Compartir

Su Más Dulce Obsesión
Su Más Dulce Obsesión
Autor: Shadow Clown

Un aroma dulce

Autor: Shadow Clown
last update Fecha de publicación: 2026-07-01 15:24:19

La finca en las afueras del pueblo era demasiado espaciosa para que viviera en ella una familia pequeña, y demasiado silenciosa para una mujer cuyo corazón acababa de romperse en mil pedazos.

Lyra se despertó cuando el reloj dio las dos de la mañana. No fue la alarma lo que la desveló, sino ese dolor tan familiar en el pecho: un cruel recordatorio biológico de que su cuerpo aún producía leche, mientras que su propio bebé yacía desde hacía tiempo bajo la fría tierra.

Fuera, el viento de otoño aullaba suavemente. Las ramas de los viejos robles se mecían, golpeando de vez en cuando los muros de piedra de la finca con un chasquido irregular que sonaba como un susurro lejano. Una llovizna constante caía empapando el camino de grava y trayendo consigo el olor a tierra mojada que se colaba por las rejillas de ventilación.

Entonces, desde la habitación contigua, el llanto de un bebé rompió el silencio.

Lyra cerró los ojos un instante. Aquel llanto no era el de su hijo. Nunca volvería a ser el de su hijo.

Con movimientos lentos y pausados, se levantó de la cama. Se echó un cárdigan de punto holgado sobre el camisón de seda fina con el que dormía. Salió a la oscuridad y se dirigió hacia la habitación del bebé de sus señores.

Al entreabrir la puerta, Lyra alcanzó a ver la silueta de Elena bajo la tenue luz de una quitamiedos con forma de estrellas.

La mujer no se parecía en nada a su imagen habitual. Su cabello, siempre impecable, estaba alborotado, con mechones sueltos apuntando en todas direcciones. El bebé en sus brazos no paraba de llorar, agitándose sin descanso mientras pataleaba en el aire.

Elena intentó ofrecerle el biberón una vez más, pero el pequeño giró la cara de inmediato y lloró aún más fuerte.

—Vamos, cariño… por favor. Solo un poco para mamá —murmuró Elena.

Tenía la voz ronca por el cansancio. Las ojeras marcaban su rostro pálido, dejando al descubierto lo mucho que había luchado sola esa noche. El pánico se reflejaba en cada uno de sus movimientos.

Desde aquella distancia, Lyra pudo notar el brillo de las lágrimas que comenzaban a asomar en los ojos de Elena.

Lyra se acercó un poco más.

—Déjeme hacerlo a mí, señora.

Elena se sobresaltó ligeramente y giró la cabeza. Sus ojos hinchados se encontraron con la mirada de Lyra. Había un alivio tan palpable en ellos, pero también una profunda culpa que resultaba casi dolorosa de presenciar.

—Lyra… —le tembló la voz—. Lo he intentado. Una y otra vez. Pero la leche no me sale. —Elena miró a su hijo y cerró los ojos—. Theo no deja de llorar.

Lyra se acercó y le tomó al bebé con delicadeza a Elena, cuyos brazos temblaban de agotamiento. En el momento en que lo acunó en sus brazos, el llanto cesó, como si el pequeño hubiera reencontrado el calor que llevaba buscando todo ese tiempo.

—Debería descansar un poco —dijo Lyra con voz suave, meciendo al bebé—. Deje que me ocupe de él esta noche.

Elena dejó escapar un largo suspiro. La tensión que pesaba sobre sus hombros pareció desvanecerse en un instante.

—Gracias, Lyra —susurró—. No sé qué haría sin ti.

Lyra le devolvió una leve sonrisa.

Unos momentos después, Elena salió de la habitación dando tumbos, casi incapaz de mantener los ojos abiertos.

Lyra se sentó en una mecedora junto a la ventana. Se desabotonó el cárdigan y se estrechó al bebé contra el pecho. Aquella intimidad consolaba algo dentro de ella al mismo tiempo que le rompía el corazón una vez más.

El silencio los envolvió a ambos. Solo se escuchaba el sonido de una respiración pausada, el crujido suave de la mecedora y los latidos del corazón de Lyra, que poco a poco volvían a la normalidad.

Por un momento, mientras el diminuto cuerpo descansaba cómodamente en sus brazos, el dolor en su pecho se alivió ligeramente.

Treinta minutos después, cuando el bebé volvió a quedarse dormido, Lyra sintió una sed abrumadora. Bajó las escaleras y sus pies descalzos apenas hacían ruido sobre el frío suelo de mármol.

La cocina solo estaba iluminada por el tenue resplandor de la campana extractora. Lyra se sirvió un vaso de agua fría y bebió con avidez, hasta que unas gotas le resbalaron por la comisura de los labios, humedeciéndole el cuello y deslizándose hacia su pecho, que aún se sentía caliente.

Al dejar el vaso de nuevo sobre la mesa, algo cambió.

El aire a su alrededor se sintió diferente de repente. El aroma a vainilla y leche que se aferraba a su cuerpo fue desplazado lentamente por otra fragancia desconocida: madera de sándalo, tabaco fino y el frío del aire nocturno que entraba desde el exterior.

Lyra se giró rápidamente.

El aliento se le atascó en la garganta.

Un hombre estaba allí, apoyado con desenvoltura contra la columna oscura que separaba el comedor de la cocina. Era alto y de complexión fuerte, con las mangas de la camisa remangadas hasta los codos. Tenía el pelo ligeramente alborotado, como si se hubiera pasado los dedos por él una y otra vez.

Lo que dejó paralizada a Lyra no fue su apariencia, sino sus ojos. Sus ojos oscuros la miraban con una intensidad inquietante, como si fueran capaces de atravesarle la piel y leer cada secreto que intentaba ocultar.

Instintivamente, Lyra se ajustó más el cárdigan alrededor del cuerpo.

Pero ya era demasiado tarde.

La mirada del hombre se había detenido por un instante en la tenue mancha húmeda visible bajo la fina tela que le cubría el pecho, antes de volver lentamente a su rostro.

—¿Quién eres?

Su voz era grave y ligeramente ronca, rompiendo el silencio sofocante que reinaba en la cocina.

Lyra dio un paso atrás. Su cintura chocó contra el borde de la encimera.

—Yo… yo… —La garganta se le quedó seca de repente—. Soy la nodriza.

El hombre ni siquiera parpadeó. En lugar de dar un paso atrás, se acercó más, acortando la distancia entre ellos hasta que Lyra pudo sentir el calor de su cuerpo. Contuvo la respiración cuando él inclinó la cabeza.

Su nariz rozó la curva de su cuello mientras inhalaba lentamente. El movimiento fue tan audaz, tan primitivo, que hizo que todo el cuerpo de Lyra se tensara.

—¿La nodriza? —repitió él en voz baja—. Con razón.

Su mirada recorrió el rostro de Lyra por un segundo antes de clavarse de nuevo en sus ojos.

—Toda esta habitación de repente huele a algo… —Hizo una breve pausa, como buscando la palabra adecuada—: …muy dulce.

Lyra presionó la espalda con más fuerza contra el borde de la encimera. Sus instintos le gritaban que se alejara, pero sus pies permanecían clavados en el suelo.

—Soy Kael. —Hubo una pausa antes de que las comisuras de sus labios se curvaran ligeramente—. Tengo la sensación de que me dará sed muy a menudo mientras me quede aquí.

El corazón de Lyra pareció detenerse por un segundo y luego comenzó a martillearle el pecho. La mirada de aquel hombre la descolocaba de una manera que no podía explicar. El pánico le oprimió la garganta.

—Yo… yo… —Lyra tragó saliva con dificultad—. Tengo que volver a mi habitación. —Su voz fue tan suave que casi se perdió en el silencio de la cocina.

Cuando Lyra intentó esquivarlo para escapar, una mano grande y cálida se cerró alrededor de su muñeca. No fue doloroso, pero sí lo suficientemente firme como para detenerla en seco.

Lyra se estremeció. Intentó zafarse, pero fue en vano. Su respiración comenzó a acelerarse.

—Suélteme —suplicó en voz baja, con lágrimas acumulándose en sus ojos.

Kael no la soltó. Se limitó a contemplarla durante unos segundos más y luego la atrajo un poco más hacia él. Lo suficientemente cerca como para que Lyra se viera obligada a mirar otra vez esa mirada indescifrable.

En la penumbra de la cocina, Lyra vio cómo la nuez del hombre se movía lentamente. Su mandíbula se tensó como si estuviera conteniendo algo. La tensión había surgido de la nada, tan aguda que le aceleró el pulso.

Lyra continuó forcejeando levemente, pero su fuerza no era rival para la de él. Su corazón latía desbocado y, justo cuando sintió que las lágrimas estaban a punto de derramarse, la presión en su muñeca desapareció de golpe.

Sin pensarlo dos veces, Lyra se giró y corrió escaleras arriba. No se atrevió a mirar atrás. Ni una sola vez.

Al llegar a su habitación, cerró la puerta con llave con manos temblorosas. Su espalda se deslizó contra la madera mientras se llevaba una mano al pecho, intentando calmar su respiración.

¿Quién era ese hombre?

Lyra cerró los ojos con fuerza. Su mente intentaba procesar lo que había sucedido en la cocina hacía unos minutos, pero todo era un caos. El miedo le impedía pensar con claridad. Ni siquiera recordaba bien lo que Kael le había dicho.

Lo único que quedaba era ese par de ojos oscuros que seguían persiguiéndola: unos ojos tan intensos que le dificultaban respirar.

Y esa voz profunda.

Abajo, Kael seguía de pie en el mismo lugar. Lentamente, levantó la mano que había estado sujetando la muñeca de la mujer y la acercó a su rostro. El rastro de su aroma aún estaba allí.

Las comisuras de sus labios se curvaron ligeramente.

Había pasado mucho tiempo desde que algo llamaba su atención tan rápido. Sus ojos brillaron en la tenue luz de la cocina. Su regreso esta vez… resultaba que no sería tan aburrido como había pensado.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • Su Más Dulce Obsesión   Dos días

    Lyra se contempló en el espejo.Su rostro continuaba pálido, pero la mirada vacía había empezado a disiparse. El chispazo de rebeldía que se había extinguido por un tiempo estaba de vuelta... y esta vez ardía con más fuerza que nunca.El juego psicológico que Kael llevaba tiempo desplegando había demostrado tener un punto débil crucial.Podía controlar casi cualquier aspecto de su vida... pero no los límites naturales de su propio cuerpo.La obstrucción en los conductos mamarios había obligado a aquel hombre arrogante a aflojar las cadenas con las que la mantenía atada. Sumado al modo en que Elena lo había echado de la habitación, Lyra comprendió por fin que Kael Blackwood no era tan inquebrantable como pretendía aparentar ante Miles. Detrás de todo su afán de dominio, seguía siendo un ser humano con sus

  • Su Más Dulce Obsesión   Antes de que llegara la serpiente

    El alegre tintineo que provenía de la cuna de Theo cesó de golpe. Un instante después, el pequeño dejó escapar un gemido suave, algo más alto que antes, como si protestara por la falta de atención.En un segundo, la bruma que los envolvía se disipó, arrancándolos del torbellino emocional en el que a punto habían estado de perderse.Kael expulsó el aire despacio. Echó un vistazo al cronógrafo suizo de su muñeca.Le quedaban treinta minutos.En treinta minutos lo esperaba una reunión virtual en su despacho, una cita que no podía posponer.A Kael se le apretó la mandíbula. ¿Cómo se le había escapado la mañana tan rápido? Y todo por habérsela pasado con Lyra. Lo peor de todo era que los treinta minutos que le quedaban no le parecían, ni de lejos, suficientes.Kael contempló a Lyra, que seguía reclinada contra el canto de la consola, sin haber recuperado del todo las fuerzas. Aún conservaba el rubor en las mejillas y un velo tenue le nublaba la mirada. Ni siquiera su respiración se había e

  • Su Más Dulce Obsesión   El chico travieso

    Kael dejó escapar un largo suspiro. Despacio, inclinó la cabeza y le besó la frente a Lyra. El beso se prolongó más de lo debido, como si hubiera algo que quisiera transmitirle, aunque ni él mismo fuera capaz de admitirlo.Al distanciarse, su mirada volvió a endurecerse. No hacia Lyra. Sino hacia la situación que él mismo había provocado con sus propias manos.—Puedes salir de la casa principal, mi pajarillo.La voz de Kael rompió el silencio. Sus dedos se movieron para acariciar el labio inferior y seco de Lyra.—Puedes dar un paseo. Respirar el aire fresco de fuera.Hizo una breve pausa.—Pero no te hagas falsas ilusiones.Su tono volvió a volverse gélido.—Tu límite sigue siendo la verja exterior de la finca Blackwood. Ni se te ocurra buscar la forma de escapar. Porque vayas a donde vayas... siempre te encontraré.Un ligero destello asomó a los ojos de Lyra. Sus pupilas se dilataron levemente. No porque estuviera conmovida, sino por la sorpresa.De modo que... Kael de verdad estaba

  • Su Más Dulce Obsesión   Tú eres quien quería esto

    Kael se quedó paralizado. Sus dedos permanecieron un breve instante bajo la barbilla de Lyra antes de caer despacio a su costado.El tono llano y casi desprovisto de emoción de Lyra sonaba muchísimo más aterrador que los insultos más encendidos o los gritos más histéricos. La mujer que tenía delante no lo estaba desafiando, ni lo estaba ignorando adrede.—Basta, Lyra.La voz de Kael brotó más afilada de lo que pretendía, como si un tono gélido pudiera camuflar la inquietud que comenzaba a filtrarse en su pecho.—Ve a tu cuarto y descansa. Después de esto, tómate todas las vitaminas que te ha recetado el doctor.Lyra no respondió. Se limitó a levantarse de la silla con un movimiento pausado, casi sin vida. Finalmente, pasó por delante de Kael sin alzar la cabeza ni una sola vez.Kael se giró, observando cómo desaparecía despacio tras la puerta. Apretó los puños con fuerza dentro de los bolsillos de sus pantalones.Maldita sea.La sensación de satisfacción que le había llenado el pecho

  • Su Más Dulce Obsesión   Un lugar inalcanzable

    Los días posteriores se difuminaron en una rutina fría, casi desprovista de alma. Lyra ejecutaba cada una de las órdenes de Kael con una obediencia rozaría la perfección. Cada mañana se despertaba antes del amanecer, se ponía el uniforme, atendía a Theo y asistía al médico durante las terapias en el pabellón interior. Ya no había réplicas. Ni miradas desafiantes. Tampoco los murmullos de fastidio que en su día solían acompañar a cada uno de los mandatos de Kael.Con el paso del tiempo, la luz de sus ojos se fue apagando despacio. Las pupilas que una vez desprendieron vida y garra lucían ahora vacías y opacas, como si hubieran perdido el motivo para seguir brillando. Lyra continuaba respirando, moviéndose, dejando pasar los días... pero eso era todo. Su cuerpo permanecía con vida, mientras su alma se marchitaba lentamente.Para Kael, aquel cambio resultaba profundamente satisfactorio. Cada vez que se cruzaban en el pasillo y Lyra agachaba de inmediato la cabeza sin articular palabra, u

  • Su Más Dulce Obsesión   Responsabilidad

    Lyra dejó escapar un silbido entre dientes y dio un paso al frente hasta que solo quedaron dos cuartas de distancia entre ambos. Su rabia quemaba con más fuerza que su propio miedo.—¡No disimules, Kael! El mensaje enviado desde mi número al teléfono de Miles... lo enviaste tú, ¿verdad? —La voz le temblaba, pero no perdió firmeza—. Tuviste que usar mi teléfono para atraer a Miles a ese centro comercial. ¡Me usaste de cebo!Kael ni siquiera pestañeó. Escuchó en absoluto silencio, con la expresión tan inmóvil como el cristal. En lugar de responder, dio un paso más hacia ella.Ahora Lyra se veía obligada a inclinar la cabeza hacia atrás para sostenerle la mirada.—¿Tienes alguna prueba de que fuera yo, pajarillo? —Su voz era baja, sonaba casi como un susurro afectuoso, pero cada palabra entrañaba una amenaza que le erizó el vello de la nuca a Lyra.—Tú... —Lyra se quedó sin palabras. El pecho le subía y le bajaba desbocado, henchido de una rabia a punto de desbordarse—. ¡Eres el único qu

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status