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capitulo 3

Author: Orion
last update publish date: 2026-09-21 16:09:37

Cuando Camilla levantó la mirada con las comisuras de los ojos aún húmedas, pudo percibir el aura aterradora que emanaba del cuerpo de Alejandro. Sus ojos se clavaron alternativamente en Maria y Victoria.

Maria bajó de inmediato la mano que le temblaba. Su rostro, que antes estaba lleno de arrogancia, ahora estaba completamente pálido. A su lado, Victoria retrocedió un paso por reflejo, estrechando contra su cuerpo a Gael, que aún lloraba en sus brazos.

"¿Alguien puede explicarme... qué demonios está pasando en la habitación de mi hijo?", la voz de Alejandro sonó muy baja, pero cada una de sus palabras estaba cargada de una amenaza mortal.

Los pasos de Alejandro rompieron el silencio de la habitación mientras se acercaba. No apartó la mirada de Maria ni por un instante.

"Explícame, Maria", exigió Alejandro, deteniéndose justo frente a la anciana jefa de servicio. "¿Desde cuándo las reglas de la residencia Valdés permiten que una jefa de servicio levante la mano y abofetee a una trabajadora de esta casa? ¿Y por qué Gael está llorando hasta casi quedarse sin aliento?"

Maria juntó sus manos, que temblaban violentamente, mientras las palabras se atoraban en su lengua. "S-señor Valdés... p-perdóneme. Y-yo solo... ¡solo quería darle una lección a esta nueva sirvienta!"

"¿Darle una lección?", repitió Alejandro con un tono frío y aterrador.

"¡S-sí, señor! ¡Esta sirvienta fue muy irrespetuosa!", se apresuró a justificarse Maria, tratando de inventar una excusa para salvar su puesto. "¡Se atrevió a imponer su voluntad sobre la señora cuando ella quería cargar a su propio hijo! Camilla se negó y trató a la señora con rudeza. ¡No podía permitir que una sirvienta fuera tan insolente y descarada delante de la señora Valdés!"

Alejandro entrecerró los ojos y luego dirigió la mirada hacia su esposa. "¿Es cierto, Victoria?"

Victoria tragó saliva. Adornó su hermoso rostro con una expresión de víctima. "S-sí, cariño. Acababa de regresar y extrañaba a Gael. Pero cuando quise abrazar a nuestro hijo, esta mujer me detuvo y me prohibió acercarme a Gael. Actuaba como si fuera ella quien supiera mejor que nadie lo que nuestro bebé necesitaba. Yo solo intentaba recuperar a mi hijo, pero Gael se sobresaltó de repente y comenzó a llorar..."

Camilla, que todavía estaba sentada en el suelo mientras se sostenía la mejilla, no podía creer que aquellas dos mujeres pudieran distorsionar los hechos con tanta facilidad. Sin embargo, decidió permanecer en silencio, consciente de su posición como una simple y pobre nodriza.

Alejandro observó a Victoria con una mirada extremadamente penetrante y evaluadora. El hombre dejó escapar un pesado suspiro, visiblemente decepcionado.

"Es suficiente, Victoria", interrumpió Alejandro con firmeza, haciendo que las palabras de su esposa se detuvieran de inmediato. "Lo que hiciste fue indigno."

Los ojos de Victoria se abrieron con sorpresa. "Alejandro... ¿qué quieres decir?"

"Eres la señora Valdés", dijo Alejandro con una voz fría y enfática. "Mostrarte emocional, permitir que ocurra un alboroto tan vergonzoso dentro de la habitación de tu propio bebé y pelearte por tu hijo con una trabajadora... ¿dónde está tu dignidad como esposa de un Valdés? ¡Cuida tu reputación y la de esta familia!"

Las palabras de Alejandro fueron como una fuerte bofetada al orgullo de Victoria. Su rostro se sonrojó de vergüenza y molestia, pero sabía que no tenía sentido protestar contra Alejandro cuando él estaba enojado.

Victoria cambió rápidamente de estrategia. Adoptó una expresión llena de arrepentimiento y sus ojos se humedecieron. Se acercó a Alejandro y dejó que sus delicados dedos, cuidadosamente arreglados, acariciaran el musculoso brazo de su esposo.

"Perdóname...", susurró Victoria con la voz lo más suave que pudo, levantando la mirada hacia los ojos de su esposo. "Lo siento si mis acciones te decepcionaron y mancharon la dignidad de nuestra familia. De verdad no era mi intención. Yo solo... solo me dejé llevar por mis emociones porque te amo demasiado y quiero ser una buena madre para nuestro hijo. No soporto ver que Gael esté más cerca de una extraña que de mí..."

Victoria continuó acariciando el amplio pecho de Alejandro, intentando disipar la ira que se reflejaba en el apuesto rostro de su esposo. "Sabes cuánto te amo, ¿verdad? Solo tenía miedo de perder momentos con nuestro hijo, Alejandro. Por favor, no te enojes más conmigo..."

Alejandro miró a Victoria inexpresivamente. No rechazó su contacto, pero tampoco respondió con calidez. Apartó con suavidad, aunque con frialdad, la mano de Victoria de su pecho.

"Si me amas y respetas a esta familia, demuéstralo con tus acciones, no solo con palabras", respondió Alejandro con indiferencia.

Luego, el hombre giró el cuerpo para mirar a Maria, que permanecía de pie con la cabeza inclinada y el cuerpo tembloroso.

"Y tú, Maria." La voz de Alejandro volvió a sonar como una afilada cuchilla. "Pídele disculpas a Camilla ahora mismo."

Maria levantó la mirada con sorpresa, abriendo los ojos con incredulidad. "¿S-señor? ¿Tengo que disculparme con ella?"

"No acepto objeciones en esta casa", sentenció Alejandro con un aura sumamente intimidante. "Discúlpate o puedes empacar tus cosas y marcharte de la residencia Valdés hoy mismo."

Maria se estremeció de miedo. A regañadientes, se volvió hacia Camilla, que aún estaba en el suelo.

"P-perdóname, Camilla... Yo... actué con rudeza contigo", susurró Maria con un tono lleno de insinceridad.

Camilla solo asintió lentamente sin decir una palabra, pues no quería prolongar el problema.

"Ahora", Alejandro volvió a mirar a Victoria, con los ojos dirigidos hacia Gael, que lloraba cada vez más débilmente en los brazos de su esposa. "Entrégale a Gael a Camilla. Deja que haga su trabajo."

Victoria apretó los puños hasta que las uñas se clavaron en sus palmas. Su corazón gritaba en protesta al imaginar a su enemiga meciendo a su propio hijo frente a ella. Sin embargo, la fría mirada de Alejandro no le dejó espacio para objetar.

Con el corazón apesadumbrado y una sonrisa rígida y forzada, Victoria se acercó a Camilla, que comenzaba a ponerse de pie lentamente, y le entregó a Gael.

"Sosténlo bien", susurró Victoria muy cerca del oído de Camilla, ocultando una amenaza detrás de su voz.

Cuando Gael pasó a los brazos de Camilla, el milagro volvió a ocurrir. En cuanto el aroma de Camilla llegó a sus sentidos y la suavidad de su mano acarició su pequeña espalda, el llanto histérico de Gael fue disminuyendo poco a poco, transformándose en pequeños sollozos hasta que finalmente el bebé se acurrucó cómodamente contra el pecho de Camilla.

Alejandro observó aquel cambio milagroso con una mirada cargada de significado.

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