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Capítulo 3

Author: Cinnamon
last update publish date: 2026-07-13 16:31:53

El ambiente en la sala de estar de la residencia de los Vignelli era mucho más opresivo que la noche anterior.

Alessia permanecía arrodillada sobre el suelo, llorando desconsoladamente. Su vestido negro de satén estaba ahora arrugado, tan destrozado como su propio corazón.

Frente a ella, Marco Vignelli permanecía de pie, respirando con dificultad y conteniendo una furia descomunal.

"¡¿Qué fue lo que hiciste allí, Alessia?!", rugió Marco. Su voz retumbó por toda la habitación.

"¡Solo hizo falta una llamada del asistente de Moretti para destruirnos a todos! ¡Ahora la empresa ha sido suspendida! ¡Todos nuestros activos han sido congelados!"

"Papá, yo... yo no quise...", balbuceó Alessia.

"¡Cállate!", la interrumpió Marco sin darle la menor oportunidad de defenderse. "¡Ofendiste a Matteo Moretti! ¡Hiciste enfurecer al hombre más poderoso de Milán hasta el punto de enviarnos este regalo de destrucción incluso antes de que llegaras a casa!"

Lorenzo, que permanecía al otro lado de la sala, caminaba de un lado a otro lleno de frustración antes de pasarse ambas manos por el cabello.

"¡Yo tampoco puedo entenderte, Alessia! ¡Quién sabe qué hiciste ahí dentro para provocar la ira de ese hombre! ¡Confié este proyecto en tus manos y deposité todas mis esperanzas en ti, pero terminaste arruinándolo todo!"

"Lorenzo... él intentó chantajearme...", murmuró Alessia entre sollozos, esperando recibir al menos una palabra en su defensa.

Sin embargo, Beatrice dio un paso al frente y la miró con una frialdad absoluta.

"¡No busques excusas, Alessia! ¡Isabella tenía razón desde el principio! Eres egoísta. Solo piensas en ti misma sin importar que tu absurda decisión haya arrastrado a toda esta familia al borde de la quiebra."

"¡Así es, hermana!", intervino Isabella, cruzándose de brazos junto a su madre.

"¡Por tu culpa, nuestro prestigio en Milán puede desaparecer esta misma noche! ¿Tan difícil era ser un poco amable con el señor Moretti? ¿Qué te costaba complacer a un hombre tan poderoso por nosotros? ¿¡Por Lorenzo!?"

Escuchar todas aquellas acusaciones y desprecios provenientes de quienes se suponía eran su familia y el hombre que amaba hizo que el pecho de Alessia se sintiera a punto de estallar.

Reuniendo las pocas fuerzas y el poco valor que aún le quedaban, Alessia levantó la cabeza. Las lágrimas corrían sin control por sus mejillas cuando finalmente gritó la dolorosa verdad.

"¡Basta! ¡Será mejor que todos escuchen lo que realmente ocurrió!", exclamó Alessia, haciendo que toda la sala quedara en silencio.

"¡Moretti... ese hombre me quiere a mí! ¡Está dispuesto a entregar los documentos del proyecto si acepto vivir en su villa y convertirme en suya durante tres meses!"

Su voz temblaba violentamente mientras continuaba.

"¡No pude hacerlo! ¡Lo rechacé porque pensé en ti, Lorenzo! ¡Pensé en nuestra boda! ¡No podía venderme por ese proyecto!"

Pero, en lugar de mostrar culpa o compasión, las expresiones en los rostros de todos cambiaron a algo mucho más aterrador para Alessia.

Al instante siguiente, una risa burlona escapó de los labios de Marco Vignelli. El hombre de mediana edad se acercó a Alessia, que seguía arrodillada en el suelo.

"¿Vivir allí durante tres meses?", preguntó Marco. Su voz se había suavizado, pero sonaba mucho más cruel y manipuladora. "¿Solo eso? ¿Y lo rechazaste, Alessia?"

Alessia levantó la vista con incredulidad.

"Papá... ¿qué quieres decir? ¡Me pidió que me entregara a él!"

"¡No te pidió que murieras, Alessia!", rugió Marco, perdiendo por completo la paciencia. "¡Es Matteo Moretti! ¡El hombre más poderoso de Milán! Si él te desea, ¡eso es un honor, no una desgracia! ¿Sabes lo que significa que la empresa haya sido suspendida? ¡Mañana por la mañana el apellido Vignelli será basura en esta ciudad!"

Beatrice también se arrodilló junto a Alessia y le sujetó los hombros con fuerza.

"Alessia, escúchame. Dijiste que hacías todo esto por su boda, ¿verdad? Entonces, ¿por qué ahora eres tan egoísta? Si de verdad amas a Lorenzo, deberías ser capaz de sacrificar un poco por su futuro."

"Mamá... ¿cómo puedes decir algo así?", sollozó Alessia mientras las lágrimas caían con más fuerza.

Luego volvió la mirada hacia Lorenzo, el hombre al que había amado durante los últimos tres años.

"Lorenzo... di algo. No vas a dejar que vuelva allí, ¿verdad? ¡Eres mi prometido!"

Lorenzo apretó los puños. No se atrevía a mirarla directamente a los ojos. Apartó la vista y respiró profundamente antes de hablar.

"Tres meses no son tanto tiempo, Alessia", susurró.

"¿Qué...?", Alessia quedó paralizada. La conmoción casi le arrebató la voz.

"¡Génova lo es todo para mí! ¡Para nuestra empresa!", dijo Lorenzo, mirándola ahora mientras intentaba manipular sus emociones. "Tú dijiste que me amabas. Si regresas allí y haces lo que él quiere, dentro de tres meses podremos casarnos rodeados de una inmensa riqueza. No me importará lo que ocurra durante ese tiempo, te lo juro. Seguiré aceptándote tal como eres. Así que, por favor... vuelve a la villa."

"Ustedes... todos ustedes están locos...", murmuró Alessia, negando lentamente con la cabeza al comprender que no había una sola persona en aquella habitación que la viera como un ser humano.

"No estamos locos, hermana. ¡La que no sabe cuál es su lugar eres tú!", respondió Isabella.

En el exterior, un relámpago rasgó de pronto el cielo, seguido por un estruendoso trueno. Una lluvia torrencial comenzó a caer sobre toda la ciudad de Milán.

Marco agarró bruscamente el brazo de Alessia y la obligó a ponerse de pie.

"Sécate esas lágrimas. Lorenzo, toma las llaves del coche y llévala de vuelta con Matteo esta misma noche."

"¡No! ¡No quiero! ¡Suéltame, papá!", forcejeó Alessia.

"¡Tienes que ir, Alessia! Si esta noche no vuelves con Matteo Moretti y le suplicas que retire la suspensión de la empresa, ¡no vuelvas a poner un pie en esta casa! ¡Ya no eres mi hija!", la amenazó Marco con crueldad.

Beatrice empujó a Alessia hacia la puerta principal.

"¡Vete, Alessia! ¡No permitas que tu absurdo miedo destruya la vida de todos nosotros!"

Con el corazón completamente destrozado, Alessia fue empujada fuera de la casa.

"¿De verdad van a hacerme esto?", murmuró con la voz quebrada.

Pero sus padres no respondieron.

Lorenzo salió detrás de ella sosteniendo el paraguas únicamente sobre su propia cabeza, mientras el cuerpo de Alessia quedaba empapado de inmediato por la helada lluvia.

"Limítate a cumplir con tu deber", susurró Lorenzo al pasar junto a ella.

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