LOGINNi bien nos acercamos al templo, fuimos detenidos por una muralla casi impenetrable de sacerdotes. Todos vestían de blanco y nos observaban con desconfianza, manteniendo las armas en alto mientras bloqueaban por completo el acceso.Kryos bajó del caballo y me dejó arriba.—Solicito una audiencia con el Sumo Sacerdote. Es urgente. ¿Podrían avisarle que el rey y la Elegida están...Enseguida, la atención de todos se centró en mí.Yo les sonreí con cansancio. Levanté mis manos y recé para que cualquiera que tuviera alguna herida se recuperara...Y la luz brotó brevemente de mis manos.Los murmullos comenzaron a extenderse entre los sacerdotes.—La Elegida...—Es ella...—La Elegida está aquí...Uno a uno, comenzaron a arrodillarse.Para crédito de Kryos, ni siquiera se inmutó ante aquella falta de respeto hacia él. Simplemente tomó las riendas y caminó en línea directa hacia la entrada del templo por el sendero que prácticamente se abrió ante nosotros.Yo di algunos tímidos saludos a nue
Cornelius tosió y escupió un poco de sangre. Morgana no le dio tiempo de recuperarse. —Sí, sí, muy interesante tu historia con tu casi pareja... Ahora quiero que nos digas lo que realmente nos importa y que dejes de desviarte. ¿Por qué te pareció buena idea atacar nuestro reino? Cornelius levantó la mirada. —Este jodido reino planeaba atacarme y tratar de tomar mi trono. ¿Se supone que debía dejarle mi puesto a su anterior rey? La declaración vino acompañada de un corto silencio. Eso ya lo habíamos escuchado. Morgana entrecerró los ojos. —Interesante. Se acercó un poco más. —Ahora yo me pregunto... ¿De dónde sacaste esa información? Y esa era la verdadera pregunta. Cornelius no respondió. Su mandíbula se tensó. Había decidido que ya había hablado demasiado. Morgana siguió golpeándolo un poco más, pero Cornelius no volvió a decir una sola palabra antes de perder el conocimiento. Mi hermana soltó un gruñido de frustración. Edwin se acercó a ella y tomó una de sus manos
A pesar de la cantidad de lobos que había en las mazmorras, allí dentro reinaba un silencio sepulcral.Uno que solo se rompía de vez en cuando por el sonido seco de los golpes que mi hermana le daba a Cornelius.El idiota se negaba a hablar.Llevábamos horas intentando sacarle información y, hasta ese momento, lo único que habíamos conseguido eran insultos, amenazas y respuestas que no nos llevaban a ninguna parte.Morgana se limpió con el dorso de la mano una pequeña mancha de sangre que había quedado en su mejilla.—He quebrado a lobos más grandes y fuertes que tú, triste intento de rey —dijo con voz fría—. Podemos estar aquí por días, semanas, meses... Me es indiferente. Solo toma en cuenta que, mientras tú y tu ejército están bajo mis tiernos cuidados, tu reino y tu trono se encuentran desprotegidos.Quizá fue eso lo que finalmente lo obligó a hablar.O quizá simplemente había decidido que llevaba demasiado tiempo callado.Cornelius levantó lentamente la cabeza.—No pienso hablar
Cada metro costaba sangre, golpes y un esfuerzo que comenzaba a quemarme los músculos. Los mercenarios eran buenos. Pero nosotros llevábamos años preparándonos para enfrentarnos a lobos como ellos. Y no pensaba detenerme. Otro cayó bajo mis garras. Un sexto. Ya podía ver a Cornelius con claridad. Estaba detrás de ellos. No peleaba. No ayudaba. Solo observaba. Y entonces me percaté de sus intenciones. Miró hacia un lado. Después hacia el otro. Sus ojos recorrieron el campo de batalla. El número de sus guerreros estaba disminuyendo. La expresión de seguridad que había tenido hasta entonces desapareció poco a poco. Retrocedió un paso. Después otro. No. No iba a dejar que escapara. Apreté los dientes y me lancé contra el siguiente lobo. La pelea fue brutal. El mercenario era más grande que yo y consiguió atraparme por el hombro. Sus garras se hundieron en mi piel. Gruñí. Lo golpeé con la cabeza. No me soltó. Volví a golpearlo. Esta vez lo suficiente para hacerlo t
Pude ver su cara desfigurarse de furia y articular un «traidor». Me importaba una mierda.—Allí está el rey —dije, acercándome al dúo de la muerte. Ambos miraron brevemente hacia donde señalé—. ¿Pueden abrirme un camino?Morgana ni siquiera preguntó qué pensaba hacer.—Hecho.Arrojó, sin parpadear, un par de dagas que llevaba escondidas. Las hojas atravesaron el aire con un silbido y se clavaron en la frente de dos lobos que cayeron hacia atrás antes de que los que estaban a su alrededor siquiera entendieran qué había ocurrido.Edwin se movió de inmediato.Se colocó delante de ella justo cuando varios lobos intentaron lanzarse sobre ambos, bloqueando los primeros ataques mientras Morgana seguía sacando dagas de los lugares más absurdos de su ropa.Una de su muslo.Otra de su cintura.Una tercera apareció entre sus dedos como si hubiera estado allí todo el tiempo.Y todas encontraron un objetivo.—¡Ahora! —gritó Edwin.No necesitaba que me lo dijera dos veces.Me transformé en lobo y c
Edwin, Morgana y yo salimos del castillo y nos dirigimos hacia el lugar donde se encontraba escondido mi pequeño ejército.No tardamos demasiado en llegar. Los había mantenido ocultos por una razón: necesitaba que nuestros enemigos creyeran que éramos menos de los que realmente éramos. La sorpresa era nuestra mejor arma y no pensaba desperdiciarla.Antes de ir hacia la batalla, me detuve frente a ellos.—Escuchen con atención —ordené—. A partir de ahora, obedecerán las órdenes de mis hermanos además de las mías. Si alguno de ellos les indica moverse, cubrir una posición o cambiar de objetivo, lo harán sin cuestionarlo.Varias cabezas asintieron.No necesitaba explicarles qué ocurriría si alguien decidía ignorar una orden en medio de una batalla.—No se separen demasiado. Mantengan las posiciones y esperen nuestra señal.Después de asegurarme de que todos habían entendido, intercambié una mirada con Morgana y Edwin.No hizo falta decir nada más.Volvimos al plan original.Y así fue com







