LOGIN- Pero que le pasa a esta mujer solo quería tener un voto de agradecimiento por lo que había hecho por mi hija, se que la primera vez que la vi me porte como un patán pero estaba en una situación que no rasonaba solo deseaba que mi hija viviera, después de que la doctora saliera de la habitación de mi hija supe que había algo mas en ese doctora que me intrigaba y quería saber que era, pude notar que no le soy indiferente pues durante su revisión a mi hija la note incomoda y en todo momento evito el contacto visual conmigo, quería saber mas sobre ella así que le pedí a Richard mi mano derecha que la investigara.
En eso suena mi teléfono y me doy cuenta que es mi amigo Carlos quien llama, me pregunta por la salud de lucia a lo que le informo que ya esta mucho mejor, lo escucho soltar un suspiro de tranquilidad pues es su sobrina política con el le dice, me pregunta si he probado bocado a lo que niego, entonces me informa que al media día pasa a recogerme para que lo acompañe a un restaurante donde quedo también con su hermano, cuando me iba a negar ya la llamada había finalizado, así que tendré que ir llamo a mi madre para pedirle el favor que si puede cuidar lucia unas horas a lo que ella acepta de enseguida sin objeción, llegamos con Carlos a un restaurante bastante elegante donde sus comidas son realmente deliciosas, el mesero nos muestra la mesa donde ya se encontraba Juan el hermano de mi amigo nos saludamos y nos sentamos, hacemos nuestra elección de menú y mientras pedimos una botella de vino, nos encontrábamos conversando cuando Carlos no dejaba de ver la entrada del restaurante le pregunto que pasa, y el me contesta no ves esas dos hermosas mujeres que acaban de entrar, o santo cielo son divinas, yo me giro para ver las supuestas diosas que dice mi amigo, encontrándome con aquella mujer la cual he tenido en mente, al verla sin su uniforme y su bata medica, puedo ver que es mucho mas hermosa la veo que va con otra chica que igual es hermosa pero mi atención esta puesta en ella, la detallo y su cabello rubio hace juego con sus ojos y su piel, no se pero siento que la he visto antes pero no se donde, - una risa hace que desvié mi mirada a mi amigo el cual me ve divertido y en broma me dice que estoy babeando, yo carraspeo en un intento de ocultar lo que provoca esa mujer en mi, le digo no seas tonto aquella mujer de cabello rubio fue la que opero a lucia, solo que no la había visto desde la mañana y me pareció coincidencia verla aquí es todo.
hago una señal para que una mesera se acercara a nuestra mesa, al llegar le indico que por favor llevara la botella de vino mas cara que tuvieran en el restaurante y con discreción señale la mesa donde estaba las dos señoritas, la mesera asiente y se marcha, - Carlos me pregunta enserio le vas a enviar una botella, por que me mejor no vas y se las das tu mismo, yo le respondo que no es necesario pues es solo una formalidad de agradecimiento por lo que hizo por mi hija, el asiente y seguimos charlando, hasta que veo que la mesera se acerca a su mesa y les ofrece la botella de vino, la veo un poco confundida y la mesera le informa señalando nuestra mesa que es de parte nuestra.
- Luego de que la Doctora junto con su amiga rechazaran mi detalle con el vino, las seguí observando disimuladamente mientras mantenía la conversación con mis amigos, en unas de esas tantas miradas que le hacia pude notar que su semblante en su rostro cambio de inmediato de una expresión alegre a una totalmente llena de rabia y tristeza, vi que sostenía el celular en su mano por lo que puede deducir que sedebió a algo que había visto en el, no pasaron mas de diez minutos cuando pidieron la cuenta y se marcharon, aun no podía entender como una mujer hermosa tenia esos cambios, me volví hacia mis amigos y luego de haber terminado la comida nos marchamos, Carlos me dejo de nuevo en el hospital donde estaba mi hija y madre, subí a la habitación, encontrándome a mi hija ya mejor despierta y con ganas de ir a casa, haciéndome esos pucheros quien dice que no, así que llame a Richard para que hiciera lo necesario para la salida voluntaria de lucia, pues contrataría una enfermera y con los cuidados de mi madre estaba seguro que su recuperación en casa seria mas confortable para ella, después de pasada las 15:30 pm salimos del hospital con mi hija en brazos , ella estaba super contenta de poder estar en su casa, extrañaba mucho a Tonny su mascota, con mucho cuidado la trasladamos a la mansión donde ya habían hecho todos los cambios en su habitación para que siguiera con la recuperación adecuada, mi madre me informa que mi padre llegara en unos días, a lo que yo asiento le doy un beso en la frente y me dirijo a mi estudio a trabajar desde ahí pues no tenia ganas de salir de casa hoy quería estar pendiente de lucia.
Isabela seguía de pie frente a la ventana, observando cómo la tarde se teñía de naranja. Había ordenado a Mario que investigara quiénes eran los más cercanos a Ana; necesitaba saber con quién debía empezar si quería apartarla de su camino. —Ya tengo lo que pediste —dijo finalmente Mario, con voz contenida—. Quienes visitaron a Ana en el hospital fueron Susan, que estuvo casi todos los días, Carlos también… y Alberto, tu padrastro, estuvo yendo a verla. Isabela se giró bruscamente. —¿Alberto? Mario asintió, mostrando el reporte de visitas. Isabela llevaba horas caminando por el departamento, tratando de ordenar sus pensamientos. Alberto siempre había sido un hombre reservado, casi distante, pero correcto en su papel de padrastro. Nunca había mostrado interés emocional por nadie, mucho menos por alguien que apenas conocía. “¿Desde cuándo te importa tanto alguien que no sea yo?”, murmuró con un dejo de celos que la irritó aún más. Se dejó caer en el sofá, cruzando las piernas con im
Los días siguientes marcaron una recuperación asombrosa para Ana. Su cuerpo respondía bien al tratamiento, y el bebé que llevaba dentro estaba a salvo, creciendo fuerte. La esperanza comenzaba a florecer en medio de la fragilidad.Ana recibía visitas constantes de sus seres más cercanos. Susan no se alejaba por mucho tiempo, y Alejandro permanecía a su lado siempre que podía. Pero había algo que Ana no dejaba de notar: el socio de Alejandro, Alberto, aparecía con frecuencia. Su rostro mostraba una preocupación profunda, casi personal. Y eso la intrigaba.Deseaba salir del hospital pronto. No solo para recuperar su vida, sino para aclarar ciertas dudas que empezaban a inquietarla. Especialmente sobre Alberto.Una tarde, mientras descansaba en la camilla de su habitación privada, escuchó voces detrás de la puerta. Era el médico hablando con Alejandro.—Ya está lista para el alta —decía el doctor—. Solo debe continuar con las vitaminas y evitar cualquier actividad que requiera esfuerzo f
Carlos, Alberto y Susan seguían de cerca la ambulancia que trasladaba a Ana. El silencio en el auto era denso, solo interrumpido por el sonido del motor y el latido acelerado de sus corazones.Carlos no soltaba la mano de Susan. La miró con ternura y preocupación.—Eres valiente, Susan. Pero por favor… no lo vuelvas a hacer. No podría resistir si algo te pasara.Susan bajó la mirada. Alberto, desde el asiento trasero, le puso una mano en el hombro.—Gracias por lo que hiciste por mi hija. Nunca olvidaré este sacrificio.Susan asintió. Con voz baja, respondió:—Ana es muy importante para mí. Más que una amiga… es mi hermana. Sé cuánto sufrió en su infancia. Yo prometí estar siempre ahí para ella.Miró a Carlos, que conducía con el rostro tenso, y luego a Alberto, que la observaba con respeto.—Lo volvería a hacer mil veces por ella.Se recostó en el asiento. Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas. Solo deseaba que no hubiera sido demasiado tarde. Que Ana y su bebé estuvieran b
Desde el otro lado de la ciudad, Mario recibía instrucciones precisas. Debía comunicarse con Alejandro y pedir un rescate. La idea era hacerle creer que se trataba de un intercambio: dinero por Ana. Pero la verdad era mucho más oscura. Quien estaba detrás de la llamada no tenía intención de devolverla. Ana no debía regresar.Mario aceptó. Tomó un teléfono con una SIM nueva, sin registrar, y se dirigió al parque cercano al hospital donde Ana trabajaba. Si intentaban rastrearlo, se llevarían una sorpresa.Después de dos timbrazos, Alejandro contestó.—¿Hola?Mario, con un pañuelo cubriendo su boca para distorsionar la voz, respondió con tono frío:—Cinco millones de dólares. En efectivo. Eso a cambio de que tu mujersita siga con vida. Si quieres volver a verla, ya sabes lo que tienes que hacer.Alejandro sintió que el mundo se detenía. Los oficiales a su alrededor le hacían señas para que mantuviera la llamada activa unos minutos más. Necesitaban rastrear la señal.—Quiero pruebas —exig
El silencio se apoderó de la sala de reuniones. Alejandro, de pie junto a la mesa, dejó caer el celular de sus manos como si el mundo acabara de romperse frente a él. Los ejecutivos presentes lo miraban con desconcierto, sin entender qué ocurría.Richard, su asistente, se levantó de inmediato.—¿Señor Alejandro? ¿Se encuentra bien?Pero Alejandro no respondía. Había entrado en un trance. Las voces a su alrededor eran ecos lejanos. Su mente se había desconectado, atrapada en una imagen: Ana, en peligro.Una voz más fuerte lo sacó de ese estado. Era Alberto, que también estaba presente en la reunión. Al ver el rostro desencajado de Alejandro, se acercó con preocupación.—¿Qué pasa?Alejandro lo miró con los ojos llenos de lágrimas.—Secuestraron a Ana.De inmediato se incorporó, tomó el celular de las manos de Richard y marcó el número de Ana. Pero el teléfono sonaba apagado. Pensó en Susan. Ana había dicho que se vería con ella. ¿Y si también la habían raptado?Sin tener el número de S
La noche de la gala empresarial llegó con elegancia y expectativas. Aunque Alejandro deseaba que Ana lo acompañara, entendía que no podía. El cabestrillo en su brazo la hacía sentir incómoda, y prefería evitar miradas innecesarias. Aun así, antes de que él saliera, Ana lo despidió en la puerta de la mansión con un beso largo, profundo, lleno de amor y complicidad.—Te amo —le susurró, con la voz cargada de emoción.—Y yo a ti —respondió Alejandro, acariciando su mejilla—. Volveré pronto.Al llegar al Club Campestre Los Lagos, Alejandro fue recibido por luces cálidas, música instrumental y un ambiente de lujo discreto. Caminó entre empresarios y socios, saludando con cortesía, pero sin dejar de pensar en Ana.Desde el otro extremo del salón, Alberto Durán lo percibió. Se acercó con paso firme, vestido con un traje impecable, y lo saludó con una sonrisa contenida.—Alejandro, me alegra que hayas venido. ¿Y Ana? —preguntó, intentando sonar casual, aunque sus ojos revelaban inquietud.Alej







