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Capítulo Tres — Emboscada

مؤلف: Riezan
last update تاريخ النشر: 2023-12-03 07:02:55

— ¿Eso es todo?

— No hemos terminado, señor Villanueva.

Victor Villanueva suspiró, dando una leve vuelta de ojos para aquello, hábito que había cogido de su hermana menor. 

— Adelante. — gruñó el hombre, impaciente. 

Tomó un suspiro al pensar que podría estar disfrutando de un hermoso pastel de carne hecho por su abuela mientras jugaba a videojuegos con su hermana.

— Bueno, Señor Villanueva, como sabe, necesitamos ese pedido en hasta tres días. — avisó el más gordo de los cuatro hombres. 

— El pedido es muy grande. — respondió Victor, sin alterarse — Estará listo en cinco días. Y no sirve de nada quejarse, ustedes saben que no me gusta ser presionado. Lo harán a mi manera o tendrán que buscar otro proveedor.

— Por favor, señor Villanueva, no nos malinterprete. — murmuró el otro, de manera suave — Estamos muy nerviosos con todo lo que está sucediendo.

— ¿Y yo no? — preguntó el Alfa, con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos — Mis hombres están en peso en aquella m*****a guerra. ¡Una guerra que no es nuestra! Si Mackenzie decidiera retirar las tropas del campo de batalla, sería bueno para ambos lados.

— Con todo respeto, Victor... ¿por qué no le dices a tus hombres que vuelvan? — preguntó el otro.

Él abrió una nueva sonrisa, ahora cargado de libertinaje. 

— Si lo hiciera, sólo quedarían las tropas enemigas en el campo de batalla.

— ¿Por qué nos ayudas? Como dijiste, esta no es tu guerra.

El chico se volvió hacia lo último que dijo.

— Hay muchos intereses en juego, querido. Tienen mucho que perder, como el respeto y el poder, ante los países que no saben nada de nuestros contratos. Y yo perdería dinero y otras cosas, que no son de su interés... — Victor se levantó y miró a los cuatro hombres sentados frente a él — ¿Dónde está el baño?

— Entra por aquella puerta y sigue recto, al final del pasillo hay una puerta marrón. —  explicó el hombre gordo.

El Lobo saludó para lo que habló y fue hasta el lugar indicado. Al entrar, se encaminó directamente al lavamanos. Se lavó el rostro y se miró en el espejo. 

— Ah, Olivia. Si tú estuvieras aquí yo estaría mucho mejor. — gruñó, secando el rostro, mientras pensaba en la chica. Olivia era una poderosa omega que actuaba junto con él y su beta.

Pero era mejor evitar ese tipo de contacto para la chica. Si era agotador para él, imagina para Olivia, que necesitaba usar sus poderes todo el tiempo. Pero sería divertido tener el humor negro de la hermana, allí con aquellos tipos.

Villanueva se secó la cara y salió del baño, caminando lentamente hacia la sala. Pero antes de llegar a la sala que estaban los hombres, se detuvo en el medio del pasillo, sintiendo un olor diferente. El sonido mínimo de pasos, diferente de los que estaban en el recinto, le trajo escalofríos en la columna. Con su intuición susurrando en su oído, no regresó al lugar, entrando en una de las puertas que había allí. Al abrirlo, se dio cuenta de que era una salida de servicio. 

Victor volvió a mirar al pasillo, aún pensando en lo que haría. Sus instintos nunca se equivocaban, pero también necesitaba recordar a sus hombres que se quedaron en el camino. Y, pensando en eso, decidió acercarse y ver si se estaba volviendo loco o si realmente pasaba algo. Intentando mantener la calma, pero cada vez más desconfiado de que podría estar cayendo en una trampa, siguió buscando a sus guardaespaldas.

Siguió caminando, hasta encontrar el pasillo de entrada del apartamento. El olor a hierro y sal le decía que no le gustaría lo que encontraría al otro lado de la puerta. Al llegar hasta la entrada, una ola de rabia y preocupación pasó por su cuerpo. Los tres hombres que hacían su seguridad se encontraban muertos. Cada uno con una bala en la cabeza.

Quien lo había logrado era muy bueno y estaba preocupado por ello. Pero necesitaba recordar que esos hombres eran humanos, guardias enviados por el mismo presidente de ese lugar para protegerlo. Tenía que encontrar a sus hombres, los Lobos que le habían acompañado.

— Malditos! — exclamó él cerrando los puños con furia. No creía que estaba sucediendo aquello, luego en aquel país — Ustedes me pagan!

No lo pensó dos veces, girando los talones y corriendo hasta llegar al ascensor. Necesitaba contactar con Olivia y Diego, sacar los cuerpos de los hombres y encontrar al culpable de sus muertes. Pensando en cómo hacerlo, entró en el vestíbulo del gran edificio, yendo directamente al estacionamiento, que estaba bajo tierra. Bajó las escaleras rápidamente y fue en busca de su coche y de sus hombres.

Y tan pronto como llegó, encontró el SUV que sus Lobos usaban abierto. Los cuatro Lobos estaban muertos, con una bala en la sien, así como los humanos. Las ruedas del auto estaban perforadas. 

Victor sabía que esas balas eran de plata, así que también comprendía que su enemigo sabía muy bien quién era.

El chico no esperó más, corriendo hasta su coche, pues no tenía idea de dónde se encontraba el asesino. Cuando estaba abriendo la puerta oyó un ruido en su espalda. Se volvió para ver lo que era, ya sabiendo que estaba en problemas. Un hombre se encontraba parado, mirándolo. Él portaba un arma nueve milímetros, con un silenciador.

El Lobo de Victor gruñó internamente, enojado con aquella situación, quedando de cara para él. No sintió miedo, solo odio por aquel hombre, que acababa de matar a sus hombres y sospechaba que los empresarios que lo acompañaban en la reunión tampoco estaban más vivos.

— ¿Quién es usted? — preguntó tranquilamente.

— El hombre que matará al legendario Victor Villanueva.

Victor sonrió burlonamente y abiertamente. No pudo sostenerlo, porque era más fuerte que él. Había oído esa frase un infierno de veces.

— ¿Y eso por qué?

— No importa. — respondió el hombre riendo. Él parecía un poco tonto. Y eso sería una ventaja.

Él colocó el arma y Victor se mordió los dientes. Necesitaba actuar, o estaría muerto antes del final de aquel maldito día.

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