LOGINABEL LENOX
El expediente de Alys seguía sobre mi escritorio. Allí estaba plasmada toda su información básica: nombre completo, edad, dirección, empleo, universidad y un novio... bueno, ahora exnovio. Todo cuidadosamente detallado. También había otros datos relevantes de su vida que, por el momento, no venían al caso. Como hombre de negocios, me gusta prepararme con anticipación y trazar las estrategias necesarias para alcanzar mis objetivos. Y aunque Alys no es un negocio, es la mujer que quiero para mí; mientras más sepa de ella, más fácil será conquistarla. Nunca me rindo ante nada y siempre consigo lo que me propongo. Miré la invitación que reposaba sobre la superficie de madera. El decano de la universidad más prestigiosa de Ciudad Mar me había convocado para dictar una cátedra sobre finanzas. En cualquier otra circunstancia hubiese rechazado la solicitud, pero en esta ocasión me sería de mucha utilidad: yo sabía perfectamente que ella estudiaba ahí. Como alumno destacado, egresado con honores y considerado un prodigio en el mundo empresarial, era lógico que me invitaran; todos me consideraban un ejemplo a seguir. El momento no podía ser más oportuno. Llegó el día previsto. Me dirigí al campus en mi Mercedes-Maybach de edición limitada, acompañado por mi asistente y un grupo de escoltas. Al llegar al auditorio, la expectación era evidente: profesores, directivos y alumnos destacados llenaban el lugar. Tras las presentaciones de protocolo, subí al podio. Pero mi mente solo tenía un objetivo. La busqué entre la multitud y, en efecto, estaba ahí, sentada en la tercera fila. Intentó cubrir su rostro con su hermoso cabello negro, sus mejillas se sonrojaron y sus bellos ojos verdes se desviaron, ocultando la timidez. ALYS MOORE Pasaron varias semanas desde aquella noche y mi vida se centró por completo en los estudios. Estaba en el último año y la presión aumentaba. Mi tutor de tesis me informó que debía comenzar las prácticas profesionales y me entregó una invitación exclusiva para una cátedra de finanzas; un evento reservado solo para los directivos, profesores y alumnos más destacados, donde incluso existía la oportunidad de ser seleccionada para una pasantía en alguna de las empresas del invitado de honor. Llegué al auditorio y tomé mi lugar. Si hay algo que me tomo muy en serio es mi futuro, y esta era una oportunidad de oro que podía abrirme muchas puertas. Me preguntaba quién sería ese joven prodigio al que todos elogiaban y que había logrado revolucionar el mundo de los negocios a tan corta edad. Los murmullos cesaron cuando el decano hizo el anuncio oficial: —Ahora les presento al orador de orden... El señor Abel Lenox, presidente y CEO del Grupo Lenox. Mi corazón se detuvo por un instante y comenzó a latir con fuerza. ¡No lo podía creer! Era el mismo hombre con el que había pasado aquella noche. Traté de ocultar el rostro con mi cabello de inmediato; quería que la tierra me tragara. Un atisbo de vergüenza me invadió, pero me mantuve serena a pesar de que mi respiración era irregular. En ese momento comprendí que el hombre con quien me había acostado no era un tipo cualquiera: era el heredero de la familia más rica y poderosa de la ciudad. Abel recorrió el auditorio con la mirada hasta que sus ojos se clavaron directamente en mí. Lucía imponente. Su traje y zapatos hechos a medida, junto a una corbata impecable, le daban un aire sofisticado y peligroso. Tenía unos rasgos exquisitos y su cabello estaba arreglado a la perfección. Su tono de voz era seguro y autoritario; la voz de alguien acostumbrado a dominar y a triunfar. No pude evitar que los recuerdos de nuestra noche íntima me golpearan de repente, provocando que mis mejillas se encendieran. Ese hombre despertaba en mí emociones que jamás había experimentado. Además, sentí una punzada de celos al escuchar a las chicas a mi alrededor susurrar lo guapo que era; prácticamente se lo comían con la mirada. En cuanto concluyó el evento, salí casi corriendo del lugar. Quería pasar desapercibida; no estaba lista para enfrentar a Abel Lenox. Iba en modo fuga hacia el baño para calmarme y recuperar la compostura cuando, de repente, una mano firme me tomó de la muñeca y me hizo retroceder unos pasos. Perdí el equilibrio y estuve a punto de caer, pero su brazo me sujetó con fuerza por la cintura, pegando mi cuerpo contra su pecho. El roce cálido de su aliento sobre mi piel me hizo estremecer. Nos miramos fijamente. El tiempo pareció detenerse y, por un segundo, me perdí en la intensidad de sus ojos azules. El clic de la puerta cerrándose resonó en mis oídos como una sentencia. —¿A dónde vas con tanta prisa? —susurró con una voz baja, ronca y seductora—. ¿Piensas seguir escapando de mí, pequeña escurridiza? Me quedé sin palabras, sintiendo el calor de su cuerpo. Reaccioné como pude y me solté de su agarre. —¿Estás loco? Este es el baño de damas —un murmullo tenue apenas salió de mis labios. Rogaba internamente para que no hubiera nadie más en los cubículos. —¿Cómo me dijiste? —preguntó, con sus ojos clavados en los míos. —Disculpe, tengo clases y voy retrasada —logré articular antes de darme la vuelta y alejarme a toda prisa. Al mirar atrás, vi que se había quedado en el mismo sitio, observándome con una leve y seductora sonrisa en los labios. «Tienes que controlarte, Alys», me reprendí mentalmente mientras caminaba. «Supéralo y sigue adelante. Un hombre tan importante jamás se va a fijar en una simple estudiante como tú; seguro debe tener una fila de mujeres babeando por él y quizás hasta esté comprometido». En ese instante me di cuenta de que, en realidad, no sabía nada de él. Aunque, claro, podía averiguarlo si quisiera; muy pocos saben que soy un genio de la informática y la tecnología. Pero ya había decidido dejarlo en el pasado. ¿Para qué complicarme la vida? Horas después, terminé mi última clase y me dispuse a ir a casa. Era mi día libre en el café y aproveché el trayecto para pensar en mis finanzas: necesitaba mudarme a un apartamento más pequeño y económico, o buscar una compañera de piso para compartir la renta. Iba tan ensimismada en mis pensamientos que no me percaté del camino recorrido. Cuando alcé la vista, vi un coche aparcado justo en la salida de la universidad. Era un deportivo de lujo que conocía muy bien.Alys miró al anciano detenidamente y suspiró con calma, no podía permitirse levantar sospechas. Si alguien descubría que estaba investigando, borrarían todas las huellas si es que aún quedaba alguna.—Está bien si no lo recuerda —dijo con una sonrisa—. Solo busco información para la reseña histórica de nuestro departamento —explicó con amabilidad.—Lamento no ser de mucha ayuda, señorita —el empleado se disculpó, rascándose la cabeza.Alys le extendió una tarjeta con su número telefónico.—Si recuerda algo, por pequeño que parezca, avíseme. Podría ser de mucha ayuda.—Entendido, la dejo para que haga su trabajo. Voy a hacer mi ronda —el hombre se despidió con cortesía y se marchó.Alys comenzó a rebuscar entre las carpetas viejas. Aunque el polvo la hizo estornudar repetidas veces, siguió indagando meticulosamente sin hallar ningún indicio. Estaba a punto de rendirse cuando notó el folio azul en el piso; se había deslizado a un lado del estante, apenas era visible. El nombre impreso e
En el departamento de ginecología, el entorno era completamente diferente. Abel había tomado el control total del lugar; sus escoltas estaban apostados en los pasillos, vigilantes.—Cariño, ¿no crees que estás exagerando? Las otras pacientes se van a asustar al ver tantos guardaespaldas.—Como digas, preciosa. Les ordenaré ahora mismo que sean discretos; tú no te preocupes por nada —le aseguró llevándola de la mano al consultorio.Acostada en la camilla, Alys era examinada exhaustivamente. Abel le había preguntado por quinta vez a la especialista sobre el estado de su esposa.—Doctora, ¿está absolutamente segura de que mi esposa no había entrado en proceso de parto?—Señor Lenox, entiendo que esté ansioso; pero es normal que su esposa tenga contracciones leves en los últimos meses de gestación —le explicaba la profesional con mucha paciencia al angustiado marido.Después de estar completamente convencido, Abel pudo respirar con tranquilidad.—Entiendo, ¿puedo llevármela a casa? —preg
—...¿Y qué puedo hacer para convencer a mi preciosa novia? —indagó Cooper en voz baja.—¡Mmm... No sé! —dijo ella encogiéndose de hombros, mientras jugueteaba con sus dedos, simulando ignorancia—. A mi mejor amiga le hicieron una propuesta espectacular.Cooper le levantó la barbilla y la confrontó con una mirada apasionada.—Puedo hacer eso y más por ti, gatita.—Entonces sorpréndeme, doctor, quizás acepte su propuesta —respondió ella con picardía, haciéndose de rogar. Así era ella; impulsiva, caprichosa, fuerte y valiente. Sumado a eso, también era fiel, comprometida y de buen corazón. Precisamente esas cualidades eran lo que a él le encantaba de ella, ese contraste de fortaleza rebelde y amor incondicional.—Entonces me esforzaré al máximo, mi princesa —le susurró al oído en tono juguetón, después la asió tiernamente por los hombros diciendo—: Nuestros padres llegaron, están esperando afuera, quieren verte.—¿Y mi hermano Lucas?—Está con ellos. También quiere entrar.—Deben estar
Alys se arrodilló junto a su amiga y trató de despertarla dándole palmaditas en la mejilla.—Maya, ¿qué te pasa? Por favor, reacciona —expresó con desesperación.Cooper al ver a su novia inconsciente, corrió hacia ella, la tomó en brazos con sumo cuidado y la llevó al auto. Lucas lo siguió de cerca.—Cuñado, ¿qué tiene mi hermana? Eres médico, haz algo —exigió Lucas frenético.—Tranquilízate ¿No ves que se alteró por tanta presión y por eso colapsó? Vamos al hospital, allá le haremos un chequeo y verificaremos que ella y el bebé estén bien.—Entonces, déjame conducir y vigila que no le pase nada durante el trayecto —manifestó Lucas tensando la mandíbula. Maya era la princesa de los Harris.En el asiento trasero del vehículo, Cooper la sostenía con cuidado tomándole el pulso, mientras Lucas conducía a toda marcha directo al sanatorio.La conmoción le provocó a Alys unas punzadas leves en el abdomen. Abel reaccionó con premura y la guió hacia el Rolls-Royce Phantom, seguido de cerca por
Evelyn, al notar la aflicción de Maya, se apresuró a animarla.—Amiga, sé que esto puede ser difícil para ti. Pero no es momento de derrumbarse. ¿Qué tal si bajamos y nos tomamos algo? ¿Sí? —le habló con suavidad.—Tienes razón, debería comer algo, me siento un poco mareada —respondió Maya, obligándose a mostrar fortaleza.Se dirigieron al restaurante ubicado en la planta baja del hospital y se sentaron en una mesa apartada. Maya dobló la ecografía y la guardó en su bolso antes de ordenar un sándwich y un vaso de jugo natural. Por su parte, Evelyn daba un sorbo a su café mientras ojeaba el folleto que les había entregado la doctora.—Maya, ¿a dónde piensas ir después de que salgamos de aquí? —preguntó Evelyn.—A mi apartamento, necesito estar un tiempo a solas —manifestó, dejando escapar un pesado suspiro.Estaban tan concentradas en la conversación que no notaron al hombre que se aproximaba a ellas.—Preciosa, ¿qué haces aquí? ¿Te sientes mal? ¿Te duele algo? —indagó Cooper con evide
Al verla tan nerviosa, Lucas creyó que Evelyn intentaba ocultar un embarazo. Y sin profundizar mucho en el asunto, su mente lo dio por sentado: «Ella es tan joven e inocente, seguro fue engañada por un canalla desgraciado y, ahora que esperan un hijo, no quiere hacerse responsable». Mientras los pensamientos del hombre volaban, ella confesó: —Sí, esa prueba es mía, soy yo quien está esperando un bebé, no metas a Maya en esto —se declaró culpable y con la voz quebrada ahogó los sollozos, mientras las lágrimas inundaban sus mejillas sonrojadas. Lucas la encerró en un tierno abrazo consolándola con suavidad. —No te preocupes, no estás sola en esto, todos nosotros te apoyaremos —el hombre la apartó un poco y le levantó el rostro por la barbilla, clavando su mirada en los hermosos ojos azules de la joven—. ¿Quieres contarme quién es el padre? —le preguntó con las facciones endurecidas, aunque su tono era suave. La chica se estremeció, sus músculos se tensaron de inmediato y su respirac







