Tras la marcha de Elena, la propiedad se sintió como una suntuosa tumba. Lyra corrió a la habitación del bebé, con la esperanza de que la puerta cerrada la protegiera. Sin embargo, había olvidado un detalle: en esa casa, Kael poseía todas las llaves, tanto en sentido literal como figurado. Lyra acunaba a Theo, que acababa de terminar de mamar. El ambiente estaba en calma, con el único arrullo del tic-tac del reloj de pared y la respiración acompasada del recién nacido. Justo cuando se disponía a acostarlo en la cuna, la puerta se abrió. Kael entró. Ya no vestía la camisa impecable de la mañana, sino una camiseta negra básica que se ceñía a su complexión atlética, otorgándole un aspecto más informal pero incomparably más intimidante. —¿Se ha dormido Theo? —preguntó Kael en voz muy baja, casi en un susurro para no despertar a su sobrino. —Justo ahora —respondió Lyra de forma tajante, tensando todo el cuerpo. Dejó a Theo a toda prisa e intentó esquivarlo para salir. Kael no se lo per
Última actualización : 2026-07-15 Leer más