Home / Romance / Sufrida / Capítulo 5. Sigo en pie.

Share

Capítulo 5. Sigo en pie.

Author: A. N. Cruz
last update publish date: 2022-03-22 21:38:27

Subo las escaleras con pocos ánimos, demasiado cansada. Cuando entro en la casa todo está a oscuras, no suelo dejar ninguna luz prendida. Voy tanteando por la pared en busca del interruptor y una vez lo presiono, se enciende la luz de la pequeña sala de estar. Con mi bolso colgando de mi mano y desde la puerta, observo lo que ahora es mi hogar; lo que ha sido mi casa desde que hace cuatro años pude encontrar donde dormir sin depender de nadie más.

El espacio es bastante reducido, pero he logrado que no se sienta tan apretado, teniendo solo lo mínimo indispensable. Un sofá viejo, pero en buen estado, ocupa lo que sería la sala de estar, frente a una mesa alta con un televisor encima. Detrás, lo que hace las veces de comedor y cocina a la vez. Una mesa con solo dos sillas y al menos un metro de encimeras de granito. De la parte izquierda, una habitación grande y al final de todo, el baño.

En realidad, no necesito más, es suficiente para Audrey y para mí; porque a pesar de ser pequeño, podemos dormir tranquilas bajo un techo que sabemos nuestro.

Me adentro en la casa y dejo el bolso sobre el sofá. Voy directo al baño, para quitarme el olor a humo y sudor de mi trabajo en el club. El pelo lo siento como si fuera una soga y mi piel está pegajosa por tanto aceite brillante. Me meto a la ducha y al caer el agua fría sobre mí, ni siquiera me inmuto; estoy acostumbrada. Lavo mi cabello con cuidado y froto mi cuerpo con las manos enjabonadas para quitarme los restos de todo lo que odio.

Sin quererlo, regreso al principio, a esos días donde era feliz. Aunque suelo pensar que esa felicidad tenía fecha de caducidad y yo no tenía ni idea. No imaginaba lo que se avecinaba y mucho menos, tuve tiempo para prepararme.

Llegaba de la oficina con una expresión derrotada en el rostro. Hoy había sido mi último día en la empresa, como suponía. Aunque traté de ocultar mi embarazo al menos por un tiempo, no pude aguantar las náuseas y terminé vomitando frente a todos. Ya sabía lo que me esperaba cuando salía del baño y me encontré a mi jefe, con una ceja alzada y una expresión indescifrable. Solo diez minutos después, me estaban entregando mi finiquito y salía del edificio con una caja que solo llevaba algunas cosas sin importancia.

No tenía ganas de comer nada, pero debía hacerlo. En la consulta con la ginecóloga me habían alertado de mantener mi correcta alimentación, porque podría afectar el crecimiento del bebé de no hacerlo. Con lágrimas de angustia me preparaba algo de comer, mientras pensaba cómo decirle a Ernesto que ya no tenía trabajo. Sabía que eso era algo que esperábamos, pero teníamos la esperanza de que pudiera trabajar hasta que el embarazo estuviera más adelantado. Con el poco dinero que me habían pagado, alcanzaba para los principales gastos de este mes, pero ya podíamos ir pensando qué haríamos al siguiente. Si Ernesto no conseguía trabajo, íbamos a estar jodidos.

En algún punto supe que necesitaba descansar, los sucesos del día me estaban afectando y no me sentía muy bien. La preocupación constante de qué pasará con nosotros, me estaba haciendo mucho mal. El estrés estaba siendo inaguantable y eso, sumado a mis cambios de ánimo por las hormonas, creí que me volvería loca. Me había quedado dormida, cuando escuché la puerta cerrarse y los gritos emocionados de Ernesto, llamándome.

—Estoy aquí, en el cuarto —grité, en respuesta, mientras me incorporaba sobre la cama—. ¿Qué sucede?

Cuando pude ver el rostro de Ernesto, supe que algo bueno había sucedido. Mi sonrisa fue inevitable al verlo tan feliz. Todo aquel mal rato que habíamos pasado el día que supimos la noticia, había sido olvidado y ya hablábamos del embarazo con emoción.

—Amor, conseguí trabajo —gritó Ernesto, llegando a mi lado y tomándome entre sus brazos, para dar vueltas conmigo sin parar.

Mis carcajadas de alegría se podían escuchar a un kilómetro de distancia. Esa sí que era una buena noticia. Al fin, podíamos respirar tranquilos por un tiempo. Le agradecí a Dios una y mil veces por escuchar mis plegarias, porque como dicen por ahí…Dios aprieta, pero no ahoga. Con tanta emoción, tenía miedo de la reacción de Ernesto cuando supiera sobre mi trabajo, pero supo entender. Como yo había entendido, era algo que se veía venir, aunque quisiéramos lo contrario. Sin embargo, el nuevo empleo de mi esposo, podría cubrir los gastos y un poco más allá; así de bueno era.

Esa noche, hicimos el amor sin cansancio, recuperamos esas sensaciones que estaban siendo empañadas por la preocupación constante. Esa noche sentí otra vez, a mi lado, al chico que había amado toda mi vida; con el que había emprendido el viaje más importante y pretendía continuar juntos el resto de ella. Amanecer entre sus brazos, me hizo sentir en el paraíso; no imaginaba cuánto extrañaba hacerlo hasta que pude vivirlo otra vez. Me sentía orgullosa esa mañana mientras le preparaba su desayuno y nos besábamos como adolescentes en los rincones; aguantando las ganas de volver a entregarnos y sentirnos, dejar de extrañarnos y enfocarnos en lo que vendría en un tiempo.

Nuestra vida, luego de eso, transcurrió con normalidad. Asistíamos a consulta juntos y esperábamos emocionados cada ecografía. Cuando supimos que sería una niña, reímos felices, porque Ernesto siempre decía que quería una “mini yo” cuando fuera padre. Mientras mi pancita crecía, la felicidad y las expectativas por la llegada de nuestra pequeña Audrey, aumentaban. Tuve un embarazo maravilloso y saludable. Ernesto estaba logrando escalar posiciones en su trabajo y cada vez mejoraba más su sueldo; lo que nos permitió darnos algunos lujos, cubrir los gastos médicos, comprar todo lo necesario para el nacimiento de nuestra bebé e, incluso, mudarnos hacia un apartamento rentado. Hasta el momento habíamos estado viviendo en casa de nuestros amigos, quienes se portaban estupendamente con nosotros y no nos habían puesto peros en todo este tiempo; pero en el pequeño cuarto se nos haría muy complicado vivir con un bebé.

Pero no todo es para siempre y la vida constantemente pone pruebas en nuestro camino. Yo debería decir, que las mías fueron un tanto injustas; pero me trajeron hasta donde hoy estoy. Y a pesar de todo lo que he tenido que vivir y soportar, sigo en pie y más fuerte que nunca.

El agua cae sobre mi rostro y yo disfruto de la paz que me embarga entre estas cuatro paredes. Aunque podría estar llorando lágrimas de nostalgia, me obligo a aguantar las ganas de hacerlo. Encerrada y sola, aquí, podría llorar y ese dolor se iría junto con el agua que escapa por las tuberías; pero no debo darle fuerzas y mucho menos importancia, a alguien que olvidó todo de un día para otro, que se rindió demasiado rápido. Alguien que no miró atrás.

Salgo del baño, con una toalla cubriendo mi cabello húmedo y otra, enrollada a mi cuerpo. Entre el cansancio del día y el estado de relajación por el baño, voy caminando hasta el cuarto arrastrando los pies. Me dejo caer en la cama y ahí quedo.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Sufrida   EXTRA 2

    AmaiaMe detengo frente a la puerta de la habitación con el corazón apretado y las manos temblorosas. Adam coloca sus manos en mis hombros y me aporta así la seguridad y la fuerza que necesito para poder dar el siguiente paso. —Todo está bien —me dice, en un susurro, cuando siente y ve mi angustia. Después de dos meses y medio esto me ha tomado… desprevenida. Sí, Ernesto estaba en coma y los pronósticos eran reservados, teniendo en cuenta el tiempo que ya había pasado y la poca actividad que se mostraba. Pero ya está despierto. Lo está desde anoche. Y a mí me ha tomado todo el día decidirme sobre lo que debo hacer. Sé la respuesta, la que se supone que no debería dudarse, pero después de todo lo que pasó es un poco difícil lidiar con las emociones que había estado reteniendo estas últimas semanas. Porque ya había soportado mucho sufrimiento, porque ignorar el gran elefante rosa en la habitación hacía que mi preocupación disminuyera solo un poco. En mi mente se arremolinan recuerd

  • Sufrida   EXTRA 1

    Meses después…Adam Silver.La sala de espera me pone nervioso, camino de un lado a otro sin saber qué hacer. Intento mantenerme tranquilo, pero es misión imposible. En este momento solo quiero arrancarme los pocos pelos qie me viene quedando en la cabeza y dejarme caer de rodillas al piso porque ya no soporto mi peso.Pero hay una personita que está al tanto de todos mis movimientos. Siento su mirada en medio de mi desesperación y me siento un poco tonto, cuando me doy cuenta que parezco un león enjaulado y debo estar asustándola.Sin embargo, Audrey sigue sentada en la silla de color amarillo chillón, con sus manitas apoyadas a ambos lados de su menudo cuerpo y las piernas columpiándose porque no logra alcanzar el suelo. Un vistazo a sus mechones rubios, a sus ojos azules preocupados, me hacen detenerme.«Vamos, Adam, contrólate». Me obligo a hacerlo, porque se supone que yo soy el adulto en esta sala y parezco un niño enloquecido.Me tomo un segundo para respirar profundo. Cierro m

  • Sufrida   Epílogo.

    Adam Silver.Nunca antes en mi vida tuve miedo. Irónicamente, en el mismo instante en que conocí a la mujer que amaría con todas mis fuerzas, aprendí lo que el miedo significaba, lo reconocí, lo hice mío y ahora vivo con él. Siempre.Amaia es ese espacio de paz en mis días, lo más importante que alguna vez tendré. Por eso me aterra. Por eso vivo con ese sentimiento constantemente. Por la responsabilidad. Por el apego. Por lo que ella me da y lo que recibe de mí, de vuelta.El tiempo ha pasado desde esas decisiones que tuve que tomar. No ha sido mucho, solo unos dos meses, pero sigo sintiéndome tan culpable como en aquel mismo instante. Porque eso pudo costarme su confianza, su amor o simplemente, su cercanía. Y aunque no hubo necesidad de luchar por ella, porque Amaia comprendió la situación, estaba y estaría dispuesto a todo con tal de recuperarla.Nuestra realidad ha cambiado mucho y, a pesar de que estamos conformes con la ruta que seguimos, somos conscientes de que cada día es de

  • Sufrida   Capítulo 79. Final, parte 3.

    POV: Amaia.Dos meses después.“Volver a la normalidad” es esa frase que no tiene sentido para mí, sobre todo, porque lo que ha pasado estos últimos meses no ha sido ni de cerca lo que era normal en mi vida. Intentar recuperar lo que un día fui, antes de llegar al club, es toda una batalla, sinceramente, porque no recuerdo mucho de eso, solo sensaciones: alivio, tranquilidad.Por cuatro largos años, mi rutina diaria absorbió todo de mí. Cada sueño. Cada esperanza.Pero hoy, a pesar de saber que debo aprender a ser feliz una vez más, recupero de a poco todo eso que había perdido.Adam es el nuevo protagonista, además de Audrey. Sin él, la avalancha de emociones fuera insoportable y dolorosa. Porque no es fácil entender que soy libre, que ya el peligro constante no me acecha y que puedo darle a mi hija todo lo que merece sin perder mi esencia en el camino.Todavía despierto a media noche con el corazón acelerado, un pitido molesto en mis oídos y todo el cuerpo bañado en sudor. Es en ese

  • Sufrida   Capítulo 78. Final, parte 2.

    POV: Amaia.El agarre de Richard se intensifica sobre mí. El cañón de la pistola se presiona contra mi sien. Mi corazón está por salirse de mi pecho, la sangre bulle en mis oídos y siento que en cualquier momento podría caer de rodillas. Si Richard no estuviera agarrándome con fuerza, ya lo hubiera hecho. Cierro los ojos y veo la espalda de Adam alejándose con Audrey en brazos. Siento los gritos, las órdenes, a mi alrededor. Y con cada uno, el metal frío forzándose contra mi piel.Mis manos tiemblan y las cierro en puños. No quiero que este maldito vea o sienta mi debilidad. Aprieto mis dientes hasta que mi mandíbula duele y busco esa fuerza que necesito demostrar.—Te voy a matar, zorra. Te dije que me pagarías y todo esto es culpa tuya.Su asqueroso aliento se combina con el olor rancio de sudor y tabaco. La bilis sube a mi garganta y contengo la respiración, en parte para calmar mi pecho que sube y baja demasiado rápido y también, para no provocar un desastre si termino vomitando

  • Sufrida   Capítulo 77. Final, parte 1.

    POV: Adam.Deshago la distancia que me separa de Amaia en cuestión de dos segundos. Una fuerza sobrenatural me embarga y arranco al hijo de puta del senador de encima del cuerpo de mi mujer. A mis espaldas escucho gritos, más órdenes y un jodido murmullo que no abandona mi cabeza.—¡Amaia! —grito, cuando la veo cerrar los ojos, al borde de la inconsciencia.Lanzo al maldito senador como un muñeco de trapo y escucho sus reclamos, mientras es aprehendido. Pero yo no miro si alguien lo sostiene, si se va corriendo a qué. Yo solo tengo ojos para ella.—Amaia —la llamo, cuando me arrodillo a su lado de la cama.Mis manos tiemblan mientras rozo sus mejillas enrojecidas y húmedas, su labio sangrante y quito sus cabellos mojados de su frente. Verifico su pulso, su respiración y suspiro con alivio cuando siento su vida latir debajo de mis manos.La abrazo, le pido perdón, le digo que la amo. Lo repito sin cesar.Hasta que la rabia regresa. Cubro sus pechos con una de las fundas de las almohada

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status