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Secuestrado por mi Luna
Secuestrado por mi Luna
Autor: MuSubi GR

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Autor: MuSubi GR
last update Fecha de publicación: 2026-01-06 23:21:07

El licor era amargo, Bastián Vascotti maldecía en sus adentros, abrigado en la oscuridad del bar.

Era la tercera copa mientras esperaba a la cita a ciegas, una “inversionista” para la clínica de Fabritzio Magrini, en un lugar y horario que lo menos que hablarían serian de negocios y por lo que habia escuchado de ella se trataba de una caprichos princesa hija de papi que no tenía ni un put0 reloj, ni la más miserable conciencia de respeto, casi una hora entera de retraso, esto no era parte de sus propósitos, habia caído tan bajo. Esperaría unos minutos más…

Se mofó de sí mismo llevando a sus labios el vaso con el amargo licor ámbar.

Una mujer con curvas de infierno entro en el bar, con un vestido oscuro ceñido al cuerpo, se cotoneo dando pasos rumorosos hasta la mesa donde el hombre de cabello negro como la noche agitaba el whisky del fondo del vaso.

Su cabello plateado bañaba como cascada sus hombros y su pecho, el escote dejaba vanidosamente al descubriendo la generosidad de la naturaleza con ella. Sus caderas un desenfreno de sensualidad y sus piernas largas y esveltas, la atmosfera era bastante oscura, fría.   

Cubría su rostro con un sombrero negro con encaje manteniendo en misterio la belleza de su oscuros ojos sombríos.

 Un aroma envolvió a Bastián, su pulso se aceleró, la sangre hirvió como si estuviera en medio de fuego azul, sus pupilas se dilataron y su instintos bestiales brotaron sobre su piel, apenas conseguía contener el cambio de piel apretó su manos en el vaso de vidrio, estallándolo en mil pedazos, abrió sus ojos y sus oídos.

Giro sus ojos enrojecidos a un lado y a otro.

Prendió sus instintos para encontrar la Luna que despertó a su lobo, estaba detrás de él, antes de girar sintió un pinchazo en el cuello, se levantó bruscamente se llevó la mano al lugar donde un fuerte dolor punzante lo adormilaba, cayó sobre la mesa luchando contra el líquido que ingreso en sus venas, debilitando todos sus músculos y durmiendo a su lobo.

Dos hombres le cubrieron la cabeza con un saco oscuro, intento pelear con la mínima conciencia que aún conservaba.

Con una voz mandona y dulce a la vez, ordeno;

—Procuren que no se lastime el maldito —un instante después agrego — No imagina el dolor que le espera.  

Bastián fue arrastrado hasta una camioneta. Alrededor nadie se ocupó por rescatar al pobre bastardo.

Tuvo momentos de lucidez mientras lo llevaba en un auto, intento preguntar. ¿dónde lo  llevaban? ¿Quiénes eran? ¿Que querían? sin conseguir más que balbucear.

La mujer sentada en el asiento del copiloto lo miraba por el espejo retrovisor, con profundo rencor.

Por algunos orificios del saco en su cabeza pudo ver unos ojos oscuros como una tormenta de verano, se prometió que no los olvidaría nunca, contra su voluntad perdió el conocimiento.

Bastián despertó con una horrible jaqueca, sus parpados caían cerrando irremediable sus ojos,  atado de manos y pies a una silla de hierro, había un olor desagradable a humedad y tierra podrida. Entre ese nefasto olor, en oleadas se mezclaba un dulce olor a vainilla, le hinchaba el corazón y algo más.

Azahara, dio un paso al ver que movía la cabeza, Bastián escucho el crujir de la madera.

—¡Mariposa negra!—ella se sorprendió de escucharlo hablar, pero más la forma en que la llamo.

El efecto de la droga debía durar al menos dos horas más.

—Es resistente, Magrini —Bastián giro la cabeza, sintiendo su aura más cálida y cercana, ella se inclinó frente a él pero la oscuridad no dejaba verla ni siquiera atreves de los hoyos del saco, su rostro quedo frente al de él. —es diferente cuando se está del otro lado no es así, pedazo de m****a.

Le colocó la punta de una daga sobre el pecho directo a su corazón, Bastián se sintió extasiado de su lengua tan suelta. Esbozo una sonrisa.

—No tiemblas —le provoco rabia la insensibilidad del cretino—, sabes que tu muerte no será rápida, ¿cierto?

—¿Quién eres? —balbuceo, el efecto de la droga aún lo mantenía un poco aletargado, pero cargado en irritación.

—¿Te dice algo el nombre Wolfblack? — una manada abatida, sé rumoraba que fueron cazados por diversión.

Azahara camino hacia una mesa iluminada por una luz, aun no decidía si lo haría rápido y sin dolor o con algo de calma para hacerlo agonizar por días.

 Bastián observo a su alrededor buscando una manera de salir, pero solo estaba rodeado de oscuridad, la chica camino su manos sobre la mesa escogiendo un aparato de tortura que tenía al frente.

Tomo unas pinzas regreso con pasos lentos, irritada por no escucharlo suplicar.

Bastián comenzó a reír torpemente, la peli plateada no se sorprendió de su temeridad,  pero le ardía aún más la sangre, levanto su rostro y lo abofeteo. La silla se fue a un lado con su pesado cuerpo,  Bastián gruño bastante encolerizado, tensos sus brazos provocando que la madera de la silla se doblara, un poco más de fuerza y seria libre

—Te equivocaste de m****a… —Azahara frunció el ceño, sin comprender a que se refería—y escogiste mal al sujeto para tus jueguitos, niña estúpida…

¿Ya no era una mariposa?

Apretó los dientes y lanzó un grito de frustración, tomo las pinzas, se colocó sobre él con las piernas a cada lado de su cuerpo  lo sujeto de la solapa de la camisa y lo levanto unos centímetros despegando del suelo y acercándolo a su rostro, ese olor fue un exquisito manjar de deseos invadiendo su venas.

—El que se equivocó escogiendo a sus víctimas fuiste tú.

—Yo no soy Magrini—le dijo calmadamente, con su corazón como una bomba de tiempo, apretó los puños

—¿Qué dijiste?

—Yo no soy Magrini, ¡yo no soy Fabritzio Magrini! —grito rabioso, pensando que era tan estúpida que no entendía lo que decía.

La platinada dejo caer su pesado cuerpo y le quito el saco de su cabeza, la luz de un farol por encima de él demostró que era verdad. Bastián apretó sus ojos encandilado por la inmensa luz.

Azahara camino hacia atrás aterrorizada, esto estaba mal ella no tenía derecho a fallar.

—Ahora suéltame si no quiere conocer las consecuencias de tu estúpido jueguito…

Lo observo en su brazo tenía un tatuaje de media luna con una flor en su centro. Soltó las pinzas que traía en las manos.

—¡Bastián Vascotti! —con una sonrisa sarcástica él confirmó la adrenalina que corrió por sus nervios.

Era el alfa de la manada Kingwhite. Su nombre retumbaba en el cielo eran una de las tres manadas más poderosas de las que Magrini tenía registro.

—Oh mariposa negra, ahora sabes a quien te enfrentas.

—¡Maldita sea! — salió de la habitación, tomo un par de minutos en volver

—¿Vas a soltarme ya? —Bastián sintió un pinchazo en el cuello. —¡Mala decisión, cariño!

Azahara le colocó el saco nuevamente en la cabeza y salió de la habitación poniendo seguro, como iba a explicar esto, solo al verlo en la silla asumió que se trata de él, ¿qué es lo que hacía Vascotti el alfa de los Kingwhite en el lugar y sitio equivocados?

Un hombre extremadamente pulcro, mayor, cabello oscuro y barba espesa como un bosque frondoso, atravesó el recibidor de la vieja casona, le entrego el bastón con el que caminaba a uno de sus guardias, se quitó el saco y comenzó a arrugar sus mangas. Su expresión facial era una mezcla de rudeza y una enorme gratificación, estaba disfrutando desde ya los gritos de dolor que provocaría en el humano cuerpo de Magrini.

Azahara recordó que habia enviado un mensaje informando del éxito de su captura.

¡Maldición!

Azahara bajo las deterioradas escaleras de mármol.

—¡Padre!

Andreu Raimondi, un hombre sin sentimientos, aparentemente.

—Azahara, pequeña perla, dime que me tienes buenas noticias —llego hasta ella acaricio su mejilla derecha con el dorso de la mano y enseguida beso su frente —¿el maldito esta arriba? ya acabaste con su vida, dejaste algo para que disfrutara…

Ella se mantuvo en silencio unos segundos, rodeo la vista por el suelo, mientras su estómago cosquilleaba como si miles de hormiguitas caminaran buscando una salida, aspiro para afrontar la reprimenda de su padre ante este terrible error.  

Era la primera vez que fallaba en una misión, esta era por mucho la más importante de su vida.

—Habia otro tipo en la mesa de Magrini…—dijo después de unos minutos —él maldito no acudió a la cita.

—Ese hijo de… —alzo la vista clavándola directo en su pequeño tesoro —dime que no cometiste un error.

Con mirada perpleja inclino la cabeza buscando el compasión de su padre.

—Ese hombre está arriba…

—¡Mátalo! —ordeno secamente.

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