LOGINEl salón quedó envuelto en un silencio incómodo.
Los ojos de Victoria De Luca permanecían fijos en Valeria, mientras la copa de vino rota a sus pies era retirada discretamente por uno de los meseros. Su elegante sonrisa regresó a su rostro como si nada hubiera ocurrido.Con pasos lentos y seguros, caminó hacia ellos. —Sebastián... —saludó con una naturalidad que sorprendió a Valeria—. Hace tiempo que no nos veíamos. Él respondió con la misma serenidad. —Victoria. Ella desvió la mirada hacia Valeria. La observó de arriba abajo con discreción, aunque sin ocultar el juicio en sus ojos.. —No sabía que te habías casado. —Fue una decisión personal —contestó Sebastián. Victoria sonrió. —Veo que sí. Valeria sintió un ligero nudo en el estómago. No conocía a aquella mujer, pero había algo en su forma de hablar que la hacía sentir fuera de lugar. Antes de que pudiera decir algo, un hombre de cabello gris y porte elegante se acercó al grupo. —Sebastián. El empresario giró de inmediato. —Padre. Valeria entendió enseguida quién era. Sebastián dio un paso hacia ellla —Valeria, quiero presentarte a mi padre. Alessandro Morelli. Ella extendió la mano con respeto. —Es un gusto conocerlo, señor Morelli. Alessandro estrechó su mano con firmeza. Durante unos segundos la observó en silencio. Valeria sintió que aquel hombre parecía capaz de leer a las personas con una sola mirada. Finalmente, él habló. —Bienvenida a la familia. Aquellas palabras la sorprendieron. No esperaba una bienvenida tan directa. —Gracias. Victoria apretó la mandíbula con discreción. Aquella escena no estaba saliendo como había imaginado. Durante años había acompañado a Alessandro en reuniones familiares y eventos importantes. Siempre creyó que, tarde o temprano, él la aceptaría como la esposa de Sebastián. Ahora otra mujer ocupaba ese lugar. Y nadie parecía cuestionarlo. Minutos después, la cena continuó entre conversaciones de negocios y obras benéficas. Valeria permanecía sentada junto a Sebastián, intentando seguir el protocolo sin llamar demasiado la atención. De vez en cuando él se inclinaba ligeramente para explicarle quién era alguna de las personas que se acercaban a saludarlos. —El señor Gutiérrez. Constructor. —La señora Bianchi. Presidenta de una fundación. —Ellos son socios de la empresa. Valeria escuchaba con atención. Todo aquel mundo era completamente nuevo para ella. En un momento, mientras Sebastián conversaba con un empresario, Victoria aprovechó para acercarse. —¿Cómo se conocieron? —preguntó con aparente curiosidad. Valeria sonrió con educación. —Fue... Recordó inmediatamente la cláusula de confidencialidad. —...una historia inesperada. Victoria soltó una leve risa. —Supongo que sí. Sebastián nunca fue un hombre impulsivo. Antes de que Valeria pudiera responder, Sebastián regresó a su lado. —¿Todo bien? —Perfectamente —respondió Victoria sin perder la sonrisa—. Solo estaba conociendo un poco mejor a tu esposa. —Ya habrá tiempo para eso. El tono de Sebastián seguía siendo educado, pero dejaba claro que la conversación había terminado. Victoria entendió el mensaje. Tomó una copa de champán de la bandeja de un mesero y se alejó. Sin embargo, antes de desaparecer entre los invitados, volvió la vista hacia Valeria. Aquella mirada no era de simple curiosidad. Era una promesa silenciosa. La gala terminó cerca de la medianoche. Cuando el automóvil abandonó el hotel, Valeria rompió el silencio. —¿Puedo hacerte una pregunta? Sebastián seguía mirando por la ventana. —Sí. —¿Quién es Victoria? Él tardó unos segundos en responder. —Alguien que conoce a mi familia desde hace muchos años. —Parecía molesta. —No le agradan los cambios. Valeria frunció ligeramente el ceño. Sentía que había algo más. Pero comprendió que insistir no serviría de nada. Sebastián era un hombre que hablaba poco... y ocultaba mucho. A varios kilómetros de allí, Victoria entró en su lujoso apartamento sin siquiera encender las luces. Se quitó los tacones con impaciencia y dejó el bolso sobre el sofá. Tomó su teléfono. —Necesito un favor. La voz al otro lado respondió de inmediato. —Dígame, señorita De Luca. Victoria caminó hasta el ventanal que daba a la ciudad. —Quiero un informe completo sobre una mujer. —Nombre. Victoria apretó el teléfono con fuerza. —Valeria Montes. Hizo una breve pausa antes de añadir: —Quiero saber quién es... de dónde viene... quién es su familia... qué estudia... cuáles son sus debilidades. Porque si esa mujer había conseguido entrar en la vida de Sebastián Morelli... La encontraría la forma de sacarla.La cena apenas había comenzado y Valeria ya se estaba arrepintiendo de haber aceptado la invitación.No porque la familia de Victoria fuera desagradable. Tampoco porque Sebastián la hubiera dejado sola. El problema era precisamente el contrario: él no se había separado de Victoria desde que habían llegado.—¿Te acuerdas de la casa del lago? —preguntó Victoria, inclinándose hacia Sebastián—. Tuviste que saltar la cerca porque habías perdido las llaves.Sebastián soltó una risa breve.—Tú fuiste quien perdió las llaves.—Pero tú fuiste quien terminó con la camisa rota.—Y tú te reíste durante una semana.Victoria sonrió y le dio un pequeño golpe en el hombro, con una confianza que a Valeria le resultó irritantemente natural.—Siempre terminabas resolviéndome los problemas, Sebas.Valeria apretó la servilleta sobre su regazo.Sebas.Ella nunca lo llamaba así. Ni siquiera se había atrevido a inventarle un apodo. Y aquella mujer lo decía como si tuviera un derecho reservado sobre una parte
Sebastián no había conseguido dormir bien.El nombre escrito en el reverso de aquella fotografía seguía rondándole la cabeza. Elena. La misma mujer que había aparecido en los antiguos registros relacionados con su madre, aunque todavía no sabía si el nuevo documento confirmaba una conexión o abría otra línea de investigación.A primera hora de la mañana, llamó a Lorenzo.—Necesito que averigües quién tiene acceso al archivo original y por qué alguien quiere encontrarlo antes que nosotros.—Estoy trabajando en eso. Pero hay algo que debes saber: el documento que me enviaste anoche tiene una referencia bancaria vinculada a una empresa de seguridad privada.Sebastián se acomodó en la silla de su despacho.—¿La misma empresa relacionada con Adrián?—Todavía no puedo asegurarlo. Estoy verificándolo.—Hazlo. Y no contactes a nadie sin informarme primero.—¿Sospechas de alguien?Sebastián miró por el ventanal.—Sospecho de todos los que saben más de lo que dicen.No mencionó el nombre de Vic
Valeria leyó el mensaje una segunda vez.«Pregúntale a tu esposo qué le ocurrió realmente a su madre. Él tampoco conoce toda la verdad».No era una amenaza directa. Era algo peor: una afirmación diseñada para sembrar dudas.Y había conseguido su objetivo.Valeria sabía lo que Sebastián estaba investigando. Había estado a su lado cuando encontraron las primeras pistas, había visto cómo cambiaba su expresión cada vez que aparecía un nuevo nombre y había escuchado las preguntas que todavía no conseguía responder. Sin embargo, nunca se había detenido a pensar que alguien pudiera estar utilizando aquella tragedia para acercarse a ella.—¿Qué dice el mensaje? —preguntó Elena.Valeria bloqueó el teléfono.—Nada que debas preocuparte por ahora.Su madre no pareció convencida.—Valeria, te conozco desde que aprendiste a mentir para esconder una travesura. No me digas que no pasa nada cuando tienes esa cara.Valeria quiso sonreír, pero no lo consiguió.—Es un asunto de Sebastián. Necesito habla
Capítulo 48Una amenaza demasiado cercana—Acérquense a Valeria.La orden quedó suspendida en el silencio de aquella habitación.Frente al monitor, la fotografía de Valeria seguía iluminando la pantalla. El hombre que la observaba amplió la imagen y se detuvo en el rostro de Sebastián, que aparecía a su lado durante una de las pocas ocasiones en que habían sido fotografiados juntos fuera de la mansión.—¿Y si Morelli descubre quién está detrás de esto? —preguntó una voz desde la puerta.El hombre no apartó la mirada de la pantalla.—Sebastián lleva años creyendo que puede controlar todo lo que ocurre a su alrededor. Es hora de recordarle que también tiene puntos débiles.—¿Y la mujer?Esta vez, el hombre sonrió.—Ella es precisamente el punto.En Morelli & Corporation, Sebastián permanecía de pie frente al ventanal de su despacho. La ciudad se extendía bajo sus pies, pero su atención estaba puesta en la grabación que Lorenzo acababa de reproducir por tercera vez.Adrián Salvatierra en
Sebastián volvió a mirar el mensaje de Lorenzo.“La persona que aparece en el video no es Mauricio Ferrer.”Tenía demasiadas preguntas, pero no podía quedarse encerrado en la mansión intentando resolverlas todas.También tenía una empresa que dirigir.—Voy a Morelli & Corporation —dijo.Valeria lo miró sorprendida.—¿Ahora?—Sí.—Pensé que irías directamente con Lorenzo.—Lo haré. Pero antes tengo asuntos pendientes en la empresa.Valeria cruzó los brazos.—¿Y esperas que me quede aquí?—Espero que hagas exactamente eso.—Sebastián...—Valeria.Su tono fue firme.—La seguridad de esta casa está reforzada. Analia está aquí. Mi abuelo también. No vas a estar sola.Ella lo observó unos segundos.—Siempre tienes que tener la última palabra, ¿verdad?—Cuando se trata de protegerte, sí.Valeria negó con la cabeza, aunque una pequeña sonrisa apareció en sus labios.—Tengo una reunión con los directivos dentro de una hora. Después hablaré con Lorenzo.—¿Y si descubren algo mientras estás en l
Capítulo 46 — Alguien está escuchandoSebastián esperó hasta escuchar cómo los pasos se alejaban por el pasillo.No dijo nada.Valeria permanecía frente a él, todavía intentando comprender lo que acababan de descubrir.—¿Crees que alguien nos escuchó? —preguntó en voz baja.Sebastián miró hacia la puerta.—No lo sé.—Pero dijiste que no le contáramos nada a nadie.—Porque si alguien está dentro de la casa y está relacionado con todo esto, no podemos saber en quién confiar.Valeria sintió un escalofrío.—¿Ni siquiera en tu familia?Sebastián volvió a mirarla.—No he dicho eso.Se acercó a ella y tomó la fotografía.—Pero tampoco voy a correr riesgos.Valeria observó la imagen.—¿Reconoces algo?Sebastián negó lentamente.—La fotografía sí. Mi padre tenía varias parecidas. Pero nunca había visto esta.—¿Y la fecha?Sebastián volvió a revisar la parte posterior.—Es de dos días antes de la muerte de mi madre.Valeria se quedó en silencio.—Entonces alguien la guardó durante todos estos a







