INICIAR SESIÓN[BRANDON]
Bajo del auto, cierro la puerta con un movimiento automático y activo la alarma antes de echar a andar hacia la entrada del Club Monaco. Conozco este lugar de memoria; el dueño es amigo mío y he pasado aquí suficientes noches como para moverme sin esfuerzo, sin levantar sospechas. Aun así, esta vez nada se siente habitual.
Hay pocas personas en la entrada. Un par de grupos dispersos, risas bajas, el humo del invierno escapándose de las bocas. Y entonces la veo.
Está un poco apartada, el cuerpo rígido, el móvil aún en la mano, como si no supiera si avanzar o huir. Hay algo en su postura que delata nervios, expectativa, una tensión contenida que me golpea directo en el pecho.
Esto es una locura. Una auténtica locura.
Pero no pude frenar el impulso. No después de leerla, de imaginarla, de sentir que esa voz que me narraba no podía seguir siendo solo letras. Necesitaba conocer a la mujer detrás de esas historias, a la mente que me desnudó sin tocarme.
Me acerco despacio, sin querer asustarla.
La videollamada no le hacía justicia.
La minifalda negra marca sus piernas, las botas altas le dan un aire peligroso, seguro. La blusa ajustada acompaña cada movimiento con naturalidad, sin exageración, y todo su atuendo oscuro resalta su cabello castaño, largo, suelto, cayendo sobre los hombros como si no le importara que la miren.
Me mira.
La miro.
Y por primera vez en mucho tiempo no sé qué papel interpretar.
—Es que no me lo creo… —dice, llevándose las manos a la boca.
Solo puedo sonreír mientras recorto la distancia que nos separa.
[…]
[ASLI]
—Hola —dice.
Así, sin dramatismo, como si no acabara de materializarse uno de los mayores desvaríos de mi imaginación.
Se acerca y me saluda con dos besos. El gesto es simple, educado… devastador.
Joder.
No era un mito lo bien que huele este hombre. Ni lo firme que se siente su cuerpo bajo la cazadora. Ni lo absurdamente bien que le queda todo lo que lleva puesto. De cerca es peor. Mucho peor. Más real. Más intimidante.
—Hola… es que me voy a morir… —consigo decir.
Y antes de pensarlo, lo abrazo con fuerza, como si necesitara comprobar que no se va a desvanecer. Su risa grave vibra contra mi pecho y eso solo empeora las cosas.
—Lo siento… debo parecer una loca.
Me separo rápido, dando un par de pasos atrás, intentando recomponerme, aunque mis ojos no cooperan y se detienen, uno por uno, en cada jodidamente perfecto detalle de este hombre que parece haber sido diseñado por alguien con un sentido del arte cruel.
—No te preocupes, Asli —dice con calma, sonriendo.
Me observa con atención, sin prisa, como si quisiera memorizarme.
—Así que tú eres la famosa Asli Fernández…
Trago saliva.
—Tengo muchas cosas que quiero preguntarte, pero supongo que alguien te espera dentro, ¿no?
—Eh… sí, mi amiga Micaela… aunque creo que no se enfadará si no entro.
Se ríe, relajado.
—¿Solo tu amiga? ¿Y tu novio?
La pregunta cae directa, sin rodeos, y siento cómo el calor se me sube al cuello.
—¿Mi novio? —repito—. No… no tengo.
Intento sonar firme, pero la inseguridad me traiciona. Él ladea la cabeza, evaluándome, con una sonrisa que no sé interpretar.
—Entonces… ¿todas esas escenas de sexo son pura ficción? ¿Nada inspirado en un novio real?
La tos me sorprende antes de poder detenerla. Me llevo una mano al pecho, luchando por respirar con dignidad.
—¿Estás bien? —pregunta, acercándose y dándome unas palmadas suaves en la espalda.
Asiento, recuperándome.
—Sí… pero, por favor… no puedes preguntarme algo así.
—¿Por qué no? —responde con naturalidad—. Tú me has descrito hasta en el más mínimo detalle en la intimidad. Lo justo es que sepa de dónde sacas la inspiración.
Me río, derrotada.
—Touché.
—Nos vamos entendiendo —dice—. Entonces… ¿te invito una copa y hablamos?
—¿Aquí?
—Aquí. Conozco al dueño. Hay un área privada donde nadie molesta.
Asiento, todavía incrédula.
—Te sigo.
Entra primero y yo voy detrás, observándolo saludar a varias personas, moverse con soltura, como si el lugar le perteneciera. Y me repito, una y otra vez, que esto no es una escena escrita a las tres de la mañana. No es ficción.
Esto es real.
Subimos al segundo piso y abre una puerta discreta.
—Pasa.
El espacio es amplio y elegante. Un gran cristal permite ver la pista desde arriba sin que nadie nos vea. Sofás blancos, mesas altas, una barra privada. Todo pensado para desaparecer sin irse del lugar.
—Zona reservada —explica—. Para quienes quieren algo de discreción.
—Interesante… —murmuro.
Me giro y lo encuentro a apenas un par de pasos. Demasiado cerca.
—¿Qué querías preguntarme? —digo, intentando recuperar el control.
Me mira con intensidad.
—Tenía curiosidad. No dejo de preguntarme por qué escribes sobre mí. ¿Eres una fan obsesionada? ¿Estás enamorada?
Se acerca más, apoyando las manos en el cristal a ambos lados de mi cuerpo. No me toca, pero me encierra. El efecto es inmediato.
—Siento si algo te molestó, pero soy una fan normal —respondo—. He ido a conciertos, compro discos. Hasta ahí.
—No lo parece —interrumpe.
—Das mucha información en redes. Es fácil armar un perfil —digo, intentando sonar ligera.
Sonríe.
—¿Y por qué yo?
—Escribo de ti como podría escribir de cualquiera. También tengo historias donde no apareces.
—La del italiano.
—Te las has leído todas.
—Quería entenderte. Sigue.
—Empezó como un pasatiempo… gustó… una idea llevó a la otra. Pero no estoy obsesionada contigo. Ni enamorada.
Su media sonrisa me inquieta.
—¿Y si yo te ofreciera lo mismo que el Brandon de tus novelas?
—¿Cómo qué?
Se inclina.
—Sexo casual. Aquí. En el baño. En el coche. Tú eliges.
El pulso se me dispara, pero sonrío.
Le rodeo el cuello con los brazos, juego con el final de su cabello y me acerco a sus labios sin besarlo.
—Si crees que soy como mis personajes, te equivocas, Ferran —le susurro.
Lo empujo con suavidad y me aparto.
—Lo que escribo es ficción. No significa que yo sea así… ni que tú lo seas.
Camino hacia la puerta, decidida a irme, pero su mano atrapa mi brazo.
—Lo siento.
Se acerca de nuevo, serio esta vez.
—Perdóname. Quería saber quién eras… y ahora sé que eres peligrosa de otra forma. Con palabras. ¿Empezamos de cero?
Lo miro, dudosa.
—¿Era una prueba?
—Intentaba descubrir quién era Asli Fernández… y terminé dándome cuenta de que eres una mujer con talento para meterme en mil aventuras sin moverte de un teclado.
—Y tú eres buen actor. De verdad creí que querías sexo aquí.
Ríe.
—Vodka, whisky, vino, champagne.
—Champagne… aunque hoy acepto lo que tú tomes.
Pulsa el intercomunicador.
—Lucas, dos gin-tonics.
Me mira.
—Mi favorito.
—Nos sentamos y hablamos con calma —propone.
—Claro…
Y por primera vez desde que salí de casa, el aire vuelve a mis pulmones.
Anque los dos sabemos que esto, lejos de calmarse, recién empieza.
EPILOGO[ASLI]No lo digo de inmediato.Podría hacerlo en cuanto cruzo la puerta, en el primer segundo en que lo veo, pero no lo hago. Hay algo en este momento que no quiero apresurar, algo que necesita quedarse conmigo unos minutos más, asentarse, hacerse completamente real antes de compartirlo.Han pasado meses desde la boda, y la vida no se detuvo como alguna vez temí. Al contrario, se acomodó. La casa dejó de sentirse nueva y empezó a sentirse nuestra en cada detalle, en cada espacio que ocupamos sin darnos cuenta. Las cosas encontraron su lugar con una naturalidad que no se puede forzar, como si todo lo que somos hubiera estado esperando este momento para encajar.No todo fue inmediato.La relación con su madre no cambió de un día para otro, pero tampoco se quedó donde estaba. Hubo silencios incómodos, visitas medidas, conversaciones en las que cada palabra parecía tener más peso del habitual. Sin embargo, esta vez nadie retrocedió. Brandon no volvió a moverse de su lugar, y eso
LO QUE EMPIEZA ESTA NOCHE[ASLI]Horas despuésLa puerta se cierra detrás de nosotros y el silencio cae como algo denso, íntimo, completamente nuestro. Afuera quedan las luces, la música, las manos que nos tocaron todo el día, las miradas que se detuvieron en nosotros como si pudieran quedarse con algo de lo que somos. Aquí dentro no hay nada de eso. Aquí dentro no hay nadie más.No doy más de dos pasos cuando siento su mano en mi espalda, firme, deteniéndome sin suavizarlo. Me giro despacio, sabiendo exactamente lo que voy a encontrar, y no me equivoco. Brandon ya no está conteniéndose. Lo veo en su mirada, en la forma en la que recorre mi cuerpo sin disimular, en la respiración que ya no está medida.—No sabes lo que fue esto para mí —dice en voz baja, acercándose lo suficiente para que el calor de su cuerpo me envuelva sin tocarme del todo—. Tenerte así todo el día… y no poder hacer nada.No aparto la mirada.—Podías —respondo—. Solo elegiste esperar.Su boca roza la mía apenas, un
LO QUE ELIGÍO[ASLI]La veo antes de que nadie más la note, no porque esté escondida, sino porque permanece quieta, en ese punto donde la luz deja de ser directa y todo se vuelve más difuso. No interrumpe, no se acerca, no intenta ocupar un lugar que no le corresponde. Simplemente está, observando, y eso, viniendo de ella, ya marca una diferencia.Me detengo un instante antes de avanzar. No hay prisa en mis pasos, pero tampoco duda. Siento la presencia de Asli detrás de mí sin necesidad de girarme; sé que también la ha visto, y el hecho de que no diga nada me confirma que entiende exactamente lo que este momento significa.Cuando me acerco, mi madre levanta la mirada y, por un segundo, reconozco en su postura la misma rigidez de siempre, ese control que la ha definido durante años. Sin embargo, no se sostiene. Algo en su expresión cede antes de que diga mi nombre.—Brandon…Su voz es más baja de lo habitual, menos firme, y eso cambia el equilibrio de la conversación antes de que empie
EL SÍ[ASLI]El día comienza sin ruido, como si incluso el mundo hubiera decidido moverse con más cuidado. Cuando abro los ojos, la luz ya está entrando por las cortinas, suave, envolviendo la habitación en un tono cálido que no interrumpe nada. Me quedo unos segundos quieta, respirando, sintiendo cómo todo se asienta en el cuerpo con una claridad que no esperaba.No estoy nerviosa.Y eso es lo que más me sorprende.Me levanto despacio y lo primero que veo es el vestido. Está colgado frente a mí, cubierto por una tela ligera que apenas esconde su forma. Me acerco y lo descubro con cuidado, dejando que la tela caiga y revele cada detalle. Es elegante sin ser excesivo, ligero, con una caída que acompaña cada movimiento, con una espalda que deja la piel al descubierto de una forma que no busca llamar la atención, sino quedarse en la memoria.Lo elegí sin pensar demasiado.Porque era este.Porque se sentía como yo.Las horas pasan entre manos que me ayudan, ajustes pequeños, miradas en el
ANTES DE TODO[ASLI]Los días previos a la boda no se sienten como una cuenta regresiva, sino como un espacio suspendido en el que el tiempo deja de empujar y empieza a acompañar. Todo lo importante ya está decidido y lo que queda por hacer se mueve con una calma que no esperaba encontrar en algo tan grande. La casa está en silencio cuando me levanto, y ese silencio no es vacío, sino una pausa necesaria después de todo lo que atravesamos para llegar aquí.Brandon todavía duerme cuando paso por la habitación. Me detengo en la puerta unos segundos, observándolo sin entrar, como si necesitara ver esto desde afuera para entenderlo del todo. Hay algo en la forma en la que descansa que no tiene nada que ver con el hombre que conocí al principio, con el que siempre estaba midiendo cada movimiento y anticipando cada decisión. Ahora no hay tensión en su rostro, no hay distancia, solo una tranquilidad que se siente ganada.Camino hacia la cocina y preparo café sin encender todas las luces. La m
LO QUE NO VOY A NEGOCIAR[BRANDON]Los días después de hacer público el compromiso no se sienten como una pausa, sino como una especie de equilibrio extraño que encontramos sin planearlo. El ruido no desaparece, pero deja de ser el centro. Sigue habiendo titulares, mensajes, opiniones que aparecen en los momentos menos esperados, pero ya no reaccionamos a cada cosa como si fuera urgente.Aprendemos a dejarlo de fondo.La boda empieza a tomar forma con una claridad que no tuvimos antes. Hay una fecha marcada, un lugar elegido y una lista que no crece más de lo que queremos permitir. Pasamos más tiempo decidiendo cosas que nos importan que respondiendo a lo que otros piensan, y eso cambia todo.Asli está tranquila.No porque nada esté pasando, sino porque ya no está mirando hacia afuera todo el tiempo. Y verla así hace que todo tenga más sentido, incluso lo que todavía no está resuelto.Porque hay algo que sigue ahí.Mi madre.No ha llamado.No ha preguntado.No ha reaccionado públicame







