LOGINEn su lujosa habitación principal, Victoria arrojó un jarrón de cristal al suelo hasta hacerlo añicos. Respiraba con dificultad y sus ojos ardían de furia.
"¡Maldita mujer! ¡¿Cómo se atreve a humillarme delante de Alejandro?!", gritó Victoria mientras apretaba los puños con fuerza. Maria, que entró detrás de ella, cerró la puerta con firmeza. Se acercó a Victoria con una expresión llena de intriga. "Señora, por favor, cálmese. No podemos actuar precipitadamente. Pero, para ser sincera, esa nueva sirvienta llamada Camilla es muy peligrosa." "¡Lo sé!", la interrumpió Victoria con brusquedad. "No se trata solo de eso, señora", la instigó Maria con un susurro astuto. "Mire cómo observa al señor Alejandro. Una mujer pobre como ella seguramente tiene segundas intenciones. ¡Incluso podría utilizar al bebé Gael para intentar arrebatarle su posición como señora Valdés!" Victoria apretó los dedos hasta que sus nudillos se volvieron blancos. "¡No permitiré que esa zorra me arrebate mi posición! Pero Alejandro me está vigilando. No puedo actuar a la ligera." Maria esbozó una sonrisa ladeada. "No necesita ensuciarse las manos, señora. Mañana por la noche habrá un gran banquete para celebrar al bebé Gael, ¿verdad? Es nuestra oportunidad de oro. Tengo un plan para humillar a Camilla delante de todos los invitados y demostrarle al señor Alejandro lo vulgar y despreciable que es esa mujer." Los ojos de Victoria brillaron con crueldad. "Bien. Organízalo todo cuidadosamente, Maria. Asegúrate de que quede destruida mañana por la noche." "Déjemelo todo a mí, señora", respondió Maria obedientemente. Mientras tanto, en la habitación del bebé, el silencio reconfortante volvió a reinar. Camilla acababa de acostar a Gael nuevamente en su cuna. Cuando se puso de pie y se dio la vuelta, sus ojos se abrieron de par en par al encontrarse, justo frente a ella, con un hombre que no sabía desde cuándo había entrado. Alejandro Valdés. "¿S-señor Valdés?", susurró Camilla, sorprendida. Por reflejo, se cubrió el pecho con ambas manos porque estaba mojado. "¿Hay... hay algo que necesite, señor?" En lugar de responder, el hombre avanzó, acortando la distancia entre ellos. Sus profundos ojos grises recorrieron el rostro de Camilla con una intensidad abrumadora. Camilla, intimidada, continuó retrocediendo hasta que la parte posterior de sus piernas chocó contra el borde de la cuna. Quedó atrapada, sin posibilidad de retroceder más. "¿Por qué estás tan nerviosa?", preguntó Alejandro brevemente, con su voz grave resonando en aquella habitación silenciosa. "Yo... solo me sorprendí, señor", respondió Camilla rápidamente, alternando la mirada entre el amplio pecho de Alejandro y el suelo. "No sabía cuándo había entrado." "Esta habitación pertenece a mi bebé. Soy libre de venir cuando quiera", respondió Alejandro mientras daba otro paso, eliminando por completo la distancia entre ellos. El corazón de Camilla latió con fuerza y se puso nerviosa cuando el aroma cítrico de Alejandro la envolvió. Lentamente, los largos y cálidos dedos de Alejandro se alzaron para acariciar suavemente la mejilla de Camilla, amoratada y enrojecida por la bofetada de Maria. El contacto fue tan delicado que contrastaba por completo con la frialdad que él había mostrado hasta entonces. "¿Todavía te duele?", preguntó Alejandro en voz baja, mientras su pulgar acariciaba suavemente la mejilla de Camilla. Camilla se sobresaltó ante aquel contacto repentino y trató de contener la respiración. "U-un poco, señor... pero no es nada. Estoy acostumbrada." "Lo que hizo Maria es imperdonable", afirmó Alejandro con firmeza. Sus ojos se clavaron profundamente en los de Camilla, haciendo que la mujer fuera incapaz de apartar la mirada. "Dime... ¿nos hemos visto antes?" Camilla contuvo el aliento y negó lentamente con la cabeza, aunque una intensa sensación agitaba su pecho. "N-no, señor... Creo que nunca. Solo soy una persona común." "Qué extraño", murmuró Alejandro mientras sus ojos recorrían cada detalle de las facciones de Camilla. "Por alguna razón, tu presencia... el aroma de tu cuerpo... me resultan tan cercanos y familiares. Como si hubiéramos estado muy cerca antes." "Quizá solo sea una impresión suya", interrumpió Camilla rápidamente, con la voz ligeramente temblorosa por los nervios. "Solo soy la nodriza de Gael, nada más." "¿Estás segura?", insistió Alejandro. Levantó una mano y apoyó la palma sobre el borde de la cuna detrás de Camilla, dejándola completamente acorralada. "La forma en que me miras... siento que ya he vivido este momento en algún lugar." "Realmente no sé a qué se refiere, señor Valdés", respondió Camilla en voz baja, intentando mantener la distancia aunque su pecho retumbaba con fuerza. No era solo Alejandro. El propio pecho de Camilla se agitó intensamente al tener al hombre tan cerca. Una extraña sensación de familiaridad golpeó de repente sus recuerdos. La mente de Camilla regresó a un acontecimiento trágico ocurrido un año atrás, a aquella noche oscura en la que trabajaba como empleada de limpieza en un exclusivo club nocturno. Mientras limpiaba una sala VIP tenuemente iluminada, un hombre completamente ebrio la sujetó de repente y aquella noche terminó sucediendo... La noche que cambió su vida y dio origen al bebé que llevaba en su vientre. Aquel hombre tenía exactamente el mismo aroma que el hombre que se encontraba frente a ella en ese momento. "¿Acaso ese hombre... era Alejandro?", gritó la mente de Camilla con incertidumbre, mientras miraba al hombre frente a ella con un millón de preguntas. "Ya veo", respondió Alejandro, aparentemente decepcionado. "Mañana por la noche habrá un evento para Gael. Debes estar con él para que no se ponga inquieto." "Está bien, señor", respondió Camilla, inclinando respetuosamente la cabeza.Antes de que Camilla pudiera siquiera dar un paso hacia la puerta abierta del automóvil, Julian se movió rápidamente y le sujetó la muñeca. El agarre del hombre no era demasiado fuerte, pero fue tan repentino que hizo que Camilla se detuviera de inmediato.—¡Julian! ¡Suéltame! —espetó Camilla con dureza mientras sacudía la mano con brusquedad.El rostro de Julian estaba lleno de incredulidad. Sus ojos permanecían fijos en el sedán de placa especial perteneciente a la familia que gobernaba aquella ciudad. —¡Camilla, espera! ¿Qué quiso decir ese chofer? ¿Desde cuándo tienes relación con Alejandro Valdés? ¿Por qué la familia Valdés enviaría un automóvil privado para recogerte y te trataría de esta manera?La curiosidad y unos extraños celos eran evidentes en el tono de Julian. Para él, un hombre del calibre de Alejandro Valdés estaba en un cielo inalcanzable. ¿Cómo era posible que una mujer pobre a la que había abandonado sin pensarlo dos veces pudiera encontrarse ahora en el círculo del
Con los últimos restos de lágrimas que se secó bruscamente de las mejillas, Camilla caminó con paso tambaleante hacia el cajero automático ubicado en una esquina del vestíbulo del hospital.Con las manos temblorosas, depositó en la cuenta de Linda el dinero en efectivo que Victoria le había dado antes. La sensación de estar atrapada y bajo una presión insoportable le oprimía el pecho, pero salvar la casa que le había dejado su difunta madre era un precio que estaba dispuesta a pagar a cualquier costo.Después de completar la transferencia, Camilla regresó frente a la habitación VIP 701. Permaneció inmóvil detrás de la pared de cristal transparente, observando a Elena, que todavía dormía profundamente bajo la vigilancia de los monitores médicos.Camilla apoyó la palma de la mano contra el cristal y luego esbozó una sonrisa amarga con los ojos llenos de lágrimas.—Elena, perdóname... Tu hermana tiene que regresar ahora —susurró Camilla con voz tenue—. No puedo quedarme aquí mucho tiempo
El sedán de lujo de la residencia Valdés se detuvo frente al vestíbulo principal del Ospedale San Raffaele. En cuanto el conductor abrió la puerta del automóvil, Camilla bajó apresuradamente.Su abrigo ondeaba suavemente al ritmo de sus pasos, mientras casi corría por el pasillo del hospital.Guiada por una amable enfermera, Camilla llegó frente a la puerta de una habitación que llevaba el número Sala VIP 701. Aquella no era una habitación común, sino una suite de cuidados intensivos de primera clase, equipada con la tecnología médica más avanzada, a la que solo podían acceder unas pocas familias de los grandes conglomerados de Milán, todo gracias al prestigioso nombre de Alejandro Valdés.Camilla empujó lentamente la puerta insonorizada. El aroma de los medicamentos y el sonido rítmico del monitor electrocardiográfico llegaron de inmediato a sus oídos.En medio de aquella habitación espaciosa y confortable, sobre una cama médica cubierta con sábanas blancas e impecables, yacía una ad
En cuanto los padres de Victoria se despidieron y regresaron a casa, Camilla finalmente pudo soltar el largo suspiro que había estado conteniendo en la garganta. La tensión que había congelado sus articulaciones comenzó a disiparse poco a poco.Camilla se apresuró a regresar a la habitación del bebé. Con mucho cuidado, acostó a Gael en su cuna, cuyo colchón estaba cubierto con una suave sábana de seda.Cubrió el pequeño cuerpo del bebé con una cálida manta tejida, y luego sus dedos acariciaron suavemente las regordetas mejillas de Gael, quien ya dormía profundamente. Una sonrisa serena se dibujaba en sus pequeños labios, señal de que se sentía seguro y satisfecho después de haber sido amamantado.—Duerme profundamente, mi pequeño ángel —susurró Camilla con dulzura, besando la coronilla de Gael con todo su amor.De pie junto a la silenciosa cuna, la mente de Camilla se desvió de inmediato hacia otro lugar, hacia Elena. Aunque el estado de su hermana menor estaba mejorando, como hermana
La sala familiar de la residencia Valdés, aquella tarde.Sentados sobre un lujoso sofá de terciopelo color marfil había un matrimonio de mediana edad, elegantemente vestidos y adornados con joyas resplandecientes. Eran Fernando y su esposa, Beatriz, los padres de Victoria y, al mismo tiempo, los propietarios de una prestigiosa red de distribución de vinos en Milán.Victoria estaba sentada entre sus padres, con una dulce sonrisa dibujada en los labios.Mientras tanto, a dos pasos a su derecha, Camilla permanecía de pie con la cabeza respetuosamente inclinada mientras sostenía en brazos a Gael, envuelto en una cálida manta tejida. El pequeño bebé descansaba en el hueco del cuello de Camilla, luciendo completamente tranquilo y cómodo.La mirada penetrante de Beatriz recorrió a Camilla de pies a cabeza. Sus ojos estaban llenos de desprecio, con esa actitud típica de los aristócratas que miraban por encima del hombro a la gente común.—Victoria, querida —susurró Beatriz con un tono pausado
Alejandro sintió que su sangre se agitaba de una manera extraña y un calor ardiente le quemaba la nuca después de contemplar aquella escena íntima en el sillón mecedor.Al darse cuenta de que el ambiente dentro de la habitación del bebé se volvía cada vez más incómodo y cargado de una tensión peligrosa, el hombre retrocedió unos pasos.—Descansa después de esto. No te esfuerces demasiado —dijo Alejandro con voz ronca, apartando la mirada de Camilla.—M-Muchas gracias, señor Valdés —respondió Camilla con voz contenida.Alejandro se dio la vuelta y caminó rápidamente hacia la puerta. Sin embargo, justo cuando su mano estaba a punto de empujar la hoja de la puerta, que permanecía ligeramente abierta, Victoria ya estaba de pie en el umbral.Los ojos de Victoria se entrecerraron por un instante al ver a su esposo salir de la habitación donde se encontraba la niñera. Un destello de ira y sospecha cruzó por su mente, pero, en un abrir y cerrar de ojos, su sonrisa cuidadosamente ensayada tran







