Masuk—Llegas tarde, Aurora —escupió Lucian, con sus ojos amarillos brillando incluso en la penumbra—. Empezaba a pensar que no vendrías a ver el espectáculo.Cael gruñó, apretando las garras alrededor de la garganta de Lucian.—Di una palabra más a ella y te arrancaré la lengua de raíz.Aurora entró en la habitación, con la pistola apuntando a la cabeza de Lucian.—¿Dónde está el resto de tu manada?Lucian rio, un sonido húmedo y quebrado.—Están de fiesta en tu jardín, querida. Pero no te preocupes… —Sus ojos recorrieron el cuerpo de ella con una posesividad enfermiza—. Guardé las mejores partes para mí.Fue entonces cuando Aurora lo notó: el extraño olor en el aire, los trozos de carne esparcidos por el suelo. Lucian no había traído solo el corazón de Gavin.Había traído regalos.Cael soltó un rugido que hizo añicos el cristal restante.—Ese fue tu último error.La pelea se reanudó, más brutal que antes, y Aurora supo que solo uno de ellos saldría vivo de aquella habitación.Ella levantó
La sangre se heló en las venas de Aurora.—¿Lucian está aquí?Marcos abrió la bolsa, revelando granadas y cargadores extras.—Te envió un mensaje. —Sus ojos se encontraron con los de ella—. «Ven a reclamar tu redención, omega. O escóndete como la perra cobarde que siempre has sido».Aurora no pensó.Agarró una pistola de la mesa y la amartilló.—Entonces vamos a darle a mi compañero una razón para que vuelva rápido.Marcos sonrió, salvaje.—Ahora sí hablas mi idioma.Fuera, un nuevo sonido resonó: no eran disparos, ni gritos.El largo y furioso aullido de un lobo Alfa.Cael.Y sonaba hambriento.El aullido de Cael resonó de nuevo, esta vez más cerca, y la respuesta llegó de inmediato: una serie de gruñidos guturales que hicieron temblar las paredes. Lucian no estaba solo. Había traído a su manada.Aurora sintió que el instinto la arrastraba hacia la puerta, con los dedos hormigueando por la necesidad de transformarse. Pero Marcos le bloqueó el paso.—Espera, Luna. Si sales por esa pue
El ascensor se detuvo con una sacudida que hizo que Aurora tragara saliva con fuerza. Las puertas se abrieron y revelaron un pasillo estrecho, iluminado por luces rojas de emergencia que pintaban todo con un tono sanguinolento. El aire era más frío allí, cargado con el olor a concreto húmedo y electricidad estática.Jarek salió primero, con paso rápido y seguro. Aurora lo siguió, sus pies descalzos erizándose contra el suelo helado.—¿Adónde vamos? —susurró ella, sus ojos escaneando cada sombra.—Sala de Seguridad del Alfa —respondió Jarek sin mirar atrás—. Reforzada, sin ventanas, sin puntos ciegos. Cael la construyó personalmente después de que vosotros dos huyerais del territorio de Lucian.El corazón de Aurora se apretó al oír el nombre del enemigo. Seis meses. Seis meses desde que ella y Cael escaparon por poco del territorio de Lucian, dejando atrás aliados, sangre y promesas rotas.Y ahora, el pasado había regresado para cobrar su deuda.Una sólida puerta de acero apareció al f
Los golpes en la puerta resonaron en el silencio de la madrugada.Cael despertó de golpe, sus sentidos alerta antes de que su mente comprendiera qué lo había arrancado del sueño. A su lado, Aurora respiraba profundamente, envuelta en las sábanas y en el calor residual de sus cuerpos entrelazados horas antes. Su rostro estaba sereno, las pestañas descansando sobre mejillas sonrojadas, la única prueba de la intensa noche que habían compartido.Otra serie de golpes, más urgentes.—¡Cael! —la voz de Jarek atravesó la gruesa madera, tensa como la cuerda de un arco a punto de dispararse.El Alfa se deslizó fuera de la cama con la fluidez de un depredador, los músculos de su torso delineados por la luz plateada que se filtraba por la ventana. Sus cicatrices, algunas antiguas, otras aún rosadas, contaban historias de batallas pasadas, pero ninguna dolía tanto como la perspectiva de dejar a Aurora allí, vulnerable en su sueño.Se puso los pantalones de combate tirados en el suelo, sus dedos ac
Cael cabalgaba al frente, su imponente cuerpo envuelto en un abrigo de cuero oscuro que se mecía con el viento. A su lado, Aurora cabalgaba con la espalda recta, la mirada fija en el horizonte, aunque sus pensamientos seguían anclados en lo que habían dejado atrás.Y allí, en el calor del pecho del Alfa que ahora era suyo, Aurora cerró los ojos. Lucian podía venir con todo lo que tenía. Pero ella ya no era la omega indefensa de antes.Aurora se giró de lado, sus dedos recorriendo la línea de la mandíbula de Cael, firme como la hoja que había empuñado horas antes. La luz de la luna plateaba su piel, revelando viejas cicatrices, marcas de batallas que había sobrevivido y otras, más recientes, que ella misma le había dejado en noches como esa.—Estás pensando demasiado —murmuró él, con una voz grave que retumbaba en los huesos de Aurora.Ella no respondió con palabras. En cambio, deslizó la mano por su pecho, sintiendo cómo los músculos se tensaban bajo su toque. Cael no se movió, pero s
Cael cabalgaba al frente, su imponente cuerpo envuelto en un abrigo de cuero oscuro que se mecía con el viento. A su lado, Aurora cabalgaba con la espalda recta, la mirada fija en el horizonte, aunque sus pensamientos seguían anclados en lo que habían dejado atrás.—Fue un riesgo —murmuró ella, rompiendo el silencio entre ambos—. Pero ¿valió la pena?Cael la miró, sus ojos dorados tranquilos y firmes.—Te escucharon, Aurora. Incluso aquellos que no querían admitirlo.Ella asintió, pensativa.—Sentí miedo en algunos… pero también algo nuevo. Respeto.—Hiciste un impacto. Y eso, mi loba… nadie puede borrarlo.La conversación se interrumpió cuando Jared se acercó a caballo y se colocó junto a ellos.—Nuestros exploradores no han detectado ningún movimiento hostil en los alrededores, Alfa. La frontera sigue segura. Pero circulan rumores… Lucian ha desaparecido del radar de la Shadow Pack.Cael frunció el ceño.—Se está preparando.—Y acechando —añadió Aurora.Jared suspiró, pasándose una
La acostó sobre la cama, acomodando las almohadas y las sábanas debajo de ella. El calor de la habitación contrastaba con el frío de su cuerpo. La cubrió con una manta y se arrodilló junto a la cama, observando cada detalle de su rostro.Parecía más calmada ahora, como si su cuerpo supiera que esta
—¿Están todos listos? —susurró, sus ojos ámbar cortando la penumbra como cuchillas.Cinco hombres estaban dispersos entre los arbustos y los árboles antiguos. Guerreros leales de la manada Ironfang, vestidos con equipo táctico negro y máscaras que ocultaban casi todo su rostro. Asintieron en silenc
Cael abrió los ojos lentamente, capturando su mirada.— ¿Espiándome, mi Luna? — preguntó con voz ronca, una sonrisa somnolienta en los labios.— Solo admirándote — respondió ella sin retroceder, y sonrió. — Pareces menos amenazante cuando duermes.Él rio, atrayéndola más cerca.— Y tú, más peligros
—Las patrullas se duplicarán de inmediato. Quiero guardias en las fronteras y centinelas en los puntos altos —Cael se levantó, con la voz resonando con autoridad—. Preparen un equipo de rastreadores. Si hay cualquier rastro de una invasión, quiero saberlo primero.Otro líder de una de las casas de







