LOGINLos cuerpos de Sienna y Maximiliano yacían en el suelo. Maximiliano reaccionó primero, tomando aire con dificultad mientras buscaba a su pareja a su lado.Maximiliano tomó a Sienna en sus brazos. Su cuerpo estaba helado, sin rastro de calor. Sintió un nudo en la garganta y un dolor opresivo en el pecho al no escuchar los latidos de su corazón.—No me dejes… por favor —susurró con la voz entrecortada, apretándola contra sí—. Sienna, prometiste que estaríamos juntos…Desesperado, acercó su rostro al de ella, buscando cualquier señal de respiración. El pánico lo invadió al sentirla completamente inerte, incapaz de escuchar su pulso.— Despierta mi bella pareja, te necesito — susurro, mientras sus lágrimas caían sobre su rostro.*******Sienna abrió los ojos en un lugar oscuro. A lo lejos, escuchó el susurro de Maximiliano pidiéndole que despertara. Empezó a caminar buscando la salida, pero todo era sombra a su alrededor.—Sienna… hermanita… —La voz de Circe la hizo detenerse.En medio de
Kaerys empezó el ritual de inmediato. Aunque seguían protegidos por la barrera, Aiden y Megan se pusieron al frente y se hicieron un corte en la muñeca. La sangre no cayó al suelo; en su lugar, flotó en el aire formando dos hilos rojos que volaron directos a la frente del cachorro.La albina puso el dedo índice sobre el pecho del bebé, justo del lado del corazón, y empezó a recitar el hechizo en un idioma antiguo.Con cada palabra, el hilo de sangre penetró en la piel del recién nacido. El pequeño dejó escapar un sollozo ahogado mientras una marca brillante aparecía en su pecho, apagando el calor descontrolado del fuego dorado para estabilizar sus latidos.Pero entonces, el cachorro abrió los ojos de golpe. Su instinto puro sintió que el poder divino y la vida de su madre corrían un peligro mortal. Aunque era solo un recién nacido y no entendía lo que sucedía a su alrededor, se dejó llevar por la conexión ancestral para proteger a Sienna.La pequeña marca en su pecho comenzó a brillar
Sienna sintió su cuerpo consumirse, aplastada por la fuerza de Circe. Pero justo en ese momento de debilidad, cuando el miedo y la derrota la invadían, un hueco se abrió entre el fuego negro y el azul.De entre las llamas apareció su amada bestia, interponiéndose ante el ataque con un fuerte gruñido que hizo temblar la tierra.—¡Maldita bestia! —gritaron Circe y Asteria furiosas, lanzando su poder con más rabia directamente contra Sienna.Maximiliano no dudó. Se interpuso de inmediato, cubriendo el cuerpo de Sienna con el suyo para recibir el fuego negro de lleno. La magia maldita le quemaba la piel y la carne, pero el rey lycan apretó los dientes y se mantuvo firme, sin ceder un solo centímetro con tal de protegerla.—Max… —susurró Sienna.—No te volveré a perder —masculló Maximiliano, combinando su voz con la de Khaor en un rugido ronco y decidido.Sienna asintió mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. Ya no estaba sola. Tenía a su amada bestia a su lado y junto a él lucharía par
Maximiliano fue lanzado lejos por la violencia del impacto entre el fuego negro y el azul. Sus ojos ámbar contemplaban con desesperación el incendio que consumía el lugar, buscando en vano algún rastro de Sienna.Sienna apretó los ojos con fuerza ante la sacudida, pero en lugar de dolor, sintió una calidez protectora envolverla por completo. Los abrió lentamente.—¿Qué es esto? —susurró.Su fuego azul se entrelazaba con una llamarada dorada de un poder descomunal, tan antiguo y puro que superaba por completo la fuerza de su propia magia y la de Circe.—¡Maldita perra! ¿Cómo se te ocurre usar la llama del destino contra mí? —gritó Circe furiosa, retorciéndose de rabia y dolor.A diferencia de Sienna, el cuerpo de la bruja estaba completamente cubierto de severas quemaduras. La mitad de su rostro había quedado desfigurada por el impacto y la sangre le goteaba a chorros hacia el suelo, tiñendo la tierra a sus pies.—No entiendo… —susurró Sienna. Ni siquiera sabía que la llama del destino
Circe comenzaba a agotarse por el uso de su fuego negro, a diferencia de Sienna, quien no mostraba el menor signo de cansancio.—¿Cómo es posible? —murmuró para sí.—Es extraño que sea más poderosa que nosotras. No debería ser así si ni siquiera tiene loba —dijo Asteria en su mente.Circe se le quedó mirando fijamente, analizándola de pies a cabeza. Sienna se veía completamente diferente a la versión que había conocido en esta vida.Tras tantos años viviendo a su lado como su hermana gemela, asegurándose de que Andrómeda jamás despertara, la conocía tan bien que de inmediato supo que había algo extraño en ella.Sienna miró de reojo a Maximiliano y Aiden. Ambos seguían combatiendo contra los desertores; ninguno de ellos era oponente para su fuerza, pero aun así los superaban en número.—Sienna… —susurró Circe con falsa ternura—. Hermanita, entrégame la llama del destino y todo terminará…Sienna frunció el ceño. Aunque sabía que todo había sido parte del plan de Asteria al reencarnarlas
Maximiliano y Sienna llegaron hasta el borde del bosque, justo donde el fuego negro se concentraba con más fuerza.—Bestia, ¿trajiste a tu amada a morir otra vez? —sonrió Circe con burla.Maximiliano le gruñó desde el fondo del pecho. Esa maldita bruja era la causante de todos sus años de miseria, la que los separó y la que le cargó encima esa maldición para quitársela en cada vida.—Hagamos un trato… —dijo Circe, dando un paso al frente mientras las llamas negras rodeaban sus manos—. Entrégame la llama del destino y te prometo que esta vez será su última muerte… y también su última vida. No tendrá que volver a sufrir.—Ya es suficiente —habló Sienna, bajando del lomo de su amada bestia—. ¿Por qué haces esto? ¿Qué pasó para que nos odiaras tanto?—Jamás lo sabrás... Es una lástima que los recuerdos de tu primera vida se queden en el olvido —respondió Circe con una sonrisa fría.Sienna entrecerró los ojos. La bruja todavía no se daba cuenta de que ya había despertado a Andrómeda y con







