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Capítulo 298.

last update publish date: 2026-09-29 12:31:06

El ruido de la batalla se había convertido en una especie de murmullo lejano. Seguía escuchando los golpes de las espadas, los gruñidos, los alaridos de los lobos y el sonido de las garras chocando contra el metal, pero todo parecía ocurrir muy lejos de mí.

Como si estuviera hundiéndome.

Abrí los ojos.

Me enfoqué en los ojos sin vida de un lobo a pocos centímetros de mi cara.

Parpadeé.

El cadáver seguía allí. Pero algo cambió.

El cuerpo del lobo comenzó a adquirir un tono rojizo.

Parpad
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    Solo entonces Anwen comenzó a recitar mucho más rápido:—¡Crecer! ¡Crecer! ¡Crecer!La planta respondió.La montaña cedió en aquel tramo.—¡Corran! ¡Podría haber una avalancha!Sasha tomó el cuerpo del líder antes de echar a correr.Mientras los sacerdotes se debatían sobre quién era digno de tomar en brazos a la Elegida, yo simplemente la tomé y salí corriendo de allí.Y sí. Una avalancha vino después.Logramos llegar hasta la línea de los árboles antes de que la nieve nos alcanzara, pero la mayor parte del peligro se quedó detrás.Me detuve y miré hacia la montaña.El paso había sido sellado.Después miré hacia Anwen.Ella había cerrado los ojos. Acaricié su sien con mi nariz.No se movió.Un breve pánico se instaló en mi pecho.Dos de mis dedos fueron directamente a su cuello, justo sobre su pulso.Ahí estaba.Lento, pero constante.Suspiré de alivio.Solo estaba inconsciente.—Nosotros... ¿ganamos? —preguntó uno de los sacerdotes después de que les aseguré que la Elegida estaba bi

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    Sasha y yo habíamos peleado hombro con hombro contra asesinos y mercenarios más veces de las que podía recordar.Estábamos tan sincronizados que ni siquiera tenía que decirle contra cuáles lobos iría ella y cuáles enfrentaría yo.Simplemente lo sabíamos.Era terriblemente eficiente.Y, en una guerra, tener una loba como Sasha a mi lado era una ventaja enorme.Con mi energía renovada y lejos del efecto del veneno, la espada que había tomado del suelo volvió a balancearse una y otra vez contra mis enemigos.Esquivábamos flechas.Contratacábamos.No les permitíamos avanzar más allá de cierta línea invisible que habíamos decidido defender.Cada vez que uno intentaba acercarse demasiado, alguno de los dos lo derribaba.La segunda advertencia de Anwen llegó poco después de la primera.—¡Kryos! ¡Tienen treinta segundos más!No dejamos de matar lobos mientras hablábamos.—Es bastante considerada —bufó Sasha mientras hundía su espada en el costado de uno de ellos—. Esperaré a que me digas que

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    Tomé un gran respiro antes de pedirles a los sacerdotes que estaban a mi alrededor que me dejaran avanzar.Se negaron.No dejaron de pelear ni un solo instante mientras continuaban formando aquel círculo a mi alrededor, protegiéndome de los lobos que intentaban acercarse.Sasha, en cambio, parecía estar a punto de matarlos a ellos para conseguir que me dejaran pasar.Me mordí el labio y traté de controlar el mareo que me invadía.Si no había tiempo...—Deben dejarme ir para ayudar a nuestro rey —dije con más firmeza.Volvieron a negarse.Incluso alguno de ellos se atrevió a decir que yo era su prioridad.—Sin usted, el reino...—El reino caerá sin el rey Kryos —gruñí.Entonces tuve una repentina inspiración.—En la biblioteca del castillo hay un libro con una profecía sobre el rey.Enseguida los sacerdotes me prestaron atención.—La Elegida morirá si el rey muere. Yo... no he tenido una hembra a la que pueda pasarle el don. Seré la última de las Elegidas y... no quiero morir.Vi cómo

  • Su majestad ¡Yo elijo a quién amar!   Capítulo 298.

    El ruido de la batalla se había convertido en una especie de murmullo lejano. Seguía escuchando los golpes de las espadas, los gruñidos, los alaridos de los lobos y el sonido de las garras chocando contra el metal, pero todo parecía ocurrir muy lejos de mí. Como si estuviera hundiéndome. Abrí los ojos. Me enfoqué en los ojos sin vida de un lobo a pocos centímetros de mi cara. Parpadeé. El cadáver seguía allí. Pero algo cambió. El cuerpo del lobo comenzó a adquirir un tono rojizo. Parpadeé de nuevo. Ya no estaba en una cueva. Estaba en un prado. Un enorme prado verde se extendía frente a mí, iluminado por una luz cálida que no podía existir en aquel lugar. Y frente a mí estaba Anwen. Me sonreía. La miré durante unos segundos. No sabía por qué estaba allí. Tampoco me importaba. —Lo... siento —murmuré. Su sonrisa no cambió. Intenté extender una mano hacia ella. Quería tocarla. Pero mi brazo no respondió. Ni siquiera conseguí levantarlo del suelo.Sabía que no era real.

  • Su majestad ¡Yo elijo a quién amar!   Capítulo 297.

    No sabía cuánto tiempo llevaba blandiendo la espada, transformándome para desgarrar con mis colmillos y garras y volviendo después a mi forma humana para empuñarla otra vez.El cambio constante entre ambas formas comenzaba a sentirse en mi cuerpo. Cada transformación exigía fuerza, pero apenas tenía tiempo de pensar en ello. Un enemigo caía frente a mí y otro ocupaba su lugar. Una espada chocaba contra la mía, unas garras intentaban alcanzar mi rostro y, un segundo después, mis propios colmillos se hundían en carne.A mi alrededor, los sacerdotes trataban de seguir de pie.Muchos ya no lo estaban.Nuestro acercamiento no había resultado ser tan sorpresivo como habíamos esperado.Al parecer, los lobos a los que mi Sombra y yo habíamos seguido se dieron cuenta de que los estábamos persiguiendo y tuvieron tiempo suficiente para avisar al ejército apostado en este lugar. Y aquel ejército había aprovechado cada uno de esos minutos para preparar una estrategia contra nosotros.La tenían.Y

  • Su majestad ¡Yo elijo a quién amar!   Capítulo 296.

    Los sacerdotes no me dejaron avanzar sola. Desde que comenzamos a acercarnos a la boca de la grieta, varios de ellos se colocaron a mi alrededor, formando un círculo casi perfecto. Caminaban conmigo sin separarse, atentos a cualquier movimiento que pudiera venir desde el frente. Los sonidos de la batalla eran cada vez más claros. Gritos. El choque de las espadas. Aullidos. El rugido de lobos transformados. El sonido de garras y colmillos... Incluso a esa distancia podía escuchar el caos que se desarrollaba en el interior. Uno de los sacerdotes que caminaba frente a mí levantó su espada. —Detrás de nosotros, Elegida. No necesitaba que me lo repitiera. Por supuesto que no iría al frente. Mi poder era mucho más útil en un lugar donde estuviera menos expuesta a una flecha clavándose en mi corazón. Así que me quedé detrás de ellos. Y ellos se encargaron de abrirme el camino. En cuanto entramos a la grieta, me sorprendí. El espacio era mucho más grande de lo que había imaginad

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