Mag-log inPara asegurar la paz entre cárteles en guerra, debe enviarse una ofrenda de paz a Luis Montero, el temido líder de El Cartel Negro que gobierna desde La Fortaleza. Elena Flores fue secuestrada y traficada por un cartel rival. La envían a Luis como ofrenda de paz para poner fin a una guerra en curso. No es voluntaria. No está dispuesta. Es víctima en dos ocasiones. Creía que moriría en manos del cartel rival. Pero cuando se lo dijeron, ella sería entregado a un rey de la Mafia, sentía esperanza. Quizá podría sobrevivir. Quizá podría escapar. Entonces vio su rostro. Hace cinco años, una chica de diecisiete años se escondió en una caja en un almacén abandonado. Vio a un hombre ejecutar a un jefe rival del cártel. Vio su rostro. Lo vio todo. Corrió. Nunca lo dijo. Esa chica era Elena Flores. Y el hombre al que vio matar en el oscuro era Luis Montero. Su esperanza se desmoronó en cenizas. Pero cuando Luis la mira, algo le detiene. No suplica. No se inmuta. Ella le mira como si fuera un hombre, no un monstruo. Ninguna mujer le ha mirado jamás así. Le tiemblan las manos. Nunca ha querido a nadie así. No sabe que ella es la testigo. Solo sabe que no puede dejarla ir.
view morePunto de vista de ElenaCuando le pregunté, tan ligeramente como pude, si había visto al rey, se quedó muy quieta, y así fue como lo supe."¿Por dos días?" pregunté."Tiene el consejo. Los comerciantes del río. El grano." Dejó la bandeja, con cuidado. "Duerme en su escritorio, dicen. Ricardo le lleva las comidas.""No envió una nota," señalé, y mi voz se adelgazó. Las palabras sonaron pequeñas en la habitación, y odié cómo sonaban."Está ocupado," repitió Leticia."Leticia." Crucé la habitación y atrapé su muñeca. "Mírame."No lo hizo. Mantuvo sus ojos en el plato de pan y pollo frío, y un músculo se movió en su mejilla. Miró el pan de la manera en que una mujer mira algo que ha decidido no comer."Mírame," supliqué."No puedo," susurró."¿Por qué no?" rogué."Porque lo verás." Su voz se quebró. Inhaló un largo aliento y jaló su muñeca gentilmente fuera de mi agarre, y levantó sus ojos a los míos por fin. Estaban rojos y brillantes y llenos de algo que había visto una vez antes, en la
Punto de vista de ElenaMe desperté con la luz del sol, y por los primeros segundos, fui feliz.Yacía sobre la colcha en una cálida barra amarilla, y la pequeña planta en el alféizar brillaba verde en ella, y el aire olía a humo de leña y frío. Mi cuerpo se sentía suelto y pesado, como si hubiera dormido durante una semana. Me estiré, y mi bota, que nunca me había quitado, golpeó contra el poste de la cama."Buenos días," le dije a la menta, y me reí de mí misma. La risa salió ligera y fácil, y se sintió extraña en mi pecho, como un músculo que no había usado en mucho tiempo. "¿Ves? No pasó nada."Las hojas brillaron en la luz."La nota está en la raíz. El Sur la encontrará." Lo conté con los dedos mientras me incorporaba. "Tomás tiene tres noches más. Diego se ha quedado callado. Luis fue gentil." Mi voz se suavizó. "Luis fue gentil, y me preguntó si necesitaba algo, y besó mi frente." El calor de ello todavía estaba allí, tenue, como una mano retirada pero no olvidada.'No lo sabe.
Punto de vista de ElenaLa planta me miró desde la ventana, pequeña y verde y terca. No parpadeó, y no apartó la mirada, y no me ofreció ningún consuelo en absoluto.'Tres noches. Después de eso, responderán por mí. Responderán con Tomás.'"Juré que no escribiría más papeles," le dije a la planta, y mi voz se quebró en la última palabra. Se lo había prometido a mí misma, y se lo había prometido a ella, y la promesa había durado tres días.La pequeña hoja tembló en la luz."No tengo otra opción," susurré.Llevé la nota a la chimenea y la alimenté a las brasas, viendo los bordes enrollarse y ennegrecerse. Entonces arrastré mi silla hacia la mesa, y tomé una hoja limpia del cajón, y me senté con la pluma en mi puño por un largo tiempo.Luis vino al anochecer.Golpeó una vez y esperó, como había aprendido a hacer, y le dije que entrara en una voz que esperaba que fuera firme. Estaba de pie en la puerta con su abrigo negro y nieve derritiéndose en sus hombros, y su cara estaba lisa y cansa
Punto de vista de ElenaLos tres días de Diego terminaron a medianoche, y no pasó nada.Las horas pasaron de la manera en que las horas pasan cuando estás esperando que se abra una puerta, lentas y luego de golpe, y entonces era de mañana y la puerta nunca se había abierto en absoluto.Estuve despierta la mayor parte de ello, en la cama que todavía olía a Luis, con mis ojos fijos en la puerta. Oí el cambio de guardia dos veces, y oí al chico guardia toser en las escaleras, y a una contraventana golpear en algún lugar del ala norte, y a mi propio corazón latir las horas.La casa crujía a mi alrededor, y ninguno de los crujidos pertenecía a un hombre subiendo una escalera.Cuando la ventana finalmente se volvió gris, nadie había venido."No golpeó," susurré a la planta, incorporándome y arrastrando la colcha alrededor de mis hombros. "No envió una nota. Ni siquiera pasó junto a la puerta." Esperé a que la menta respondiera, y la menta hizo lo que siempre hacía, que era nada."Eso es peo












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