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Capitulo Tres

last update publish date: 2023-08-05 05:45:13

Di que sí, por favor y te compro un helado

Sí, acepto

Habían pasado dos años desde que Camila había abandonado a su esposo, durante ese tiempo ella se vio haciendo mil malabares para poder mantener a su hija y cuando al fin consiguió algo de equilibrio económico se hizo a la tarea de investigar como divorciarse de su esposo, no quería tener que continuar siendo su esposa, odiaba llevar su apellido y aunque no podía quitárselo a su hija al menos cortaría el vínculo legal entre ellos.

Sin embargo, al iniciar el trámite descubrió que realmente ellos nunca se habían casado, su acta de matrimonio era falsa, entonces entendió que ella fue quien vivió siendo la amante de Santiago durante cuatro largos años, si tan solo le hubiese hecho caso a sus padres no habría tenido que pasar por todo eso, pero no se podía devolver el tiempo, solo seguir avanzando.

Camila sonreía al ver a su hija disfrutar de su helado, a pesar de que era una especie de niña superdotada, no dejaba de ser como cualquier otro niño de su edad, le gusta jugar, hace amistades en el jardín, es traviesa y le encantan los dulces. Esa tarde se encontraban celebrando que la pequeña había sido aceptada en un colegio para niños con un IQ alto, el psicólogo que evaluó a Sofía concluyo que el coeficiente intelectual de la niña era de ciento cuarenta y dos.

No obstante, con la felicidad venían las preocupaciones, si era cierto que Camila ahora tenía un trabajo que le permitía llevar una vida sin necesidades, la verdad es que no se podía dar el lujo de pagar la matrícula de una escuela tan costosa, ¿pero cómo le rompes los sueños a un hijo? ¿Cómo haces para cortas sus alas? Mientras observaba a la niña comerse su helado, en su cabeza realizaba cuentas viendo que debía sacrificar para poder pagar la mensualidad en dicho colegio.

—Cariño, hasta que te encuentro, te presento a mi jefe el señor Roberto Miller —La voz masculina la saco de sus cavilaciones y le hizo girar la cabeza en dirección de dos hombres.

Como un autómata, Camila tomo la mano que el hombre mayor le ofreció y se sonrió al tiempo que pronunciaba su nombre. Sus ojos azules se dirigieron en paralelo al hombre que le había llamado cariño y se abrieron aún más, sintió que toda la sangre se le agolpaba en el pecho, dejándola tan pálida como un papel.

Ambos prospectos eran de buen ver, sin embargo, el más joven de los dos hizo que la boca se le secara al instante e intentara tragar saliva para deshacer el nudo que se le formó en la garganta. Cabello y ojos tan negros como el azabache, hombros anchos, un rostro cincelado y una sonrisa seductora que provoco un estremecimiento en el vientre de Camila y al mismo tiempo la dejo muda como una estatua.

—Es mucho más hermosa de lo que habías dicho Lucas —celebra el hombre mayor—, y esta debe ser tu pequeña, ¿cierto? —agrega haciendo que tanto Lucas como Camila giren la cabeza en dirección de Sofía, que tranquila como el agua se saborea su delicioso helado de fresas.

La pequeña levantó hacia al trío de personas delante de ella una mirada con sus grandes ojos azules iguales a los de su madre, sonrió como cualquier otro niño, dando a entender que no entendía lo que sucedía, por lo que volvió a su tarea, lo único importante para ella en ese preciso momento.

—Si me disculpan un momento, iré a lavarme las manos, pueden ir ordenando —dijo el señor Miller rompiendo el silencio que se había formado en la mesa, siendo el único que había dicho más de dos palabras juntas desde que Camila le dio su nombre.

—Vamos a esperarlo, es lo que solemos hacer como familia —contestó Lucas provocando que Camila enarque una ceja.

Apenas desapareció de vista el señor Miller, Lucas tomo asiento al lado de Sofía y miro fijamente a Camila que sin decir ni una sola palabra por miedo a que se notase el estremecimiento del que es víctima, le exigió con su mirada una explicación.

—Por favor, no digas nada y sígueme la corriente, mi jefe necesita conocer a mi esposa, prometo pagarte lo que me pidas —dijo Lucas en un tono suplicante, algo que usualmente no suele hacer.

Lucas es un hombre acostumbrado a dar órdenes y a seguirla solo de quienes son superior a él.

—¿Se ha vuelto completamente demente? Yo no lo conozco y tampoco tengo ganas de conocerlo o de ser la esposa de nadie —refuto alzando un poco la voz—. Le aconsejo que busque otra forma de salirse del barro —agrego y tomo su bolso—, Sofía, nos vamos.

—Puedo pagarte mucho dinero —insistió, yendo por el lado en que su premisa siempre le guía: “todo el mundo tiene un precio”.

—No —espeto tajante y extendió la mano a Sofía, sin embargo, la niña no se movió ni un ápice—. Sofía, nos vamos ahora.

—Mami, dijiste que necesitábamos —musito la pequeña con claridad—, lo que ganas en tu trabajo no es suficiente para pagar mi colegio nuevo —agrego antes de darle otra lamida a su postre.

Lucas observó a la pequeña sorprendido por la facilidad de razonamiento con la que habló.

—No, Sofía, no sabemos quién es este hombre y, por lo tanto, no podemos aceptar su dinero —alega la mujer mayor que bajo la intensa mirada de un desconocido mantiene una pequeña discusión con su hija de cinco años.

—No parece un hombre malo, y tú necesitas el dinero —insistió la niña.

Camila se queda en silencio sopesando la posibilidad.

Sofía tiene razón, necesito pagar la matrícula, y para que ella pueda empezar a asistir tengo que comprar el uniforme y toda la lista de útiles que piden, además de pagar por adelantado los tres primeros meses, eso me daría oportunidad de ir reuniendo poco a poco el dinero para los siguientes pagos —pensó antes de tomar una decisión.

—Está bien, pero debe ser una muy buena cantidad o le cuento a ese señor la verdad —dijo dejándose caer de nuevo en su asiento.

Solo les dio tiempo de intercambiar sus nombres, por lo que cruzan los dedos para que todo salga bien y el señor Miller quede se crea la mentira.

—Disculpe por mi reacción de hace un segundo, señor Miller…

—Llámeme Roberto, por favor —la interrumpió el señor Miller con amabilidad.

—No, eso es una falta de respeto y tengo una hija a la que educar, es necesario que ella aprenda como debe comportarse con los adultos —alega y continua con su disculpa.

La comida se extiende por dos largas horas en la que el señor Miller parece fascinado por la supuesta señora Cromwell y su hija, quien lo ha impresionado con su soltura a la hora de hablar y la manera tan inteligente y educada en la que dirigió la conversación dos o tres veces que el jefe de Lucas le hablo de manera directa.

—Camila, fue un gusto conocerte, me la pasé de maravilla y tu hija es exquisita, será la primera mujer presidente del país —bromeo y palmeo la cabeza de la niña—, el próximo sábado tendremos un baile en mi casa, me complacería mucho que pudieras ir y puedes traer a Sofía si no tienes con quien dejarla, estoy seguro de que se sabrá comportar con mucha madurez —Camila trago saliva al tiempo que Lucas escupió el café que tomaba.

—No creo que pueda ir…

—Claro que iremos, Roberto, gracias por invitarnos —Salto Lucas, antes de que su falsa esposa cometiera un error.

El jefe de Lucas se despidió, pero aunque lo escuchaba, la mente de Camila estaba imaginando todos los problemas que se iban a suscitar por haber accedido a los deseos de un desconocido, que provocaba que ella sintiera cosas que hacía mucho tiempo no sentía.

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