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Capítulo:7

Autor: Milexy A.
last update Data de publicação: 2026-07-03 13:13:57

Valeria salió del probador sosteniendo con timidez el borde de un elegante vestido color azul profundo. Nunca había usado una prenda tan fina. El espejo le devolvía la imagen de una mujer que apenas reconocía.

—¿Qué te parece? —preguntó, sintiéndose extraña.

Sebastián levantó la vista del teléfono y la observó durante unos segundos. Su expresión permaneció serena, como siempre.

—Te queda bien.

Valeria soltó una pequeña risa.

—Eres muy malo haciendo cumplidos.

—No acostumbro hacerlos.

Ella negó con la cabeza.

—Eso ya lo noté.

La asesora sonrió discretamente mientras acomodaba el vestido.

—Señora Morelli, este diseño parece hecho para usted.

Valeria volvió a escuchar aquel apellido que todavía no sentía suyo.

Dos horas después, varias bolsas ocupaban el asiento trasero del automóvil.

—No era necesario comprar tantas cosas —murmuró mientras acariciaba una de las cajas.

—Ahora representas a la familia Morelli. Habrá reuniones, eventos y entrevistas. Necesitas estar preparada.

Ella volvió a mirarlo.

—Todavía me cuesta creer que todo esto sea real.

Sebastián no respondió.

El silencio entre ambos ya no era incómodo. Poco a poco comenzaban a acostumbrarse a la presencia del otro.

El teléfono de Sebastián sonó.

Contestó con rapidez.

—Sí... estaremos allí.

Colgó y giró ligeramente hacia ella.

—Esta noche asistirás conmigo a una cena de beneficencia.

Valeria abrió los ojos.

—¿Esta noche?

—Sí.

—Pero... yo nunca he ido a una cena así.

—Aprenderás.

—¿Y si hago el ridículo?

Por primera vez, Sebastián dejó escapar una ligera sonrisa.

—No lo harás.

Ella respiró hondo.

No estaba convencida.

Al regresar a la mansión, Clara ya parecía estar esperándolos.

—La habitación está lista, señora Morelli. También preparé todo para esta noche.

—Gracias, Clara.

La mujer tomó con delicadeza varias de las bolsas.

—No se preocupe. Yo me encargo.

Mientras subían las escaleras, Valeria se detuvo un instante.

—Sebastián...

Él giró.

—Gracias por permitirme seguir estudiando.

El empresario la observó sin mostrar emoción.

—Eso nunca estuvo en discusión.

—Pensé que después del matrimonio tendría que abandonar la universidad.

—No.

—¿Por qué?

Él respondió con tranquilidad.

—Porque hicimos un acuerdo. Tú continuarás con tu vida. Solo habrá algunos cambios.

Valeria asintió lentamente.

No entendía por qué aquel hombre insistía tanto en que terminara su carrera.

Pero, por primera vez desde que aceptó el contrato, sintió que quizá todavía podía cumplir el sueño que compartía con su madre: graduarse como diseñadora gráfica.

Horas más tarde, Clara ayudaba a Valeria a peinarse.

—Está muy nerviosa.

—¿Se nota tanto?

Clara sonrió.

—Un poco.

Abrió un pequeño estuche de terciopelo y sacó un delicado collar de perlas.

—¿Es hermoso... de quién es?

—Perteneció a la señora Isabella.

—¿La madre del señor Sebastián?

Clara asintió con una sonrisa nostálgica.

—Era una mujer extraordinaria.

Valeria acarició las perlas con cuidado.

—Espero estar a la altura.

—Créame... la señora Isabella siempre decía que la elegancia nace del corazón, no del dinero.

Aquellas palabras quedaron resonando en la mente de Valeria.

Cuando descendió las escaleras, Sebastián ya la esperaba en el vestíbulo.

Por un instante dejó de revisar unos documentos.

No dijo nada.

Solo inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Nos vamos?

Valeria sonrió con nerviosismo.

—Supongo que sí.

El automóvil avanzó hacia el exclusivo hotel donde se celebraba la cena.

Al bajar, decenas de cámaras comenzaron a disparar flashes.

Valeria se quedó inmóvil.

—Sebastián...

—Mírame.

Ella obedeció.

—Respira.

Lo hizo.

Él le ofreció el brazo.

—Solo camina conmigo.

Valeria tomó aire y aceptó.

Sin darse cuenta, acababa de entrar en un mundo donde todos observaban cada uno de sus pasos.

Y, desde el otro extremo de la alfombra de entrada, una elegante mujer de vestido rojo dejó caer lentamente su copa de vino al reconocer al hombre que avanzaba junto a aquella desconocida.

Sus labios apenas se movieron.

—¿Casado...?

Sus ojos se clavaron en Valeria con una mezcla de sorpresa, incredulidad y rabia.

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