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Capítulo 79: La Fisura

Penulis: Déesse
last update Tanggal publikasi: 2026-09-26 08:30:24

Chiara

Mi teléfono vibra sobre el mármol de la mesita de noche. Un mensaje. La señal convenida con mi contacto de la galería. La propuesta ha sido hecha. Valentina ha mordido el anzuelo.

Debería sonreír. Debería saborear esta primera victoria. Pero algo me retiene, una tensión en el pecho que no me explico.

El día se anuncia largo. Diego no vino a nuestra habitación esta noche. Otra vez. No es nuevo, nuestro matrimonio nunca ha sido una cuestión de lecho c
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  • SEDÚCEME SI TE ATREVES   Capítulo 80: La Fisura 2

    ChiaraToma el teléfono, lee el mensaje una segunda vez. Veo la lucha en sus ojos. La desconfianza. El deseo. El miedo.—¿Cómo sé que no es una trampa?—No lo sabes. Eso es la libertad. Es un riesgo.Le dejo tiempo. El silencio se espesa entre nosotros. Miro los libros esparcidos, las marcas en su cuello, la luz que danza sobre su cabello. Es bella, lo veo. Comprendo por qué está obsesionado. Pero la belleza no basta. La juventud no basta. Hace falta más para retener a un hombre como Diego. Hace falta veneno. Y ella aún no ha aprendido a fabricarlo.—Acepto.Su voz es firme, pero veo la duda en sus ojos.—Dame la dirección.Anoto la dirección en un papel, se lo tiendo. Lo toma, lo aprieta en su puño.—Hay una condición. Diego no debe saberlo. Nadie debe saberlo. Es tu secreto. Si quieres sobrevivir aquí, tienes que aprender a tener secretos.—¿Por qué me ayudas de verdad?Me

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    ChiaraMi teléfono vibra sobre el mármol de la mesita de noche. Un mensaje. La señal convenida con mi contacto de la galería. La propuesta ha sido hecha. Valentina ha mordido el anzuelo.Debería sonreír. Debería saborear esta primera victoria. Pero algo me retiene, una tensión en el pecho que no me explico.El día se anuncia largo. Diego no vino a nuestra habitación esta noche. Otra vez. No es nuevo, nuestro matrimonio nunca ha sido una cuestión de lecho compartido. Pero su ausencia pesa diferente esta mañana. El aire de la habitación me parece más raro, más difícil de respirar.Me levanto, me pongo una bata de seda marfil, ajusto mi máscara. La que llevo desde hace veinte años. La que nadie ve caer.El desayuno se sirve en el comedor. Estoy sola, como tantas veces. Los domésticos se deslizan a mi alrededor, silenciosos, casi invisibles. Bebo mi té, picoteo una rebanada de pan, leo los informes que mi asistente me ha enviado. Lo

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    ValentinaDebería rechazarlo. Debería gritar, golpear, huir. Pero estoy paralizada por lo que veo en sus ojos. No es codicia. Es necesidad. Una necesidad tan desnuda, tan absoluta, que me despoja de mis defensas.—Dime que me detenga.Su aliento sobre mis labios.—Dime que me detenga, y lo haré. Te lo juro. Saldré, te dejaré tranquila, encontraré la manera de...No digo nada.Mis manos se levantan por sí solas, se posan sobre su torso. Siento los latidos de su corazón bajo mis palmas, rápidos, desbocados. Siento el calor de su piel a través del algodón fino. Siento el temblor de sus músculos, la tensión de todo su cuerpo.Exhala un sonido, algo entre el gemido y el suspiro, y cierra los ojos un segundo, como si mi contacto lo quemara y lo salvara a la vez.—Valentina...Mi nombre en su boca es una plegaria.Se inclina. Lentamente. Dejándome cada fracción de segundo para huir, para apa

  • SEDÚCEME SI TE ATREVES   Capítulo 77: La Huella 2

    ValentinaSu voz es grave, casi asombrada. Como si hubiera temido que me negara, que desafiara su orden.Levanto los ojos. Está en el marco de la puerta, vestido con pantalón negro y camisa blanca, las mangas arremangadas sobre los antebrazos. Su cabello aún está húmedo, más oscuro. Parece cansado, ojeras violáceas bajo sus ojos, pero ese cansancio le da una vulnerabilidad nueva, casi peligrosa.—Dijiste que podía.Mi voz es calma. Más calma de lo que estoy. Por dentro, todo se agita, se rebela, se alborota.Entra, cierra la puerta tras de sí. El ruido del pestillo es un toque de difuntos. Estamos solos, lejos del resto de la casa, en esta habitación que nadie frecuenta.Se acerca lentamente, mirando alrededor, mis pilas, mis clasificaciones. Toca un libro posado sobre una mesa baja, lo levanta, lee el título.—Cumbres Borrascosas. ¿Te gustan las historias trágicas?—Las vivo. No necesito leerlas.

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    ValentinaSe ha ido hace una hora y sigo aquí, apoyada contra la pared contra la que me inmovilizó, los dedos presionados contra mis propios hombros allí donde los suyos se posaron. El calor persiste. Es estúpido, es imposible, pero todavía lo siento, esta quemadura a través del jersey, esta marca invisible que ha dejado.Paso mi mano sobre mi hombro, frotando como para borrar. Nada funciona.Mi cuerpo es un traidor. Ha registrado cada detalle. La aspereza de sus palmas. El peso de sus dedos cerrándose. Ese temblor imperceptible de su labio cuando dijo mi fascinación. Y su aliento, cálido, sobre mi sien, sobre mi oreja... Mi vientre se anuda, un nudo de vergüenza y deseo inconfesable.Odio esta reacción. Odio que él la haya visto, que la haya sentido bajo sus pulgares cuando presionó mis muñecas. Lo sabe. Sabe lo que su cuerpo le hace al mío, y va a usar ese conocimiento, a volverlo contra mí como vuelve todo.La biblioteca.

  • SEDÚCEME SI TE ATREVES   Capítulo 75: La Habitación 2

    ValentinaLas palabras son un muro que erijo entre nosotros. Pero su mirada lo atraviesa como si fuera de cristal. Una sombra de dolor, de hambre, pasa por ella. Luego avanza, y el mundo se reduce a él.Sus manos se levantan. No golpean. Planean cerca de mis hombros, y veo los dedos temblar ligeramente, retenidos por un hilo tenue. El deseo palpable que emana de él es una onda de choque. Ya no es solo dominación. Es codicia, cruda, devastadora.—No, dice él, voz ronca, estrangulada por una emoción que me hace estremecer. No vas a pudrirte. No lo permitiré.Antes de que pueda responder, sus palmas se posan por fin sobre mis hombros. El contacto es una descarga. El calor de sus manos atraviesa el jersey fino, marca mi piel como un hierro. No es un abrazo, es una presa. Una afirmación. Y mi cuerpo, traidor, responde con un escalofrío que nada tiene que ver con el frío.—La biblioteca, retoma él, sus ojos hundidos en los míos con una intensidad que me aspira. Hazlo. Por ti. No por mí. Par

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