LOGINA la mañana siguiente, me desperté primero que Scott y bajé a la cocina. Por suerte, ya estaban preparando el desayuno, porque tenía tanta hambre que deseaba comer de todo. ¿Será porque estuve muerta? Ahora mi cuerpo quiere recuperar esos momentos. Quizás suena muy loco, pero ahora para mí todo es probable. Renací, después de todo, no creo que eso sea normal.
Aun me cuesta aceptarlo del todo, parece como un sueño.
Me sorprendo cuando en la mesa, ya está sentada Johana. Mira qué madrugadora, no recuerdo que lo haya sido en mi otra vida. Bien podría ser cierto ese dicho de que el mal nunca duerme. Una pequeña risa sale de mí al pensar en eso, lo que hace que ella levante la cabeza. La taza de café que se había llevado a los labios, queda a medio camino.
O mejor, espero que nuestros gemidos le hayan quitado por completo las ganas de dormir. Que de la rabia y envidia no haya podido cerrar los ojos.
—Tan sola, Johana, ¿qué pasa con los demás? —pregunto.
Me mira y aprieta la mandíbula. Tomo asiento frente a ella, decidida a provocarla un poco aprovechando que no está mi abuela aquí. Me sirvo café, me preparo unas tostadas bajo su atenta mirada, y el silencio que nos envuelve. Ninguna de las dos dice nada, y hay tanta quietud en la casa, que resulta hasta un poco incómodo.
Para ella, claro, porque soy la causante de ese silencio.
—Disculpa si anoche fuimos ruidosos, nos dejamos llevar —me disculpo pareciendo muy sincera—. Hasta después recordé que estabas en la habitación de al lado.
Me da una sonrisa que pretende ser dulce, y que en otro momento, hasta me había creído, pero ahora lo noto. ¿Cómo pude ser tan ciega antes?
—No te preocupes, hermana. Son esposos, lo entiendo completamente —mueve la mano quitándole importancia—. No tienes que disculparte.
Le sonrío con un asentimiento de cabeza.
—Te agradezco.
A los minutos aparece mi abuela que nos saluda a ambas, luego aparece Scott y mi padre con su amante. Antes la llamaba madrastra, porque una vez la llamé madre, a fin de cuentas, era lo más parecido a esa figura que tenía. Recuerdo cómo me miró, casi como si yo fuera una escoria. No dijo nada, pero nunca más volví a decirle así. Aunque era pequeña, me di cuenta de que no era bien recibido.
Johana había dicho en voz baja, que solo era su madre, que la mía había muerto y no se podía tener dos madres. Me lo creí, o en parte. Luego empecé a decirle “tía” por respeto. Un respeto que no se merecía para nada y que nunca debí darle. Esta vez, no seré tan amable.
Scott se sentó a mi lado y se acercó a mi oído.
—No estabas cuando desperté —susurró.
Me encogí de hombros sin mirarlo.
—Tenía hambre.
—Debiste despertarme para acompañarte —dice.
—Scott, te agradezco mucho por ir a buscar a Johanita ayer —interrumpe Bethany, la madre de Johana—. Ella estaba muy asustada.
Blanqueo internamente los ojos. También tiene esa típica voz de mosca muerta de su hija. Yo debo haber sido más estúpida en mi anterior vida de lo que pensé. También puede ser que nunca le di el peso que realmente tenía.
—Deberían haberla ido a buscar al aeropuerto —digo dando un sorbo a mi café—. Después de todo, es su hija.
Los ojos negros de Bethany me miraron de golpe, pero no le di importancia ni me acobardé.
—Es cierto —habló mi abuela—. No veo correcto que ella llame a Scott para esas cosas. Está casado con su hermana.
Bethany está ardiendo de rabia, porque su sonrisa falsa se tambalea. Las mejillas de Johana se ponen rojas. Aunque, no sé si será real. Mi abuela nunca ha sido particularmente amable con ella, a diferencia de cómo es conmigo. Y Johana siempre ha tratado de ganarse su afecto. No creo que sea sentimentalmente, creo que tiene que ver con la empresa.
—Mamá, no es para tanto —dice mi padre defendiendo a su hija predilecta—. Scott puede protegerla. Además, a Alessandra eso no le importa, es su hermana…
—Media hermana, de hecho —le recuerdo—. Y tampoco me pareció correcto. Se lo dije a ambos.
Me encojo de hombros y sigo comiendo. Ninguno de ellos está contento con mi actitud. Recuerdo que antes, yo había asentido y había dicho que no me importaba. Incluso como una tonta, le había agradecido a Scott por recurrir en su ayuda. Ignorante de lo que se venía después.
Por la expresión de mi padre, creo que él sabe perfectamente lo que habían tratado de hacer esas víboras. No me sorprende que tratara de joderme, a fin de cuentas, fueron los únicos que sobrevivieron al veneno de esa perra.
—Bueno Alessandra, Scott es tu esposo, y tú no debes cuestionar sus decisiones.
Ahí estaba.
Ellos me habían repetido hasta el cansancio que si no era la esposa perfecta para Scott, él buscaría a una mujer que cumpliera con los estándares de un empresario de su profesión. Me lo creí. Había visto demasiadas veces como los hombres dejaban a sus esposas y las cambiaban por alguien más joven y bonita.
—Ya no estamos en un mundo tan machista, Jorge —le reprende mi abuela.
Mi papá se queda callado.
No suele cuestionar a mi abuela, porque de ella depende el cargo que tiene en la empresa, pero mientras aprieta la mandíbula, me doy cuenta de que le molesta de sobremanera. ¿Podría él mismo haber participado en la muerte de su madre?
M****a, ahora creo que podría ser posible.
—No es necesario que agradezcan nada, no lo hice con esa intención —dice, finalmente Scott.
Tanto Bethany como Johana, lo miran embelesadas. Como si él fuera un maldito Dios. Entiendo a Johana, pero ¿a su madre? Eso es bien raro. Scott bien podría ser su hijo. Aunque ni me sorprendería, solo busca dinero y mi papá fue lo suficientemente estúpido para caer.
Le doy una mirada de reojo a Scott, al parecer en mi otra vida también fue esa clase de estúpido.
—Es que Scott se preocupa por nuestra niña, ¿eso no te molesta, cierto Alessandra? —me pregunta ella.
Le sonrío tan falsamente como ella, aunque no parece darse cuenta o molestarse.
—Claro que no, Scott siempre ha sido tan bueno —le digo—. Siempre tan preocupado…
—Pero más suerte tiene Scott de haber encontrado a Alessandra —dice mi abuela—. ¿Cierto, Scott?
Él asiente con la cabeza dándome una mirada.
—Por supuesto, es la razón de que me haya casado con ella.
Bethany se ríe como si estuviera a punto de decir algo malo.
—Es porque no conociste primero a Johana.
Joder.
Esta perra tuvo el descaro de decirlo frente a todos nosotros.
—Mamá, no digas eso, porfavor —le pide Johana mirándonos con disculpa—. Alessandra es una buena mujer.
—Alessandra tenía una fila de pretendientes que querían estar con ella —dice mi abuela defendiendo mi honor—. Johana, no recuerdo haberle visto a ninguno.
Bethany y Johana abren los ojos sorprendidas de las palabras de mi abuela. Antes, ella nunca había dicho cosas así. Quizás, cada vez que hago algo distinto, las cosas cambian. Espero que no, porque si puedo predecir lo que sucederá, me prepararé mejor. Sin embargo, a la m****a, la nueva yo, no le teme a nada.
—¡Abuela!
—¡Mamá!
Me río despacio ante lo horrorizados que están sus padres. Mi abuela, en cambio, se encoge de hombros, no necesitando disculparse por nada.
—Es cierto, antes de que Scott pidiera su mano, ya habían venido cinco chicos —ella me mira asintiendo—. Y todos guapos y de buenas familias.
Miro a Scott, que parece demasiado sorprendido. No sé cómo sentirme respecto a eso. ¿Qué pensaba? ¿Qué era el único interesado en mí? Entrecierro los ojos, parece que tendré que recordárselo. Quizás me ha dado por sentada demasiado.
Y, ¿quién podría negarlo?
Me comporté como una estúpida migajera antes.
—Yo también tenía pretendientes, abuela —dice en voz baja Johana, forzando una sonrisa en su rostro.
—Es que el mercado se llena cuando la carne es barata —dice Bethany en voz baja.
Scott a mi lado se tensa por completo, mi abuela no creo que lo haya escuchado, porque es claro que el objetivo de ella era que solo nosotros lo escucháramos.
—No era carne barata, querida, simplemente había muchos dispuestos a pagar el precio —digo sin mirarla—. Aunque es una curiosa forma de consolarse por no haber tenido que rechazar a nadie.
—Y ninguno pidió tu mano —siguió mi abuela.
Me tengo que morder el labio para no sonreír. Luego le agradeceré a mi abuela por esto. La expresión en sus rostros no tiene precio. Es tan divertido ver cómo quieren contradecir, y no pueden. Lo que pasa, es que yo saqué la hermosura de mi madre. Bethany no le llega ni a los talones, es la fiona de nuestra historia, pero siempre en versión ogro.
Tan diferentes ambas.
Quizás por eso me odia, también. Me parezco demasiado a mi madre.
No es mi culpa ser tan hermosa.
El resto del desayuno es en completo silencio, solo interrumpido por cosas que mi abuela me decía. Yo no miraba a Scott, aunque algunas veces rozó mi mano con la suya, como si tratara de llamar mi atención. No pasaba desapercibida esas miradas de Johana y su madre al acto.
Mi papá, parecía perdido en su propio mundo. No le importaba, seguramente, lo que ellas hicieran mientras pudiera mantener su lugar en la empresa.
Vaya, vaya…
¿Se moriría si se lo quitaran?
Bueno, pues que se muera.
Habían dos mensajes que venían desde un número desconocido.«Si quieres protegerla, aléjate de ella.»Luego, otro mensaje que iba acompañado de una de las fotos que nos sacaron con máximo.«No debería resultarte tan difícil, después de todo.»Ni siquiera aparece un número de teléfono, solamente “desconocido”. Poco a poco comienzan a alinearse todas las piezas respecto de Scott.—Nunca te pondría en peligro —dice con la voz ronca, como si le costara hablar—. Si me tengo que alejar…—¡No! —lo interrumpo con fuerza. Dejo el celular en la mesa y me levanto de sus piernas. Camino un poco por la habitación. Scott no dice nada, pero por más que camino, no se me ocurre nada. —¡Dios, son demasiadas cosas en tan pocos días! Me doy vuelta a mirarlo. Scott está en la misma posición. —¿Te habrías alejado de mí sin decirme nada? —mi tono de voz suena adolorido. —Sí.No necesitó decir nada más. Su expresión también me lo decía. Había pura determinación y verdad en sus palabras. Al menos no me
Decir que estoy sorprendida es quedarse corto.Cómo es que llegamos a esto.Prácticamente me está diciendo que mi mamá se casó con mi papá por despecho. Es decir, ¿nunca lo amó? ¿Y qué historia de mierda entonces me contó mi abuela? Máximo debe ver la expresión de mi rostro. Probablemente parezca que estoy teniendo un derrame cerebral, y sinceramente, así se siente.—Pero… —ni siquiera sé qué decir.—Entiendo que puede ser confuso…Hago un sonido que suena demasiado raro.—Sí, aunque confuso no creo que alcance a cubrir todo lo que siento ahora mismo —Miro alrededor de la cafetería, sin encontrar las respuestas que creo que busco—. Es que todo esto es surreal.Él asiente con la cabeza recostando su espalda en el asiento. Máximo también mira hacia los lados. Quizás pensando en qué decirme sin provocarme un aneurisma. —¿Cuántos meses de embarazo tenía mi mamá cuando volviste? —pregunto en voz baja.Él me mira confundido.—No… no lo sé, no lo recuerdo —responde—. Ese día ella me dijo q
Salí de la oficina triste y excitada.¿Cómo es posible semejante dilema?Pensé que a pesar de todo iba a terminar con un orgasmo.Y terminé sintiéndome insatisfecha y jodidamente triste.Veía en su mirada todo lo que se estaba guardando. Una parte de mí sabe que no me está siendo infiel, y creo que en mi vida pasada tampoco lo hizo. Necesito descubrir lo que hizo que cambiara su actitud hacia mí.Miro mi celular, todavía no hay novedades de las cámaras ni tampoco del agente. Eso me hace sentir aún más frustrada, así que decido que lo mejor es irme de compras, al menos si me van a hacer la vida imposible, bien puedo verme espectacular. No quiero volver a la casa de nuevo y quedarme sola con mis pensamientos, y tampoco puedo ir donde mi abuela, ella se daría cuenta de que algo anda mal.Ahora que vuelvo a tenerla, lo menos que quiero es que se preocupe y enferme.En mi vida pasada, nunca pude despedirme de ella. Cayó enferma un día y nunca más se levantó. Sé que si me quedo sola, voy a
POV Scott Estoy desesperado. Mi mente está cubierta por una niebla mental roja que no me deja ver con claridad. Todo esto es una m****a, y trato de mantenerme sereno para poder pensar y analizar todo. Hasta que entró ese idiota. Ella lo llamó. Ella tiene su número. ¿Se había contactado antes con él? ¿Le gusta? ¿Guardó su número en caso de que lo nuestro no funcionara? O peor, quizás quiere engañarme porque cree que la engaño con Johana. Un montón de preguntas que no hacen nada por aminorar mi furia llegan a mi mente sin parar. —¿Desde cuando maldita sea te hablas con él? —le gruño bajando su pantalón y las bragas con fuerza. La siento nuevamente y se los termino de sacar. Quiero follarla mientras la miro, mientras la obligo a mirarme. —¿Qué? —jadea ella. Desabrocho mi pantalón, me coloco entre sus piernas y me entierro sin esperar más tiempo. Su calor me recibe y me saca un gemido, que suena más como un gruñido. Está mojada para mí. Sus ojos están nublados por el placer;
—Muchas gracias por venir —le digo a Marcos cuando hemos salido de la sala de reuniones.Él me da una sonrisa traviesa.—No pensé que algún día llamarías —responde.Me río entre dientes y me encojo de hombros haciendo una seña hacia la sala de reuniones.—Ya ves, yo no pensé que iba a necesitar un abogado.La sonrisa coqueta desaparece y adquiere una expresión seria. Casi como el abogado en él tomara posesión. Me mira, luego hacia la puerta de reuniones y luego nuevamente a mí.—¿Qué es todo eso? ¿Cómo mierda estás en esta situación? — preguntó en voz baja.—Alguien me está acusando de filtrar información de la licitación, como ya sabes —explico moviendo la mano—. Alguien se está tomando muchas molestias porque le envío la información a Scott y a la junta al mismo tiempo.Marcos frunció el ceño.—¿Y Scott no te cree? ¿Cómo permite que te acusen así? Me muerdo el labio sin saber bien qué decir.—Sí me cree, pero tampoco tuvimos demasiado con lo que apoyarnos ahora —saco mi celular par
Entrar a la sala de reuniones, se siente como entrar al campo de batalla.La sala está llena de hombres en trajes, tirándome dardas con los ojos. No hace falta ni que me presente, ellos ya me consideran culpable. Ni siquiera me sorprendería que la policía estuviera en camino hacia aquí. Mi celular vibra en el bolsillo, lo saco rápidamente para ver que es Marcos, mi abogado.Creo que definitivamente lo voy a necesitar.Scott se sienta en la cabecera de la mesa, yo lo hago a su lado. Ninguno de los hombres me quita la mirada, seguramente esperando intimidarme, pero no lo logran. Me preocupan más, las repercusiones que esto pueda tener para Scott.Johana es tan estúpida que no se da cuenta de que intentar joderme, también podría perjudicar a Scott.Ni siquiera me sorprendo cuando ella entra también a la oficina. Camina hasta el final de la sala y toma asiento al lado de Rubi. No pasó desapercibido como uno de los accionistas de más edad, le da una mirada que bien podría ser cómplice. Es







