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Capitulo 24

last update Data de publicação: 2026-02-23 01:46:40

La noticia del "Incidente de las Pelucas Voladoras" y el bautizo de la "Triple Alianza" no tardó en viajar desde las colinas de Gales hasta los pasillos alfombrados del Palacio de Buckingham y las bancadas de roble del Parlamento en Westminster. Lo que en Gales fue una fiesta de risas y puré de calabaza, en Londres se tradujo como "un colapso sin precedentes del decoro institucional".

Lucía se despertó con un sobre lacrado en su mesa de noche. El sello era tan grande y rojo que parecía una heri
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  • Reina por accidente    Capitulo 24

    La noticia del "Incidente de las Pelucas Voladoras" y el bautizo de la "Triple Alianza" no tardó en viajar desde las colinas de Gales hasta los pasillos alfombrados del Palacio de Buckingham y las bancadas de roble del Parlamento en Westminster. Lo que en Gales fue una fiesta de risas y puré de calabaza, en Londres se tradujo como "un colapso sin precedentes del decoro institucional".Lucía se despertó con un sobre lacrado en su mesa de noche. El sello era tan grande y rojo que parecía una herida abierta en el papel.—Jhonson, despierta. Nos han citado —dijo Lucía, agitando el sobre frente a la nariz de su esposo, quien todavía soñaba con gaitas submarinas.Jhonson leyó el documento con un ojo entrecerrado.—"Comisión de Preservación del Linaje y la Etiqueta Real". Vaya nombre. Básicamente, nos llaman a juicio por haber convertido un castillo del siglo XII en una guardería caribeña con exceso de percusión.—No es un juicio, Jhonson —corrigió Lucía, mientras empezaba a empacar frenétic

  • Reina por accidente    Capitulo 23

    La mañana en el Castillo de Gales no llegó con el canto de un gallo convencional, sino con una interpretación magistral de "Caballo Viejo" ejecutada por Marquitos utilizando un peine y un trozo de papel de seda. El eco rebotaba en las gárgolas de piedra, que parecían estirar sus cuellos de granito para entender de dónde venía tanto sabor caribeño en medio de la neblina galesa.Lucía se despertó con una determinación de hierro. Hoy no era un día cualquiera. Hoy se celebraría el "Bautizo de la Identidad" de Arepín. No sería una ceremonia rígida de agua bendita y silencios sepulcrales; sería una consagración al ritmo, al maíz y a la libertad de tener los cachetes colorados.—Jhonson, despierta —dijo Lucía, dándole un empujoncito al Príncipe de Gales, quien roncaba en un tono que recordaba a un violonchelo desafinado—. Hoy el niño entra oficialmente en la orden de los "Gaiteros del Destino". ¿Tienes listo el aceite de coco ceremonial?Jhonson abrió un ojo, luego el otro, y sonrió con esa

  • Reina por accidente    Capítulo 22: Donde el tambor se vuelve eco

    El sol de Gales no se atrevió a salir de forma gris aquella mañana; parecía que hasta el astro rey había recibido el memorándum de Lucía sobre el uso obligatorio de colores cítricos en la corte. El Castillo de Gales, una mole de piedra que había sobrevivido a asedios normandos y banquetes de jabalí, estaba sufriendo su transformación más radical. Las armaduras de la entrada ya no sostenían lanzas, sino móviles de cuna hechos con plumas de gallinas diplomáticas que giraban al ritmo del viento. Lucía se despertó con el sonido de un trombón lejano. Era Jhonson, que practicaba su "Diana Real en Clave de Babas" para despertar al heredero. —Jhonson, por el amor a la gaita, que el niño todavía tiene el ojo pegado —susurró Lucía, aunque con una sonrisa que delataba su complicidad. —Es entrenamiento auditivo, mi reina —respondió él, ajustándose una corona que le quedaba un poco de lado porque la había usado para jugar a "atrapa el aro" con Arepín la noche anterior—. Un príncipe que no se des

  • Reina por accidente    Capítulo 21: El viaje a Gales y el encuentro con la familia real

    Lucía, reina de Gran Bretaña y madre de las gaitas emocionales, se levantó temprano. El bebé Arepín bostezó en tono de tren, y eso fue suficiente señal: —¡Es hora de viajar! —dijo ella, mientras enrollaba la cuna portátil hecha con cucharones plegables.Jhonson, príncipe de Gales y bailarín oficial de pañales, preparó el equipaje: - 3 baberos diplomáticos. - 1 tambor de mano para emergencias emocionales. - 1 decreto que decía: “Todo abrazo debe durar mínimo 7 segundos”.El carruaje real, decorado con maracas y banderas tejidas por Lili, partió rumbo al castillo de Gales. Sebastián narraba el viaje desde la parte trasera, como si fuera un documental épico:> “Y así, el heredero del tambor se dirige al encuentro con sus abuelos reales. > ¿Habrá pañales suficientes? ¿Aceptarán los tíos tontos en la corte? > ¡Sintonice esta historia que huele a leche tibia y revolución!”Al llegar al castillo, la familia real ya estaba formada en fila, con coronas de flores y cara de curiosida

  • Reina por accidente    Capítulo 20: El tambor se hace decreto y la cuna se convierte en escuela

    El tercer día del heredero comenzó con un decreto inesperado: “Toda enseñanza debe incluir ritmo, ternura y cucharones.” Firmado por Lucía, sellado con una babita real y aprobado por el Ministerio del Pañal Poético.—¡Se acabaron las clases sin tambor! —gritó Marquitos, mientras repartía maracas hechas con tapas de compota. —¡Y los exámenes deben incluir al menos una décima! —añadió Lili, que ya bordaba uniformes escolares con frases como “Aprender es también bailar”.El palacio se transformó en escuela. Las aulas eran rincones del jardín, los pizarrones eran manteles, y los maestros… los tíos tontos, claro.Sebastián dictaba historia con titulares como: - “El primer bostezo real cambió el calendario escolar.” - “Reino Unido adopta la siesta como materia obligatoria.”Jhonson enseñaba matemáticas con cucharones: —Si tienes tres cucharones y regalas uno para hacer una cuna… ¿cuántos versos te quedan?Lucía, con el bebé en brazos, daba clases de poesía: —Un verso no se esc

  • Reina por accidente    Capítulo 19: El heredero del tambor y la cuna que canta

    El palacio no volvió a ser el mismo desde que el bebé llegó. Las paredes parecían más cálidas, las sillas crujían con ternura, y hasta la lámpara parpadeaba con ritmo de nana. Lucía lo sabía: el reino había cambiado. No por decreto, sino por nacimiento.El bebé —aún sin nombre oficial, pero con mil apodos— dormía en la cuna tejida con cucharones, madera con memoria y versos bordados. Cada vez que se movía, la cuna crujía como si cantara.—¿Lo escuchaste? —preguntó Lucía a Jhonson. —Sí. Creo que dijo “ajá” en tono de gaita. —Entonces ya está listo para gobernar con ritmo.Los amigos tontos llegaron con regalos absurdos pero llenos de amor: - Marquitos trajo un babero con estampado de arepas. - Lili bordó una mantita que decía “Gobierno con ternura desde la cuna”. - Sebastián escribió titulares: —“El heredero real exige leche con papelón y siestas con tambor.” —“Reino Unido adopta el pañal como símbolo de humildad política.”Lucía, con el bebé en brazos, caminó por el

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