LOGINA la mañana siguiente...
El ambiente en el comedor de la mansión era silencioso y gélido, en marcado contraste con el suntuoso desayuno servido sobre la larga mesa. Solo se escuchaba el tintineo ocasional de los cubiertos; por lo demás, la estancia estaba envuelta en un silencio asfixiante.Kael ocupaba un extremo de la mesa ataviado con una camisa gris oscura de corte impecable, con los botones superiores desabrochados. Llevaba las mangas remangadas con—¿Tú… no puedes responder a eso? —preguntó Lyra, con la voz sonando dolorosamente frágil.—Toda esta posesividad, todos estos besos, que me prohíbas marcharme… —continuó, mientras los ojos se le volvían a empañar—. Kael, ¿qué significo verdaderamente para ti? ¿Acaso… sientes algo por mí, o solo soy algo que no quieres que nadie más tenga?Kael permaneció en silencio. Apretó la mandíbula y su mirada se volvió distante y extraña.Las preguntas sobre sentimientos eran el único terreno en el que jamás quería adentrarse. Kael estaba acostumbrado a soportar la presión de ser el heredero de los Blackwood, acostumbrado a lidiar con gente que intentaba destruirlo y acostumbrado a controlar casi cualquier situación a su alcance.Pero al enfrentarse a sus propios sentimientos, todo ese control parecía esfumarse.El silencio que flotaba en la cocina se volvió cada vez más opresivo. Transcurrieron varios segundos y Kael seguía sin decir palabra.Al ver su silencio, las lágrimas que Lyra había esta
La lluvia del exterior se fue volviendo cada vez más intensa, golpeando los ventanales de cristal del ático con un ritmo constante. En el interior, las luces principales se habían apagado a propósito, dejando únicamente el tenue resplandor amarillo de una lámpara de pie en la esquina, que creaba un ambiente cálido e íntimo.Lyra dejó por fin las agujas de tejer sobre la mesa.Un par de diminutos patucos de bebé de color azul claro con encaje blanco estaba completamente terminado. Sostuvo las pequeñas prendas a la altura de su rostro, contemplando su propio trabajo con un destello de ternura en la mirada.La añoranza que sentía por Theo se suavizaba un poco cada vez que se imaginaba los piesecitos del bebé calzando los patucos que ella misma le había hecho.Kael, que la había estado observando desde detrás de los documentos de trabajo desplegados sobre su regazo, cerró la carpeta de gruesas pastas. Extendió la mano y tomó uno de los pequeños patucos de las manos de Lyra.Se veía tan di
Esa primera noche en el nuevo hogar transcurrió con un ritmo extraño: inquietante y, sin embargo, con una vaga sensación de calma que Lyra no esperaba en absoluto.Kael no la trató con dureza como en las noches anteriores. Se limitó a abrazarla con fuerza por la espalda sobre la espaciosa cama, que se abría directamente a un mar de luces a lo largo de Seattle, como para cerciorarse de que Lyra continuaba entre sus brazos cuando abrió los ojos a la mañana siguiente.Y al llegar la mañana, dio comienzo su nueva rutina.El ático se sentía infinitamente más aislado que su antiguo apartamento. Mientras que antes Lyra aún podía percibir levemente los ruidos de los vecinos o el murmullo lejano del tráfico, aquí —en la última planta de un rascacielos— el silencio resultaba casi absoluto.Las paredes insonorizadas y una privacidad casi perfecta hacían parecer que el lugar existiera al margen de la vida de la ciudad. Seattle se desplegaba tras los ventanales de cristal, pero todo allí fuera par
En el interior del coche que se deslizaba suavemente por las calles de Seattle esa tarde, el contraste entre ambos pasajeros no podía ser mayor.Lyra permanecía sentada con rigidez al lado de Kael, mirando por la ventanilla con la mirada perdida. Los altos edificios, los semáforos y las hileras de vehículos que se cruzaban a su paso desfilaban ante ella como un borrón, incapaces de penetrar verdaderamente en su mente.Sus pensamientos continuaban fijos en la sucesión de acontecimientos que se habían desencadenado demasiado deprisa. Demasiadas cosas habían cambiado en muy poco tiempo, y aún no había tenido ocasión de asimilar ninguna de ellas.Por otra parte, el hombre al volante parecía encontrarse en un estado de ánimo completamente distinto.Kael conducía mostrando una postura muchísimo más relajada tras días viviendo bajo una tensión constante. No era capaz de disimular la sonrisa de satisfacción que permanecía en su rostro desde que abandonaron el apartamento.La mano derecha de K
En el interior del apartamento, Lyra permanecía sentada en el borde de la cama, sujetándose las rodillas fuertemente contra el pecho. Los patucos de bebé que había estado tejiendo el día anterior yacían ahora abandonados sobre la mesilla de noche, olvidados e inacabados.Desde que Elena y Kael se marcharon el día anterior, la inquietud se le había asentado en el pecho, impidiéndole respirar con tranquilidad ni por un instante. Cada minuto transcurrido se sentía como una tortura; era como si el tiempo se hubiera ralentizado a propósito solo para prolongar la angustia que le devoraba la mente.Sabía que, tras el encuentro de ayer, un choque entre Kael y Elena en la mansión era solo cuestión de tiempo.Pi. Pi. Pi.El sonido del código de acceso introduciéndose en la puerta de entrada rompió de golpe el silencio del apartamento.El cuerpo de Lyra se tensó en el acto. Bajó rápidamente ambos pies al suelo y se puso en pie, alerta y en tensión, con la mirada fija en la puerta del dormitorio
A la mañana siguiente...El ambiente en el comedor de la mansión era silencioso y gélido, en marcado contraste con el suntuoso desayuno servido sobre la larga mesa. Solo se escuchaba el tintineo ocasional de los cubiertos; por lo demás, la estancia estaba envuelta en un silencio asfixiante.Kael ocupaba un extremo de la mesa ataviado con una camisa gris oscura de corte impecable, con los botones superiores desabrochados. Llevaba las mangas remangadas con pulcritud, mientras sus dedos se movían con parsimonia y precisión cortando la carne de su plato. No había prisa alguna en sus movimientos, como si nada aquella mañana pudiera perturbar su compostura.Al otro lado de la mesa estaba sentada Elena, removiendo su té de vez en cuando. Sin embargo, toda su atención permanecía fija en su hermano.Las ausencias cada vez más frecuentes de Kael de la mansión habían empezado a







