FAZER LOGINValentina
El pánico, esta vez, es real, agudo. Me clava una hoja helada en el vientre. No solo me tiene "echado el ojo". Tiene ojos por todas partes. Una red de informantes. Una telaraña.
—Y esta noche… —continúa mi madre, sus lágrimas fluyendo de nuevo libremente—. Don Alberto… ya sabes, el viudo del tercero… vino a verme. Estaba blanco como el papel. Dijo… dijo que le habían hecho llegar un mensaje. "Que la linda camarera de La Última Lágrima se cuide. Las calles son peligrosas de noche para los ángeles."
Rompe en sollozos ruidosos.
—¡Es una amenaza, Valentina! ¡Una amenaza velada, pero lo es! ¡Todo el mundo lo ha entendido! ¡Todo el mundo le tiene miedo a ese demonio!
La palabra está dicha. Demonio. Resuena en la habitación pobre, dándole una dimensión de pesadilla.
Guío a mi madre hasta el sofá, me siento a su lado, meciéndola maquinalmente. Mi mente gira a toda velocidad, pero está vacía. Vacía de soluciones. Llena de esa imagen de Diego, de su sonrisa ambigua, de sus ojos que absorbían la luz.
—No me ha hecho nada —repito, como un mantra hueco.
—¡Todavía no! —gime—. ¡Pero mira a tu alrededor! ¡Su simple atención es un veneno! Nuestros vecinos nos evitan. El casero me ha mirado con terror hoy. Estamos marcadas, Valentina. Marcadas por su interés. Y ese interés… es como una mancha de sangre en la puerta de los hebreos. Atrae la desgracia.
Pienso en los lirios blancos para la hija de El Ratón. En el gesto calculado, en la monstruosidad del contraste. La negrura con gestos de luz. Él tenía razón.
—¿Qué quieres que haga, mamá? ¿Que huya? ¿Y tú?
—¡Sí! ¡Huye! —exclama, aferrándose a mí—. Vete a Veracruz, a casa de tu tía Clara. Déjame aquí. Yo no soy nada. Una vieja. No irán a por mí. Pero tú… tú eres el objetivo.
Miro su rostro deshecho, el amor puro y aterrorizado que refleja. El amor que grita huida, preservación. Y en mí, algo se rebela. Una cólera sorda, terca, se eleva.
¿Por qué yo? ¿Por qué tendría que dejarlo todo, a mi madre, mi mísero empleo, mis sueños ya asfixiados, por culpa de su mirada? ¿Por culpa del miedo que inspira a los demás? Yo no he hecho nada. No he pedido ser ni una luz, ni un blanco.
Y luego, está ese desafío. Ese desafío lanzado en el silencio tras la violencia. Sedúceme, si te atreves. No es una invitación romántica. Es un duelo. Una trampa, quizás. Pero ahora es mío. Huir sería darle la razón. Sería admitir que no soy más que una chispa que se apaga al primer soplo del viento. Que mi luz es una ilusión.
—No puedo huir, mamá —digo, y mi propia voz me sorprende por su calma recién hallada.
Ella me escruta, incrédula.
—¿Qué?
—No puedo. No quiero. —Tomo sus manos entre las mías. Están frías, frágiles como pájaros—. Si quisiera hacerme daño, ya lo habría hecho. Está jugando un juego. Un juego peligroso. Pero huir es perder de antemano. Es darle todo el poder.
—¡Te estás volviendo loca! —susurra, horrorizada—. ¡Hablas como si fuera una partida de ajedrez! ¡Es tu vida, Valentina!
—Precisamente. Es mi vida. —Me levanto, recorriendo la pequeña habitación. Una energía extraña, casi eléctrica, me recorre. El miedo sigue ahí, pero ha cambiado de naturaleza. Se ha vuelto combustible. Ya no quiero vivir huyendo. Con miedo a la sombra. Él dijo que yo brillaba en la oscuridad. Pues bien, que mire.
—No, hija mía, no… —Se retuerce las manos, al borde de la histeria—. No sabes con quién estás tratando. ¡Nadie le planta cara! ¡Nadie!
—Quizás alguien sí. —Me detengo frente a la ventana, mirando la calle oscura abajo. No veo a nadie. Solo sombras. Pero las siento, ahora. Las miradas. El miedo de los otros. Forma una jaula. La jaula que Diego, con una simple palabra, ha construido a mi alrededor.
Me giro hacia mi madre, su rostro devastado por la angustia.
—Voy a tener cuidado. Te lo prometo. Pero no huyo. ¿Quiere un juego de seducción? ¿Un juego de luz y sombra? —Tomo una profunda inspiración. El papel arrugado en mi bolsillo parece arder con más fuerza—. De acuerdo. Pero será con mis reglas también.
Mi madre me mira como si ya no me reconociera. Y quizás sea cierto. La Valentina que servía cervezas y bajaba la mirada se está disolviendo. Otra emerge, una muchacha que ella nunca ha visto. Una muchacha que tiene el abismo frente a sí y que, en lugar de retroceder, se pone a medir su profundidad.
Esa noche no duermo. Tumbada en mi cama estrecha, escucho la respiración inquieta de mi madre tras el tabique. Fijo la vista en el techo agrietado, y ya no veo la pobreza, la grisalla.
Veo un cielo estrellado, vertiginoso, peligroso y magnético.
Y sé, con una certeza que me hiela y me enciende a la vez, que la próxima vez que él venga, no bajaré los ojos. No retrocederé.
Voy a aceptar su desafío.
El demonio ha puesto sus ojos en mí. Y quizás, solo quizás, el ángel ha decidido mostrarle de lo que es realmente capaz.
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Es pequeña, pero representa algo que hacía mucho tiempo que no tenía.Una posibilidad.—Empieza cuando quieras —me dice—. Deja que la pintura saque de ti todo lo que llevas dentro.Me instalo frente a un caballete y preparo la paleta con tonos bermellón, índigo y oro pálido.El pincel comienza a moverse.Pinto a Diego rodeado de rojo, atrapado en una composición que recuerda a una herida abierta. Pinto a Chiara envuelta en una oscuridad profunda, con una telaraña de miradas frías extendiéndose a su alrededor. Después me pinto a mí misma, desnuda y encadenada en medio de una luz que parece querer liberarme.Las horas desaparecen mientras trabajo.Cuando Lucien vuelve a examinar mis cuadros, ya ha caído la tarde. He terminado un autorretrato fragmentado y avanzado considerablemente en otros tres dibujos.—Excelente —dice, observando el resultado—. Vuelve mañana a las diez. Tienes alma de superviviente, V
ChiaraDiego duerme a mi lado, agotado.Lo observo durante un largo rato. Su rostro parece tranquilo, pero incluso en sueños conserva una tensión que conozco demasiado bien.Quiero convencerme de que esta noche ha cambiado algo, de que por fin he conseguido romper el muro que levantó entre nosotros.Sin embargo, cuando se mueve ligeramente entre las sábanas, lo escucho murmurar un nombre.—Valentina...La palabra me atraviesa.Mi expresión permanece inmóvil, pero algo dentro de mí se resquebraja.Ni siquiera dormido consigue olvidarla.Y yo, que he pasado veinte años esperando ocupar un lugar en su corazón, comprendo que una noche no bastará para conseguirlo.DiegoDespierto bruscamente con las primeras luces del amanecer.Un dolor punzante me atraviesa las sienes. Tengo el cuerpo entumecido y cada músculo parece recordarme que la noche anterior ocurrió algo que todavía n
DiegoEl nombre de Valentina resuena en mi cabeza.Sus ojos verdes, la suavidad de su piel, el recuerdo de aquel beso que todavía me persigue.Sacudo la cabeza, intentando apartar esas imágenes, pero la confusión no desaparece. Es como si una fuerza ajena a mí hubiera tomado el control de mis sensaciones, dejando mi voluntad atrapada detrás de una puerta cerrada.¿Es el vino?¿Me ha dado algo Chiara?La sospecha comienza a abrirse paso entre mis pensamientos.Ella me observa con una intensidad que nunca había visto en sus ojos. Durante años ha esperado algo de mí, algo que jamás he sabido o querido darle.Y ahora parece convencida de que esta noche cambiará todo.—Diego... —murmura.Su voz me devuelve a la habitación.La miro y, por primera vez en mucho tiempo, veo algo más que a mi esposa. Veo a una mujer que ha pasado años esperando una respuesta que nunca llegó, una mujer
ChiaraMi voz suena tranquila, serena, modulada como aprendí en aquellas clases de dicción que tomaba en secreto para perfeccionar mis modales.Diego asiente mecánicamente y toma la copa que el mayordomo acaba de colocar delante de él. Las gotas ya han desaparecido, disueltas en el líquido rubí como lágrimas en el océano.Perfecto.Bebe un largo sorbo y después otro. Sigo con la mirada el movimiento del vino por su garganta, completamente absorta.—Los negocios, como siempre —responde con voz ronca y cansada—. Hay movimientos sospechosos en las cuentas offshore y transferencias que no consigo rastrear. ¿Y tú, Chiara? ¿A qué se debe esta cena improvisada? ¿Hay alguna crisis que deba resolver? ¿Algún problema con el personal?Su voz transmite agotamiento, pero percibo el primer indicio del cambio: sus pupilas parecen dilatarse ligeramente y su respiración se acelera apenas un poco.El elixir ha comenzado a actuar
ChiaraContemplo mi reflejo en el espejo del baño que comunica con nuestro dormitorio conyugal, aquella amplia estancia de mármol negro donde tantas noches de soledad han dejado surcos invisibles en mi memoria.Mis ojos, rodeados de ojeras violáceas por el insomnio y las lágrimas derramadas en silencio sobre la almohada, me devuelven la imagen de una mujer a la que apenas reconozco. Conservo la misma mandíbula decidida, los mismos pómulos altos que heredé de mi madre. Sin embargo, en el fondo de mis pupilas hay una grieta que palpita como una herida abierta, una fractura insidiosa que avanza y amenaza con derrumbar todo lo que he construido con tanta paciencia: mi imperio, mi máscara de esposa devota, ese amor retorcido que siento desde hace dos décadas por un hombre que, durante las últimas semanas, atraviesa mi mirada sin verme, como quien recorre un pasillo familiar sin prestar atención a los cuadros colgados en las paredes.Pero yo no soy de las que se derrumban.No después de vei
ChiaraToma el teléfono, lee el mensaje una segunda vez. Veo la lucha en sus ojos. La desconfianza. El deseo. El miedo.—¿Cómo sé que no es una trampa?—No lo sabes. Eso es la libertad. Es un riesgo.Le dejo tiempo. El silencio se espesa entre nosotros. Miro los libros esparcidos, las marcas en su cuello, la luz que danza sobre su cabello. Es bella, lo veo. Comprendo por qué está obsesionado. Pero la belleza no basta. La juventud no basta. Hace falta más para retener a un hombre como Diego. Hace falta veneno. Y ella aún no ha aprendido a fabricarlo.—Acepto.Su voz es firme, pero veo la duda en sus ojos.—Dame la dirección.Anoto la dirección en un papel, se lo tiendo. Lo toma, lo aprieta en su puño.—Hay una condición. Diego no debe saberlo. Nadie debe saberlo. Es tu secreto. Si quieres sobrevivir aquí, tienes que aprender a tener secretos.—¿Por qué me ayudas de verdad?Me







