LOGINLa lluvia torrencial parecía burlarse de la ingenuidad de Alessia aquella noche. Con el cuerpo temblando y la ropa completamente empapada, volvió a pararse frente a la Villa Moretti.
Incluso antes de que pudiera tocar la puerta, esta se abrió. Andrea la recibió con su habitual expresión impasible mientras le tendía una toalla.
—Séquese, señorita Vignelli. Podría sufrir hipotermia.
Alessia la tomó con los dedos temblorosos.
—¿Cómo sabías que iba a volver?
—El señor Moretti siempre sabe qué camino elegirán sus invitados —respondió Andrea con calma—. La está esperando en la biblioteca.
Alessia siguió a Andrea hasta la biblioteca. Matteo seguía sentado en el mismo lugar, como si no se hubiera movido ni un centímetro.
—Una hora y veinte minutos —dijo con tranquilidad—. Más de lo que había previsto.
Las lágrimas comenzaron a deslizarse por las mejillas de Alessia.
—Tú... congelaste los activos de mi familia.
—Solo te mostré las consecuencias de rechazar una colaboración conmigo. —Matteo se levantó y caminó hacia ella—. Ahora, ¿cuál es tu decisión?
Alessia apretó con fuerza la toalla. Su orgullo ya había sido completamente destrozado.
—Acepto tus condiciones —murmuró—. Entrégale ese proyecto a Lorenzo... y haz conmigo lo que quieras durante estos tres meses.
Una leve sonrisa apareció en los labios de Matteo.
—Una decisión inteligente.
Sacó una carpeta negra del cajón del escritorio y la colocó frente a ella.
—Léela.
Alessia abrió el documento. Pero cuanto más avanzaban sus ojos por las páginas, más le costaba respirar.
No era un acuerdo para vivir juntos durante tres meses.
Era un contrato de matrimonio.
—¿Qué significa esto? —exclamó—. ¡Dijiste que solo sería tu asistente!
—Eso fue antes de que regresaras.
—¡Me mentiste! ¡No voy a firmar un contrato de matrimonio!
Matteo permaneció imperturbable.
—¿Por qué?
—¡Porque ya estoy comprometida! —La voz de Alessia tembló—. Amo a Lorenzo.
La mirada de Matteo se endureció.
—¿Todavía confías en tu prometido?
—¡Por supuesto! Pase lo que pase, jamás lo traicionaré.
Matteo la observó unos segundos antes de responder:
—Entonces vete.
Alessia se quedó inmóvil.
—No obligo a nadie. —Cerró la carpeta con calma—. Ve a ver a Lorenzo. Después decide si todavía quieres regresar.
—¿De verdad crees que volveré? —lo desafió Alessia.
—Sí —respondió Matteo con una leve sonrisa.
Alessia levantó el mentón.
—Nunca me casaré contigo.
Sin mirar atrás, salió de la biblioteca. Andrea le abrió la puerta, pero ella simplemente pasó de largo.
Durante todo el camino de regreso, las palabras de Matteo no dejaron de resonar en su mente.
"¿Todavía confías en tu prometido?"
—No... —murmuró Alessia—. Lorenzo jamás podría traicionarme.
Al entrar al patio de la residencia de la familia Vignelli, Alessia frunció el ceño. El automóvil de su padre, el de Beatrice y el de Lorenzo no estaban en el garaje.
—Qué extraño...
Apenas entró a la casa, una sirvienta hizo una reverencia.
—Buenas noches, señorita Alessia.
—¿Dónde están mi padre y mi madre?
La mujer dudó un instante antes de responder:
—El señor Marco, la señora Beatrice, la señorita Isabella y el señor Lorenzo están en el restaurante de la familia.
Sin hacer más preguntas, Alessia le pidió al chófer que la llevara allí.
Durante todo el trayecto intentó convencerse de que su familia encontraría otra solución si conocía la propuesta del matrimonio por contrato de Matteo.
Sobre todo Lorenzo, el hombre al que tanto amaba.
Pero, justo antes de llegar al salón privado de la familia, sus pasos se detuvieron.
—Lorenzo... últimamente tengo muchas náuseas —se quejaba Isabella con voz mimosa—. Parece que nuestro bebé de verdad me está agotando.
El corazón de Alessia dejó de latir por un instante.
—¿Bebé...? —susurró.
La voz de Lorenzo sonó extraordinariamente dulce.
—Es porque nuestro hijo está creciendo. Debes descansar más.
—Pero voy a engordar.
Lorenzo soltó una risita y le rozó la nariz con un dedo.
—No importa cómo estés, siempre serás la mujer más hermosa para mí.
Isabella sonrió avergonzada.
—Entonces tendrás que acompañarme siempre a mis consultas médicas.
—Por supuesto. No voy a dejar que la madre de mi hijo vaya sola.
Desde el otro lado de la puerta, Alessia se cubrió la boca para ahogar el sollozo.
—Así que... todo este tiempo me estuvieron engañando...
Poco después se escuchó la risa de Marco.
—Así es como debe comportarse un futuro padre responsable.
Beatrice añadió con entusiasmo:
—Ya no vemos la hora de cargar al primer nieto de la familia Vignelli.
—Gracias, tío... tía —respondió Lorenzo con respeto—. Cuidaré muy bien de Isabella y de nuestro hijo.
Entonces Isabella preguntó en voz baja:
—¿Y si la hermana Alessia se entera?
—Déjalo así —respondió Beatrice con tranquilidad—. Está con Matteo. Además, estoy segura de que también la está pasando bien allí.
Las lágrimas comenzaron a correr por las mejillas de Alessia.
Hasta sus propios padres lo sabían.
Incapaz de soportarlo un segundo más, empujó la puerta con fuerza.
Todos volvieron la cabeza.
—¿Alessia? —exclamó Beatrice, sobresaltada.
La mirada de Alessia se clavó en Isabella, que instintivamente se cubrió el vientre con ambas manos.
—¿Qué significa todo esto? —gritó con la voz quebrada—. Isabella... ¿lo que acabo de escuchar es cierto? ¿Estás embarazada?
Isabella se puso de pie de inmediato.
—Hermana... puedo explicarlo.
—¿Explicarlo? —Alessia soltó una risa amarga—. Explícame cómo terminaste embarazada de mi prometido.
Lorenzo se acercó enseguida.
—Alessia, escúchame primero...
—¡No me pidas que me calme!
Marco golpeó la mesa con la palma de la mano.
—¡Basta! ¿Acaso no deberías estar ahora mismo en la villa de Moretti?
Alessia lo miró sin poder creerlo.
—¿Papá...?
—¿Por qué huiste hasta aquí? ¿Y si Moretti vuelve a congelar los activos de la empresa?
Aquellas palabras le dolieron incluso más que la traición de Lorenzo.
—¿Así que... incluso ahora lo único que te importa es la empresa?
—¡Por supuesto! —gritó Beatrice—. El futuro de esta familia está en juego.
—No hagas las cosas más difíciles —añadió Lorenzo.
Alessia lo miró con los ojos enrojecidos por la decepción.
—¿Yo estoy causando problemas? ¡Fuiste tú quien me traicionó con mi propia hermana!
Lorenzo se pasó una mano por el rostro con frustración.
—Alessia... Isabella deseaba muchísimo ser madre. Solo la ayudé.
—¿Qué?
Alessia no podía creer lo que acababa de escuchar.
—Como su futuro cuñado, ¿no era mi deber ayudarla? —respondió Lorenzo con total naturalidad.
Alessia soltó una carcajada amarga.
—¿Solo porque ella quería ser madre la dejaste embarazada?
—¡No culpes al hermano Lorenzo! —sollozó Isabella mientras tomaba la mano de Alessia—. Todo fue culpa mía. Yo se lo supliqué.
Alessia apartó su mano de un golpe.
—¡No me toques!
Beatrice abrazó enseguida a Isabella.
—¡Basta! Tu hermana está embarazada.
Marco añadió con severidad:
—Si le pasa algo a mi nieto, nunca te lo perdonaré.
Alessia recorrió con la mirada cada uno de los rostros frente a ella.
No había una sola persona de su lado.
Con la mano temblorosa, se quitó el anillo de compromiso.
Lorenzo frunció el ceño.
—Alessia, ¿qué estás haciendo?
—Lo nuestro se terminó.
El anillo cayó al suelo con un tintineo frente a los pies de Lorenzo.
—Desde este instante, nuestro compromiso queda roto.
Lejos de enfadarse, Lorenzo soltó un suspiro y esbozó una leve sonrisa.
—Estás actuando por impulso.
Alessia lo miró sin poder creerlo.
—Te conozco —continuó Lorenzo mientras se acercaba—. Cuando te calmes, podremos hablar de todo esto.
Incluso intentó acariciarle el rostro.
—Lo de Isabella es solo por el bebé. La mujer con la que quiero casarme sigues siendo tú.
Alessia apartó lentamente su mano.
Su mirada estaba completamente vacía.
Ya no había nada más que explicar.
Se dio la vuelta y caminó hacia la salida.
—¡Alessia! —la llamó Lorenzo—. ¿Adónde vas?
Ella se detuvo apenas un instante.
Sin volver la cabeza, respondió con frialdad:
—De regreso con Matteo Moretti.
Se marchó sin vacilar.
A sus espaldas, Lorenzo solo se agachó para recoger el anillo de compromiso del suelo. Lo apretó con fuerza en la mano y dejó escapar un largo suspiro.
—Hermano Lorenzo, ¿qué vamos a hacer? La hermana Alessia está muy enojada —dijo Isabella con expresión afligida mientras permanecía en los brazos de su madre.
—No pasa nada, solo está enfadada —respondió Lorenzo con absoluta tranquilidad—. Mañana se le habrá pasado y volverá a buscarme.
Después de atravesar días oscuros llenos de lágrimas y dolor, finalmente amaneció la felicidad para iluminar sus vidas. Aquella tarde, se celebró una magnífica y elegante boda al aire libre a orillas del fascinante lago de Como.El amplio jardín, envuelto en diferentes tonalidades de verde, había sido transformado en un verdadero cuento de hadas. Miles de rosas blancas, gypsophilas y orquídeas frescas se combinaban con telas de seda color crema que ondeaban bajo la suave brisa. Un majestuoso altar tallado se alzaba elegantemente frente al paisaje del lago, cuyas aguas resplandecían bajo la cálida luz del atardecer.Matteo permanecía erguido frente al altar, esperando la llegada de su alma gemela. Vestido con un esmoquin negro confeccionado por un reconocido diseñador, su atractivo y carisma resultaban absolutamente cautivadores. Sus ojos, que normalmente eran fríos como el hielo, ahora reflejaban calidez y una impaciencia apenas contenida.Los acordes del arpa y el sonido de los violi
En la sala de estar de la residencia Vignelli, la calidez del abrazo familiar que acababa de recuperar su integridad se vio interrumpida de repente por el fuerte sonido del teléfono en el bolsillo de Marco.Marco se secó las últimas lágrimas de las mejillas y luego sacó el teléfono. Al ver en la pantalla una serie de números pertenecientes al hospital psiquiátrico, un gesto de preocupación se formó lentamente en su frente. Hizo una pequeña señal a su esposa y a su hija antes de llevarse el teléfono al oído tras deslizar el botón verde."¿Hola? Sí, soy Marco."La habitación quedó en silencio de repente. Beatrice aún rodeaba los hombros de Alessia con un brazo, mientras Matteo permanecía erguido junto al sofá, observando el cambio en la expresión de su suegro."¡¿Qué?!", exclamó Marco de repente. Su voz se quebró y sus ojos se abrieron de par en par. "¿Cuándo... cómo pudo suceder algo así?"La mano de Marco temblaba con tanta fuerza que el teléfono estuvo a punto de resbalarse de sus de
En una ciudad apartada de Milán, se alzaba un hospital psiquiátrico, con un largo pasillo abarrotado de pacientes que caminaban de un lado a otro sin rumbo.Entre aquella multitud, Isabella avanzaba tambaleándose, sin una dirección definida. Su mirada estaba vacía, aunque de vez en cuando destellaba con una ferocidad salvaje, cargada de sospecha.La desgastada bata blanca de paciente que llevaba estaba sumamente sucia, cubierta de manchas de comida seca y tierra. Su largo cabello, que alguna vez había estado hermoso y bien cuidado, ahora estaba apelmazado, enredado, grasiento y desprendía un olor fétido e insoportable.Varios pacientes que se cruzaban con ella se tapaban la nariz instintivamente. Aceleraban el paso y se alejaban de Isabella como si aquella mujer fuera un cadáver andante."¡Puaj, qué mal olor!", murmuró una paciente de cabeza rapada mientras escupía al suelo."¡Aléjate! ¡No te acerques!", exclamó un hombre de mediana edad con expresión horrorizada mientras retrocedía v
El lujoso automóvil negro que los llevaba se detuvo frente a la residencia Vignelli. Alessia bajó con pasos vacilantes, acompañada por Matteo, quien sostenía fielmente sus dedos.Alessia permaneció inmóvil frente a la imponente puerta mientras recorría con la mirada cada rincón de la fachada de la casa. Los viejos recuerdos de todo lo que había ocurrido en aquel lugar regresaron a su mente. La casa seguía exactamente igual a como la recordaba.Al sentir que los dedos de su esposa se enfriaban, Matteo estrechó su mano con más fuerza. El hombre se volvió hacia ella y contempló su rostro con una mirada suave y tranquilizadora.“¿Estás lista, cariño?”, preguntó Matteo con voz baja.Alessia tragó saliva y luego asintió lentamente.“Estoy lista.”Con la mano ligeramente temblorosa, Alessia la levantó y golpeó tres veces la puerta de madera. Cada golpe resonó en su pecho, acelerando los latidos de su corazón, que cada vez retumbaba con más fuerza.Durante unos instantes, reinó el silencio si
Alessia se quedó sin aliento cuando Matteo comenzó a recorrer con la mano el escote de su pecho, que había quedado expuesto.Justo cuando la mano grande de su esposo estaba a punto de apartar la ropa interior de su esposa, una voz fría detuvo de repente a ambos.“¿Podrían hacerlo después?”Aquella voz fue como un balde de agua helada derramado directamente sobre la cabeza de Alessia.“¡Dios mío!”, exclamó Alessia entrecortadamente.Matteo inmediatamente tomó su chaqueta y cubrió por completo el cuerpo de Alessia. Luego giró la cabeza con una mirada afilada hacia el origen de la voz.Desde la puerta del baño privado ubicado en una esquina de la oficina del ejecutivo, un hombre salió mientras se secaba las manos con un pequeño pañuelo.Lorenzo.“¿Cuándo demonios entraste aquí?”, gruñó Matteo con frialdad, con la voz cargada de una amenaza tan intensa que parecía silbar entre sus palabras.La comisura de los labios de Lorenzo se elevó en una sonrisa leve y molesta.“He estado esperándote
Matteo miró fijamente a Alessia, con ambas manos apoyadas contra la pared del ascensor a ambos lados de la cabeza de su esposa, acorralando por completo a la mujer. Su mirada oscura era tan intensa.—Es tan difícil encontrar un momento para estar a solas contigo —susurró Matteo con voz baja y ronca, cargada del deseo contenido que había estado reprimiendo hasta entonces—. Desde que nos encontramos, has estado más ocupada con los niños.Alessia tragó saliva, con el pecho subiendo y bajando rápidamente.—Matteo, pero estamos en el ascensor de la oficina...La frase se interrumpió de inmediato. Matteo no le dio a Alessia oportunidad de protestar más. El hombre acercó el rostro y devoró sus labios de inmediato con pasión. Su beso era exigente, profundo, y eliminó el poco aire que quedaba entre ellos.Alessia se quedó paralizada por un instante debido a la sorpresa, pero el característico aroma masculino de Matteo y el calor de sus labios no tardaron en derrumbar sus defensas. Sus manos, q







