INICIAR SESIÓNAlessia permaneció inmóvil en su sitio. Entrecerró los ojos, intentando distinguir mejor entre la tenue penumbra de la habitación.
"Lo siento, señor Moretti. Había un poco de tráfico afuera", dijo Alessia, esforzándose por mantener firme la voz.
Poco a poco, aquella imponente silueta emergió de la oscuridad. Matteo Moretti vestía una camisa negra con los dos primeros botones desabrochados.
Matteo sirvió vino de una botella de cristal en una copa.
"Señorita Vignelli. En mi mundo, llegar un minuto tarde puede hacerte perderlo todo. Incluso la vida."
Luego se volvió hacia Alessia, la observó fijamente y le tendió la copa.
"¿Una copa?"
"No, gracias", rechazó Alessia con cortesía.
Matteo dejó la copa sobre una mesa cercana y comenzó a rodearla como un lobo acechando a su presa.
"Tienes el valor de rechazar una oferta de la persona que más deseabas conocer esta noche."
"He venido aquí para hablar de negocios, señor Moretti. No para beber", respondió Alessia.
Matteo soltó una risa baja.
"¿Negocios? Tu familia envió tu perfil directamente a mi asistente personal, suplicando cinco minutos de mi apretada agenda. Y ahora estás aquí, con un vestido claramente elegido para llamar la atención, hablándome de profesionalismo."
El rostro de Alessia se encendió al instante. Se sintió humillada por aquellas palabras, pero debía soportarlo por Lorenzo y por su familia.
"El perfil que enviamos es una muestra de la seriedad con la que solicitamos colaborar en el proyecto del puerto de Génova. Sé que usted tiene el control absoluto de ese proyecto."
"Es cierto, tengo el control de muchas cosas en esta ciudad, señorita Vignelli", la interrumpió Matteo.
Ahora estaba justo frente a ella, a apenas dos pasos de distancia.
Por extraño que fuera, aunque Alessia sabía que el hombre que tenía delante era extremadamente peligroso, su cuerpo no reaccionaba con el rechazo ni el miedo que había imaginado.
Matteo inclinó ligeramente la cabeza y clavó la mirada en los ojos de Alessia.
"La verdadera pregunta es... ¿por qué viniste tú? Una empresa de ese tamaño normalmente enviaría a su director ejecutivo o a su equipo legal para un proyecto tan importante como el de Génova. Sin embargo, te enviaron a ti."
Alessia tragó saliva, buscando una respuesta prudente que no dañara su dignidad.
"Porque soy quien mejor comprende la visión de esta colaboración, señor."
"¿Ah, sí?" Matteo arqueó una ceja. "¿O será que pensaron que un hombre como Matteo Moretti se ablandaría ante una mujer hermosa?"
"No era esa mi intención..."
"No me importa", la interrumpió Matteo una vez más.
Se dio la vuelta, caminó hasta un gran escritorio y tomó una carpeta de cuero negro.
"Soy un hombre de negocios y solo me interesan los beneficios. Si lo que deseas son los documentos de este proyecto..."
Levantó la carpeta.
"Convénceme de por qué debería entregártelos."
Alessia apretó los puños bajo los pliegues de su vestido.
"El proyecto del puerto de Génova necesita eficiencia y una sólida red de contactos en los puertos del norte. Nuestra empresa posee ambas cosas, señor Moretti. Podemos garantizar una distribución fluida, sin obstáculos burocráticos."
Matteo escuchó toda su explicación mientras golpeaba suavemente la superficie de cuero de la carpeta con sus largos dedos.
"Un argumento bastante común, señorita Vignelli. Todos los inversionistas que vienen a verme dicen exactamente lo mismo. Necesito algo diferente."
"¿Qué es lo que quiere? ¿Un porcentaje mayor de participación en las ganancias? Nuestra empresa puede ajustar los términos", insistió Alessia.
La mirada de Matteo cambió de repente. Sus ojos se volvieron fríos y afilados.
"No necesito tu dinero, Alessia. Tengo más que suficiente para comprar toda la empresa de tu familia... junto con la dignidad de todos ellos."
Alessia se sobresaltó al escucharlo pronunciar su nombre sin ninguna formalidad.
"Entonces... ¿qué quiere?"
Matteo rodeó el escritorio, reduciendo la distancia entre ambos hasta que Alessia pudo sentir el cálido aliento del hombre sobre la coronilla.
"Necesito una garantía que no pueda traicionarme. Si quieres que ese proyecto termine en manos de tu prometido, tendrás que vivir en esta villa durante tres meses. Conmigo."
Los ojos de Alessia se abrieron de par en par.
"¿Qué? ¿Vivir aquí? ¿Como qué?"
"Como mi asistente personal... o como cualquier cosa que yo ordene", respondió Matteo con absoluta indiferencia. "No podrás comunicarte con nadie del exterior, ni siquiera con tu familia. Mientras yo lo desee, serás mía. Si te portas bien y logras complacerme, te entregaré este contrato."
"¡Está loco! ¡Esto no es una negociación de negocios, es una extorsión!", exclamó Alessia. "¡Jamás haré algo así! Ya estoy comprometida."
"La decisión es tuya. Yo no pienso obligarte", respondió Matteo, encogiéndose de hombros.
Las lágrimas comenzaron a acumularse en los ojos de Alessia. Se sentía profundamente humillada.
En su propia casa siempre había sido relegada por sus padres, y ahora un hombre poderoso pretendía convertirla en su prisionera.
Recordando las dulces promesas de Lorenzo, Alessia apretó los puños con fuerza. No podía traicionar a su prometido de una manera tan miserable.
"Jamás me venderé por una simple hoja de papel", siseó con firmeza.
Sin esperar una respuesta de Matteo, Alessia se dio la vuelta de inmediato y giró con brusquedad el pomo de la gran puerta doble.
De algún modo, la cerradura automática se desbloqueó desde el interior. Alessia avanzó a grandes pasos por el largo corredor, ignorando la fría mirada con la que Andrea la observaba.
Siguió corriendo hasta la salida y se apresuró hacia el automóvil de Lorenzo, estacionado a lo lejos.
Mientras tanto, en la biblioteca privada de Matteo, el hombre permanecía sentado riendo con frialdad. Al fin había obtenido la respuesta que tanto buscaba: su cuerpo no había reaccionado ante Alessia con el rechazo que siempre sentía hacia cualquier otra mujer.
Llamaron suavemente a la puerta antes de que Andrea entrara e hiciera una respetuosa reverencia.
"Señor, la señorita Vignelli ya se marchó con Lorenzo."
"Lo sé", respondió Matteo sin siquiera levantar la vista.
"¿Vamos a dejarlos ir? En realidad, el perfil que Lorenzo envió fue modificado para despertar su interés por la señorita Alessia."
Matteo dirigió la mirada hacia la carpeta negra que seguía sobre el escritorio.
"Andrea", lo llamó.
"¿Sí, señor?"
"Prepara un pequeño regalo para la familia Vignelli antes de que esa mujer llegue a casa", ordenó Matteo con una intención evidente.
Andrea comprendió de inmediato y salió a cumplir la orden, contactando a la persona indicada.
"Mi pequeño juguete volverá mucho antes de lo que imagina. No tendrá otra opción que arrodillarse bajo mi control."
Matteo esbozó una sonrisa cargada de cinismo.
Después de atravesar días oscuros llenos de lágrimas y dolor, finalmente amaneció la felicidad para iluminar sus vidas. Aquella tarde, se celebró una magnífica y elegante boda al aire libre a orillas del fascinante lago de Como.El amplio jardín, envuelto en diferentes tonalidades de verde, había sido transformado en un verdadero cuento de hadas. Miles de rosas blancas, gypsophilas y orquídeas frescas se combinaban con telas de seda color crema que ondeaban bajo la suave brisa. Un majestuoso altar tallado se alzaba elegantemente frente al paisaje del lago, cuyas aguas resplandecían bajo la cálida luz del atardecer.Matteo permanecía erguido frente al altar, esperando la llegada de su alma gemela. Vestido con un esmoquin negro confeccionado por un reconocido diseñador, su atractivo y carisma resultaban absolutamente cautivadores. Sus ojos, que normalmente eran fríos como el hielo, ahora reflejaban calidez y una impaciencia apenas contenida.Los acordes del arpa y el sonido de los violi
En la sala de estar de la residencia Vignelli, la calidez del abrazo familiar que acababa de recuperar su integridad se vio interrumpida de repente por el fuerte sonido del teléfono en el bolsillo de Marco.Marco se secó las últimas lágrimas de las mejillas y luego sacó el teléfono. Al ver en la pantalla una serie de números pertenecientes al hospital psiquiátrico, un gesto de preocupación se formó lentamente en su frente. Hizo una pequeña señal a su esposa y a su hija antes de llevarse el teléfono al oído tras deslizar el botón verde."¿Hola? Sí, soy Marco."La habitación quedó en silencio de repente. Beatrice aún rodeaba los hombros de Alessia con un brazo, mientras Matteo permanecía erguido junto al sofá, observando el cambio en la expresión de su suegro."¡¿Qué?!", exclamó Marco de repente. Su voz se quebró y sus ojos se abrieron de par en par. "¿Cuándo... cómo pudo suceder algo así?"La mano de Marco temblaba con tanta fuerza que el teléfono estuvo a punto de resbalarse de sus de
En una ciudad apartada de Milán, se alzaba un hospital psiquiátrico, con un largo pasillo abarrotado de pacientes que caminaban de un lado a otro sin rumbo.Entre aquella multitud, Isabella avanzaba tambaleándose, sin una dirección definida. Su mirada estaba vacía, aunque de vez en cuando destellaba con una ferocidad salvaje, cargada de sospecha.La desgastada bata blanca de paciente que llevaba estaba sumamente sucia, cubierta de manchas de comida seca y tierra. Su largo cabello, que alguna vez había estado hermoso y bien cuidado, ahora estaba apelmazado, enredado, grasiento y desprendía un olor fétido e insoportable.Varios pacientes que se cruzaban con ella se tapaban la nariz instintivamente. Aceleraban el paso y se alejaban de Isabella como si aquella mujer fuera un cadáver andante."¡Puaj, qué mal olor!", murmuró una paciente de cabeza rapada mientras escupía al suelo."¡Aléjate! ¡No te acerques!", exclamó un hombre de mediana edad con expresión horrorizada mientras retrocedía v
El lujoso automóvil negro que los llevaba se detuvo frente a la residencia Vignelli. Alessia bajó con pasos vacilantes, acompañada por Matteo, quien sostenía fielmente sus dedos.Alessia permaneció inmóvil frente a la imponente puerta mientras recorría con la mirada cada rincón de la fachada de la casa. Los viejos recuerdos de todo lo que había ocurrido en aquel lugar regresaron a su mente. La casa seguía exactamente igual a como la recordaba.Al sentir que los dedos de su esposa se enfriaban, Matteo estrechó su mano con más fuerza. El hombre se volvió hacia ella y contempló su rostro con una mirada suave y tranquilizadora.“¿Estás lista, cariño?”, preguntó Matteo con voz baja.Alessia tragó saliva y luego asintió lentamente.“Estoy lista.”Con la mano ligeramente temblorosa, Alessia la levantó y golpeó tres veces la puerta de madera. Cada golpe resonó en su pecho, acelerando los latidos de su corazón, que cada vez retumbaba con más fuerza.Durante unos instantes, reinó el silencio si
Alessia se quedó sin aliento cuando Matteo comenzó a recorrer con la mano el escote de su pecho, que había quedado expuesto.Justo cuando la mano grande de su esposo estaba a punto de apartar la ropa interior de su esposa, una voz fría detuvo de repente a ambos.“¿Podrían hacerlo después?”Aquella voz fue como un balde de agua helada derramado directamente sobre la cabeza de Alessia.“¡Dios mío!”, exclamó Alessia entrecortadamente.Matteo inmediatamente tomó su chaqueta y cubrió por completo el cuerpo de Alessia. Luego giró la cabeza con una mirada afilada hacia el origen de la voz.Desde la puerta del baño privado ubicado en una esquina de la oficina del ejecutivo, un hombre salió mientras se secaba las manos con un pequeño pañuelo.Lorenzo.“¿Cuándo demonios entraste aquí?”, gruñó Matteo con frialdad, con la voz cargada de una amenaza tan intensa que parecía silbar entre sus palabras.La comisura de los labios de Lorenzo se elevó en una sonrisa leve y molesta.“He estado esperándote
Matteo miró fijamente a Alessia, con ambas manos apoyadas contra la pared del ascensor a ambos lados de la cabeza de su esposa, acorralando por completo a la mujer. Su mirada oscura era tan intensa.—Es tan difícil encontrar un momento para estar a solas contigo —susurró Matteo con voz baja y ronca, cargada del deseo contenido que había estado reprimiendo hasta entonces—. Desde que nos encontramos, has estado más ocupada con los niños.Alessia tragó saliva, con el pecho subiendo y bajando rápidamente.—Matteo, pero estamos en el ascensor de la oficina...La frase se interrumpió de inmediato. Matteo no le dio a Alessia oportunidad de protestar más. El hombre acercó el rostro y devoró sus labios de inmediato con pasión. Su beso era exigente, profundo, y eliminó el poco aire que quedaba entre ellos.Alessia se quedó paralizada por un instante debido a la sorpresa, pero el característico aroma masculino de Matteo y el calor de sus labios no tardaron en derrumbar sus defensas. Sus manos, q







