Share

Capítulo 5

Penulis: Alexyta
last update Tanggal publikasi: 2026-04-01 02:19:10

Astrid y Liam llegaron hasta el jardín donde se encontraba Sarah, se acomodaron en la mesita y emprendieron la plática.

—Conocí a Astrid en una discoteca —comentó Liam. En cuanto a Astrid, frunció el ceño, pues ella jamás había visitado esos lugares. Su padre era un hombre muy estricto, jamás le permitió salir de casa; por eso su relación con Robert fue a escondidas y, cuando su padre se enteró, decidió llevársela lejos. Pero un día antes escapó con su gran amor—. Astrid no se despegó de mí toda la noche, quedó encantada conmigo y desde entonces no dejó de buscarme.

—Eso no es verdad —interrumpió Astrid—. Era él quien no dejaba de buscarme. Lo rechacé cientos de veces y seguía insistiendo, porque según él, no había mujer que le dijera que no.

—Eso sí lo creo —apoyó Sarah entre risas.

—¿Y acaso no es verdad? —Liam miró fijamente a Astrid—. Hasta ahora no ha habido una que se me resista; siempre terminan cayendo en mis encantos.

Astrid ladeó la cabeza; no podía con el presumido de su esposo.

—Lo bueno es que ya te atraparon, hermanito.

Liam Brown sonrió de medio lado, bebió del refresco que minutos antes habían colocado en la redonda mesa de cristal. Sobre el filo de la copa miró a Astrid; la mujer era sumamente hermosa. No entendía cómo Robert pudo dejarla… o bueno, sí lo sabía: el dinero de su madre pudo más.

Pero si Robert creía que se iba a quedar con todo lo que por derecho le pertenecía, estaba equivocado, pensó Liam para sus adentros.

Astrid se sintió incómoda con la mirada de Liam. No tenía duda de que ese hombre conquistaba a cuantas mujeres se le cruzaran en el camino, pues no solo tenía una mirada encantadora: su rostro entero era hermoso, ni qué decir de ese cuerpo. Podía tener a muchas babeando por él, pero no a ella, pues en su corazón estaba otro hombre; un hombre que no merecía ni su más mínimo cariño. Aunque trataba de hacerle entender a su corazón, este no parecía comprender. Muchas veces intentó arrancarlo de su pecho, pero su corazón seguía latiendo por él. Ella continuaba amando a Robert, ese cruel hombre que, después de que ella le salvó la vida, la dejó en prisión y se casó con otra.

De solo imaginarlo al lado de la viuda de Brown, las venas de Astrid ardían de ira.

—¿Sucede algo? —cuestionó Liam al verla cambiar de semblante.

—No, nada —explicó Astrid—. Si me disculpan, iré a descansar.

Se despidió de Sarah y se marchó. Llegó hasta la habitación y se lanzó sobre la cama; los ojos se le aguaron solo de recordar a su exesposo. Astrid sabía que, para cuando Robert volviera, la convivencia en esa casa sería asfixiante. No sabía si podría soportar verlo todos los días con otra mujer.

Al escuchar la puerta abrirse, limpió la humedad de su mejilla.

—¿Estás bien? —cuestionó Liam desde la puerta.

Astrid continuaba limpiando las rebeldes lágrimas que brotaban de sus pupilas y cruzaban por el puente de su nariz.

—Sí —dijo con la voz aguda.

—¿Quieres ir a dar un paseo? Saldré con Sarah.

—Te acompaño —se incorporó y caminó hasta la puerta.

Juntos bajaron y se dirigieron hasta el coche, donde Sarah ya los esperaba.

—¿Y tu familia, Astrid? —cuestionó Sarah—. ¿No tienes algún hermano que me presentes? —dijo entre sonrisas.

—¿Qué cosas preguntas, niña? —bufó Liam mientras manejaba.

Astrid sonrió y explicó:

—Sí tengo uno, pero no lo veo desde hace diez años; su madre se lo llevó.

—¿Y no te comunicas con tu madre?

—No, la madre de mi hermano no es la misma mía, además, mi mamá... ella ya no está en este mundo —dijo aguantando las ganas de llorar—. Murió cuando era una bebé.

—¿De qué? Si se puede saber —preguntó Sarah; ella era una adolescente muy curiosa.

—No creo que Astrid quiera hablar de ese tema —acotó Liam mientras le echaba una mirada rápida.

—Murió de cáncer. Cuando nací, un pedazo de placenta quedó en su útero; le hicieron una limpieza, pero no del todo bien. Los pequeños restos produjeron una infección cancerígena —la voz de Astrid se quebró, y entonces Liam posó su mano sobre la de ella. Aquel acto atrajo la mirada de Astrid; la cálida mano de su esposo le produjo una calma.

—Tranquila, no tienes que hablar de eso si no quieres.

Astrid retiró su mano y perdió la mirada en el hermoso paisaje. A su mente llegaron recuerdos de esos días cuando su padre le llamó y la maldijo. Jamás olvidará las crueles palabras lanzadas por parte de su padre:

«Hoy dejas de ser mi hija, Astrid. Desde este día considérame muerto. Si algún día ese hombre te abandona, no me busques, porque para mí tú ya habrás muerto».

Y vaya que su padre tenía razón: Robert terminó abandonándola. El orificio de su ojo lagrimal picaba, pero Astrid se apretó los dientes y parpadeó para no dejar salir ninguna lágrima. No iba a llorar delante de Liam y Sarah; no quería que nadie sintiera lástima por ella.

—Llegamos —Liam detuvo el auto. Sarah bajó deprisa, dejando a Astrid y a su hermano solos. Cuando Astrid se proponía bajar, Liam la tomó de la mano.

—¿En serio te encuentras bien?

—Sí, no tienes de qué preocuparte —dijo y bajó del auto.

Los tres juntos se adentraron en uno de los parques de juegos más grandes de Los Ángeles.

La Astrid que hace minutos parecía que iba a romper en llanto ahora sonreía a carcajadas. Se preparaba para dar su segunda lanzada de bolo cuando las manos de Liam la rodearon por detrás.

—Te ayudo.

Astrid regresó a ver a Liam; su puntiaguda nariz soltaba el aire muy cerca de su rostro. Se miraron fijamente por unos segundos, y cuando la mirada de Liam bajó a los labios de Astrid, ella refutó:

—¿Te gustan mis labios? No has dejado de mirarlos desde la boda.

Astrid logró hacer que el rostro de Liam se sonrojara, pues ninguna mujer había logrado intimidarlo. Pero como él era un gran actor, no dio a notar el nerviosismo que le causaba esa mujer. Evadiendo el tema, continuó enseñándole cómo debía lanzar la bola para tumbar todos los bolos. Una vez lista, Astrid soltó la bola y derrumbó todos los bolos; eso le provocó una inmensa alegría, por lo que saltó a los brazos de su reciente esposo.

Desde cierta distancia, Sarah los contemplaba. Se sentía muy feliz de que su hermano se hubiera casado; quiso compartir la felicidad con su madre, por ello envió una foto de Astrid y Liam que parecían estar a punto de besarse.

«Tu hijo ha vuelto, y casado» fue el pie que llevaba la fotografía.

Cuando Robert abrió el mensaje que llegó al teléfono de su esposa, se quedó estupefacto. Expandió más la imagen y, al ver a su exesposa abrazada a Liam Brown, sintió las venas inflarse.

Al momento en que su esposa salió de la ducha, acomodó el teléfono bajo la almohada y forzó una sonrisa.

—¿Todo bien, amor? —cuestionó al acercarse y plantar un beso en los labios de Robert.

—Sí —respondió él—. Ve a cambiarte, saldremos en unos minutos —dijo al incorporarse.

Ava Silverio asintió y se metió al vestidor. En ese momento, Robert aprovechó para llamar a su primo, David Ferrer.

—¿Qué hay, mopri? ¿Acaso te aburriste de la veterana que me estás llamando en plena luna de miel? ¿O es que la viejita no te aguanta? —sonrió David.

—Deja de hablar estupideces —bramó Robert—. Quiero saber cómo está Astrid.

—Astrid, ¿en serio te importa esa mujer? Deberías estar disfrutando de todos esos millones y no estar pensando en esa pobretona.

—Ve a prisión, averigua sobre Astrid. Espero tu llamada en la noche —ordenó y colgó.

La viuda de Brown salió del vestidor con una lencería provocativa y se dirigió hasta él. Con sus delgados brazos lo rodeó por la cintura y lo besó.

—¿Te gusta? —cuestionó al soltar los labios.

Robert asintió y la llevó de vuelta a la cama. Empezó a quitar las prendas de la mujer, y en su mente se reflejó la imagen de Astrid y Liam a punto de besarse. Las letras escritas bajo la fotografía recorrían su cabeza; la que más le retumbaba era “volvió casado”. ¿Acaso Astrid era la esposa de su hijastro? No, esperaba que solo fuera idea suya, que sus ojos hubieran visto mal, pues su exesposa estaba pagando una condena en prisión; no podría ser ella, al menos que ya estuviera fuera de la cárcel.

Horas después salieron a la playa. Mientras Ava contemplaba los distintos tipos de artesanía, Robert contestó la llamada de David.

—Astrid está libre —dijo el abogado.

—¿Cómo salió? ¿No haz estado al pendiente?

—Sí, pero al parecer no se me comentó nada. No tengo ni idea de cómo, pero averiguaré.

—No muevas ningún dedo; yo mismo me encargaré de averiguar —culminó y colgó.

Robert Johnson apretó el celular al mismo tiempo que tensó la mandíbula y dirigió la mirada hacia el infinito del mar.

—¿Algún problema, amor?

—No —dijo al voltearse—. Bueno, sí surgió un inconveniente en la empresa y necesito estar mañana a primera hora.

—Pero apenas tenemos una semana de…

—Lo sé, pero debo volver.

—Okay, si se trata de la empresa no hay problema. Volveremos mañana mismo, pero hoy quiero que nos quedemos; al menos quiero disfrutar otra noche lejos de casa junto a ti.

Robert esforzó una sonrisa y besó a su esposa, una mujer que le llevaba quince años de diferencia, pero que no parecía tan mayor a él, pues Ava se había cuidado muy bien. Ninguna arruga se reflejaba en su rostro; las pocas canas que empezaban a salir las cubría con tinta y así se quitaba diez años menos de los que tenía. Su cuerpo era delgado; a pesar de haber tenido dos hijos, había mantenido la figura. A sus cuarenta y cinco años lucía muy bien.

—Volveremos hoy mismo —dijo Robert.

Tiempo después, un auto negro se estacionó a las afueras de la mansión. De aquel lujoso auto bajaron Ava Silverio y Robert Johnson; tomados de la mano ingresaron a la mansión, la cual permanecía en absoluta oscuridad.

Lanjutkan membaca buku ini secara gratis
Pindai kode untuk mengunduh Aplikasi

Bab terbaru

  • Solo Ámame Una Vez Más   Fin

    Parado frente al altar con la mirada posada en dirección a la puerta y los brazos hacia atrás, traqueteando los helados dedos sin parar, se encontraba Robert Johnson. Cuando la mano de su hermano se posó en su hombro, giró el rostro hacia él.—Tranquilo, sí va a llegar.Robert suspiró y, cuando escuchó encender la música, regresó la mirada hacia la puerta. Sus marrones ojos brillaron al momento en que la vio. Astrid estaba vestida de blanco y se veía tan hermosa como siempre lo había imaginado.Mientras la veía acercarse, bajó los cinco escalones y, al estar frente a ella, su corazón se aceleró como el primer día que la vio. Soltando un suspiro, entrelazó su mano a la de ella y subieron para pararse frente al sacerdote.Recibieron la bendición del seguidor de Dios y unieron sus vidas para estar juntos hasta más allá de la muerte. Luego de la ceremonia, partieron a una luna de miel, algo que nunca habían tenido.Se miraban fijamente a los ojos mientras ambos iban despojando sus prendas

  • Solo Ámame Una Vez Más   Capítulo 66

    Robert Johnson abrió los ojos. Después de haber pasado varios días durmiendo, al fin había recuperado el conocimiento. La primera persona que vio fue a su padre. Robert parpadeó un par de veces. Por un momento creyó que había muerto y que estaba en el infierno; sin embargo, la imagen de Armando continuaba frente a él. Robert quiso pararse, pero el hombre lo detuvo.—Hijo.—¡No me llames hijo! ¡Maldito infeliz! —bufó como toro. Se removió sobre la cama buscando la manera de levantarse, no obstante, la herida se abrió y empezó a sangrar.—¡Maldito! ¡Voy a matarte! Lamentarás no haber muerto en el pasado.Cangrejo, al escucharlo gritar, ingresó de inmediato. Se paró frente a Robert y le pidió que se calmara, y logró calmarlo porque lo dejó perplejo.—¿Trabajas para él? —Jack asintió—. ¡Traidor! Eres un maldito traidor, Cangrejo. Confié en ti y es así como me pagas.—Te explicaré todo, pero debes calmarte. La herida se está abriendo.—No me toques —bramó al mirar a Armando Brown con ojos

  • Solo Ámame Una Vez Más   Capítulo 65

    Ava fue llevada a prisión. Cuando Liam se enteró, se encontraba en casa y Astrid acababa de llegar. Al verlo todo pálido y apresurado, inquirió:—¿Qué sucede?—Mi madre está en prisión.—Pero ¿por qué?—No lo sé —dijo Liam agarrando las llaves.—Voy contigo.Él se alzó de hombros y ella lo siguió. De camino a la comisaría, Astrid acotó:—Tal vez la policía descubrió que fue ella la que me lanzó el auto encima.—¿De qué estás hablando?Astrid lo miró y explicó:—¿No lo sabías? Pues tu madre fue la que me arrolló, ella fue la que casi me mata.—No puedo creer lo que estás diciendo.—Pues créelo, porque es la verdad. Y cuando recuperé la memoria no la denuncié porque no tenía pruebas.—Astrid, ¿estás hablando de mi madre?—Por esta razón no te lo había contado, porque sabía que no me creerías.Envolviendo los dedos en el volante y ajustándolos ahí, Liam suspiró rabioso.Enterarse de que su madre había intentado asesinar a su esposa lo decepcionó y a la vez lo enfureció. Sabía que era una

  • Solo Ámame Una Vez Más   Capítulo 64

    Una vez bañada y cambiada, Astrid salió del hotel dejando a Robert confundido. Al llegar a la prisión encontró a Liam ya libre, pero Aurora no había salido, pues un policía fue testigo de la masacre que le dio a Alfonso.—¿En serio ella lo asesinó a sangre fría por salvarte la vida? —Liam asintió. Astrid recordó el pasado de su historia con Robert—. No le tendiste una trampa para deshacerte de ella y del bebé, ¿o sí? Porque de ser así te juro que…—¿Qué clase de persona crees que soy? ¿Piensas que soy como él?—No lo sé, pues son hermanos, ¿no?Liam apretó los dientes y la fulminó con la mirada. Se preguntaba cómo esa mujer podía decir tales cosas de él. Él jamás se rebajaría a hacer algo así. Cuando quería dejar a alguien, simplemente lo hacía sin buscar excusas baratas ni hacer daño. Además, ya había quedado con Aurora en que primero se conocerían y luego verían si se daban una oportunidad. ¿En qué cabeza Astrid podía pensar que él la enviaría a prisión? Si Aurora esperaba un hijo s

  • Solo Ámame Una Vez Más   Capítulo 63

    Aurora continuó su camino dejando a la pareja a solas. Llegó a la mesa y se despidió de su padre, había quedado de verse con Liam en una hora y no quería hacerlo esperar.Liam Brown salió de casa y se dirigió al restaurante donde había citado a la madre de su hijo. Estaba concentrado buscándola con la mirada cuando chocó con una mesera, la cual regó el café sobre su terno.—¡Lo siento! ¡Perdóneme, no lo vi!—¡Tranquila! —Sacudió su camisa y, levantando la mirada hacia la joven, sonrió—. Me parece haberte visto antes.Aún avergonzada por lo sucedido, Connie se lo quedó mirando.—Sí, claro. Usted era el que estaba en silla de ruedas cuando Astrid nos ignoró.Liam rascó su sien y asintió.—¿Conoces a Astrid?—Sí, ella es mi amiga.Cuando Aurora ingresó, encontró a Liam conversando con Connie. Ignorando por completo a la joven, se acercó a Liam, se enganchó de su brazo y, delante de la joven, le dio un beso.Connie se sorprendió al verla besándose con Liam. Quizás eso era algo que su amig

  • Solo Ámame Una Vez Más   Capítulo 62

    Ava se llenó de desprecio hacia Astrid. Sus afiladas uñas se clavaron en la palma de sus manos, lastimando la delicadeza de estas. Sus dientes se apretaron y su mirada endemoniada se posó en ellos dos. Sintió unas ganas infinitas de arrastrar a aquella mujer de negra cabellera y limpiar el suelo de la casa con ella.—¿Cómo es que lograste salir?Inflando su pecho, Robert mantuvo la mirada en ella.—Porque todas las acusaciones que me hicieron son falsas.—¿Acusaciones falsas? —Se cruzó de brazos y no despegó la mirada de él—. ¿Acaso es mentira que me llevaste en contra de mi voluntad, apartándome de mi esposo? ¿También vas a decir que no tomaste el dinero de los Brown o que no quisiste propasarte con Sarah?—Sarah es mi hermana. Jamás podría hacerle algo aberrante como eso.—¿Qué estás diciendo? ¿Cómo que soy tu hermana? —La adolescente acababa de bajar las escaleras y se paró muy cerca de Robert.Este la contempló y miró a Ava.—Dime, ¿por qué dices que soy tu hermana?—Porque soy hi

Bab Lainnya
Jelajahi dan baca novel bagus secara gratis
Akses gratis ke berbagai novel bagus di aplikasi GoodNovel. Unduh buku yang kamu suka dan baca di mana saja & kapan saja.
Baca buku gratis di Aplikasi
Pindai kode untuk membaca di Aplikasi
DMCA.com Protection Status