LOGIN—¡Mátalo!—la frialdad calo hondo en los hueso de Azahara
—Se trata de Bastián Vascotti —trato de persuadirlo —. No está en nuestro código hacernos daño entre manadas a menos que se trate de algún enemigo
—Es un traidor… su mano derecha, ¿acaso eso no lo hace nuestro enemigo? —con dolor se tragó sus defensas
—No sabe cuáles son nuestros propósitos…
—¿Ha visto tu rostro? —Azahara no tuvo el valor de mentirle, su silencio fue la respuesta que su padre no quería escuchar, suspiro con pesar —no quiero cabos sueltos colibrí, hazlo rápido. —dulcifico su tono.
Bastián era la mano derecha de Magrini, considerando que era un Alfa traidor a los de su gremio ¿por qué darle vueltas al asunto? No merecía compasión ni benevolencia.
—¿Pasa algo? Dime si no eres capaz puedo enviar a tu hermano.
—Absolutamente nada padre. —estaba decidida, la insensibilidad volvió a correr por su venas, después de todo su error se convertiría en un acierto. —Yo me encargo.
Magrini recibiría un mensaje. entregarle el cuerpo de su mejor hombre sin vida era el principio de una enfrenta.
Mientras subía la escalera pensaba cual sería la forma más sencilla de acabar con su vida sin ocasionarle dolor, una muerte rápida y silenciosa, al menos se lo debía.
—¿Por qué me siento así? —Se tomo el pecho. respiro profundo en su intento por ahogar esa debilidad, jamás habia tomado la vida de alguien inocente. Pero… Bastián no era un inocente.
Se dijo a sí misma.
Giro la perilla y entro en la amurallada habitación de piedras toscas, un escalofríos recorrió su espalda, y la sangre bajo hasta la punta de los pies, una bola espinosa comenzó a dar vueltas dentro de sus entrañas.
La silla estaba vació, las cuerdas que amordazaban el robusto cuerpo de Bastián yacían despedazadas como espagueti en piso marmoleado.
Encendió sus instintos, él se encontraba en algún de rincón de ese pequeño espacio oscuro… escucho un suspiro detrás, se inclinó hasta que su rodilla toco el piso sin dejar de mirar a su alredero saco una filosa daga de su botín de cuero negro, apretó el puño sobre el mango, y se preparó para ser atacada, no habia suficiente luz así que se mantuvo bajo el reflejo de la luminaria parpadeante.
Escucho un crujido cerca, percibiendo el peligro a su espalda, el juego había invertido los papeles, Azahara se convirtió en la presa de su cautivo.
Ahora caían sobre sus hombros las consecuencias de sus errores.
Soporto su respiración tratando de escuchar su alrededor, un movimiento, un crujido, pero sus instintos se dilapidaban bajo la fina mirada de su enemigo.
Cada poro de su piel se erizaba al percibir la suave respiración de Bastián pulsando en sus oídos, el aroma a loción masculina mezclada con la madera y humedad en suaves oleadas flotaba sugestivo en el aire.
Su respiración se hizo entre cortada, y su corazón era un bomba de tiempo a punto de estallar.
Echo un vistazo por el rabillo del ojo, giro la cabeza veinticinco grados percibiéndolo justo detrás volvió todo su cuerpo arrojando un mortal empellón directo a su corazón, Bastián tomo su muñeca con una facilidad predecible, con un torción la desarmo, el delgado cuerpo de la mariposa giro estremecido contra su pecho.
—Te dije que te arrepentirías, —sujeta por la espalda, los papeles habían cambiado, ahora la vida de Azahara dependía de la bondad de Bastián. —te gusta jugar cosas de adultos…
Azahara le dio un pisotón y un codazo en la costilla, lo tomo del brazo y lo llevo adelante azotándolo contra el piso, lo giro boca abajo y le torció el brazo contra la espalda.
—No soy una niña. —por un momento estaba encima de esa montaña de carne y músculos, con diversión Bastián encorvo una sonrisa mordiendo el polvo de aquella vieja mansión, con un suave impulso se dio la vuelta llevando el peso de la damisela con él, rodándola contra el piso, Azahara utilizo la fuerza y el impulso de su rival impidiéndole ser sometida por el yugo de ese titán.
El roce de sus cuerpos encendió candela entre ambos.
Giraron un par de veces en el suelo de suerte que Azahara siempre consiguió quedar sobre Bastián. —¿Te gustas estar arriba, cariño? — un último giro Bastián consiguió dominarla sostenido sus manso contra el piso por arriba de la cabeza. Azahara no pudo quitárselo de encima era mucho más fuerte que ella sus piernas abiertas soportando el grosos de su muslo entre ellas —Lo lamento mariposa… yo soy el hombre en esa relación.
El respiro profundo, sus pupilas se dilataron ante semejante belleza, se tornaron de color café a rojo, se lamio los labios, y trago saliva saboreando su dulce venganza.
—Por favor, señor Vascotti —la voz tierna y temerosa de su secuestradora pudo casi conmoverlo, si no supiera que debajo de esa obscura ternura y ese aparente temor se escondía una desequilibrada sin corazón.
Sintió su calor impregnarse en su cuerpo, percibió su aroma como una brisa fresca de lluvia.
El aroma penetro hasta lo más profundo de sus pulmones, exquisito, dulce y apetitoso como un manjar disponible para devorar, deslizo su manos por la silueta de su cintura, agacho su rostro sobre el hombro de Azahara, ella recibió una tibia caricia de su suspiro contra su cuello, gimió permitiéndose gozar de la corriente electrizante que recorrió por cada centímetro de su pie hasta estallar una punzada cosquilladas de placer entre sus piernas, pudo oler su deseo lascivo.
—No te atrevas… —logro darle un golpe entre la pierna el dolor de Bastián fue su última arma para liberarse, ella camino en cuatro patas para huir de su yugo, pero él la tomo del tobillo y la trajo de nuevo hacía él. Azahara le dio un puñetazo y se puso de pie corrió a la mesa para escoger un arma certera.
Cuando dio la vuelta él estaba detrás, la tomo del cuello con una mano, como un anillo de dura carne y huesos, ese deseo por ella lo consumía hasta cegarlo. Aflojo su mano, rodeándola de la cintura, ajustándola duro contra su pecho, su mano sobre su cuello se deslizo gradualmente hacia su barbilla ella colocó sus manos sobre sus brazos empujándolo hacia atrás y mirándolo con un verdadero odio.
—Suéltame… —le advirtió.
Sometido a su deseo, se inclinó sobre ella, gruño impotente de su propio autocontrol aplasto sus labios contra los labios entreabiertos de la mariposa.
Azahara agradeció el imponente dominio sobre ella y la fuerza que la arrastraba hacia el precipito más dulce y abrasador. Apretó sus manos sobre su chaqueta abrumada por el deseo que emergía de su pecho y de partes más íntimas de su cuerpo.
—Bastián —gimió suplicando por la inminente exigencia de enlazarse a él, de una manera profunda y más allá del tiempo y la distancia.
Todo su cuerpo la reclamaba, su lobo la marcaria para que nadie pudiera tocarla, lo que le provocaba esa muñequita de cabellos plateados era insoportable, penetrante, oscuro y al mismo tiempo sumiéndolo en un profundo dominio de voluntad sumisa. El suave roce no fue suficiente, tomo posición de su boca con ahogada pasión y gentileza.
—Eres mía ahora Mariposa negra —Azahara froto su mano por detrás de su nuca enredando los dedos en su oscuro cabello. —¡Mia!
Azahara no estaba arreglada para liarse esta noche, aunque cada centímetro de su piel palpitaba en una liberadora entrega, aunque sus sentidos aturdidos gozaban y su respiración sofocada endulzaba los oídos de Bastián, ella no estaba preparada para convertirse en la posesión de alguien, menos de un Alfa traidor como él.
Abrió sus ojos cuanto su cuerpo estaba completamente unido al del Alfa Bastián. Y sus ojos azules cubiertos por un oscuro velo de maliciosa y diversión se regocijaban del súbito color de sus mejillas. Apretándola contra él declarando una victoria Bastián grabo un pensamiento solido en su cabeza,
“Una majestuosa mariposa negra de alas dobles atraída por el dulce aroma de una rosa, atrapada bajo un cristal. Cubierta del frio y las tormentas no existiría hombre o lobo que pudiera dañar la angelical oscuridad de sus alas”.
Era una sentencia; esclava, amante y Luna. Y nada rompería esas cadenas.
Azahara coloco sus manos sobre su rostro, sin permitirse un segundo de alivio, se acercó a sus labios
—Te condeno maldito Alfa… —levanto la cabeza al techo con una chispa abrumadora que estremeció su cuerpo, bajo la cabeza recargándose sobre su rostro —tu tomas mi alma… yo tomo tu corazón.
Rabiosa allano sus labios urgidos de devorar los carnosos labios briosos, cuanto odiaba disfrutar de la entrega, odiaba reventar de felicidad, odiaba el acceso tan frágil que penetro para hacerla suya.
Lo odiaba tanto como la traición de sí misma al no conseguir odiarlo en realidad.
Bastián suspiro por última vez, Gerard contuvo las lágrimas, pero sus ojos eran un par de frías y duras piedras color zafiro. El pequeño Colín lloro culpándose a sí mismo, si hubiera atacado a ese lobo que lo hirió, el Alfa tal vez estaría vivo.La presencia de Azahara trajo un aroma suave a flores, un escalofrió tibio corrió por la nuca de ambos lobos. Dirigieron la vista hacia la puerta, observándola agitada. La mochila estaba en el piso y ella tenía en su mano derecha una jeringa.—Luna Azahara, el alfa… —antes de que Colín pudiera terminar de hablar, de golpe enterró la aguja en su espalda.*Victorio entro en el territorio de los Kingwhite, no era considerado un enemigo al ser el hermano de la Luna Azahara, fue directo a la cabaña donde se encontraba la mala semilla de Magrini, la observo mirando por la ventana mientras la mujer que cuidaba de ella dormía a pierna tendida sobre la cama.Astillo la puerta de madera para entrar con una fuerza desmedida.De inmediato Larissa salto t
A sus espaldas ningún lobo de su manada altero su expresión inclemente.Leonzio temía, esos rayos eran para él, con algo de suerte logro escapar para refugiarse, pero, ¿cuánto podía permitirle la diosa Luna seguir viviendo?, podria asomar la cabeza para contemplar el amanecer de mañana y esperar con tranquilidad la visita exigente de Azahara. O la noche seria eterna esperando el golpe justiciero que le arrebatara su gloria.La sala se mantenía un silencio luctuoso, algo que volvía loco a Leonzio las miradas acusadoras creaban reproches que giraban en su cabeza, si ninguno lobo de su manada compartiría su superioridad no aceptaría sus enjuiciamientos silenciosos.—¿Acaso fui yo quien asesino a Emilio?, acaso yo le ordene que me protegiera, fue su decisión. —nadie respondió, cada vez que el abría la boca lo hacía para hundirse más en la mezquindad.—No fue usted quien acabo con él Alfa Vascotti, fue Emilio. No olvide que todos estuvimos ahí y vimos claramente la victoria de Vascotti —r
El viento a su alrededor no daba tregua, agitado y violento como un rugido de dragón.—¡Vamos ayúdame! Tenemos que llevarlo… —el camino era largo, y el cuerpo de un lobo del tamaño de Bastián era pesado, se moverían con lentitud y no lograrían llevarlo a casa, para entonces seria tarde.“Jamás llegaremos” —Había una posibilidad, pensó Azahara—¡Colín! —Azahara se limpió las lágrimas —tenemos que llevarlo a casa de mi padre.“Sera inútil, no lo lograremos” —creyendo que los hombres de ese alfa los detendrían —“, es necesario llamar a Gerald y a los demás” —sugirió el chico, Azahara no tenía tiempo de ir a buscar a nadie. Levanto el cuerpo de Bastián, y lo hecho a su espalda.Al ver la decisión de Azahara, Colín se colocó delante de ella con una mirada fría, húmeda y determinada.“Sera más rápido si lo echa sobre mí”. —era joven tenía a simple vista brazos fuerte era capaz de soportar un lobo de mayor tamaño, pero Azahara aun en su forma humana era más fuerte que Colín.—Conozco un ata
Tieso y con sus ojos apagándose de un segundo a otro Emilio dio su último aliento ante la vista de Leonzio. Dos veces le salvo la vida en la misma noche sin recibir recompensa alguna ni un agradecimiento. La muerte el pago de su lealtad.*—¡No!— Inara grito, su tío Gerald apareció en la habitación en un segundo. Su sobrina estaba sola.—¿Dónde está Azahara? —pregunto, Inara estaba muy alterada para poder responder.La mirada de su nueva sobrina estaba perdida, humedecida por las lágrimas acumulada bajo sus iris, Gerald se sentó sobre la cama arropándola entre sus brazos.—Tranquila, ¡todo está bien! —adivino que una pesadilla la habia despertado en ese estado de angustia —estas a salvo, no permitiré que nadie te haga daño.—Lo hirieron, —afirmó —él tío Bastián… el tío Bastián no volverá… —los ojos de Gerald se abrieron con confusión y una flecha atravesó su pecho.—¿De qué estás hablando? —aun esperaba que todo se tratara de una pesadilla.—¡Él tío Bastián está muriendo! —trago esa
Carmine cayo deprimida en la cama rota, permaneció ahí durante algunas hora, en medio de la oscuridad, perdida y abandonada por el maldito lobo que la convirtió en una bestia, siempre creyó que moriría de dolor al recibir el duro y directo desprecio de Fabritzio, ahora su mente solo invocaba a Victorio.Un rugido altero la calma de su melancólico silencio. se levantó de la cama saliendo de la habitación, observo por el pasillo una ventana rota de la sala.Tomo un bate que tenía detrás de la puerta y camino descalza con sigilo. Escuchaba una respiración suave y un latido de corazón del otro lado de la sala.Percibió un aroma a musgo y tierra, salió del pasillo, lanzándose con un grito contra el intruso.El bate se partió en dos contra una muralla de musculo y hueso.Miro al frente y su corazón estallo en alegría al mismo tiempo que sus piernas se derretían de temor.—Victorio —ella dio un paso atrás huyendo de su venganza, mientras el enorme monstruo se acercaba ella, mientras la obser
Giro en el aire como una hoja arrastrada por el viento con violencia, sin control en el espacio abierto, Bastián consiguió un aterrizaje sin mayor daño que solo un acalambrado golpe corriendo por sus patas.Un gruñido de insatisfacción exhalo de la garganta de Leonzio, al no conseguir hacerle el mínimo daño, sintió el ardor de una herida y la tibia sangre fría deslizándose entre un manchó de azabache pelo, levanto la vista tratando de reconocer en qué momento ese maldito lobo habia conseguido tocarlo.—Acabemos con esto en este momento, no tengo intenciones de matarte —quizás las tenía pero era una humillación más, ofrecerle el perdón y así hacerlo retroceder como lo que era, un cobarde —¡Te divertiste lo suficiente!, —afirmo poniendo fin a su juego —tomare a Karim porque es mi derecho.Bastián descuido su espalda, confió demasiado en la decencia que pudiera guardar en su orgullo de alfa. Paso junto a él con calma y con pisada fuerte, el aroma de su pequeño cachorro era más intenso,







