Inicio / Romance / SOY LA FAVORITA DEL CEO FRIO / 9. Pequeña escurridiza

Compartir

9. Pequeña escurridiza

Autor: Cristy
last update Fecha de publicación: 2026-03-02 04:27:32

Seguí mi camino; lo último que quería era hablar con ese tipo desagradable. Brandon bajó de su auto a toda prisa y me sujetó del brazo con fuerza.

​—¡Suéltame! —le dije, furiosa—. Entiende de una vez que lo nuestro se acabó.

​—Alys, entre Sara y yo solo fue algo pasajero —insistió él, restándole importancia—. Te amo a ti y quiero estar contigo. Deja el drama y vuelve conmigo.

—¡Eres un descarado! ¡Te acostaste con ella en mi propia casa y me pides que vuelva como si nada! —grité. Las manos me temblaban por la rabia contenida; no podía soportar tanta falta de vergüenza.

​—Llevamos dos años de novios y todavía no hemos tenido intimidad, Alys. Soy un hombre y tengo mis necesidades —replicó Brandon, justificándose.

​¡Plaf!

​El sonido seco de la bofetada resonó con fuerza en la calle. Brandon se quedó atónito, llevándose la mano a la mejilla que ya comenzaba a enrojecerse.

​—¿Y según tú, eso te da derecho a traicionarme? ¿Sabes qué? Dejémoslo así, no voy a perder mi tiempo contigo. Quédate con Sara y déjame en paz; son un par de traidores y se merecen el uno al otro.

​Me solté de un tirón para marcharme, pero él me sujetó por los hombros con brusquedad e intentó besarme a la fuerza. De repente, una sombra se interpuso entre nosotros. Alguien lo apartó de un tirón y, acto seguido, un puñetazo certero se estrelló contra su rostro. Brandon tambaleó, aturdido, mientras el hilo de la sangre comenzaba a brotar de su labio.

​—¡Te dijo que la sueltes, idiota! —rugió Abel, apareciendo de la nada.

​Su semblante era feroz, sus ojos ardían con una furia contenida y su voz era tan cortante como el hielo.

​—¿Quién te crees que eres para golpearme? ¿Por qué te metes donde no te llaman? —replicó Brandon con los puños cerrados, intentando camuflar su miedo con ira.

​Abel lo miró de arriba abajo con profundo desprecio.

​—La señorita te acaba de decir que no quiere hablar contigo. Será mejor que te largues de aquí ahora mismo si no quieres sufrir las consecuencias.

​Brandon detalló al hombre frente a él y un frío le recorrió la espalda al reconocerlo. Era Abel Lenox. Ofender a alguien con tanto poder era prácticamente un suicidio empresarial y social. Pero... ¿por qué defendería a Alys? ¿Qué había entre esos dos? Una sombra de duda se instaló en su mente, aunque la desechó inmediatamente. ¿Cómo un hombre tan importante se fijaría en una chica común como ella?

​Sin decir más, Brandon subió a su auto dando un portazo. «Más adelante la buscaré y arreglaremos las cosas», pensó, herido en su orgullo. «Alys me ama y estoy seguro de que me perdonará».

Mientras tanto, Abel se aseguró de que Alys estuviera bien. Prácticamente la guió hasta su auto y, aunque ella intentó resistirse al principio, logró que subiera. Abel podía ser sumamente autoritario, pero sabía que, si se limitaba a ofrecerse como chofer, ella se habría negado solo por llevarle la contraria.

ALYS

Tuve una fuerte discusión con Brandon y, de la nada, apareció Abel. Últimamente coincidimos tanto que empieza a parecer un chiste; qué casualidad que siempre llegue para salvarme. Tal parece que cuanto más intento alejarme de él, más se empeña el destino en cruzarnos en el camino.

​Sin mediar palabra, encendió el motor y rompió la marcha.

​—Te llevaré a casa —sentenció.

​El ambiente dentro del auto se volvió denso. Yo me mantuve muda, mirando por la ventana, mientras él se concentraba en conducir. La verdad, no me sentía cómoda a su lado después de la noche que habíamos pasado juntos. No sabía qué pensaba de mí; tal vez creía que era una cazafortunas o una chica fácil. Sin embargo, cada vez que aparecía para defenderme, una calidez inevitable me recorría el pecho. Me sentía segura. Y, para empeorar las cosas, me atraía muchísimo; el tipo estaba buenísimo, eso era innegable. Sonreí internamente.

​«Pero un hombre como él jamás se fijaría en alguien como yo», me reprendí mentalmente. «Alys, deja de pensar en tonterías y enfócate en tus asuntos».

ABEL

​Alys estuvo callada todo el camino. Parecía incómoda, como si hubiera levantado una barrera invisible entre los dos para protegerse. Decidí que era hora de romper el hielo.

​—Estás en tu último año de universidad, ¿cierto? —le pregunté, manteniendo la vista en el frente.

​Esa pregunta la tomó por sorpresa. Se giró hacia mí.

​—Sí, ¿cómo lo sabes?

​—Tu tutor de tesis, Adam Williams, es un buen amigo mío. Fue mi profesor en la universidad y el otro día me habló muy bien de ti.

​—Sí, el profesor Adam es excelente en lo que hace —comentó ella, relajando notablemente la postura—. Nos llevamos muy bien y he aprendido muchísimo a su lado.

​A partir de ahí, la charla se volvió más amena durante el trayecto restante hacia su apartamento. Verla más relajada, regalándome pequeñas sonrisas de vez en cuando, me produjo una satisfacción inmensa. Tiene una sonrisa preciosa, y esos labios me resultaban tan tentadores que tuve que aferrarme al volante para contener el impulso de besarla. No quería que mi pequeño ángel se asustara y saliera huyendo de mí otra vez.

​Cuando estacioné frente a su edificio, me miró con una calidez genuina.

​—Gracias por traerme... y por defenderme —dijo en un hilo de voz. Su mirada, tan limpia e inocente, me desarmó por completo.

​—Fue un placer ayudarte.

​«Lo haré siempre que lo necesites», quise añadir, pero las palabras se quedaron atascadas en mi garganta. No quería presionarla antes de tiempo.

Alys se despidió y bajó del auto rápidamente, como un conejito asustado escapando del lobo feroz. Una sonrisa sutil apareció en mis labios mientras la seguía con la mirada hasta que se perdió tras la puerta del edificio.

​Huye todo lo que quieras, mi pequeña princesa. Al final, no podrás escapar de esto que sentimos, porque aunque te resistas sé que no te soy indiferente.

​Recosté la cabeza contra el respaldo del asiento, encendí un cigarrillo. Le di una calada y, suspirando en la soledad del auto, contemplé su ventana.

​«No sé qué rayos me hiciste, pero no logro sacarte de mi mente, Alys Moore» me dije en voz baja.

Pisé el acelerador, haciéndo rugir el motor mientras me alejaba de aquel lugar. Las cartas ya estaban sobre la mesa. El juego había comenzado, y yo nunca pierdo, ella terminaría siendo mía.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • SOY LA FAVORITA DEL CEO FRIO   100. Atrapada.

    Alys miró al anciano detenidamente y suspiró con calma, no podía permitirse levantar sospechas. Si alguien descubría que estaba investigando, borrarían todas las huellas si es que aún quedaba alguna.—Está bien si no lo recuerda —dijo con una sonrisa—. Solo busco información para la reseña histórica de nuestro departamento —explicó con amabilidad.—Lamento no ser de mucha ayuda, señorita —el empleado se disculpó, rascándose la cabeza.Alys le extendió una tarjeta con su número telefónico.—Si recuerda algo, por pequeño que parezca, avíseme. Podría ser de mucha ayuda.—Entendido, la dejo para que haga su trabajo. Voy a hacer mi ronda —el hombre se despidió con cortesía y se marchó.Alys comenzó a rebuscar entre las carpetas viejas. Aunque el polvo la hizo estornudar repetidas veces, siguió indagando meticulosamente sin hallar ningún indicio. Estaba a punto de rendirse cuando notó el folio azul en el piso; se había deslizado a un lado del estante, apenas era visible. El nombre impreso e

  • SOY LA FAVORITA DEL CEO FRIO   99. Siguiendo nuevas pistas.

    En el departamento de ginecología, el entorno era completamente diferente. Abel había tomado el control total del lugar; sus escoltas estaban apostados en los pasillos, vigilantes.—Cariño, ¿no crees que estás exagerando? Las otras pacientes se van a asustar al ver tantos guardaespaldas.—Como digas, preciosa. Les ordenaré ahora mismo que sean discretos; tú no te preocupes por nada —le aseguró llevándola de la mano al consultorio.Acostada en la camilla, Alys era examinada exhaustivamente. Abel le había preguntado por quinta vez a la especialista sobre el estado de su esposa.—Doctora, ¿está absolutamente segura de que mi esposa no había entrado en proceso de parto?—Señor Lenox, entiendo que esté ansioso; pero es normal que su esposa tenga contracciones leves en los últimos meses de gestación —le explicaba la profesional con mucha paciencia al angustiado marido.Después de estar completamente convencido, Abel pudo respirar con tranquilidad.—Entiendo, ¿puedo llevármela a casa? —preg

  • SOY LA FAVORITA DEL CEO FRIO   98. Momentos bochornosos.

    —...¿Y qué puedo hacer para convencer a mi preciosa novia? —indagó Cooper en voz baja.—¡Mmm... No sé! —dijo ella encogiéndose de hombros, mientras jugueteaba con sus dedos, simulando ignorancia—. A mi mejor amiga le hicieron una propuesta espectacular.Cooper le levantó la barbilla y la confrontó con una mirada apasionada.—Puedo hacer eso y más por ti, gatita.—Entonces sorpréndeme, doctor, quizás acepte su propuesta —respondió ella con picardía, haciéndose de rogar. Así era ella; impulsiva, caprichosa, fuerte y valiente. Sumado a eso, también era fiel, comprometida y de buen corazón. Precisamente esas cualidades eran lo que a él le encantaba de ella, ese contraste de fortaleza rebelde y amor incondicional.—Entonces me esforzaré al máximo, mi princesa —le susurró al oído en tono juguetón, después la asió tiernamente por los hombros diciendo—: Nuestros padres llegaron, están esperando afuera, quieren verte.—¿Y mi hermano Lucas?—Está con ellos. También quiere entrar.—Deben estar

  • SOY LA FAVORITA DEL CEO FRIO   97. La lucha entre el anhelo y la incertidumbre.

    Alys se arrodilló junto a su amiga y trató de despertarla dándole palmaditas en la mejilla.—Maya, ¿qué te pasa? Por favor, reacciona —expresó con desesperación.Cooper al ver a su novia inconsciente, corrió hacia ella, la tomó en brazos con sumo cuidado y la llevó al auto. Lucas lo siguió de cerca.—Cuñado, ¿qué tiene mi hermana? Eres médico, haz algo —exigió Lucas frenético.—Tranquilízate ¿No ves que se alteró por tanta presión y por eso colapsó? Vamos al hospital, allá le haremos un chequeo y verificaremos que ella y el bebé estén bien.—Entonces, déjame conducir y vigila que no le pase nada durante el trayecto —manifestó Lucas tensando la mandíbula. Maya era la princesa de los Harris.En el asiento trasero del vehículo, Cooper la sostenía con cuidado tomándole el pulso, mientras Lucas conducía a toda marcha directo al sanatorio.La conmoción le provocó a Alys unas punzadas leves en el abdomen. Abel reaccionó con premura y la guió hacia el Rolls-Royce Phantom, seguido de cerca por

  • SOY LA FAVORITA DEL CEO FRIO   96. El colmo de la confusión.

    Evelyn, al notar la aflicción de Maya, se apresuró a animarla.—Amiga, sé que esto puede ser difícil para ti. Pero no es momento de derrumbarse. ¿Qué tal si bajamos y nos tomamos algo? ¿Sí? —le habló con suavidad.—Tienes razón, debería comer algo, me siento un poco mareada —respondió Maya, obligándose a mostrar fortaleza.Se dirigieron al restaurante ubicado en la planta baja del hospital y se sentaron en una mesa apartada. Maya dobló la ecografía y la guardó en su bolso antes de ordenar un sándwich y un vaso de jugo natural. Por su parte, Evelyn daba un sorbo a su café mientras ojeaba el folleto que les había entregado la doctora.—Maya, ¿a dónde piensas ir después de que salgamos de aquí? —preguntó Evelyn.—A mi apartamento, necesito estar un tiempo a solas —manifestó, dejando escapar un pesado suspiro.Estaban tan concentradas en la conversación que no notaron al hombre que se aproximaba a ellas.—Preciosa, ¿qué haces aquí? ¿Te sientes mal? ¿Te duele algo? —indagó Cooper con evide

  • SOY LA FAVORITA DEL CEO FRIO   95. Enredo total.

    Al verla tan nerviosa, Lucas creyó que Evelyn intentaba ocultar un embarazo. Y sin profundizar mucho en el asunto, su mente lo dio por sentado: «Ella es tan joven e inocente, seguro fue engañada por un canalla desgraciado y, ahora que esperan un hijo, no quiere hacerse responsable». Mientras los pensamientos del hombre volaban, ella confesó: —Sí, esa prueba es mía, soy yo quien está esperando un bebé, no metas a Maya en esto —se declaró culpable y con la voz quebrada ahogó los sollozos, mientras las lágrimas inundaban sus mejillas sonrojadas. Lucas la encerró en un tierno abrazo consolándola con suavidad. —No te preocupes, no estás sola en esto, todos nosotros te apoyaremos —el hombre la apartó un poco y le levantó el rostro por la barbilla, clavando su mirada en los hermosos ojos azules de la joven—. ¿Quieres contarme quién es el padre? —le preguntó con las facciones endurecidas, aunque su tono era suave. La chica se estremeció, sus músculos se tensaron de inmediato y su respirac

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status