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Su Hermosa Pesadilla: Del Caos a la Obsesión
Su Hermosa Pesadilla: Del Caos a la Obsesión
Auteur: Grace Above Stories

Chapter 1

last update Date de publication: 2026-07-21 14:50:11

—Yo iré —murmuró Lokie. Las palabras apenas salieron de sus labios mientras se obligaba a pronunciarlas.

George se quedó inmóvil. Hizo una pausa y se volvió hacia la joven, completamente cubierta de sangre, como si acabara de escapar de un baño de sangre.

—Llévame a mí en su lugar —añadió.

Una sonrisa se dibujó en sus labios y soltó una risa cargada de complicidad.

—¿Y cómo se supone que voy a confiar en ti? —señaló—. No eres precisamente alguien en quien se pueda confiar.

Lokie se mordió el labio inferior. El impulso de acortar la distancia entre ellos y arrancarle la cabeza del cuerpo era como una aguja clavada en su carne.

Quería reírse y decirle que, en efecto, no podía confiar en ninguna palabra que saliera de su boca. Pero entonces vio a Dawn, retenida como rehén, con el filo de un cuchillo apoyado sobre su cuello.

Un fino hilo de sangre descendía por su piel.

Dawn miró a Lokie con ojos suplicantes, rogándole en silencio que no hiciera ninguna estupidez.

—¡Mierda! —maldijo Lokie, odiando cuánto deseaba acabar con todos ellos y no poder hacerlo.

Sus ojos volvieron a encontrarse con los de Dawn y, sin pensarlo, bajó la guardia. Su cuchillo cayó al suelo y tres hombres se abalanzaron sobre ella, sujetándola con fuerza.

Una suave risa escapó de sus labios mientras los observaba hacer todo lo posible por inmovilizarla. Y, siendo sincera, no estaba segura de que pudieran detenerla si realmente decidía matar.

—¡Maldita sea, suéltala! —rugió una vez más.

Le ataron las manos a la espalda con una cuerda y la obligaron a sentarse. Después la amarraron con fuerza a la silla.

—No tan rápido. —George empujó a Dawn al suelo y le pisó la cabeza, obligándola a mirar el piso.

—No puedo estar seguro de que harás exactamente lo que quiero. —Hizo una pausa, giró el cuchillo entre sus dedos y luego lo sujetó con firmeza—. Hasta entonces, me aseguraré de que ella siga encerrada.

—¡¡Bastardo!! —bramó Lokie mientras intentaba moverse, pero las cuerdas que la sujetaban a la silla la mantenían completamente inmóvil.

—Llámame como quieras —gruñó George con absoluta satisfacción—. Mientras hagas que este trato funcione, me da igual todo lo demás.

Lokie estaba a punto de hablar cuando George hizo una señal al guardia que estaba junto a ella. Antes de que pudiera reaccionar, una fuerte mano golpeó la parte trasera de su cuello. Todo se volvió borroso... y luego, oscuridad.

No sabía cuánto tiempo había pasado, pero cuando volvió a abrir los ojos estaba en una habitación parcialmente oscura. Ya no llevaba el mismo vestido.

Su vestido ensangrentado había sido reemplazado por uno blanco que le llegaba hasta las rodillas. George estaba justo a su lado y Dawn se encontraba a su izquierda.

Lo primero que hizo fue buscar la mirada de Dawn y preguntarle en silencio si estaba bien.

Como si hubiera entendido la pregunta, Dawn asintió.

Solo entonces un enorme alivio recorrió la espalda de Lokie. Respiró hondo antes de dirigir la vista hacia la puerta cerrada que tenía delante.

—Si te casas obedientemente con Enzo sin causar ninguna escena, te doy mi palabra de que dejaré que Dawn viva una vida normal y nunca volveré a interferir en la suya —le aseguró George.

Pero Lokie no era tan ingenua como para confiar únicamente en sus palabras.

—No se puede confiar en mí —levantó la vista y encontró el rostro severo de George—, igual que tampoco se puede confiar en tus palabras.

Conocía a George. Era su padre. El hombre que la había traído al mundo y la había entrenado para ser despiadada, una asesina.

Todo lo que sabía se lo había enseñado él, y jamás la había visto como una hija. Al menos no hasta ahora, cuando deseaba forjar una alianza con los Moretti.

—Como era de esperar —respondió él.

La puerta detrás de ellos se abrió y uno de sus guardias entró con un contrato en la mano.

—Toma. Firma.

Lokie estaba a punto de negarse cuando George habló otra vez.

—Dawn ya confirmó todo lo que dice el contrato. Firma y terminemos con esto.

Lokie levantó la vista. Dawn asintió.

Tomándolo como una confirmación, firmó el contrato convencida de que era la única forma de liberar a su hermana del control de su padre.

—Bien. Ahora, procedamos.

La enorme puerta frente a ellos se abrió lentamente, revelando a un grupo de hombres vestidos de negro, alineados a ambos lados de la entrada como estatuas decorativas.

Caminaron entre aquella fila de hombres hasta detenerse frente a un hombre con un traje gris. Estaba de espaldas, pero era evidente que tenía una complexión imponente y unos hombros extraordinariamente anchos.

Lokie observó cómo George guiaba a Dawn hasta una esquina. Permanecieron allí en silencio, esperando quién sabía qué.

—¿Está todo listo? —retumbó una voz grave detrás de ella.

Como no podía girarse, esperó a que el hombre se acercara.

Un hombre mayor, de unos cincuenta y tantos años, pasó junto a ella y se colocó al lado del hombre del traje gris.

Como no podía distinguir cuál de los dos era su supuesto esposo, preguntó:

—Bien... entonces, ¿con cuál de ustedes me voy a casa?

Ambos hombres se volvieron hacia ella con la misma expresión de sorpresa e intriga.

Para ser una futura novia, era mucho más audaz de lo esperado y, desde luego, no era el tipo de esposa que Enzo había imaginado. Él había pensado en una mujer dócil, obediente y respetuosa, no en alguien que le daría todavía más dolores de cabeza de los que ya tenía.

—Desde luego, no conmigo —susurró Elías con una media sonrisa—, porque yo voy a ser tu suegro.

—Entonces... ¿eres tú? —preguntó ella mirando a Enzo.

Una sonrisa cargada de significado permanecía en su rostro mientras lo estudiaba como si fuera un libro abierto.

Enzo no respondió. Simplemente desvió la mirada.

El sacerdote dio un paso al frente. Era un joven de unos veintitantos años, de cabello rojo y el rostro cubierto de tatuajes, con un aspecto que no tenía absolutamente nada de sacerdotal.

Sus ojos brillaron con algo pecaminoso cuando se posaron sobre Lokie. Luego sonrió y miró a Enzo.

—Vamos a casarte, hermano.

Uno de los hombres de negro empujó la silla de ruedas de Lokie hasta dejarla junto a Enzo.

El sacerdote comenzó la ceremonia, como hacen todos los sacerdotes.

Lokie no escuchó prácticamente nada. Solo repitió las respuestas que le correspondían.

Enzo hizo exactamente lo mismo. Ni siquiera se molestó en mirarla.

—Ahora los declaro marido y mujer —anunció el sacerdote—. Ya puede besar a la novia.

Le guiñó un ojo a Enzo.

Enzo gruñó antes de volverse hacia Lokie.

—No esperes que sea amable.

No le dio tiempo para prepararse y la besó de inmediato.

Pero Lokie hizo lo impensable.

Le mordió el labio con todas sus fuerzas.

El dolor estalló en Enzo. Se apartó de inmediato, pero aun así terminó desgarrándose la comisura del labio gracias a ella.

—¡Maldita perra psicópata! —maldijo mientras la sangre empapaba la manga blanca de su traje.

Lokie se lamió los labios manchados de sangre y dejó escapar un gemido de satisfacción.

—Ahora sí estamos casados —dijo con una sonrisa llena de satisfacción.

—¿Esposo?

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    Enzo let out a low growl, hauled Lokie up from the floor, and pulled her to her feet.“You can’t fucking do that.” His voice was low, thick, and husky. Veins stood out along his face and neck as he fought to keep control.“Why not?” Lokie batted her long lashes, all innocence. “I… I just want to make you feel good.” She held his gaze. “Is that a bad thing?”Enzo dragged in a deep breath, but the free air did nothing to quiet the storm ripping through him. She knew exactly how her words and actions shredded every scrap of will he had left—yet she never stopped. If anything, she watched him struggle with open, hungry satisfaction.Was this her way of dominating him? Taking the lead even while he fought for it and failed?He shoved her back far enough for the space to cut through the haze. “I think we should stop.” He turned, walked into the bathroom, and switched on the shower.Ice-cold water slammed over him, drenching every inch, trying to wash away the desire he could no longer hold

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