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3 Rompiendo las cadenas.

Author: Pandora
last update publish date: 2026-10-16 18:01:27

La luna había pedido a su doncella que la dejara un momento a solas. Necesitaba pensar y asimilar lo que le estaba sucediendo.

Más en ese momento la pantalla azul que solo ella podía ver, se volvió a abrir.

[MISIÓN PRINCIPAL ACTIVADA.]

— ¿Qué cosa? ¿Vamos a seguir con esto?

[Por supuesto. Objetivo inmediato: Sobrevive a la traición de esta noche.]

— ¡Diosa luna, tengo que sobrevivir de nuevo a la misma noche atroz en la que me asesinaron...!

[Tiempo restante para el evento crítico: 02:14:36.]

Atenea miró la pantalla.

Dos horas y catorce minutos.

Ese era el tiempo que faltaba para que Igor presentara a Serena como la madre de su futuro heredero.

Una risa amarga escapó de sus labios.

—Está bien, sistema. Vamos a jugar.

Mireya la observó con preocupación. La doncella entraba con el vestido de la luna.

—¿Jugar, mi señora?

Atenea volvió a mirarse en el espejo.

Esta vez no vió a una mujer desesperada por conseguir el amor de un Alfa.

Vió a alguien que conocía su propio valor y que tenía la oportunidad de cambiar su destino.

—Nada, Mireya. Ayúdame a vestirme. Está noche tengo que verme espectacular.

—¿Con el vestido blanco que preparó el Alfa para usted?

Atenea bajó la mirada hacia la prenda que descansaba sobre un sillón.

El vestido que había elegido el Alfa para ella pensando en su pureza e ingenuidad. Alguien que podía manipular a su antojo y que aceptaría todo con tal de no perder sus migajas de amor.

Lo contempló unos segundos.

Después negó con la cabeza.

—No. Guarda ese horrible vestido.

—¿Entonces qué desea ponerse?

Atenea abrió el armario y eligió un vestido color esmeralda, elegante y sobrio, que resaltaba sus ojos.

—Este. Este será. — Atenea sonrió, se sobre puso el vestido y efectivamente, combinaba perfecto con su tono de piel.

Mireya parpadeó.

—Pero, mi señora, el Alfa pidió que llevara el blanco. Si se molesta no le irá nada bien.

Atenea movió los hombros ligeramente.

—El Alfa puede pedir muchas cosas. Eso no significa que yo tenga que obedecerlas todas.

[¡FELICIDADES!]

[La usuaria ha completado su primera micro misión: Reconocer su autonomía.]

[Recompensa: 10 puntos de voluntad.]

Atenea estuvo a punto de reírse.

¿Puntos de voluntad?

Aquello era absurdo.

Pero si el sistema pretendía recompensarla por dejar de comportarse como una prisionera de su propio amor, así que aceptaría cada punto.

Esta vez construiría su felicidad paso a paso.

Y no permitiría que ningún hombre volviera a decidir cuánto valía.

[La mujer que ya no esperaba ser elegida]

Dos horas más tarde, cuando Atenea llegó al gran salón, la celebración estaba en pleno apogeo.

Los ancianos ocupaban los asientos principales.

Los guerreros conversaban cerca de las columnas.

Y en el centro de todo se encontraba Igor Romano, vestido de gala, con su mirada plateada y su imponente presencia, que antes de morir tenían hechizada a Atenea.

El corazón de luna dió un vuelco, ella ya había estado ahí, justo en ese lugar que cambió su vida para siempre.

Incluso después de haber muerto por culpa de sus decisiones, seguía reconociendo el gran atractivo de aquel alfa.

Era alto, poderoso y extraordinariamente atractivo. Sus músculos marcados y sus facciones que parecían las de un dios nórdico, la hicieron perderse hasta morir.

Durante años había creído que su expresión distante escondía un corazón que solo necesitaba tiempo para abrirse.

Ahora sabía que amar a alguien no significaba inventarle virtudes que jamás habían demostrado.

Igor la vió entrar.

Sus ojos recorrieron el vestido verde y se detuvieron en su rostro.

—Te pedí que llevaras el vestido blanco.

Atenea inclinó ligeramente la cabeza.

—Lo sé.

—¿Entonces por qué no lo llevas?

—Porque prefiero este.

El Alfa frunció el ceño.

Quizá esperaba una explicación más larga, alguna disculpa o una sonrisa nerviosa.

Pero no la recibió.

—Últimamente estás muy extraña —murmuró.

—Y tú sigues siendo exactamente el mismo.

Igor endureció la mirada

—¿Qué significa eso?

—Nada que debas preocuparte por comprender.

Atenea pasó de su lado.

Por primera vez, no se quedó esperando que él la siguiera.

En el interior de su mente, el sistema emitió un sonido

[¡BIP!]

[Objetivo secundario: Evitar la dependencia emocional.]

[Progreso: 15 %.]

Atenea tuvo que contener una sonrisa y permanecer seria.

Aquello podía resultar más divertido de lo que había imaginado.

Entonces los ancianos anunciaron el discurso del Alfa.

Atenea se colocó entre los invitados y observó cómo Igor se levantaba.

—Esta noche celebramos cuatro años desde que Atenea fue reconocida como Luna de Lago de Plata.

Los presentes aplaudieron.

Igor hizo una pausa.

—Pero también tenemos una noticia importante. Una noticia que cambiará el futuro de nuestra manada.

Atenea ya sabía lo que venía.

Aun así, cuando Serena apareció con su vestido rojo cabellera negra, ojos azul cielo y la mano sobre el vientre, sintió una punzada en el pecho.

No porque quisiera recuperar a Igor.

Sino porque recordar su primera muerte era como volver a escuchar sus propios gritos de aquella noche.

Serena se colocó junto al Alfa.

Él apoyó una mano sobre su abdomen ligeramente abultado.

—Serena está embarazada de mi hijo —anunció Igor— Mi futuro heredero.

Los murmullos se transformaron en exclamaciones de alegría.

Serena sonrió triunfalmente. Ella creía que la batalla contra la verdadera luna, ya estaba ganada.

Entonces buscó a Atenea entre los invitados.

Esperaba encontrar lágrimas.

Dolor.

Desesperación.

Pero la bella pelirroja solo la observaba con una serenidad desconcertante.

Serena perdió ligeramente la sonrisa.

Atenea levantó su copa.

—Mis felicitaciones, Igor. Espero que seas un buen padre.

El salón quedó extrañamente silencioso.

Igor la miró, desconcertado.

—¿Eso es todo lo que tienes que decir?

Atenea dejó la copa sobre una mesa.

—¿Esperabas que te reclamara por romper una promesa que me hiciste hace cuatro años?

Él alfa dió un paso hacia ella.

—Atenea, no hagas una escena. Hablemos en privado después del banquete.

—No te preocupes. No pienso hacer una escena, y sobre hablar... Creo que todo está dicho aquí, vas a tener un hijo con otra loba que no soy yo, entonces... ¿Por qué no le das de una vez el título de luna de la manada luna de plata?

La jóven se quitó el collar de plata que simbolizaba la promesa rota y lo dejó sobre una mesa cercana.

—Puedes recuperarlo. Ya no lo necesito.

Igor miró el collar.

Por primera vez aquella noche, su expresión perdió parte de su seguridad.

—¿Qué estás haciendo?

Atenea lo miró a los ojos.

—Dejando de esperarte.

Después se volvió hacia Serena.

—Disfruta tu celebración. Has conseguido exactamente lo que ambicionabas, un lugar en la corte de la manada.

— ¡Atenea, no es lo que piensas! ¡Serena es una buena loba!

— Con más razón para que le des mi lugar. Hoy renunció a este compromiso absurdo, no soy más la prometida del Alfa Igor Romano. Soy solo Atenea santos.

Serena entrecerró los ojos. No creía que la luna dejara su lugar nada más así.

No había esperado aquella reacción.

Había imaginado a Atenea llorando, suplicándole al Alfa que cumpliera su promesa y convirtiéndose en el espectáculo de la noche.

En cambio, la Luna se marchaba con la cabeza en alto.

Y aquello la enfurecía mucho más que cualquier insulto.

—¡Atenea ven aquí! — Se le escuchó al Alfa llamarla.

Pero Atenea cruzó el salón sin mirar atrás.

[MISIÓN 1: ROMPE LAS CADENAS.]

[Progreso: 50 %.]

[Advertencia: Se ha detectado hostilidad en la loba identificada como Serena.]

Atenea se detuvo apenas un instante.

Ya conocía el desenlace.

Sabía que Serena enviaría a sus guerreros.

Sabía que, si abandonaba el palacio sin protección, podría morir exactamente como la primera vez.

Pero esta vez no tenía intención de repetir su destino.

—Sistema —susurró— ¿puedes ayudarme a despertar a mi loba?

[Requisito no cumplido.]

[Para desbloquear la misión de despertar, la usuaria debe alcanzar el primer nivel de voluntad y sobrevivir al evento crítico.

Atenea apretó los labios. No se esperaba estar indefensa por segunda vez.

Tendría que encontrar otra forma.

Mientras tanto, en el balcón, Serena observaba su partida.

—No permitiré que esa mujer siga respirando —murmuró.

Llamó a uno de sus guerreros y le entregó una órden escrita.

—Síguela. Que nadie vuelva a verla con vida.

Atenea atravesó las puertas principales y se adentró en la noche.

La luna iluminaba el sendero.

El viento agitó su cabello rojizo.

Y, por primera vez en dos vidas, la jóven no caminaba para reunirse con el hombre que habia amado.

De pronto la pantalla azul apareció de nuevo, el sistema volvió a hablar.

[Haz completado la misión satisfactoriamente, así que puedes pedir algo que quieras, adelante]

— Bien... Esto sí que está interesante. Quiero pedir que a Igor y a Serena, les ciaga un castigo divino, ayúdame a vengarme de lo que me hicieron en mi vida pasada.

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