LOGIN**Capítulo 8 – Mantas y toallas**
Max me levantó del charco de barro y empezó a correr hacia la clínica. Enlazó mentalmente con la doctora Baker para que nos esperara allí. La doctora Baker estaba esperando en la puerta y le indicó a Max que me llevara a la habitación tres. Nadie estaba en la clínica a esa hora tan temprana, así que ella trabajó sola para atenderme.
—¿Hay algo que pueda hacer para ayudar? —preguntó Max a la doctora Baker.
—Necesito quitarle esta ropa. Por favor, trae un montón de mantas calientes del calentador que está junto a la estación de enfermeras.
Me dejaron desnuda y cubierta con una sábana cuando Max regresó con las mantas. Me las apilaron encima y dejé de temblar al cabo de una hora. La curación de mi loba empezó a hacer efecto y la doctora Baker me trajo un poco de caldo de pollo caliente para que lo bebiera a sorbos.
Max entró en la habitación con algo de ropa en las manos.
—Pensé que podrías necesitar ropa seca cuando te den el alta, así que fui a tu habitación y recogí algunas cosas.
Me quitó las mantas y las sustituyó por otras nuevas del calentador. Luego acercó una silla y se sentó junto a mi cama.
Me sentí un poco avergonzada al saber que había visto mi pequeño montón de ropa en el barreño de plástico. Como si me hubiera leído la mente, preguntó…
—Lucy, ¿eso es todo lo que tienes, en el barreño de plástico?
Ni siquiera pude responderle; solo asentí.
—¿Cómo puede ser mi tía tan cruel? —Se levantó y la rabia irradiaba de él—. Ni siquiera pude encontrar un par de zapatos de repuesto y los tuyos están llenos de barro.
Max se puso a pasear por la habitación.
—Le pedí a mi hermana pequeña, Megan, que trajera un par de zapatos y una chaqueta abrigada. Tiene más o menos tu talla.
Su hermana Megan era un año más joven que yo, tímida y callada. A diferencia de Miranda, Megan era muy lista y daba clases particulares a niños en la escuela. Cuesta creer que Miranda esté realmente emparentada con Max y Megan.
—Es muy amable de su parte, gracias —mis mejillas se sonrojaron.
—¿Estás lista para otra taza de caldo o te apetece algo de comer, Lucy? —entró la doctora Baker en la habitación.
Mi mano se fue al pecho y sentí un ardor. Fue como si alguien me clavara un cuchillo en el pecho y grité de dolor. El dolor punzante se intensificó y también lo sentí en el estómago. Chillé de agonía. Era como un tornillo de banco apretándome el corazón. Empezó a extenderse y fue una agonía completa.
Las lágrimas me corrían por la cara y vi a la doctora Baker moverse con rapidez para coger una jeringuilla.
—¿Qué demonios está pasando? —lloré.
—Compañero —dijo Lia—. El compañero está con otra. Soltó un aullido largo y doloroso en mi cabeza.
La doctora Baker me inyectó un sedante para aliviar el dolor.
—Lucy, ¿encontraste a tu compañero?
—Él no me quiso —jadeé.
—¿Pronunció las palabras de rechazo para romper el vínculo? —preguntó.
—Sí.
—¿Has aceptado ya el rechazo?
—No, todavía no —respondí mientras las lágrimas seguían corriendo por mi cara. Iba a esperar unas semanas a ver si cambiaba de opinión, por el bien de Lia; esperaba que lo hiciera.
Seguí allí tumbada durante la hora siguiente, esforzándome por ignorar el dolor. Max se quedó en silencio junto a mi cama, mirándome, y cambió las mantas otra vez por otras calientes cuando se enfriaban. Cuando terminó, me sentí agotada.
Había temblado toda la noche bajo la lluvia sin dormir. Había luchado contra la hipotermia y había sufrido los dolores del compañero infiel. Lo que necesitaba ahora era dormir, así que cerré los ojos, pero pronto me interrumpieron.
—Lucy… ¡Lucy! —oí la voz de Ranger a través del enlace mental.
—¿Sí, Alfa?
—Necesito que limpien mi habitación y cambien las sábanas en menos de una hora —ordenó.
—Sí, Alfa.
Miré a Max y suspiré.
—Se acabó el descanso. El Alfa acaba de enlazarme mentalmente. Necesita que limpien su habitación y cambien las sábanas en menos de una hora.
Max gruñó.
—¡Tienes que estar de broma! No estás en condiciones de hacer nada. Necesitas descansar.
—Si no voy, me castigarán otra vez. Esta es la vida de una esclava de la manada rechazada e indeseada —suspiré.
Me vestí y me puse los zapatos que Megan le había dado a Max. Eran el par de zapatos más bonito que había llevado en años; parecían prácticamente nuevos. La doctora Baker me entregó un sándwich de pavo al salir e insistió en que comiera.
Max y yo caminamos de vuelta a la casa de la manada. La lluvia había cesado por el momento, así que anduvimos despacio para que yo pudiera terminar el sándwich. Cuando llegamos a la puerta, me quité la hermosa chaqueta que Megan también le había dado a Max e intenté devolvérsela.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó.
—Devolver la chaqueta y los zapatos. Por favor, dale las gracias a Megan por prestármelos.
—Lucy, ella te los dio. Por favor, quédatelos.
No supe qué decir. Era lo más amable que nadie había hecho por mí en muchísimo tiempo. Le eché los brazos y lo abracé.
Veinte minutos después estaba de pie frente a la habitación de Ranger con sábanas limpias y todos mis productos de limpieza. El corazón me latía a mil por hora. Llamé primero y esperé. No hubo respuesta, así que entré. La habitación estaba vacía, ¡gracias a la Diosa!
Me moví rápido: quité la ropa de cama y puse las sábanas nuevas. Recogí la habitación, quité el polvo, pasé la aspiradora y vacié la basura. Fui al baño y lo limpié. El aroma de su gel de ducha todavía flotaba en el aire y olía bien.
Cogí su cesta de la ropa sucia y salí al pasillo. Eché la ropa sucia por el conducto de la lavandería que la bajaba hasta mí en el sótano. Volví a la habitación, devolví la cesta al baño y rellené el estante con toallas limpias. Estaba lista para irme cuando noté que una almohada estaba torcida. Fui a la cama y me incliné para enderezarla.
El aroma de Ranger llenó la habitación y pude sentir sus ojos en mi trasero mientras estaba inclinada sobre la cama. Me incorporé y sentí sus brazos enroscarse alrededor de mi cintura; hundió la cabeza en mi cuello e inhaló. Me recordé a mí misma que debía mantenerme fuerte y luchar contra el vínculo de compañeros.
—He terminado, Alfa. ¿Necesita algo más? —Mantuve la voz pareja y fría.
—Tengo todo lo que necesito, Lucy, pero mi lobo te quiere.
—¿Qué pasa? ¿No tuvo suficiente su lobo de la puta con la que se estaba follando esta mañana? —se burló Lia en mi cabeza.
—Lia, eso no es amable —susurró él al oído y me mordió el lóbulo.
¡Oh, no, el enlace mental! Puede oír mis pensamientos y escuchó lo que dijo Lia.
—Lo siento, Alfa, solo está enfadada; han pasado muchas cosas —respondí al girarme para mirarlo. Sus ojos azules me miraban con una intensidad tal.
—¡Ponte de rodillas y demuéstrame lo arrepentida que estás! —ordenó.
¿Quiere que le ruegue? pensé para mis adentros. Espero que no me pida que le bese el zapato. Me arrodillé y junté las manos, lista para disculparme otra vez, cuando oí cómo abría la cremallera.
Metió la mano en los pantalones y sacó su polla. La acarició un par de veces y me miró desde arriba con lujuria en los ojos. ¡Quiere que le dé placer! Entré en pánico e intenté apartarme gateando.
—¡Muérdelo! —dijo Lia, indignada.
—Lucy, eres mía y harás lo que te diga —exigió, acercando su polla a mi boca.
—¡No soy tu compañera! —le respondí y corrí al baño. Intenté cerrar la puerta y echar el cerrojo, pero Ranger agarró la puerta y me empujó hacia atrás. Era rápido y fuerte.
Me agarró las dos muñecas y las sujetó contra la pared, por encima de mi cabeza. Sus labios se estrellaron contra los míos, bruscos y exigentes. Mantuve los labios bien cerrados, aunque el estúpido vínculo de compañeros me empujaba a besarlo.
—¡BÉSAME DE VUELTA! —gruñó y pude sentir cómo su lobo tomaba el control.
Giré la cabeza hacia un lado y él volvió a gruñir. Empezó a lamer y chupar mi cuello; los cosquilleos me recorrían todo el cuerpo. Su aroma era delicioso; sentí la humedad entre las piernas. Apreté las piernas con todas mis fuerzas.
Tomó otra respiración profunda y un gruñido bajo retumbó en su pecho.
—Huelo tu excitación, Lucy —su voz ronca me provocó junto al oído—. Sé que me quieres.
—Suéltame, tengo trabajo que hacer —forcejeé.
—¿Qué prisa hay? Todas las demás lobas darían lo que fuera por poder pasar un rato de calidad con su Alfa —dijo, y mi loba sintió un dolor de celos ante la idea de su compañero con otras lobas.
—¡¿QUÉ DEMONIOS ESTÁ PASANDO AQUÍ?! —gritó Miranda desde la puerta con los puños cerrados y la cara desencajada de rabia.
—Cariño, ella entró mientras me estaba meando y yo iba a castigarla —dijo Ranger mientras se subía la cremallera de los pantalones.
—¡Quizá debería ser castigada en una mazmorra! —me miró fijamente, todavía furiosa. ¿Seguro que no se creyó sus mentiras?
—La próxima vez que entregues toallas limpias, Lucy, más te vale llamar a la puta puerta primero, o acabarás en el agujero. ¡AHORA VUELVE AL SÓTANO! —rugió.
EPÍLOGO2 SEMANAS DESPUÉS—Diosa —jadeó él debajo de mí, con los ojos entrecerrados, al borde del orgasmo—. Eres una Diosa, Maeve.—Rexy —un gemido entrecortado escapó de mis labios mientras me movía más rápido, persiguiendo mi cuarto orgasmo del día.La deliciosa presión de su nudo comenzó a formarse y mis labios se curvaron en una sonrisa.—Joder, te sientes tan bien, gatita —gimió con la voz ronca y áspera.Sus manos buscaron mis pechos, ahuecándolos y acariciándolos antes de retorcer suavemente mis pezones. El ardor persistente seguía allí y algo mucho más placentero comenzó a acumularse. Mi clítoris ansiaba el mismo trato y él lo sabía.—Por favor —supliqué, necesitando sentir todo lo que tenía para darme.Rex se impulsó hacia arriba, hundiéndose más profundamente en mí, y dejé escapar un grito ininteligible. Él soltó una risita suave y comenzó a mover las caderas con más fuerza. Sabía que a veces lo hacía solo para ver mis pechos rebotar, y me encantaba.Cuando decían que se nec
Capítulo 38 – DESPERTARMAEVESus labios se posaron sobre la coronilla de mi cabeza y sentí el calor de mi pareja intentando consolarme.La herida en mi corazón amenazaba con asfixiarme mientras intentaba desesperadamente llenar mis pulmones de aire.Ella era de la realeza… Sabía que en vida habría tenido alas doradas, pero el dorado suave del tronco del árbol era impresionante. Se hacía aún más evidente contra el negro oscuro y liso del árbol de mi padre.Nadie habló, aunque podía sentir la intensidad de las emociones que emanaban de Remington en oleadas.Era una fuerza tan poderosa que, si fuera liberada en la Tierra, causaría una devastación inimaginable.Me giré y vi la angustia grabada en su rostro. Por primera vez desde que lo conocía, Remington parecía haberse quedado sin palabras.—¿Tío? —susurré, sintiéndome unida a él en aquel dolor.—Fue culpa mía —murmuró.—Tú no los mataste.—Es como si lo hubiera hecho.Sus palabras se retorcieron con amargura.—Pensé que era un tonto en
Capítulo 37 – AVALONMAEVE—Nessie.La abracé contra mí, agradecida de que Kit recordara llevarla junto con los nuevos vestidos de maternidad.Cuando terminé de vestirme, peinarme el cabello todavía húmedo y cepillarme los dientes, regresé a una sala vacía.A través de la ventana, pude ver a Remington y Rex de pie con Kit, quien hablaba con fervor sobre algo.Metí los pies en mis zapatos y salí tambaleándome.—¿Qué está pasando?—Me colé en la habitación de hotel de Rex para dejarle una nota explicándole que se iba de vacaciones, algo que necesitaba desesperadamente, para reflexionar —explicó Kit—. Storm irrumpió en la habitación y se abalanzó sobre mí cuando intenté saltar entre sombras para escapar.—¿Storm te vio?—¿Verme? —Kit negó con la cabeza—. Viajó conmigo hasta aquí.—¿Qué?—Parece que la Diosa de la Luna está llena de sorpresas últimamente —soltó una risita Remington—. Le ha concedido a tu pareja y a su gemela la capacidad de saltar entre sombras.—¿Dónde está?Me giré para
Capítulo 36 – ANILLOREXA medida que la habitación comenzaba a iluminarse con el amanecer, sostuve a mi pareja dormida entre mis brazos. Tenía una pierna apoyada sobre mí como si fuera una almohada corporal y un brazo descansaba sobre mi pecho. Su piel se sentía cálida y suave, y su cabello era un hermoso y salvaje desastre.Escuchando el suave ritmo de sus ronquidos, la observé mientras dormía. Estudié la dulce dispersión de pecas sobre su nariz y sus mejillas. Sus pestañas eran gruesas y largas, su nariz perfecta y su boca parecía suplicar por un beso.Un momento después, se movió y frotó la nariz contra mi pecho. Me di cuenta de que mis dedos habían comenzado a acariciarle el cabello, probablemente despertándola de un sueño que sabía que seguramente necesitaba para que nuestro cachorro creciera.El lado egoísta que había dentro de mí recibió una oleada de incomodidad cuando sus ojos soñolientos se abrieron. Al principio estaban pesados, casi aturdidos. La observé cuidadosamente mi
Capítulo 35 – MARCADAMAEVEQuizá fue su aparición inesperada o el tierno afecto que mostró por nuestro cachorro, pero comencé a llorar. Me mordí el labio y ahogué el sollozo que amenazaba con escapar.—¿De verdad estás aquí?Sentí que las lágrimas nublaban mi visión y todavía no podía creerlo.—Nunca voy a dejarte.Sus palabras fueron suaves y tranquilizadoras.Él nunca iba a dejarme.Otro sollozo entrecortado escapó de mis labios. Fue ahogado y amargo.¿Cambiaría de opinión por la mañana? ¿Me diría que nunca había ocurrido?Mis hombros se hundieron y aparté el rostro de él.—Necesito que te vayas.Las traicioneras lágrimas comenzaron a caer libremente y ni siquiera podía mirarlo.—Maeve —dijo con suavidad—. Mírame.Respiré con frustración, intentando calmar mi corazón acelerado.—Vete.—Cariño.Extendió la mano hacia mi barbilla y giró mi rostro hacia él.Lo fulminé con la mirada mientras mis labios temblaban, incapaz de procesar la oleada de emociones y miedo que me llenaba.—Por f
Capítulo 34 – MÍAREX—¿Todos están bien? —pregunté cuando el polvo se disipó.—Sí, volvamos al Louvre —Storm se sacudió el polvo de encima.—Mis huevos siguen aquí, así que estamos bien —respondió Flaym.Vi la pirámide de cristal dorado iluminada en el patio antes de ver a la abuela Dori saludándonos con la mano.—Storm… Rex… —la abuela sonrió emocionada—. Se perdieron toda la acción.Todos estaban allí, de pie en el patio, sin ninguna señal de lo que pudiera haber ocurrido en el interior.Levanté la mirada hacia el edificio histórico y todo parecía perfectamente normal.—¡Caspian! —Storm saludó a nuestro primo con un abrazo.—Debería enviar un equipo de limpieza para retirar los cuerpos —dijo el Alfa Orléans.—No será necesario —le informó Lukas—. La Diosa se encargó de ello.—¿Diosa? ¿Qué Diosa? —Flaym parecía tan confundido como yo me sentía.—Ahí viene papá —anunció Storm.Todos se giraron para ver a mi padre, Xena y Mateo acompañados por un pequeño ejército de guerreros.—¿Dónde







