MasukJusto en ese momento, salió la dueña del baño.—Señorita Bustos, el calentador ya quedó listo. Lamento muchísimo el mal rato que pasó. Para compensarla, le voy a cobrar solo la mitad de la tarifa de hoy.—No se preocupe, muchas gracias.—Es lo menos que puedo hacer, de verdad. Ya le dejé todo limpio para que pueda descansar tranquila.—Está bien.Noelia le asintió a Marcos con la cabeza y entró corriendo a su habitación.***La noche en la estepa era una historia completamente distinta a la del día. En cuanto el último rayo de sol se escondió en el horizonte, la oscuridad absoluta cayó de golpe como un enorme manto oscuro que lo cubría todo. Sin las luces de la ciudad ni árboles que estorbaran la vista, el cielo estrellado se veía imponente.Como Noelia no podía conciliar el sueño, se puso algo de ropa y se quedó contemplando las estrellas desde la ventana.Inmenso. No encontraba otra palabra para describir lo que tenía ante sus ojos.En ese fondo azul oscuro, casi negro, incontables
Noelia juntó la ropa que se iba a poner, la metió en una bolsa y caminó hacia la habitación de enfrente. Marcos la seguía de cerca, a un par de pasos de distancia.Las dos habitaciones tenían exactamente la misma distribución, pero el cuarto de Marcos estaba tan impecable y ordenado que ni parecía que alguien estuviera viviendo ahí. No había ni una sola pertenencia a la vista.—Oye, ¿por qué parece que nadie se está quedando aquí? —preguntó Noelia, extrañada.Marcos guardó silencio por un segundo. Ella era bastante observadora y, por poco, lo atrapaba en la mentira.—Es que... el personal acaba de limpiar —Marcos aclaró la garganta y señaló el baño para desviar su atención—. Cambiaron todo hoy temprano, puedes usar lo que necesites con confianza.—No hace falta, traje mis cosas, gracias.Noelia entró al baño y cerró la puerta. Poco después, el sonido del agua corriendo comenzó a inundar la habitación. A Marcos se le ensombreció la mirada. No se quiso quedar ahí, así que prefirió sali
Ya que se habían topado, lo más lógico era quedarse en el mismo hotel para estar al pendiente de ella.—No tengo malas intenciones, de verdad —insistió Marcos—. Solo pensé que, al quedarme cerca, podría darle una mano si llega a necesitar algo.La desconfianza de la dueña se fue desvaneciendo poco a poco al escuchar sus razones. Llevaba años al frente de ese negocio y ya estaba curada de espantos. Este hombre tenía un porte fuera de lo común y no parecía ningún maleante. Aunque su mirada era profunda y seria, no reflejaba malas intenciones. Y lo más importante: la genuina preocupación que se le notó en los ojos al mencionar que la señorita Bustos había estado enferma y viajaba sola para despejarse, no era algo que se pudiera fingir.—Ya veo, caballero. Disculpe la desconfianza, lo malinterpreté —la dueña tomó la identificación de Marcos, revisó la pantalla de la computadora y le entregó una llave—. Mire, las dos habitaciones que dan pared con pared con la seis ya están ocupadas, per
En cuanto Marcos terminó de hablar, la dueña se quedó atónita. ¿Él se hospedaba ahí? ¿Cómo era posible que no se acordara? No tenía lógica: con un tipo con un porte así, si ella misma lo hubiera atendido en recepción, sería imposible olvidarlo. Le pareció de lo más extraño, pero prefirió guardarse sus comentarios.—¡Qué coincidencia! —exclamó Noelia, genuinamente sorprendida—. ¿Y en qué piso estás?Marcos miró de reojo la llave que Noelia todavía tenía en la mano.—En el segundo, justo al lado de la tuya.La cara de la dueña fue todo un poema. Ese muchacho era un mentiroso de primera. Las dos habitaciones que estaban junto a la número seis ya estaban ocupadas por unas señoras. ¿De cuál habitación "al lado" estaba hablando?Al notar el tono tan tranquilo y la naturalidad con la que Marcos hablaba, Noelia no sospechó absolutamente nada. De verdad pensó que se trataba de una casualidad del destino.—¡No puedo creer que coincidamos tanto!—Sí, qué cosas, ¿no?—Bueno, ¿entonces subimos
—Ponle el precio que quieras, te pago con esos veinte mil dólares.—Qué generosa, pagándome con mi propio dinero —dijo él con ironía, señalando hacia atrás—. SúbeteNoelia subió al carro. Adentro olía a cuero nuevo y a esa loción fresca que ella conocía tan bien. Se sentía un poco incómoda, pero comparada con la angustia de quedarse varada en medio de la nada, esa pequeña molestia no era nada.—¿A dónde vas?Noelia le dio el nombre del hotel. Marcos marcó la dirección en el GPS y arrancó suavemente.No cruzaron palabra en todo el camino. El silencio solo se rompía por el crujir de las llantas sobre la grava y el golpe sordo de uno que otro bache. Después de manejar casi una hora, por fin divisaron el edificio: era el hotel de Noelia.Lo había elegido después de investigar muchísimo. Era una construcción de ladrillo rojo con un toque rústico que encajaba a la perfección con el paisaje del desierto. Los comentarios en internet decían que ahí el amanecer te regalaba una vista increíbl
Noelia volteó. El resplandor del sol la deslumbraba, así que tuvo que entrecerrar los ojos para distinguir una camioneta negra todoterreno que se acercaba sin ninguna prisa. Era un modelo imponente, de llantas anchas. Una verdadera bestia de acero abriéndose paso entre las olas de calor y el polvo del camino.Al ver por fin un vehículo, Noelia sintió un alivio inmenso. Se hizo a la orilla de la carretera y agitó la mano con fuerza para pedir que parara. La camioneta se detuvo con total suavidad unos metros más adelante. Los vidrios eran completamente polarizados, lo que hacía imposible ver quién iba adentro.Noelia respiró hondo para tratar de calmar los nervios, se acercó a la puerta del copiloto y dio unos golpecitos en la ventana. Intentó poner su mejor sonrisa, mostrándose lo más amable posible. Después de unos eternos segundos, el vidrio empezó a bajar lentamente.Lo primero que se perfiló fue una mandíbula marcada y unos labios finos, ligeramente apretados. Luego, una nariz






