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CAPÍTULO 110: La casa de las sombras

مؤلف: R. Vivas
last update تاريخ النشر: 2026-10-09 23:46:49

El auto se detuvo frente a una casa que Natasha no reconoció. Era una casa hermosa, de estilo moderno, con grandes ventanales que reflejaban la luz del sol y un jardín cuidado con esmero. Las flores de colores brillaban bajo el sol de la tarde, y el césped estaba perfectamente recortado. Pero lo que llamó la atención de Natasha no fue la casa en sí. Fue lo que vio al otro lado de la calle. La mansión de Mateo. Su hogar. Su refugio.

Natasha sintió que el corazón se le arrugaba. Se le encogía. S
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  • Su peor error, mi mayor venganza.   CAPÍTULO 111: La noche sin ti es una pesadilla.

    Natasha lo miró, sorprendida. ¿Él va a cocinar? Nunca lo había visto cocinar. Nunca lo había visto hacer nada doméstico. En los años que estuvieron casados, Adam siempre tenía personal que se encargaba de todo. Nunca levantó un dedo para ayudarla. Nunca le preparó ni un vaso de agua.Pero ahora... ahora estaba en la cocina, abriendo la nevera, sacando ingredientes. Natasha lo observaba desde el sofá, con el corazón latiéndole con fuerza. ¿Cómo es que ha cambiado tanto? —se preguntó—. ¿Cómo es que ahora es tan atento? ¿Tan servicial? ¿Tan... diferente?Adam cocinó en silencio. Preparó una sopa de verduras, un plato de pasta y una ensalada fresca. Luego, sirvió todo en la mesa y llamó a Natasha.—La comida está lista —dijo, con una sonrisa suave.Natasha se levantó y caminó hacia la mesa. Se sentó y miró el plato que Adam le había servido. Era sencillo, pero olía delicioso. Tomó el tenedor y probó un bocado. Y luego otro. Y otro.—¿Te gusta? —preguntó Adam, observándola con atención.—S

  • Su peor error, mi mayor venganza.   CAPÍTULO 110: La casa de las sombras

    El auto se detuvo frente a una casa que Natasha no reconoció. Era una casa hermosa, de estilo moderno, con grandes ventanales que reflejaban la luz del sol y un jardín cuidado con esmero. Las flores de colores brillaban bajo el sol de la tarde, y el césped estaba perfectamente recortado. Pero lo que llamó la atención de Natasha no fue la casa en sí. Fue lo que vio al otro lado de la calle. La mansión de Mateo. Su hogar. Su refugio. Natasha sintió que el corazón se le arrugaba. Se le encogía. Se le rompía en mil pedazos. Miró la mansión con los ojos llenos de lágrimas, y sintió que el aire le faltaba. Está tan cerca, pensó—. Tan cerca y tan lejos. Recordó la última vez que estuvo en esa mansión. Recordó la forma en que Mateo la abrazaba. La forma en que le acariciaba el cabello. La forma en que le decía que la amaba. Recordó las noches en que se quedaban despiertos, hablando de todo y de nada. Recordó las mañanas en que desayunaban juntos, con Mati corriendo por la casa. Recordó todo

  • Su peor error, mi mayor venganza.   CAPÍTULO 109: La verdad que se esconde en las sombras

    La mañana llegó con una claridad que contrastaba con la tormenta de emociones que flotaba en el aire. El sol se filtraba por las ventanas del hospital, iluminando el pasillo con una luz dorada que parecía anunciar algo importante. Pero nadie en esa habitación sentía la calidez del sol. Solo sentían el peso de lo que estaba por venir.Natasha estaba sentada junto a la cama de Mateo, sosteniendo su mano, esperando. Había pasado la noche en vela, velando su sueño, susurrándole palabras de aliento, rogándole que despertara. Pero Mateo seguía dormido. Seguía ausente. Seguía en ese lugar al que ella no podía llegar.La puerta se abrió y Valentina entró como un torbellino. Llevaba el cabello recogido en un moño desordenado, los ojos hinchados de llorar, y una expresión de angustia que Natasha no le había visto nunca.—¡Nati! —exclamó Valentina, corriendo hacia ella y abrazándola con fuerza—. ¿Qué pasó? ¿Qué le pasó a Mateo? Tu mensaje me dejó muy preocupada.Natasha se aferró a su amiga, sin

  • Su peor error, mi mayor venganza.   CAPÍTULO 108: El día después

    La noche pasó lentamente, entre el silencio del hospital y el suave pitido de las máquinas que monitoreaban a Mateo. Natasha durmió en los brazos de Adam, con la cabeza apoyada en su hombro y la respiración tranquila. Por primera vez en días, había logrado descansar. Por primera vez en días, el miedo había dado un paso atrás y la había dejado respirar.Adam no durmió. No pudo. Se quedó despierto toda la noche, sosteniéndola, velando su sueño, velando el sueño de Mati en la habitación de al lado, velando el sueño de Mateo, que seguía sin despertar. Su cuerpo le pedía descanso. Sus ojos le pedían sueño. Pero no podía cerrarlos. No cuando Natasha estaba tan frágil. No cuando Mati lo necesitaba. No cuando Mateo seguía en esa cama, luchando por volver.Cuando los primeros rayos del sol comenzaron a filtrarse por las ventanas del hospital, tiñendo el pasillo de tonos dorados y rosados, Natasha abrió los ojos lentamente. Por un momento, no supo dónde estaba. Por un momento, olvidó todo. Pero

  • Su peor error, mi mayor venganza.   CAPÍTULO 107: El diagnóstico y el desmayo

    Había pasado un día completo desde el trasplante. Un día que para Natasha se había sentido como una eternidad. El sol había salido y se había ocultado de nuevo, y la luna brillaba ahora en lo alto, iluminando la habitación del hospital con una luz plateada que contrastaba con la luz blanca y fría de las lámparas fluorescentes.Mati estaba despierto. Sus mejillas, que antes estaban pálidas, ahora tenían un poco de color. Sus ojos, aunque cansados, brillaban con una chispa que Natasha no le había visto en días. El trasplante había sido un éxito. Los médicos decían que estaba evolucionando favorablemente. Que pronto podría volver a casa. Que en unas semanas sería como nuevo.Pero Natasha no podía sentir alivio. No podía sentir nada. Porque Mateo aún no despertaba.Había pasado un día completo. Veinticuatro horas. Y Mateo seguía dormido. Los médicos entraban y salían de su habitación con el rostro más serio cada vez. Sus signos vitales eran normales. Su corazón latía con fuerza. Su respir

  • Su peor error, mi mayor venganza.   CAPÍTULO 106: Despierta amor de mi vida.

    Las horas pasaron lentamente. El sol que había iluminado la mañana comenzó a ocultarse en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos naranjas y violetas que se filtraban a través de las ventanas del hospital. Mati estaba dormido en su habitación, con el dragón de peluche abrazado contra el pecho y una sonrisa suave en los labios. El trasplante había sido un éxito, y los médicos decían que su cuerpo estaba respondiendo bien. Pero Natasha no podía sentir alivio. No podía sentir nada. Porque Mateo aún no despertaba.Habían pasado seis horas desde que salió del quirófano. Seis horas desde que lo llevaron a la sala de recuperación. Seis horas desde que Natasha esperaba, con el corazón en un puño, a que abriera los ojos. Pero no lo hacía. Y cada minuto que pasaba, el miedo crecía en su pecho como una bestia que no podía controlar.Natasha caminó hacia el mostrador de enfermería, con el rostro pálido y los ojos llenos de lágrimas que se negaba a derramar. Sus manos temblaban ligeramente, y su r

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