MasukHace seis años, Noelia Bustos hizo de todo para enamorar al muchacho más guapo de la facultad de Derecho, Marcos Leiva. Después de tres meses de relación, ella lo dejó así nada más. —Me cansé de acostarme contigo —le dijo con total tranquilidad. Seis años después de que terminaron, se volvieron a encontrar. Pero, todo era distinto. Antes, ella era la niña rica y él, el muchacho pobre. Ahora, él era un peso pesado en un bufete de primer nivel, mientras que ella cargaba con deudas, una hija y un pasado de violencia doméstica. Cuando decidió separarse de su marido, Marcos apareció como su abogado para el divorcio. —Todo esto te lo buscaste tú sola —le dijo él, con una sonrisa burlona. Noelia sabía que Marcos la odiaba con toda el alma, e intentó que no volviera a pasar nada entre ellos. Al final, el día que ella se iba, con una sonrisa, le deseó: —Que tengas una feliz boda. Pero él cruzó mar y tierra para buscarla. En el único hostal de un pueblo pequeño, en una habitación a oscuras, Marcos la acorraló y, con los ojos rojos, la abrazó fuerte. —¿En serio fuiste capaz de dejarme otra vez?
Lihat lebih banyakAlicia estaba muy preocupada por ella.—No puedes seguir así, Noelia. Te vas a volver loca si no te relajas un poco —le dijo mientras la subía al carro, casi a la fuerza—. Vamos, te voy a llevar a jugar tenis para que saques toda esa energía acumulada. No hay nada como una buena sudada para sacudirse el estrés.Alicia la llevó a un club de tenis exclusivísimo en la zona sur. El lugar también era de Leandro. Las canchas eran impecables y el ambiente respiraba una paz absoluta.—Listo, Noelia, ya reservé la cancha. Vamos primero a los vestidores para cambiarnos.—Está bien —asintió Noelia, dejándose llevar.Alicia la guio con total confianza. Alquilaron las raquetas y se pusieron en marcha. Hacía años que Noelia no tocaba una raqueta, así que al principio se sentía torpe, con los movimientos tiesos. Alicia estuvo peloteando con ella un buen rato hasta que, poco a poco, Noelia empezó a soltar el brazo y a recuperar el ritmo.—¡Eso, Noelia! No pienses en nada que te angustie. ¡Imagina qu
Noelia sabía perfectamente que no podía contra Marcos, pero por su hija no iba a tirar la toalla tan fácil.Pasaron dos días y no pudo conseguir ni un solo abogado que se atreviera a tomar el caso. Esto le trajo recuerdos amargos de su divorcio. En aquel entonces también se había sentido entre la espada y la pared, sola contra el mundo, con la única diferencia de que aquella vez Marcos le había echado la mano. Pero ahora que él estaba del otro lado, no le quedaba ni una pizca de esperanza.Justo cuando la desesperación estaba por consumirla, Alicia apareció con una luz al final del túnel: había encontrado a una abogada dispuesta a dar la cara por ella.—Noelia, se llama Ivana, es clienta de mi boutique de tesoros vintage. Me ha traído bolsos de marca increíbles. Dice que cada vez que gana un juicio, se premia con uno nuevo, y cuando se cansa de usarlos, me los vende a mí. Nos llevamos de maravilla y ya le puse las cartas sobre la mesa; aceptó el caso.—¿Le dijiste que el demandante e
—¿Qué sabes? —soltó Marcos.—No mucho, pero a ver... ¿para qué le echas a la patrulla encima, luego la dejas jugar para darle una oportunidad y terminas rompiendo una taza para sacarla a gritos? —Horacio lo miró fijamente—. No creas que tus desplantes me engañan. Te conozco bien y sé que no te la has podido sacar de la cabeza. Si todavía sientes algo por ella, ¿por qué no se dejan de tonterías y buscan la forma de vivir juntos con la niña?¿Vivir juntos? El fuego en los ojos de Marcos se volvió todavía más intenso. ¿De verdad Horacio creía que Noelia tenía la más mínima intención de estar con él?En los diez minutos que acababan de pasar, desde el primer segundo en que ella abrió la boca, Noelia solo se había dedicado a una cosa: convencerlo de que renunciara a la custodia. Lo hizo con una lógica fría, con argumentos que parecían de un contrato. Incluso llegó a decirle que tener a la niña sería un estorbo para su futuro matrimonio.Él se quedó esperando. Se quedó ahí, aguantando, con
El reservado contiguo era más pequeño y discreto que el salón principal. Tenía una decoración sobria: apenas una mesa de centro y un par de sillones frente a un ventanal que daba a un pequeño jardín interno, donde unas palmas se mecían suavemente con la brisa.Marcos se acomodó en el sillón en cuanto entró, pero Noelia se quedó de pie. A fin de cuentas, venía a pedir un favor, y bien sabía que el que llega suplicando no se sienta a la mesa del rey. Solo tenía esos diez minutos, ganados a pulso en la partida. No podía desperdiciar ni un segundo.Noelia respiró hondo, tratando de que no le temblara la voz, y buscó la mirada profunda de Marcos.—Señor Leiva... sé que no tengo cara para pedirle nada. Sé que la regué con lo que pasó hace años. Le escondí la existencia de Cecilia y le robé seis años de verla crecer... —Hizo una pausa, sintiendo que un nudo le cerraba la garganta—. Estoy dispuesta a pedirle perdón a compensarlo como usted quiera, pero con Cecilia no. La custodia... le ruego
Ese tenía que ser el perfume de Patricia.A Noelia se le revolvió el estómago, no solo por el perfume que traía Marcos, sino por esa relación escondida y asquerosa entre los dos.Desde que estaba con Marcos, le había pedido a Dios no encontrarse con Patricia durante ese año. No esperaba que el encue
Todos en la mesa voltearon a mirar a Noelia. A ella no le parecía que ser "divorciada" fuera algo tan malo, pero cuando vio a Marcos al lado de Patricia, sintió una ligera incomodidad en el corazón.Les sonrió un poco a todos, se puso el violín en el hombro y empezó a tocar. La canción de esa noche
Marcos miró a Noelia. Ella hizo como si no se diera cuenta y ayudó a Julieta.—Ya basta, subamos a descansar.***Noelia dejó a Julieta en la habitación. Preparó regalos para Sara y las demás compañeras, para agradecerles por cuidar a su hermana. Después bajó.Marcos la esperaba en el auto. Cuando s
Después de la cirugía, Julieta se quedó hospitalizada una semana. En esos días, Noelia iba y venía del club al hospital; después de cada clase se iba corriendo a cuidar a la hermana. Marcos también iba casi todos los días; cuando no podía, mandaba a Tomás para que ayudara.Julieta debía comer alimen
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