LOGINALYS
Abrí mis párpados lentamente. Los suaves rayos del sol que se colaban por la ventana nublaron mi vista por un instante; dejé que mis ojos se adaptarán a la luz del nuevo día antes de incorporarme poco a poco. Apenas me moví, un fuerte dolor me recorrió el cuerpo: el vívido recordatorio de los acontecimientos de la noche anterior. Con la cabeza dándome vueltas y las piernas entumecidas, eche un vistazo debajo las sábanas. Estaba completamente desnuda. Mi corazón comenzó a latir con fuerza, y los recuerdos se reprodujeron como un cortometraje en mi mente: la salida con mis amigos al club, las bebidas demás, el baile y... todo lo que había hecho con el hombre que conocí esa misma noche. Miré asustada hacia al lado vacío de mi cama. Por suerte, ya no estaba. ¡Que vergüenza tener que verle la cara, después de lo que hicimos en esta misma habitación! ¿Qué pensará de mí?» Me pregunté, preocupada. —Gracias al Dios del cielo, se fue —suspiré en voz alta, estirando los brazos, mucho más calmada. De pronto los detalles de esa noche regresaron como una avalancha: el momento que nos conocimos, los besos, las caricias, la forma tan intensa como nos entregamos y esa sensación de placer que me mantuvo flotando casi toda la noche. Una sensación de vergüenza me invadió, ¿cómo me pude dejar llevar así? le había entregado mi primera vez a un desconocido. Aunque siendo honesta había sido bueno. —¡Bastante bueno!—. Ese hombre me había hecho sentir genial y, por si fuera poco, era extremadamente guapo. Aún así, me prometí a mi misma que jamás volvería a probar una gota de alcohol, no pensaba cometer más locuras. Salí de la cama, pero al dar los primeros pasos las piernas me temblaron, aquel encuentro fue demasiado intenso. Tras una ducha rápida, me puse un pijama rosa con un detalle floral, muy cómodo, pero ¡excesivamente corto! Al fin y al cabo estaba sola en casa. Mientras me dirigía a la cocina con la intención de preparar un desayuno ligero. me repetía a mi misma: «Fue solo una aventura de una noche. Todo esto debe quedar en el olvido, tengo que enfocarme en mi futuro». Estaba a punto de cruzar el umbral, cuando de repente, una silueta familiar apareció ante mis ojos. —¡Ah...! —grité, llevándome una mano al pecho por el susto. Él estaba allí, llevaba unos pantalones de algodón caídos a la cadera y su torso estaba completamente desnudo, a excepción de mi delantal rosa con un conejito al frente. Se movía libremente por mi cocina como si fuera dueño del lugar, mientras cortaba frutas y terminaba el desayuno. Debí quedarme ensimismada, contemplándolo, porque de pronto se giró y me lanzó una mirada divertida. —¿Te gusta lo que ves?. Traté de mostrarme serena pero mis mejillas se sonrojaron al instante, fue un momento demasiado incómodo, quería que la tierra me tragara. Como pude, recompuse mi postura y articulé: —¿Creí que te habías ido? —No soy de los que se aprovechan de una chica y se marcha —comentó con una voz varonil y profunda que me hizo vibrar. Lo miré de arriba a abajo intentando disimular mis nervios. —Te queda bien mi delantal —admití, dejando escapar una leve risita. —Si tanto te gusta, puedo usarlo siempre para tí. —¡Oh, no! No es necesario, estaba bromeando —contesté rápidamente para aligerar el ambiente—. Gracias por preparar el desayuno. Nos sentamos a la mesa. El silencio se volvió espeso, en verdad no sabía que decir, Él debió notarlo porque sonrió e inició una conversación sobre como me sentía. Era obvio a lo que se refería. Puse lo ojos en blanco y apoyé los codos sobre la mesa. —Son cosas que pasan. Ya somos adultos, dejémoslo así, ¿Vale? —traté de sonar lo más desinteresada posible—. Acabo de salir de una relación desastroza y lo último que quiero es encadenarme a otra. Al escucharme, su risa se congeló y su semblante se volvió sombrío. —Puedo hacerme responsable. No soy de los hombres que evaden sus compromisos —manifestó en tono firme, clavando sus ojos en los míos. —Lo de anoche fue un error. Estaba ebria, lo siento. —¿Qué? ¿No te gustó? —preguntó, recuperando esa sonrisa coqueta que tanto me encantaba—. ¿Puedo esforzarme mas la próxima vez? El trozo de fruta que acababa de tragar se quedó atorado en mi garganta y comencé a toser sin control. El calor se me subió al rostro y mis manos comenzaron a sudar. «Este tipo es tan descarado, medité indignada». El se levantó a toda prisa, me dio unos leves golpecitos en la espalda y me alcanzó un vaso con agua. —¿Estás bien? —Si, no te preocupes —respondí desviando la mirada, para evitar el contacto visual—. No pasa nada. En ese instante, su celular comenzó a vibrar sobre la mesa. Lo revisó y arrugó el entrecejo. —Me tengo que ir, se presentó una urgencia en la oficina —me avisó. Se vistió con una rapidez impresionante y, justo antes de cruzar la puerta, se inclinó y me robó un tierno beso en los labios. —Nos vemos luego, preciosa. Mis mejillas volvieron a encenderse. No podía negarlo: el tipo era sumamente atractivo y ejercía una atraccion peligrosa en mí. Suspiré aliviada cuando escuché la puerta cerrarse; me había salvado la campana. Si se quedaba cinco minutos más, seguro volvería a caer en la tentación. Despejé esos pensamientos absurdos de mi cabeza y me dispuse a lavar los platos mientras tarareaba una canción. Poco después, saqué la tarjeta SIM de mi teléfono averiado y la inserté en un dispositivo que guardaba en casa. Al instante, el aparato vibró en mis manos. Era una llamada de Maya. —¡Hola, cariño! —chilló mi amiga al otro lado de la línea, desbordando su energía habitual—. Cuéntamelo todo. ¿Cómo te fue con ese bombón? ¿Pasó algo entre ustedes? Soy toda oidos. No pude evitar reír ante su entusiasmo. Maya era un auténtico huracán. Sin embargo, cuando le conté los detalles de la noche (bueno, una versión censurada), al otro lado de la línea se hizo un silencio sepulcral, seguido de un grito que casi me deja sorda. —No puedo creer que hayas perdido tu virginidad con Abel Lenox ¿Sabes siquiera quién es? Creí que solo te llevaría a casa y por lo menos se darían un par de besos. —Maya, por favor, no grites que me estalla la cabeza. —Lo siento, amiga, pero me acabas de soltar una bomba atómica, ¡no me pude contener! —se disculpó entre risas. —Estaba borracha y despechada, me dejé llevar por el momento. Igual, dudo que nos volvamos a ver —dije, tratando de convencerme mas a mí misma que a ella. —Escúchame, te invito un café ya mismo. Esto me lo tienes que contar en vivo y en directo, sin omitir un solo detalle. Sabía que Maya quería enterarse del chisme, pero conociéndola, sospechaba que había algo más que quería decirme cara a cara. Tras colgar, terminé de limpiar el departamento y fui a arreglarme. Opté por algo sencillo pero con estilo: unos vaqueros ajustados, una camiseta blanca de cuello alto, una gabardina beige y botines de tacón medio. Me recogí el cabello en un moño alto, dejando algunos mechones sueltos para enmarcar mi rostro, y usé unas gafas oscuras junto a un maquillaje muy natural. Al mirarme al espejo, quedé satisfecha. Mi estado de ánimo había mejorado notablemente; ya no me sentía la chica abatida de la noche anterior. De pronto, el teléfono volvió a sonar. Asumiendo que era Maya para recordarme el lugar de la cita, contesté de inmediato sin mirar la pantalla. Sin embargo, la persona que contestó al otro lado de la línea me confirmó que no era mi amiga... y para mí, su voz no fue nada agradable.Dicho esto, Abel se quitó los guantes ensangrentados y salió de la casucha en ruinas, dejando detrás de él los gritos aterradores de Marcos. Se subió a la camioneta acompañado de sus dos amigos, Lucas y Cooper. Los escoltas, incluida Martha, los custodiaban en varios vehículos rústicos durante todo el trayecto de vuelta.En la cabaña de la cascada el ambiente era totalmente diferente; Alys y Maya conversaban bastante entretenidas.—Amiga, cuando me enteré de lo que te pasó, me preocupé muchísimo por ti y por mis sobrinos —expresó Maya con profunda preocupación.—Gracias a Dios, no fue nada grave, querida. Estáte tranquila que ya pasó el peligro.—Sí, pero debes cuidarte; es evidente que hay personas que quieren hacerte daño y han arremetido en tu contra más de una vez en estos últimos días. Primero los pequeños dizque accidentes, después el ataque mediático y ahora el intento de ahogamiento; esto no es casualidad, amiga, a mi parecer es demasiado sospechoso.—Tienes toda la razón y po
La cacería no se hizo esperar, aparte de los agentes que se quedaron para la seguridad personal de Abel y su esposa; todos los demás fueron desplegados en un operativo de captura en el vasto bosque. Pero cerca del río la joven que estaba infiltrada como personal de servicio, seguía de cerca los pasos del delincuente. Ella lo había rastreado desde que salieron de la casa principal. Pero durante el accidente del auto, le perdió la pista por un momento. Unos minutos posteriores a la agresión de Alys, la joven mujer volvió a localizar el paradero del maleante. El asistente Liam se acercó para darle las novedades a su jefe.—Señor, una de las agentes dio con el paradero del atacante. Se trata de uno de los obreros de la finca. Ya lo llevamos al sitio que usted nos indicó.—Entendido, una vez atiendan a mi esposa y verifique que todo está bien, iré a ajustar cuentas con él. Lo voy a interrogar personalmente.Alys se despertó en una habitación desconocida, su estilo era campestre pero muy
El auto se detuvo frente a una majestuosa cascada, los hermosos ojos color esmeralda de Alys se iluminaron... El torrente de agua se precipitaba desde un acantilado, creando un imponente velo de espuma que caía en una hermosa piscina natural de tonos turquesa y azul cristalino. La luz del sol atravesaba el rocío constante, creando destellos multicolores y arcoíris efímeros en el aire.Un sonido rítmico y constante llenaba el espacio, como una melodía viva; disolviendo cualquier ruido exterior en una atmósfera de calma. La brisa fresca y húmeda envolvía los alrededores, rozando el follaje de los árboles y el musgo de las rocas. Una gran variedad de helechos densos y flores silvestres adornaban los márgenes del cauce, nutridos por la lluvia perpetua que generaba el impacto del agua.Alys rozó la ventanilla del auto con la punta de sus dedos y abrió suavemente la puerta, permitiendo que la brisa fresca ondeara su largo cabello negro obsidiana.—¡Abel, cariño, esto es sencillamente maravi
El desayuno permanecía intacto en la mesa del comedor.—Parece que hoy, todo está saliendo mal —bufó Mateo golpeando la madera con el puño.—Querido, ¿será que Abel sabe lo que hicimos? —musitó Darla ansiosa entrelazando las manos con evidente agitación.—No lo sé, pero todo indica que descubrió que estamos involucrados. Si no, ¿por qué nos atacaría de esa manera? —exclamó apretando el puño—. Llama a Dominic y a Demi, que vengan ahora mismo; debemos prepararnos para lo que viene —Mateo soltó los cubiertos, se levantó del comedor y se fue directo al despacho.Darla contactó a Demi, mientras Mateo realizaba una llamada un tanto sospechosa caminando por el pasillo.—Termina el trabajo ya, o no obtendrás ni un centavo más de mi bolsillo —resopló antes de colgar.Media hora después, la familia discutía en el despacho. Demi acababa de llegar y abrió la puerta de golpe; Deysi la siguió con la mirada.—Tíos, ¿qué está sucediendo? —preguntó la recién llegada.—Los inversores se retiraron y el
Después de terminar la conversación con Maya, Alys regresó a la habitación y encontró a su esposo profundamente dormido. Se acostó a su lado y lo observó por un largo rato, trazando las líneas de su boca y nariz con la yema de su dedo.—Eres bastante apuesto, esposo, y siempre estás dispuesto a protegernos a mí y a nuestros bebés —susurró con dulzura. Recostó la cabeza sobre el hombro de su pareja y se quedó dormida.Apenas comenzaba a clarear la mañana, Abel despertó pestañeando varias veces hasta que logró fijar la mirada. Alys colocaba en la mesa un rico y nutritivo desayuno, acompañado de jugo de naranjas recién exprimidas y frutas frescas. Al notar que él estaba despierto, lo miró y sonrió.—Buenos días, dormilón. ¿Descansaste? —el saludo salió en un tono coqueto.—Por supuesto, princesa. Contigo a mi lado, dormir es un deleite —respondió él volviendo el ambiente íntimo y seductor.Alys se acercó lentamente y le puso una uva en la boca.—Hoy quiero complacerte, cariño.—Ok
Abel se sentó frente al ordenador, viendo las noticias infundadas y los comentarios ofensivos hacia su esposa. Su expresión se volvió sombría. Los titulares acusaban a Alys de ser una cazafortunas sin escrúpulos, que uso métodos indecentes para casarse con el multimillonario líder del Grupo Lenox. Uno de los temas en tendencia, acompañado de una foto borrosa que mostraba el perfil de la chica con Abel tomados de la mano en el hospital, sugerían que podría haber un embarazo de por medio, reforzando el rumor de que el matrimonio había sido forzado por esa mujer manipuladora. También se mostraba una fotografía de Alys y Brandon cuando discutieron en el club, el ángulo captado sugería que se estaban besando apasionadamente, haciéndola parecer una mujer promiscua; por fortuna solo se apreciaba un perfil difuso de su rostro. Viendo todo eso, una tormenta se gestó en el semblante del hombre. Utilizando métodos de mitigación en tiempo real analizó el tráfico de peticiones automatizadas med







