me negaba a elegir a una «Luna adecuada» de entre las opciones que no dejaban de ponerme delante. Me mantenía firme en mi decisión de esperar a que apareciera mi verdadera compañera, sin importar su posición o estatus; eso era irrelevante. La aceptaría incondicionalmente. Cerré la puerta de un golpe al salir, y mi Beta, Max, me abrió la puerta del coche, mirándome con empatía mientras intentaba tranquilizarme. —Ethan, cálmate. No tiene sentido alterarse por esos fósiles; tenemos que asistir a la reunión con la Manada Nightfall y debemos ponernos en marcha. Ya vamos con retraso. —No entiendo por qué te quejas. Ni siquiera volqué la mesa ni armé un escándalo, Max. Al menos asistí a la maldita reunión. El vehículo avanzaba con suavidad hacia la
Marcus—¿Marcus? ¿Acaso... acaso cometí algún error? —preguntó Lila entre sollozos, mirándome con esos ojos grandes y húmedos que parecían tan puros e inocentes, mientras descansaba débilmente entre mis brazos.—No, cariño. No has hecho nada malo; ¡todo es culpa de esa mujer despreciable!Lancé una mirada gélida y distante a Sophia. De repente, todo cobró sentido.La había visto devolverle la copa de vino a Lila, y me recriminé no haber previsto que aquella mujer envidiosa fuera capaz de una jugarreta así.—¡Guardias! ¡Detengan a la Luna y llévenla a las mazmorras!—¿Qué? Marcus... ¡¿no hablarás en serio?! ¡¿Cómo puedes tratarme así?!—¡Silencio, Sophia! ¡Guardias! Usen la fuerza si es necesario.Sin prestar atención a los gritos de Sophia, di órdenes a los guardias mientras levantaba a Lila con sumo cuidado y ternura, alejándola de la zona del banquete.—¡Te advertí hace mucho tiempo que Sophia no era nuestra verdadera compañera y que aquello terminaría en desastre! —gruñó mi lobo, f