LOGINSeguí mi camino; lo último que quería era hablar con ese tipo desagradable. Brandon bajó de su auto a toda prisa y me sujetó del brazo con fuerza.
—¡Suéltame! —le dije, furiosa—. Entiende de una vez que lo nuestro se acabó. —Alys, entre Sara y yo solo fue algo pasajero —insistió él, restándole importancia—. Te amo a ti y quiero estar contigo. Deja el drama y vuelve conmigo. —¡Eres un descarado! ¡Te acostaste con ella en mi propia casa y me pides que vuelva como si nada! —grité. Las manos me temblaban por la rabia contenida; no podía soportar tanta falta de vergüenza. —Llevamos dos años de novios y todavía no hemos tenido intimidad, Alys. Soy un hombre y tengo mis necesidades —replicó Brandon, justificándose. ¡Plaf! El sonido seco de la bofetada resonó con fuerza en la calle. Brandon se quedó atónito, llevándose la mano a la mejilla que ya comenzaba a enrojecerse. —¿Y según tú, eso te da derecho a traicionarme? ¿Sabes qué? Dejémoslo así, no voy a perder mi tiempo contigo. Quédate con Sara y déjame en paz; son un par de traidores y se merecen el uno al otro. Me solté de un tirón para marcharme, pero él me sujetó por los hombros con brusquedad e intentó besarme a la fuerza. De repente, una sombra se interpuso entre nosotros. Alguien lo apartó de un tirón y, acto seguido, un puñetazo certero se estrelló contra su rostro. Brandon tambaleó, aturdido, mientras el hilo de la sangre comenzaba a brotar de su labio. —¡Te dijo que la sueltes, idiota! —rugió Abel, apareciendo de la nada. Su semblante era feroz, sus ojos ardían con una furia contenida y su voz era tan cortante como el hielo. —¿Quién te crees que eres para golpearme? ¿Por qué te metes donde no te llaman? —replicó Brandon con los puños cerrados, intentando camuflar su miedo con ira. Abel lo miró de arriba abajo con profundo desprecio. —La señorita te acaba de decir que no quiere hablar contigo. Será mejor que te largues de aquí ahora mismo si no quieres sufrir las consecuencias. Brandon detalló al hombre frente a él y un frío le recorrió la espalda al reconocerlo. Era Abel Lenox. Ofender a alguien con tanto poder era prácticamente un suicidio empresarial y social. Pero... ¿por qué defendería a Alys? ¿Qué había entre esos dos? Una sombra de duda se instaló en su mente, aunque la desechó inmediatamente. ¿Cómo un hombre tan importante se fijaría en una chica común como ella? Sin decir más, Brandon subió a su auto dando un portazo. «Más adelante la buscaré y arreglaremos las cosas», pensó, herido en su orgullo. «Alys me ama y estoy seguro de que me perdonará». Mientras tanto, Abel se aseguró de que Alys estuviera bien. Prácticamente la guió hasta su auto y, aunque ella intentó resistirse al principio, logró que subiera. Abel podía ser sumamente autoritario, pero sabía que, si se limitaba a ofrecerse como chofer, ella se habría negado solo por llevarle la contraria. ALYS Tuve una fuerte discusión con Brandon y, de la nada, apareció Abel. Últimamente coincidimos tanto que empieza a parecer un chiste; qué casualidad que siempre llegue para salvarme. Tal parece que cuanto más intento alejarme de él, más se empeña el destino en cruzarnos en el camino. Sin mediar palabra, encendió el motor y rompió la marcha. —Te llevaré a casa —sentenció. El ambiente dentro del auto se volvió denso. Yo me mantuve muda, mirando por la ventana, mientras él se concentraba en conducir. La verdad, no me sentía cómoda a su lado después de la noche que habíamos pasado juntos. No sabía qué pensaba de mí; tal vez creía que era una cazafortunas o una chica fácil. Sin embargo, cada vez que aparecía para defenderme, una calidez inevitable me recorría el pecho. Me sentía segura. Y, para empeorar las cosas, me atraía muchísimo; el tipo estaba buenísimo, eso era innegable. Sonreí internamente. «Pero un hombre como él jamás se fijaría en alguien como yo», me reprendí mentalmente. «Alys, deja de pensar en tonterías y enfócate en tus asuntos». ABEL Alys estuvo callada todo el camino. Parecía incómoda, como si hubiera levantado una barrera invisible entre los dos para protegerse. Decidí que era hora de romper el hielo. —Estás en tu último año de universidad, ¿cierto? —le pregunté, manteniendo la vista en el frente. Esa pregunta la tomó por sorpresa. Se giró hacia mí. —Sí, ¿cómo lo sabes? —Tu tutor de tesis, Adam Williams, es un buen amigo mío. Fue mi profesor en la universidad y el otro día me habló muy bien de ti. —Sí, el profesor Adam es excelente en lo que hace —comentó ella, relajando notablemente la postura—. Nos llevamos muy bien y he aprendido muchísimo a su lado. A partir de ahí, la charla se volvió más amena durante el trayecto restante hacia su apartamento. Verla más relajada, regalándome pequeñas sonrisas de vez en cuando, me produjo una satisfacción inmensa. Tiene una sonrisa preciosa, y esos labios me resultaban tan tentadores que tuve que aferrarme al volante para contener el impulso de besarla. No quería que mi pequeño ángel se asustara y saliera huyendo de mí otra vez. Cuando estacioné frente a su edificio, me miró con una calidez genuina. —Gracias por traerme... y por defenderme —dijo en un hilo de voz. Su mirada, tan limpia e inocente, me desarmó por completo. —Fue un placer ayudarte. «Lo haré siempre que lo necesites», quise añadir, pero las palabras se quedaron atascadas en mi garganta. No quería presionarla antes de tiempo. Alys se despidió y bajó del auto rápidamente, como un conejito asustado escapando del lobo feroz. Una sonrisa sutil apareció en mis labios mientras la seguía con la mirada hasta que se perdió tras la puerta del edificio. Huye todo lo que quieras, mi pequeña princesa. Al final, no podrás escapar de esto que sentimos, porque aunque te resistas sé que no te soy indiferente. Recosté la cabeza contra el respaldo del asiento, encendí un cigarrillo. Le di una calada y, suspirando en la soledad del auto, contemplé su ventana. «No sé qué rayos me hiciste, pero no logro sacarte de mi mente, Alys Moore» me dije en voz baja. Pisé el acelerador, haciéndo rugir el motor mientras me alejaba de aquel lugar. Las cartas ya estaban sobre la mesa. El juego había comenzado, y yo nunca pierdo, ella terminaría siendo mía.Dicho esto, Abel se quitó los guantes ensangrentados y salió de la casucha en ruinas, dejando detrás de él los gritos aterradores de Marcos. Se subió a la camioneta acompañado de sus dos amigos, Lucas y Cooper. Los escoltas, incluida Martha, los custodiaban en varios vehículos rústicos durante todo el trayecto de vuelta.En la cabaña de la cascada el ambiente era totalmente diferente; Alys y Maya conversaban bastante entretenidas.—Amiga, cuando me enteré de lo que te pasó, me preocupé muchísimo por ti y por mis sobrinos —expresó Maya con profunda preocupación.—Gracias a Dios, no fue nada grave, querida. Estáte tranquila que ya pasó el peligro.—Sí, pero debes cuidarte; es evidente que hay personas que quieren hacerte daño y han arremetido en tu contra más de una vez en estos últimos días. Primero los pequeños dizque accidentes, después el ataque mediático y ahora el intento de ahogamiento; esto no es casualidad, amiga, a mi parecer es demasiado sospechoso.—Tienes toda la razón y po
La cacería no se hizo esperar, aparte de los agentes que se quedaron para la seguridad personal de Abel y su esposa; todos los demás fueron desplegados en un operativo de captura en el vasto bosque. Pero cerca del río la joven que estaba infiltrada como personal de servicio, seguía de cerca los pasos del delincuente. Ella lo había rastreado desde que salieron de la casa principal. Pero durante el accidente del auto, le perdió la pista por un momento. Unos minutos posteriores a la agresión de Alys, la joven mujer volvió a localizar el paradero del maleante. El asistente Liam se acercó para darle las novedades a su jefe.—Señor, una de las agentes dio con el paradero del atacante. Se trata de uno de los obreros de la finca. Ya lo llevamos al sitio que usted nos indicó.—Entendido, una vez atiendan a mi esposa y verifique que todo está bien, iré a ajustar cuentas con él. Lo voy a interrogar personalmente.Alys se despertó en una habitación desconocida, su estilo era campestre pero muy
El auto se detuvo frente a una majestuosa cascada, los hermosos ojos color esmeralda de Alys se iluminaron... El torrente de agua se precipitaba desde un acantilado, creando un imponente velo de espuma que caía en una hermosa piscina natural de tonos turquesa y azul cristalino. La luz del sol atravesaba el rocío constante, creando destellos multicolores y arcoíris efímeros en el aire.Un sonido rítmico y constante llenaba el espacio, como una melodía viva; disolviendo cualquier ruido exterior en una atmósfera de calma. La brisa fresca y húmeda envolvía los alrededores, rozando el follaje de los árboles y el musgo de las rocas. Una gran variedad de helechos densos y flores silvestres adornaban los márgenes del cauce, nutridos por la lluvia perpetua que generaba el impacto del agua.Alys rozó la ventanilla del auto con la punta de sus dedos y abrió suavemente la puerta, permitiendo que la brisa fresca ondeara su largo cabello negro obsidiana.—¡Abel, cariño, esto es sencillamente maravi
El desayuno permanecía intacto en la mesa del comedor.—Parece que hoy, todo está saliendo mal —bufó Mateo golpeando la madera con el puño.—Querido, ¿será que Abel sabe lo que hicimos? —musitó Darla ansiosa entrelazando las manos con evidente agitación.—No lo sé, pero todo indica que descubrió que estamos involucrados. Si no, ¿por qué nos atacaría de esa manera? —exclamó apretando el puño—. Llama a Dominic y a Demi, que vengan ahora mismo; debemos prepararnos para lo que viene —Mateo soltó los cubiertos, se levantó del comedor y se fue directo al despacho.Darla contactó a Demi, mientras Mateo realizaba una llamada un tanto sospechosa caminando por el pasillo.—Termina el trabajo ya, o no obtendrás ni un centavo más de mi bolsillo —resopló antes de colgar.Media hora después, la familia discutía en el despacho. Demi acababa de llegar y abrió la puerta de golpe; Deysi la siguió con la mirada.—Tíos, ¿qué está sucediendo? —preguntó la recién llegada.—Los inversores se retiraron y el
Después de terminar la conversación con Maya, Alys regresó a la habitación y encontró a su esposo profundamente dormido. Se acostó a su lado y lo observó por un largo rato, trazando las líneas de su boca y nariz con la yema de su dedo.—Eres bastante apuesto, esposo, y siempre estás dispuesto a protegernos a mí y a nuestros bebés —susurró con dulzura. Recostó la cabeza sobre el hombro de su pareja y se quedó dormida.Apenas comenzaba a clarear la mañana, Abel despertó pestañeando varias veces hasta que logró fijar la mirada. Alys colocaba en la mesa un rico y nutritivo desayuno, acompañado de jugo de naranjas recién exprimidas y frutas frescas. Al notar que él estaba despierto, lo miró y sonrió.—Buenos días, dormilón. ¿Descansaste? —el saludo salió en un tono coqueto.—Por supuesto, princesa. Contigo a mi lado, dormir es un deleite —respondió él volviendo el ambiente íntimo y seductor.Alys se acercó lentamente y le puso una uva en la boca.—Hoy quiero complacerte, cariño.—Ok
Abel se sentó frente al ordenador, viendo las noticias infundadas y los comentarios ofensivos hacia su esposa. Su expresión se volvió sombría. Los titulares acusaban a Alys de ser una cazafortunas sin escrúpulos, que uso métodos indecentes para casarse con el multimillonario líder del Grupo Lenox. Uno de los temas en tendencia, acompañado de una foto borrosa que mostraba el perfil de la chica con Abel tomados de la mano en el hospital, sugerían que podría haber un embarazo de por medio, reforzando el rumor de que el matrimonio había sido forzado por esa mujer manipuladora. También se mostraba una fotografía de Alys y Brandon cuando discutieron en el club, el ángulo captado sugería que se estaban besando apasionadamente, haciéndola parecer una mujer promiscua; por fortuna solo se apreciaba un perfil difuso de su rostro. Viendo todo eso, una tormenta se gestó en el semblante del hombre. Utilizando métodos de mitigación en tiempo real analizó el tráfico de peticiones automatizadas med







