LOGIN-un fuerte dolor de cabeza me despierta y me doy cuenta que es el cuarto de mi madre, mi respiración se acelera mis nervios explotan al darme cuente que estoy sin ropa, trato de recordar pero es inútil solo recuerdo hasta donde bebi el juego que me dio mi padrastro, me apresuro a levantarme pero un dolor en mi parte baja de mi feminidad me indica que había perdido mi virginidad, o mas bien me la habían robado, una lagrima cae por mi mejilla y me apresuro a vestirme, en eso entra mi padrastro con una sonrisa en su cara, y me dice - muy bien mi amigo dijo que lo atendiste excelente y que nos hará el préstamo para pagar la deuda de la hipoteca, lo miro y mis lagrimas empiezan a caer de mis ojos, no podía creer que me habían vendido por una deuda, salgo corriendo hacia mi habitación y le paso seguro, me meto asearme y durante una hora lloro bajo el agua, mi pureza se la había llevado un extraño, algo que desea poder compartir con el hombre que amaba, escucho que llega mi madre, salgo del cuarto ya vestida, necesitaba contarle que me abrazara que me diera consuelo, pero solo recibí una abofeteada en la cara de su parte, y gritando me dice aquí todos tienen que ayudar y tu no vas a hacer la excepción, sin pretender esperar mas desprecio de mi madre, salgo a la calle solo camino y camino no sabia a donde ir, Luis me encontró en un parque sentada con la vista perdida, ese parque donde una vez nos hicimos novios, me pregunto si estaba bien pero como decirle que había sido violada y que mi madre le había dado igual, me sentía miserable y no quería que el me rechazara igual, así que omití ese incidente y solo le dije que había tenido una discusión con mi madre, el asiente y me abraza el sabia que mi madre era muy dura conmigo.
Al pasar los días empecé a alejarme de el sentía que ya estaba manchada y que el merecía una mujer que no hubiese sido manoseada por alguien mas, fue tanto mi sufrimiento que una noche escape de casa, solo llevaba conmigo un chamarra y nada mas, viaje a otra ciudad donde intente iniciar de nuevo dejando todo atrás, me costo bastante dejar a Luis y no despedirme de el pero así era mejor, pasaron los mese y mi madre logro contactarme y me exigía que volviera con ella, pero eso nunca iba pasar así que nuevamente decidí mudarme para que no me encontrara y así fue pasaron cinco años, cuando recibí una llamada de una vecina que vivía cerca a donde mi madre, informándome que mi hermana estaba en el hospital en grave estado, no lo pensé dos veces y volví lo único bueno de esas dos personas era Liz mi hermana, al llegar al hospital a los lejos en los pasillos puedo ver a mi madre sentada en una silla de espera sola mi padrastro no se veía y era un alivio no quería verlo, me acerco a la estación de enfermería a preguntar por el estado de mi hermana a lo cual me indican que es critico que sufrió un accidente donde en el coche que iba perdió el control expulsándola por el parabrisas y que su recuperación será difícil pues tuvo daño cerebral, no puedo creer que una mi hermana estuviera luchando por su vida así, a lo lejos veo que mi madre se da cuenta de mi presencia y se acerca y en vez de recibir un abrazo, recibo un reproche y una culpabilidad por lo de mi hermana, a lo cual yo quedo sorprendida cinco años y sigue tratándome como lo peor, respiro y me dirijo a ella por su nombre, y le dejo claro que solo estoy ahí por mi hermana, ella se echa a reír y me dice que me marche que no quiere verme ahí, que si no me voy ella misma me echa, yo acepto irme pero no sin antes ver a mi hermana por ultima vez.
Ingreso a la sala de cuidados intensivos, solo puedo ver un ángelito dormido, me acerco y le doy un beso en la frente y le susurro al oído que la amo que lo único bueno de esta vida para mi fue tenerla a ella como hermana, no logro contener mis lagrimas, me despido y le digo que un día volveré por ella y la llevare conmigo, lo prometo y salgo de la habitación y me marcho del hospital sin mirar atrás pero con el corazon partido en dos, siempre intentaba tener noticias de la salud de mi hermana por medio de mi vecina.
Hasta que un día de la nada recibo una llamada suya donde me informa que mi hermana se había convertido en un ángel, que en medio de una cirugía había fallecido, mi mundo se vino abajo lo único que me mantenía con las ganas de superarme era ella para poder tenerla conmigo y sacarla de ese mundo donde estaba, no quería seguir viviendo quería irme con ella, al pasar los días supe de su sepelio pues mi madre me prohibió asistir ella me odiaba, así que lo hicieron en secreto al trascurrir los días en mi trabajo en un café, vi un mensaje en una tarjeta que dejo un cliente, decía " todo es posible si solo tu lo Cres"
Supe que era un mensaje del Destino, así que volvía tener la esperanza de terminar mis estudios, los cuales valide y puede terminarlos con excelentes notas ganándome así una beca para estudiar en la universidad, allí opte por estudiar medicina pues ese siempre fue mi sueño, conocí a susam mi amiga, fue mi fuerte mi bordón en esta vida la cual ya me habia tratado tan mal, cuando tenia crisis de dejar todo, ella siempre estuvo ahí, de mi madre y su esposo no volvía a saber nada y de Luis tampoco pero así era mejor decidí dejar mi pasado atrás y seguir adelante forjándome un futuro bueno para mi, sentí la necesidad de de cambiar, así paso el tiempo me especialice en cirugía junto con mi amiga, y logramos encontrar trabajo juntas en mejor hospital de New york.
flashback fin..
miro el reloj son las 3:30 de la madrugada, me olvide del tiempo y sin darme cuenta me acabe la botella con un poco de esfuerzo me levanto y voy a mi habitación donde logro ubicar mi cama quedarme dormida de inmediato.
Isabela seguía de pie frente a la ventana, observando cómo la tarde se teñía de naranja. Había ordenado a Mario que investigara quiénes eran los más cercanos a Ana; necesitaba saber con quién debía empezar si quería apartarla de su camino. —Ya tengo lo que pediste —dijo finalmente Mario, con voz contenida—. Quienes visitaron a Ana en el hospital fueron Susan, que estuvo casi todos los días, Carlos también… y Alberto, tu padrastro, estuvo yendo a verla. Isabela se giró bruscamente. —¿Alberto? Mario asintió, mostrando el reporte de visitas. Isabela llevaba horas caminando por el departamento, tratando de ordenar sus pensamientos. Alberto siempre había sido un hombre reservado, casi distante, pero correcto en su papel de padrastro. Nunca había mostrado interés emocional por nadie, mucho menos por alguien que apenas conocía. “¿Desde cuándo te importa tanto alguien que no sea yo?”, murmuró con un dejo de celos que la irritó aún más. Se dejó caer en el sofá, cruzando las piernas con im
Los días siguientes marcaron una recuperación asombrosa para Ana. Su cuerpo respondía bien al tratamiento, y el bebé que llevaba dentro estaba a salvo, creciendo fuerte. La esperanza comenzaba a florecer en medio de la fragilidad.Ana recibía visitas constantes de sus seres más cercanos. Susan no se alejaba por mucho tiempo, y Alejandro permanecía a su lado siempre que podía. Pero había algo que Ana no dejaba de notar: el socio de Alejandro, Alberto, aparecía con frecuencia. Su rostro mostraba una preocupación profunda, casi personal. Y eso la intrigaba.Deseaba salir del hospital pronto. No solo para recuperar su vida, sino para aclarar ciertas dudas que empezaban a inquietarla. Especialmente sobre Alberto.Una tarde, mientras descansaba en la camilla de su habitación privada, escuchó voces detrás de la puerta. Era el médico hablando con Alejandro.—Ya está lista para el alta —decía el doctor—. Solo debe continuar con las vitaminas y evitar cualquier actividad que requiera esfuerzo f
Carlos, Alberto y Susan seguían de cerca la ambulancia que trasladaba a Ana. El silencio en el auto era denso, solo interrumpido por el sonido del motor y el latido acelerado de sus corazones.Carlos no soltaba la mano de Susan. La miró con ternura y preocupación.—Eres valiente, Susan. Pero por favor… no lo vuelvas a hacer. No podría resistir si algo te pasara.Susan bajó la mirada. Alberto, desde el asiento trasero, le puso una mano en el hombro.—Gracias por lo que hiciste por mi hija. Nunca olvidaré este sacrificio.Susan asintió. Con voz baja, respondió:—Ana es muy importante para mí. Más que una amiga… es mi hermana. Sé cuánto sufrió en su infancia. Yo prometí estar siempre ahí para ella.Miró a Carlos, que conducía con el rostro tenso, y luego a Alberto, que la observaba con respeto.—Lo volvería a hacer mil veces por ella.Se recostó en el asiento. Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas. Solo deseaba que no hubiera sido demasiado tarde. Que Ana y su bebé estuvieran b
Desde el otro lado de la ciudad, Mario recibía instrucciones precisas. Debía comunicarse con Alejandro y pedir un rescate. La idea era hacerle creer que se trataba de un intercambio: dinero por Ana. Pero la verdad era mucho más oscura. Quien estaba detrás de la llamada no tenía intención de devolverla. Ana no debía regresar.Mario aceptó. Tomó un teléfono con una SIM nueva, sin registrar, y se dirigió al parque cercano al hospital donde Ana trabajaba. Si intentaban rastrearlo, se llevarían una sorpresa.Después de dos timbrazos, Alejandro contestó.—¿Hola?Mario, con un pañuelo cubriendo su boca para distorsionar la voz, respondió con tono frío:—Cinco millones de dólares. En efectivo. Eso a cambio de que tu mujersita siga con vida. Si quieres volver a verla, ya sabes lo que tienes que hacer.Alejandro sintió que el mundo se detenía. Los oficiales a su alrededor le hacían señas para que mantuviera la llamada activa unos minutos más. Necesitaban rastrear la señal.—Quiero pruebas —exig
El silencio se apoderó de la sala de reuniones. Alejandro, de pie junto a la mesa, dejó caer el celular de sus manos como si el mundo acabara de romperse frente a él. Los ejecutivos presentes lo miraban con desconcierto, sin entender qué ocurría.Richard, su asistente, se levantó de inmediato.—¿Señor Alejandro? ¿Se encuentra bien?Pero Alejandro no respondía. Había entrado en un trance. Las voces a su alrededor eran ecos lejanos. Su mente se había desconectado, atrapada en una imagen: Ana, en peligro.Una voz más fuerte lo sacó de ese estado. Era Alberto, que también estaba presente en la reunión. Al ver el rostro desencajado de Alejandro, se acercó con preocupación.—¿Qué pasa?Alejandro lo miró con los ojos llenos de lágrimas.—Secuestraron a Ana.De inmediato se incorporó, tomó el celular de las manos de Richard y marcó el número de Ana. Pero el teléfono sonaba apagado. Pensó en Susan. Ana había dicho que se vería con ella. ¿Y si también la habían raptado?Sin tener el número de S
La noche de la gala empresarial llegó con elegancia y expectativas. Aunque Alejandro deseaba que Ana lo acompañara, entendía que no podía. El cabestrillo en su brazo la hacía sentir incómoda, y prefería evitar miradas innecesarias. Aun así, antes de que él saliera, Ana lo despidió en la puerta de la mansión con un beso largo, profundo, lleno de amor y complicidad.—Te amo —le susurró, con la voz cargada de emoción.—Y yo a ti —respondió Alejandro, acariciando su mejilla—. Volveré pronto.Al llegar al Club Campestre Los Lagos, Alejandro fue recibido por luces cálidas, música instrumental y un ambiente de lujo discreto. Caminó entre empresarios y socios, saludando con cortesía, pero sin dejar de pensar en Ana.Desde el otro extremo del salón, Alberto Durán lo percibió. Se acercó con paso firme, vestido con un traje impecable, y lo saludó con una sonrisa contenida.—Alejandro, me alegra que hayas venido. ¿Y Ana? —preguntó, intentando sonar casual, aunque sus ojos revelaban inquietud.Alej







