LOGINCorinne.
Llegamos al lugar de encuentro. Es un viejo almacén de autos. Me alegra que no haya tenido que complacer a ningún hombre en el camino. Respiro profundo cuando Brody le hace una seña a Jackson. Parece que su socio no ha llegado. Jackson me pide que lo acompañe fuera, lo sigo. Nunca me da detalles de su negocio, pero hoy parece animado. —Es una buena carga. Y es un buen negocio —dice, señalando dentro de una de las camionetas, paquetes de droga. Viendo cómo todos sus hombres están aquí, vigilando y colocándose en lugares estratégicos, me cuestiono quién será este cliente. —¿Es primera vez que le haces una entrega? ¿Cómo sabes que es de confiar? Jackson asiente, y me aleja de la camioneta con un brazo en mi cintura. —Siempre hay una forma de mostrar confianza —responde. No sé a qué se refiere. Me recuesto de la camioneta en la que llegamos cuando él se aleja. Me abrazo a mí misma por el frío de la madrugada y luego mis nervios se activan de nuevo cuando escucho camionetas a la distancia. Brody se acerca a mí, portando una escopeta, casi abrazada, mientras que vemos a Jackson y los demás hombres avanzar. Las luces de las demás camionetas me ciegan por un momento, luego se apagan y las puertas comienzan a abrirse. Imponentes hombres de piel morena con tatuajes se acercan, vestidos de negro. Intento prestar atención a todo, pero hablan un poco bajo y estoy a distancia. Jackson le da la mano a uno de los hombres morenos, el cual es más alto que cualquiera aquí. Jackson señala hacia nuestro lado, donde está la camioneta con la mercancía, y los ojos verdes del hombre moreno me notan por un segundo, eso me eriza. Abrazo mi cuerpo con más fuerza. De repente, siento que algo malo pasará. Se me corta la respiración cuando los veo venir hacia acá. A solo unos metros, Jackson les dice que pueden probar la merca si quieren, pero que es de la mejor calidad. Y no me cabe duda porque nunca he escuchado que Jackson tenga problemas con sus clientes por esto. Sin embargo, el hombre moreno mira entre la mercancía y uno de sus hombres, como si estuviera diciéndole algo. —¿Qué pasa? ¿Desconfían de mi producto? —cuestiona Jackson, con un tono entre divertido y molesto. El hombre de ojos verdes no niega ni asiente, pero se me corta la respiración cuando lo escucho decir con voz gruesa: —¿Tu chica consume? Los ojos de todos paran en mí. Tiemblo, y de forma involuntaria niego con la cabeza. Nunca. Nunca Jackson me ha hecho consumir. —No. Pero puede hacerlo. Corinne, ven aquí, cariño. Mi corazón se detiene. Miro a Brody, buscando ayuda, pero él solo prensa la dentadura, sin darme ningún gesto. Camino porque no quiero que vuelva a llamarme. Pero mis piernas se sienten como gelatina. Casi puedo mantenerme en pie. No quiero probar eso. No. Una vez que llego hasta ellos, no consigo cómo respirar. Jackson me abraza la cintura, levantando un poco mi vestido, y sé que se ve una de las marcas que me dejó Brody ayer. —Si es buena tu mercancía, la chica estará bien, ¿no? Donde voy a distribuirla, son novatos, no quiero problemas —le explica el ojiverde. Jackson le hace un ademán como si lo entendiera. Luego se inclina a mi oído. —¿Recuerdas lo que te dije sobre que siempre hay una forma de mostrar confianza? Ahora, pondré un poco en mi mano e inhalarás. Estarás bien. Pero las lágrimas se acumulan en mis ojos, mi garganta se traba. Busco la mirada del hombre moreno, pero este ya me mira fijamente, apretando la mandíbula al igual que Brody, sin ningún gesto de compasión. Tengo que hacerlo para seguir sobreviviendo. Siento la mano de Jackson apretarme más cuando uno de sus hombres coloca el polvo en su mano, y Jackson la acerca a mí. Puedo escuchar los latidos de mi corazón en mi oído. No puedo respirar. Sacudo la cabeza, dejando que se me escape una lágrima. El agarre de Jackson se aprieta. —Vamos, Corinne, por nuestro aniversario… Mi mirada se clava en el polvo, con la visión borrosa. Tengo que. Agacho la cabeza, pero, en ese momento, se escucha el primer disparo. Mi instinto es agacharme pero soy jalada por el brazo por alguien, y más disparos continúan escuchándose. Mi cabeza da vueltas y no puedo escuchar nada cuando un arma dispara cerca de mi sien. Mis pies se arrastran perdiendo los tacones en el camino, y sigo siendo llevada a rastras por lo desconocido. Se escucha una explosión, caigo al suelo, mareada, con el corazón latiendo sin parar. Temblando, alzo la vista, y me encuentro con una escena sangrienta. Jackson, Brody, y todos los demás están sin vida, mientras que la camioneta donde he llegado y la de la mercancía, está en llamas. El sollozo se escapa de mi garganta por la cantidad de emociones abrumándome. No me siento mal por sus muertes, pero tengo miedo. ¿Y si ahora me llevan a un lugar peor? No obstante, el hombre de ojos verdes se agacha a mi frente, con una línea de expresión seria. —¿Puedes oírme? —cuestiona, pero solo puedo leer sus labios, así que sacudo la cabeza, pero igual gesticula: —Necesito que me lleves al lugar donde te tenían. ¿Puedes? Asiento. Hay algo en su mirada justo ahora que me hace pensar que no es tan mala persona. Él me ayuda a levantar, y me coloca una chaqueta negra olorosa a perfume, el cual destaca entre el olor de la pólvora, humo y la sangre. Soy subida a una camioneta en la parte trasera mientras el ojiverde sube con otro hombre en la parte delantera. La rapidez con la que abandonan la escena me deja desconcertada. No dejo de temblar, aferrándome a la chaqueta, cuestionarme qué demonios está pasando en realidad. ¿La mercancía estaba mala? ¿Jackson tiene algo que ellos buscan? ¿Por qué quieren ir a la mansión? Por suerte tengo buena memoria, y como he salido varias veces de la mansión, tengo una idea de dónde estábamos, así que cuando el hombre me da un papel y lápiz, logro escribirlo. Él le dice algo al otro hombre, el cual luce más que ansioso. Tardamos menos minutos en llegar a la mansión de lo que tardé con Jackson llegar al almacén. Nos detenemos en un área apartada. Y es cuando me doy cuenta que mi audición ha regresado. —Esta chica, ¿la conoces? ¿Está en esa mansión? El ojiverde me muestra la foto en el teléfono. Nancy. Mi corazón da un vuelco. Asiento con frenesí. El hombre que conduce, aprieta el volante. —¿Ella está bien? ¿En qué habitación? —cuestiona el hombre. Intento explicarle el lugar donde está, pero no respondo a la primera pregunta. Estaba muy mal después de cortarme el cabello. —Bien, Derek, vamos a entrar, pero necesito que te calmes primero —le dice el ojiverde. —Voy a matarlos a todos, Adolfo, no me pidas eso. Adolfo es el nombre del ojiverde. Él me mira de reojo, y exhala. Dice por su radio que alguien venga a cuidarme y unos segundos después un tipo calvo entra para que ellos salgan. Veo a más de una docena de hombres avanzar por la colina hacia la mansión, armados, estratégicos. Mis nervios se disparan cuando en menos de dos minutos escucho a la distancia los disparos, los gritos, y luego… silencio. Uno que me aterra más que cualquier otra cosa. Tragando hondo y apretando mis manos, miro al hombre que me cuida. —Puedo preguntar… ¿Qué es Nancy de ese hombre? El calvo me mira por el retrovisor, duda en responder. —Es su prometida. Jadeo, llevándome una mano a mi pecho acelerado, el cual luego se detiene al ver al tal Derek con Nancy en brazos, corriendo hacia la camioneta. Pero sollozo cuando la colocan a mi lado, pues ella está llena de sangre, y sus ojos no tienen vida.Adolfo.Desisto de avanzar, y en su lugar, bajo para ir hacia el campo de tiro. Danniel me abre la puerta de la mansión, como si hubiera sabido que saldría, pero ni siquiera lo miro. Al estar afuera observo el perfecto piso de cemento, pero eso no resulta un gran alivio justo ahora.En cuanto me acerco al campo, visualizo a Derek entrando al almacén. Aprieto la mandíbula, entro también, pasándole por un lado porque voy directo a las escopetas.Puedo sentir el peso de las cosas que no se han dicho.Tomo una escopeta, municiones, y un par de orejeras, luego salgo del almacén, me posiciono mientras dejo que la culata presione mi hombro herido; por un momento es molesto, pero en cuanto miro a los objetivos y disparo, parte de la presión comienza a bajar.En un momento, cuando cargo, presiento algo detrás de mí. Me muevo con cautela, casual, y noto a Derek con los brazos cruzados observándome.Aquí es donde hablamos.Pero ni siquiera sé qué decirle.¿Que debería dejar de ser tan impulsivo?
Corinne.No sé qué es lo que estoy haciendo mal.Hizo que todo el mundo me ayudara, pero ni siquiera me dedicó una mirada mientras me curaban. Y desde entonces, hasta ahora que puedo ver el cemento secar, ni siquiera lo he visto.Espero que se esté recuperando. Pero también espero que no esté molesto conmigo por alguna razón.Ya descubrí lo que siento cuando está molesto, y no es bonito.—¿Corinne? Hoy vamos al pueblo, ¿crees estar lista para caminar tranquila? —me cuestiona Misha.Miro mis pies envueltos en gasas y con sandalias. Ha pasado una semana. Ha cicatrizado. Solo es una molestia soportable. Sin embargo…—No lo sé… Creo que caminar demasiado no me hará bien —expreso—. Gracias por invitarme.Misha hace una sonrisa a boca cerrada. Una de las chicas, la morena de nombre Luisa, me codea mientras desayunamos en la gran mesa.—Pues te traeremos algo del pueblo.—Mereces una recompensa por haber ayudado al Don —menciona su amiga castaña, Rutt.Bajo la mirada hacia mi comida y niego c
Adolfo.Mátalos a todos.No dejes ningún cabo suelto.Ellos traerán problemas.Quería hacerlo. En serio. Pero Malcom, mi contacto con el FBI, no me dejó. Viajamos a Latinoamérica, montamos una cacería de casi 48 horas con su gente; pero justo cuando nos desharíamos del jefe del difunto Paul, el que pensábamos que era la cabeza del grupo, nos encontramos con algo mucho más grande.Resulta que están aliados con la mafia rusa. Y aunque no le temo a nadie ni nada, soy realista; su red, acceso y defensa son mucho más enormes y profundos que el río amazonas. Sabía que sería una sentencia no jugar bien las cartas.Así que pude hacer que el jefe del difunto Paul, Richard, me comunicara con el ruso. Alek Sidorov. Le dejé claro lo que estaba pasando, Paul y Richard habían querido estafarme con dinero falso, mi hombre impulsivo acabó con Paul y todo se salió de control. No quería persecuciones, el error venía de ellos, no podían culparme por tomar represalias al respecto.Alek Sidorov confesó que
Corinne.Misha nos calma a todas después de que ayudamos en lo que podemos. Nos dice que estamos a salvo, y que los hombres estarán bien.Pero no puedo dejar repetir en mi cabeza la imagen de Adolfo herido, y peor aún, en su mirada indescifrable.Theressa se acuesta en su cama, y en cuestión de segundos, la escucho sollozar. Mi pecho se hunde. Trago hondo, y, tampoco queriendo estar sola, le murmuro que venga a mi cama. Ella avanza y nos colocamos frente a la otra. Pronto toma mi mano.Se siente incómodo, pero también bien.—¿De verdad crees que estaremos bien? —cuestiona en un hilo de voz.—Sí —respondo.Porque Adolfo lo prometió. Y quiero creerle.Despierto con el corazón desbocado, y las imágenes de la sangre fresca en mi cabeza. Theressa se remueve a mi lado, y suelto un exhalo.Rapido me doy cuenta que son horas del día gracias al reloj. La verdad, no dormí nada. Pero no puedo seguir en cama. Me encargo de asearme de pies a cabeza, y bajo hacia la cocina.Algunas chicas están comi
Adolfo.Mis hombres y yo nos acercamos al lugar de entrega. El dron está volando por los aires, casi imperceptible. Le muestra a Danniel todo el terreno. No hay rastro de nuestros aliados. Entramos al estacionamiento abandonado. Estacionamos las camionetas.Derek es el primero en salir. Mira a todos lados, y cuando nuestros hombres despejan, salgo.En días normales, mi mejor amigo me diría algo como “espero que este idiota traiga algo bueno”, pero Derek se mantiene callado a mi lado mientras caminamos a un sitio estratégico.Escucho por el radio a mis hombres afuera decir que nuestro cliente se acerca y respiro. Los vemos llegar. El hombre con quien hicimos el negocio, Paul, que no es el jefe principal, sale.—Don Adolfo —saluda Paul—. Por fin cara a cara.Estuvo insistiendo en conseguir un lote de nuestras armas, unas que conseguimos gracias a al ex agente del FBI, pero yo tenía que saber el por qué las querían, para qué las utilizarían, pues si cruzan una línea, podría meterme en pr
Adolfo.Siento la mirada en mí, y al girarme un poco, la encuentro.Esa chica.Corinne.Con su cabello negro con hondas amarrado a una cebolla descuidada que deja mechones de pelo tocando sus hombros, clavícula marcada, piel pálida.Dándome las miradas que todas las chicas me dan.Vuelvo la vista al closet.De repente estoy indeciso por cuál camisa ponerme.La escucho andar por la oficina. El sonido del trapeador absorbiendo el jugo que derramé sin querer tras discutir con Derek. Resulta que me enteré que no solo mató al padre de Nancy, sino que su esposa embarazada salió herida tras querer interferir en su muerte.Le he ordenado a uno de mis hombres mantener a la familia vigilada para ofrecer ayuda cuando lo necesiten. Y no lo hago por el bastardo hombre, lo hago por la memoria de Nancy y las mujeres de la familia.Termino eligiendo una camisa de lino, negra. La abotono mientras me doy vuelta hacia la silla también afectada por el jugo.La chica está inclinada hacia abajo, limpiándol







