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CAPÍTULO 106

Autor: Mage
last update Data de publicação: 2026-08-10 19:25:51

**PUNTO DE VISTA DE ISABELLA**

Matteo se detuvo antes de llegar a la boca del pasadizo.

—Sigan —dijo, sin darse vuelta, los ojos fijos en las luces que se acercaban por el lado este—. Yo los cubro.

—Matteo... —empecé, pero Damien ya me estaba tirando del brazo.

—No hay tiempo —dijo, y tenía razón, aunque odiara reconocerlo.

Miré hacia atrás una última vez. Matteo estaba de pie en medio del pasillo, el arma en alto, la sangre seca oscureciéndole media camisa, y por un segundo me pareció ver, deb
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  • SU PROPIA DEMANDA   CAPÍTULO 122

    **PUNTO DE VISTA DE ISABELLA**La fábrica textil olía exactamente como la recordaba: algodón crudo, tinta de máquina, ese calor seco que se metía en la ropa después de un par de horas ahí adentro. Nada en ese lugar sabía lo que había pasado en las últimas semanas. Para los operarios que cortaban los patrones, yo seguía siendo simplemente la diseñadora que había dejado la producción a medias por "un problema familiar".Se los dejé creer así. Era más fácil que la verdad.—Los cortes del vestido azul están listos —dijo Marisol, la encargada del taller, extendiendo la tela sobre la mesa para que la revisara—. Pero necesito que confirmes el largo de la manga. Lo dejamos donde quedó la última vez, antes de que...No terminó la frase. Todos en el taller sabían callarse justo antes de la parte que no sabían cómo nombrar.—Antes de que desapareciera un mes sin avisar —completé yo, con una sonrisa que no me costó tanto fingir como esperaba—. Está bien, Marisol. Podés decirlo así.Revisé el larg

  • SU PROPIA DEMANDA   CAPÍTULO 121

    **PUNTO DE VISTA DE DAMIEN**La primera llamada llegó dos días después de que se llevaran a Sophia. La segunda, un día más tarde. Para el final de la semana había perdido la cuenta de cuántos hombres, todos con nombres que reconocía de reuniones antiguas, me habían llamado preguntando, cada uno con distintas palabras pero el mismo fondo, quién iba a ocupar el lugar que Sophia había dejado vacío.Ninguno de ellos preguntaba por curiosidad. Preguntaban porque necesitaban saber a quién arrodillarse antes de que otro decidiera por ellos.—Tenés que decidirte pronto —dijo Villanueva, sentado frente a mí en la misma sala donde meses atrás yo mismo había sido uno de los nombres que Sophia manejaba como piezas—. Cada día que pasa sin una cabeza clara, alguien más chico intenta agarrar un pedazo. Ya hay tres grupos peleándose por las rutas del puerto que antes controlaba ella sola.Villanueva se había pasado al lado de Isabella y mío la misma noche que cayó Sophia, cuando entendió que la lealt

  • SU PROPIA DEMANDA   CAPÍTULO 120

    **PUNTO DE VISTA DE ISABELLA**El sol ya estaba alto cuando finalmente pudimos sentarnos sin que nadie apuntara un arma hacia ninguno de nosotros.Elegimos la cocina de la casa que Damien había conseguido con el favor de Ginebra, no porque fuera especial, sino porque era el único cuarto del edificio que no olía todavía a pólvora ni a antiséptico. Alguien había hecho café, uno de los hombres nuevos, y por primera vez en semanas el olor no me recordó a ninguna mentira que tuviera que sostener. Afuera, la ciudad seguía moviéndose como si nada hubiera pasado, ajena por completo a que la mitad de su poder invisible había cambiado de manos esa misma madrugada. Me senté con las manos alrededor de la taza, sintiendo el calor filtrarse despacio en los dedos que todavía no habían terminado de dejar de temblar del todo.—Ferro va a estar bien —dijo Damien, dejando el teléfono sobre la mesa—. El médico dice que la bala no tocó nada que no pueda arreglarse.Sentí que algo en el pecho se aflojaba,

  • SU PROPIA DEMANDA   CAPÍTULO 119

    **PUNTO DE VISTA DE ISABELLA**—Yo decido —dije, y los dos hombres se giraron a mirarme, casi al mismo tiempo, como si hubieran estado esperando sin saberlo a que alguien dijera exactamente eso.Sophia también me miró, con una expresión que no terminaba de ser miedo todavía, más bien la curiosidad fría de alguien que quiere saber cómo termina su propia historia antes de que se decida sin su permiso.—Adelante, entonces —dijo—. Dispará. Terminá con esto de una vez, como hizo Matteo con la mitad de mis hombres esta noche.—No.La palabra salió más firme de lo que esperaba, y vi algo cambiar en la cara de Sophia, un cálculo que no terminaba de cerrar.—¿No?—Si te mato acá, esta noche, en este cuarto, te convertís en un final rápido. Una bala, y se acabó, y en un año la gente va a hablar de vos como si hubieras sido casi legendaria, la mujer que casi se quedó con todo. No pienso darte esa historia.Saqué el teléfono que Damien me había conseguido esa misma tarde, el mismo que había usado

  • SU PROPIA DEMANDA   CAPÍTULO 118

    **PUNTO DE VISTA DE DAMIEN**—Tres contra una —dijo Sophia, sin bajar del todo la barbilla, aunque el arma en su mano ya no apuntaba a nada en particular—. Ni siquiera vos, Matteo, sos tan sentimental como para pensar que esto es justo.—Nunca dijiste que jugabas limpio —respondí yo, antes de que Matteo pudiera contestar—. No veo por qué tendríamos que hacerlo nosotros.La sala todavía olía al humo de la explosión que había arrancado la puerta, y detrás de Sophia, la ciudad entera se veía a través del ventanal, ajena por completo a lo que estaba pasando a seis pisos de altura.Algo se movió detrás de ella, en el pasillo por donde debía escapar si la situación se ponía tan mal como ya se estaba poniendo. Dos de sus hombres, los últimos que le quedaban en ese piso, aparecieron en el umbral con las armas listas, pero sin apuntar todavía a nadie en particular, esperando una orden que Sophia no terminaba de dar.—Bajen las armas —les dijo, sin girarse—. O disparen. Lo que sea, pero decídan

  • SU PROPIA DEMANDA   CAPÍTULO 117

    **PUNTO DE VISTA DE MATTEO**Llegué al edificio con la herida todavía vendada bajo la camisa y una certeza que no había sentido en semanas: por primera vez desde la noche del búnker, sabía exactamente de qué lado quería estar. El auto todavía olía al desinfectante barato del motel donde había pasado cuatro días bebiendo en lugar de sanar, pero por primera vez en ese mismo tiempo, caminar dolía menos que quedarme quieto.Damien me esperaba en el vestíbulo, con dos de sus hombres, la desconfianza todavía dibujada en la cara aunque hubiera sido él quien aceptara la tregua.—No confío en vos —dijo, sin rodeos, apenas entré.—No te pedí que confiaras. Te pedí una oportunidad de arreglar lo que ayudé a romper.No respondió de inmediato. Se quedó mirándome el tiempo suficiente para que yo entendiera que estaba decidiendo si valía la pena arriesgar la vida de Isabella en la posibilidad de que yo estuviera diciendo la verdad.—Isabella está sola con Sophia —dijo finalmente—. Sexto piso. Sophia

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