INICIAR SESIÓNMientras manejaba lo detallé anonadada. Pensé que era totalmente ilegal poseer esa belleza. Me atraía su carácter serio y centrado, su fortaleza física, su atractivo cuerpo y, particularmente, sus profundos ojos verdes. De repente su mirada logró descubrir mi acoso y pude percibir una ligera sonrisa estampada en el rostro del chico.
- ¿Pasa algo? - preguntó irónico. Negué, depositando la vista en mis intranquilas manos. El.sentimiento me agobiaba. - Tranquila – dijo – a mí también me gusta lo que veo. ¿Tan obvia era? Me reacomodé nerviosa en el asiento. Debía controlarme, pero a pesar de saberlo, la inexperiencia que poseía en los temas de seducción, me exponían ante él, sin embargo más que avergonzada me sentía contenta, porque era la primera vez, que mi cerebro registraba esa atracción tan poderosa y agradable al mismo tiempo. El camino fue corto. Su presencia especial e imponente me generaba una paz que, ni con mis padres adoptivos, había experimentado. - Llegamos - avisó con una sonrisa en el rostro - espera y te abro. Así lo hizo, rodeó el auto para ayudarme a bajar. Seguí sus firmes pasos con sentimientos encontrados: curiosidad, pues no sabía dónde estaba, desconcierto porque todo era tan nuevo, tan confuso y, a la vez tan gratificante. La puerta principal fue abierta de un tirón para darle paso a una linda muchacha, extremadamente joven, alta y rubia que, al ver a Jerry, salió corriendo para abrazarlo de una manera muy familiar. - Tito, te extrañé - dijo, rodeándole el cuello, con sus brazos, notablemente emocionada. - Yo también mi tesoro - aseguró el joven, mientras correspondía al abrazo. Me quedé helada. ¿Quién era ella? ¿Qué relación tenía con el atractivo rubio? Se separó un poco de esos brazos que amenazaban con ahogarlo - ella es Elizabet - dijo - mi jefa. ¿Su jefa? Pregunté internamente. Me sentí desencantada con ese calificativo, pues estaba convencida, desde el primer contacto físico que habíamos cruzado los límites de jefe y empleado. ¿Qué nombre le pondríamos a nuestra relación entonces?¿Amistad? Las intenciones de la muchacha eran claras, quería abrazarme. Se notaba que era intensa en sus demostraciones de cariño, pero yo me aterré y abrí los ojos horrorizada. Él la detuvo, negando con la cabeza y ella captó, inmediatamente la información. - Te presento a Nelinda - me comentó con dulzura - mi hermana pequeña. Solté el aire que había apresado en los pulmones. El alivio se presentó, sin preámbulos, en mi sistema. ¡Su hermana! Era su hermana. Me había llevado a conocer a su familia. - Mamá - chilló Nelinda cuando entramos a la vivienda - vino Tito - y mirándome agregó - y acompañado. Cuando pasé el umbral de la puerta quedé maravillada ante la imagen del acogedor salón. Todos los detalles seguían la perfecta línea de la decoración. Comparé aquella casa, donde se respiraba la alegría de sus habitantes con la mansión solitaria y fría en la que vivía y fui incapaz de retener la frase que dejaba ver lo impresionada que estaba. - ¡Es preciosa tu casa! - exclamé - se nota que ustedes son personas con un gusto exquisito. - Gracias - dijo en un tono juguetón. Iba a continuar con los cumplidos cuando, una señora, todavía hermosa, entró al recibidor donde nos encontrábamos, llenando cada espacio con su presencia. Poseía una personalidad arrolladora y una sonrisa que cautivaba. Provocó, en mí, tan solo verla, numerosas emociones. Corrió a abrazar a Jerry. Estaba claro que, por cuidarme, el joven no pasaba mucho tiempo con su familia y eso me entristeció, pues podía percibir el gran amor que se profesaban. Llegué a sentir culpa pero traté de disimularlo para no amargar la visita. - Mi niño - dijo dando muestra de un puro cariño maternal. Lo recibió gustosa con los brazos abiertos y, con verdadera devoción. Dejó pequeños besos en su rostro. Sonreí con agrado, gesto que no pasó desapercibido para el rubio, quien rodó los ojos avergonzado. - Madre, por favor, que tenemos visita - suplicó - ¿Qué dirá mi jefa? - y dirigiéndose a mí agregó - Elizabet, esta es mi madre. Realicé una pequeña reverencia en señal de saludo. Me agradaban, pero quería establecer los límites para continuar disfrutando de mi comodidad. Pareció alegrarse con mi visita. Se mostró dispuesta a colmarme de atenciones. Escuché cuentos que implicaban a sus hijos en grandes travesuras, me enseñó fotografías de antaño y degusté platos exquisitos. Al culminar la velada me encontré sobrecogida, porque respetaron, desde el primer momento, mi espacio personal y la poca tolerancia que tenía ante el contacto físico. Me asumieron como familia y me sentí querida. Descubrí seres maravillosos que tienen bien establecidas sus prioridades, considerando a los allegados como lo más importante. En varias ocasiones percibí la mirada curiosa de la jovencita pero nunca se atrevió, a lanzar la pregunta que rompería la genial dinámica del momento. - Tu jefa es muy joven y hermosa – se sinceró la señora. - Lo es - afirmó el hijo con una mezcla de nerviosismo y admiración. Mi pecho se agitó. No me consideraba hermosa, pero experimenté, ante esas declaraciones, una sensación de bienestar extraordinaria. - Gracias – susurré avergonzada. La conversación fluyó con una refrescante naturalidad. Parecíamos cercanos y yo, por primera vez en diez años, pude compartir sin que, el temor, hiciera de las suyas. ¿Estaría transitando, paso a paso, el camino hacia la sanación? Lo dudaba, porque, en la tarde, cuando Ransés apareció, temblé como el primer día y solo pude pensar en aquellas terapias que me enseñaban a lidiar con mis miedos. Era Jerry mi única esperanza, sin embargo, por muy prometedor que se presentara el futuro a su lado siempre la imagen de mi padrastro aparecía para volver a levantar los muros que me separaban del resto de los mortales, incluyendo al chico. Durante la comida, rodeada de amor, logré despojarme de los horribles recuerdos. No pensé en la adolescencia truncada, en las irresponsabilidades, tampoco en el abuso pero, ya en el auto y ante la proximidad de mi casa, la realidad me estremeció y, aunque quise, no pude reprimir el suspiro ahogado que se escapó del fondo de mis entrañas. - ¿Qué pasa? – preguntó Jerry asustado. No pude contestar, pues le acababa de abrir las compuestas al dolor y al desengaño. ¿Sería esta una señal del destino que aparecía para recordarme que nunca podría deshacerme del pasado? - No me llores, preciosa, por favor, suplicó el rubio al ver en el estado en que me encontraba. Acongojado detuvo el auto en el lugar que creyó más seguro y desabrochó su cinturón de seguridad para acercarse a mí cautelosamente y dejar suaves caricias en mi espalda. Lloré por la muerte de mis ilusiones, por los dolorosos recuerdos y, particularmente por la niña de trece años que sustituyó sus sueños por horribles pesadillas. Por alguna importante razón que aún no entendía en su totalidad, debido a mi inexperiencia, sus manos, en mi piel, provocaban sensaciones placenteras, nunca antes experimentadas. Me dejaba llevar y hacer con plena conciencia y sin la más mínima gota de arrepentimiento. Nadaba en un lago de aguas mansas que, lejos de ahogarme me acunaba. Cuando recobré un poco la noción del tiempo, el peso de los acontecimientos me invadió. Me percibí en una postura comprometedora. Estaba sentada en su regazo y mis brazos rodeaban su cuello. Durante algunos segundos pensé en apartarme, pero después cambié de opinión porque, aún desconcertada, decidí seguir disfrutando de las caricias que me tenían plenamente hechizada. ¿Por qué a él le permitía lo que a todos, incluyendo a mis padres adoptivos, le había prohibido? - Volvió, Jerry y todo comenzará de nuevo, estoy perdida – susurré. - ¿Quién es él? – preguntó, mientras me apartaba, con una mano, los mechones rebeldes de mi cabello, colocándolos delicadamente, en su lugar. - El hombre al que golpeaste hoy, ese que intentó lastimarme, es mi padrastro - suspiré profundo, interrumpiendo mi confesión, porque hablar del tema era difícil - el diablo me arrancó mi virginidad, acabó con mi inocencia, me golpeó salvajemente y me quitó las ganas de vivir. Después, ya lo sabes - asintió, tensándose visiblemente y apretando las manos con violencia - Mirian y Samuel me adoptaron, brindándome una nueva oportunidad. - ¡Dios mío! - exclamó afectado, tratando de procesarlo - ¿Dónde estaba tu madre cuando el malnacido te abusaba? ¿Por eso no tienes vida social? Percibí admiración y comprensión en su mirada. Desnudaba mi alma al hombre en el que confiaba, porque supe, casi desde el primer momento, que mi secreto estaba a salvo con él. Ransés dejó claro, con sus amenazas, que el final, de esta historia, aún no se había escrito. - Era una irresponsable, con una vida desordenada - respondí con asco - yo viví un infierno más intenso y difícil que el de Dante. En la adolescencia, según mi psiquiatra, es donde termina de desarrollarse tu personalidad. Es una etapa de carencias, fundamentalmente afectivas. Puedes imaginar el daño que me causó el hecho de que solo se aproximaran a mí para hacerme mal. Soy una mujer rota, con muchos traumas, que se cree indigna de merecer amor. Me abrazó aún con más fuerzas, en señal de protección. Quería demostrarme que estaba disponible y dispuesto a defenderme. Era afortunada por tenerlo pero, exponerlo al peligro, me atormentaba, sin embargo necesitaba que los poderes de sanación que, estaba segura él poseía, curaran a mi pobre corazón deshecho. - No soy un romántico - inició - ni hablo con palabras bonitas como los personajes de todas tus novelas - me sorprendí con su declaración. ¿Cómo lo sabía? ¿Habrá leído mis novelas? Sentí la emoción a flor de piel - pero te prometo que voy a protegerte con mi vida de ser necesario. No permitiré que vuelvan a hacerte daño. Me aferré aún más a su cuerpo, respirando su seguridad y fortaleza. El mensaje que trasmitía era claro. Quería darme paz, pero el futuro era incierto e impredecible y, la presencia del diablo, me perturbaba hasta el punto de intensificar mis miedos e inseguridades. ¿Podría algún día librarme de ese hombre y luchar por la felicidad?Sentada frente a mi escritorio, con casi 60 primaveras en mi cuerpo, enfrentándome a una narrativa más moderna, pienso en mi vida a lo largo de estos años, surcada por momentos difíciles y por otros que han marcado de forma positiva mi mundo. En el pasado pude presenciar y vivir con horror el abuso, las calamidades, la soledad y el desamor. Mi adolescencia fue un infierno terrenal y tuvo que aparecer Mirian para salvarme del fuego que me estaba devorando. A pesar del esfuerzo y los implacables desafíos del destino la soledad siempre golpeaba a mi mundo, hasta que llegó él, para enseñarme a amar, perdonar y luchar por mis sueños. Conocí entonces la otra parte de la vida, enriquecida por la esperanza y el amor. Ahora, a casi 40 años de aquel acontecimiento, veo con claridad que él fue un emisario divino que llegó para dar luz. Todas las personas que he conocido a lo largo de estos años han jugado su papel fundamental en la educativa y particular escuela de la vida, incluso aquell
Salí de mi despacho luego de un día completamente creativo, envuelta en narraciones románticas con finales felices e increíbles personajes principales. Estaba acabando otro de mis libros. Todas mi historias desde hacía algún tiempo trabajaban la figura femenina a través de sus protagonistas. Eran féminas empoderadas, que mostraban el ejemplo de su resistencia y crecimiento personal. Quería dejar un legado y demostrar al mundo, que no importa cuán fuerte te golpee el destino si tu deseo de salir adelante se impone. Miré a mi alrededor, escuchando las risas y gritos de mis nietos, jugando en la alberca y no pude dejar de sonreír. Los niños se hacían bromas inocentes, sacudiendo el agua y mojando a los demás. Era una recreación sana que requería de los agradables chillidos, que eran música para mis oídos. Tenía cuatro nietos, tres de ellos de mi hijo Adrián y uno de la pequeña Liliana, porque para mí seguía siendo la preciosa niñita que exigía vestiditos de princesa para salir a la c
La Navidad siempre es un acontecimiento digno de júbilo. Se celebra en las familias, tomando como punto de partida el nacimiento de Jesús, el hombre que ofrendó al mundo una prueba de amor incondicional para sus semejantes. Como parte del festejo se realizan las famosas cenas familiares que posibilitan la unión de todos sus miembros. Cuando pequeña odiaba estas fechas, porque me recordaban lo triste y sola que siempre me encontraba. Ni siquiera ese día era diferente, mi madre vendía su cuerpo por dinero y mi padrastro mantenía su misma rutina de abuso hacia mí, sin embargo, todo cambió con mi adopción, Mirian y James se encargaron de hacer, de este día, una fecha especial, digna de celebrar y, aquí estaba yo, siguiendo la tradición, preparando una glamorosa cena de Navidad. - ¿Todo está listo Tamara? - le pregunté a la joven mirando cada uno de los platillos encima de la meseta de la cocina - mira que son muchos los invitados. - Elizabet, cálmate, todo está bajo control - respondi
Meses más tarde mi hijo nos dio la grandiosa noticia de su boda. Todos nos alegramos, pero, en mí, además de alegría por él, estaba la incertidumbre de no saber que tenía preparado el destino para su nueva vida. Como toda madre protectora quería evitarle problemas a Adrián, aunque estaba consciente, de que todos los seres humanos tenemos que vivir nuestras experiencias para aprender, porque eso es exactamente lo que nos hace más sabios. Ayudé en los preparativos de la boda, asumiendo gran parte de los gastos, pues mi hijo apenas estaba estudiando y la familia de la chica no tenía una solvencia económica estable, preparando para ellos una celebración de ensueño. Una tarde, días antes de la ceremonia, el chico entró nervioso a mi despacho, donde trabajaba en mi nuevo proyecto. - ¿Mami podemos hablar un momento? Su actitud solemne me hizo levantar de inmediato la vista de mi cuaderno de anotaciones. - Claro mi amor - respondí. - Quisiera pedirte que me dejaras vivir en esta c
El tiempo inflexible sigue su tránsito, modificándolo todo a su paso. Mi vida se llenó del amor de los míos y de esa lucha constante por mantenerme centrada en mi objetivo. A lo largo de estos 15 años he tenido éxito en mi vida profesional y personal. Publiqué cinco obras que tuvieron un caluroso recibimiento por parte de mis seguidores y he visto crecer a mis hijos, disfrutando de cada uno de sus éxitos. - ¿Todo está listo? - preguntó Jerry, refiriéndose a los preparativos para la cena donde conoceríamos a la novia de mi hijo Adrián. - Espera - digo nerviosa - se me olvidaron algunos asuntos en la cocina. - Calma, todo va a salir bien - expresa mi chico, dándome un beso breve en los labios. Penetro en la estancia y observo a mi empleada, fiel y eficiente, moverse con habilidad por la cocina, dándole órdenes a las otras chicas encargadas del servicio, que hoy se encuentran bajo su tutela en las tareas culinarias. - ¿Todo bien? - Le pregunto a Tamara, acercándome al fogón.
A veces el destino nos muestra caminos diferentes y rectos en medio de las tribulaciones, ofreciéndonos una vía de escape a tanto sufrimiento. Para Dunia el comienzo era difícil e incierto, pero después de días de conversaciones con su esposo, decidió perdonarlo y volver a Cuba, a su lado, quizá por el hecho de considerarlo su única familia, o porque ya había perdido mucho y no estaba dispuesta a darle paso a la soledad. Mirando a mis hijos, esa noche, mientras los acurrucaba entre las sábanas, supe que había acabado de romper, con todos mis traumas del pasado. Allí estaba, viviendo una vida diferente a la que tenía, e incluso mejor a la que había imaginado. En todas esas noches de desvelo, en mi adolescencia, nunca imaginé que años más tarde gozaría de paz y que tendría una familia que sería mi orgullo y mi fortaleza. Recordaba que ese mismo día había asistido a uno de aquellos eventos molestos, que causaban malestares en el pasado. Mi editora me había llamado en la mañana, recor







